diciembre 20, 2010

Derogar la “toma de nota”

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Una intervención legalizada del gobierno en asuntos sindicales es la llamada “toma de nota”, equivalente al reconocimiento que se hace de un gobierno extranjero que envía sus embajadores. La maltrecha doctrina Estrada sostiene que México no reconoce gobiernos, sólo “toma nota” de sus cartas credenciales.

El trabajador está encadenado al sindicato, que dice defenderlo del patrón, por tres candados legales que fueron pensados para construir el Estado post-revolucionario y no para protección del cantado y alabado proletario, presente en los murales pero no en las decisiones de su propia organización: el primero es el ingreso exclusivo por el sindicato y el lanzamiento a la calle por la cláusula de exclusión; segundo, el descuento de la cuota sindical por la empresa contratante y su entrega a la dirección del sindicato; y tercero, la llamada “toma de nota” que es el reconocimiento, por el gobierno, de una dirigencia sindical.

Los tres candados fueron creación de tiempos en los que no se concebía la libertad sindical por la que en una misma empresa sus trabajadores pudieran organizarse bajo diversas reglas de diversos sindicatos. La teología revolucionaria decía que el partido en el poder era el pueblo mismo y que los trabajadores mostraban absoluta unanimidad hacia la fortaleza construida contra la maldad del patrón. Aún lo vemos en Cuba: ¿Para qué diversos diarios si tenemos Granma que dice la verdad certificada? ¿Cómo pueden aceptarse otros partidos políticos, si en el comunista está todo buen cubano? Crear otros es prueba de traición al pueblo.

Así fue como se ideó, para México, un sistema corporativo que exigía la unidad de todos en torno al gobierno revolucionario. La cláusula de exclusión, por la que la empresa se compromete a despedir al trabajador expulsado del sindicato, fue pensada para evitar la infiltración del organismo proletario por el enemigo de clase: descubierto por los ojos expertos de la dirección sindical no debía ser sólo expulsado del sindicato, porque eso sería aceptar la convivencia con no sindicalizados, sino echado del trabajo. Imaginar un trabador que rechazara esta defensa eran tan estrafalario como suponer que rechazaría asistencia médica gratuita. Y punto. Llegó el PAN al gobierno de la República y la cláusula de exclusión siguió allí como en sus mejores y cardenistas tiempos. Con seguridad Fox aún no sabe qué es eso. Nomás pregunten.

Luego estaba el asunto, nada menor, de los dineros: los trabajadores debían aportar cuotas para el sostenimiento de sus defensores profesionales, los que recibían licencia sindical para trabajar de tiempo completo en los altos asuntos de la unidad proletaria; pero ya sabemos que la carne es débil y el más firme de los trabajadores podía, en caso de urgencia solamente, retener el pago de su cuota si ese dinero lo consideraba necesario para otro asunto. Pero no podía haber otro asunto porque la dirección sindical cuidaba de que tuviera casa, medicinas y sustento. Así que para no permitir la distracción de cuotas en frivolidades, la empresa debía descontar de la nómina el porcentaje que la dirección sindical acordara.

Así, de paso, se impedía que el obrero destinara su cuota a otra organización que no podía ser sino el enemigo embozado.

Pero ya se sabe que el peligro acecha al trabajador ingenuo. Así que, en caso de que cayera en la trampa de formar otro sindicato, el gobierno daba el visto bueno al bueno, y eso se llama “toma de nota”. Como el registro de un partido en Gobernación (antes del IFE), de la toma de nota se deriva la entrega de cuotas al “anotado”, el derecho a poner candidatos a diputados y senadores así como, por supuesto, la vigilancia de la puerta de entrada a la empresa.

Todo este esperpento sovietizante ha sobrevivido en México a la caída del Muro de Berlín y de las “repúblicas populares”. Así es porque el PAN no tiene ya conducción ideológica. El PRD, al fin priista, conoce las ventajas de las franquicias que entregan clientes atados al gobierno. Esos lazos son corporativos y quedan en manos del gobierno en turno. Pero ni eso ha sabido hacer el PAN: el PRD, más hábil y conocedor del sistema, ha sabido atraer clientelas del PRI, como ambulantes, taxistas piratas y otras joyas del régimen corporativo. El PAN le dejó esas riendas al PRI sin darse cuenta siquiera.

Encinas y cía.

¿Y los secuaces de Godoy el Pequeño, tras de esconderlo en la propia Cámara de Diputados, quedarán impunes como nuestros millares de crímenes impunes?

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