diciembre 21, 2010

Diego y la 'guerrilla patito'

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

¿Hasta dónde están implicados sectores de la jerarquía católica..? Esa línea de investigación lleva a otra punta de la madeja.

Si partimos de un análisis elemental de los comunicados de los “misteriosos desaparecedores” que secuestraron a Diego Fernández de Cevallos, podemos concluir que se trata de una “guerrilla patito”.

Es decir, que por ningún lado aparecen elementos sólidos y menos argumentos consistentes con una ideología o doctrina guerrillera, que permita entender que los “guerrilleros” recurren al secuestro como parte de una estrategia de lucha que busca reivindicar causas populares o que se convierte en instrumento táctico.

En cambio, los tres o cuatro comunicados —porque luego de la tercia de mensajes apareció un supuesto cuarto mensaje, contradictorio con los tres anteriores— son una buena colección de lugares comunes, odio social, rencor clasista, muy deficiente análisis de la realidad nacional y, sobre todo, una contundente muestra de la profunda confusión ideológica del grupo “guerrillero”. Se podría simplificar su mensaje en la lucha de buenos contra malos, pobres contra ricos, desamparados contra potentados.

Sin embargo, y al contrario de la confusión doctrinaria, está claro que los “misteriosos desaparecedores” —hasta en el mote carecen de imaginación— son un grupo de profesionales del secuestro. Más aún, según especialistas del secuestro político, resultan sorprendentes las coincidencias del rapto de Diego Fernández de Cevallos con otras privaciones ilegales de la libertad —de alto impacto— cometidas en años recientes.

Por eso, es posible suponer que “los misteriosos desaparecedores” son un grupo de ex guerrilleros que dejaron atrás la vena romántica y la reivindicación social —que ya no son más que una pantalla engañabobos—, para justificar la práctica vulgar del secuestro por dinero, que de tanto en tanto les deja a ese puñado de criminales carretadas para vivir por un tiempo del sueño guerrillero, si no es que igual que sus odiados ricos.

¿Cuántos secuestros han realizado en una década; cuánto dinero les ha reportado? ¿Y dónde están las células guerrilleras fundadas con ese dinero? El dinero serviría para formar y financiar cuadros. ¿Dónde están esos cuadros? Ni por sus acciones se les conoce.

Pero, además, llama la atención el tufo dizque antiderechista y anticlerical de los comunicados, lo que contradice una de las líneas de investigación de la red de complicidades en el secuestro de Fernández de Cevallos y de otros notables también raptados por ese grupo o por un desprendimiento del mismo. Sí, resulta que están bien identificados nexos de sectores católicos del centro del país con el grupo guerrillero. Más aún, la comunicación con las familias de secuestradores ha contado con “la bendición” católica.

¿Hasta dónde están implicados sectores de la jerarquía católica..? Esa línea de investigación lleva a otra punta de la madeja. Detrás del o los secuestros estarían patronos de causas sociales, presuntamente vinculados con apostolados en regiones de extrema miseria. El problema es que tampoco han aparecido los supuestos beneficiarios de esas causas nobles.

Por lo pronto, al momento mismo que se supo de la liberación del Jefe Diego se confirmó —y el presidente Calderón hizo la confirmación— que la autoridad federal nunca dejó de investigar lo que había detrás del secuestro de Fernández de Cevallos. En realidad, las instituciones federales se movieron en el más bajo perfil posible, para preservar la vida del secuestrado, pero nunca dejaron de estar cerca de la familia y detrás de los secuestradores.

Por eso, no debía sorprender a nadie que muy pronto se tengan noticias sobre los autores del plagio. Y es que el más interesado en que se haga justicia y se detenga a los captores de Fernández de Cevallos es el gobierno de Felipe Calderón. ¿Por qué? Porque a pocos agradó que la autoridad reculara, que no se informara y que, al final, se dejara la imagen de que se pactó con los criminales.

Más aún, en las redes sociales se generalizó el despropósito de que no hubo secuestro, sino una simulación para preparar a un candidato presidencial. Una locura que, si no es atajada, será pasto para los malquerientes de Diego y del gobierno de Calderón. Pero, además, si se llega a los secuestradores, entonces el alegato será por “los otros Diego”, porque el gobierno no hace todo por los secuestrados de a pie, por los que no tienen fama o poder. En todo caso, es obligación del gobierno actuar.

EN EL CAMINO.

El 14 de diciembre dijimos que Diego sería liberado y que pasaría la Navidad en su casa. Sería mezquino no felicitar a Diego.

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