diciembre 21, 2010

Diego liberado

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Vivir para adelante, sin miedos, sin cobardías, sin arrogancias, pero con definición y con valor".

Diego Fernández de Cevallos


Finalmente Diego Fernández de Cevallos está en libertad. El cautiverio, que empezó el 14 de mayo, duró más de siete meses. No se conocen los términos de su liberación. No se sabe si se pagó rescate por él o de cuánto fue éste. Sin embargo, los comunicados de un grupo que se ha presentado a sí mismo primero como los Misteriosos Desaparecedores y después como Red por la Transformación Global sugieren que el secuestro no fue producto de un simple acto criminal sino que tenía -al parecer de manera adicional al propósito pecuniario- un trasfondo político.

Diego siempre ha sido un ave de tempestades. Su carácter imperioso y su temple ante las amenazas o los dogmas de los políticamente correctos lo han llevado a ser querido y respetado por muchos, pero aborrecido por otros también. El prolongado secuestro del que fue objeto sirvió, de hecho, para avivar muchos de los cuestionamientos que se le han hecho.

El grupo que lo secuestró afirma en su último comunicado que "Diego parecía intocable hasta aquella noche en que su pasado oscuro lo alcanzó". Lo paradójico del caso es que si alguien había en este país eminente "tocable", si alguien podía ser objeto de un ataque en cualquier momento, era Diego. El panista, quien nunca hizo ningún esfuerzo por ocultar su riqueza personal, era quizá el único político importante que no usaba escoltas y que conducía su propio vehículo. Siempre confió en que la gente lo protegería en caso de un ataque. Cuando los secuestradores actuaron en su contra tuvieron que hacerlo en la protección de la noche y en un paraje solitario de su propio rancho. Hacerlo en un lugar público habría sido imposible porque la gente lo habría defendido. Más intocables parecen hasta este momento los secuestradores.

Ayer, cuando apareció públicamente, Diego conducía una vez más su propio automóvil. Pero esta vez -signo de las nuevas circunstancias que tendrá que vivir- lo seguían dos escoltas.

Muchos han sido los cuestionamientos que se han hecho a Diego con el paso de los años. Se le ha acusado virtualmente de todos los males que sufre el país. Muchas de estas acusaciones se repiten con enorme virulencia ahora en los comunicados que han emitido los secuestradores.

En un momento en que los mexicanos sufrimos las consecuencias de la prolongada falta de acuerdos entre la oposición y el gobierno, quizá sea importante recordar que en los años en que Diego fue el jefe de la oposición se lograron los mayores acuerdos políticos en la historia de nuestro país. Precisamente porque Diego estuvo dispuesto a negociar con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, fue posible hacer las enmiendas de los artículos 27, 82 y 130 de la Constitución, la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y las privatizaciones de varias empresas que en manos del gobierno obstaculizaban el progreso nacional. Nunca hubo tantas reformas estructurales en México como cuando Fernández de Cevallos fue cabeza de la oposición.

Razones para cuestionar a Diego quizá hay muchas, aunque menos de las que usualmente manifiestan sus enemigos. Para mí quizá la mayor es que continuó litigando cuando era senador, aunque la ley lo permitía entonces y ahora.

Lo importante en este momento, sin embargo, es festejar la liberación de un hombre secuestrado durante siete meses, un hombre que ha tenido un papel crucial en la democratización y en la liberalización de nuestro país.

LA EXPLOSIÓN

El propio director general de Pemex, Juan José Suárez Coppel, afirma que los peritajes no han permitido hasta ahora definir las causas de la explosión que el domingo 19 causó casi una treintena de muertos en San Martín Texmelucan, Puebla. Algunos indicios preliminares, sin embargo, apuntan a la ordeña de un oleoducto, una práctica que es peligrosa pero que también es un robo a los mexicanos.

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