diciembre 09, 2010

¿Héroe o villano?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

A nadie le gusta que lo pongan en ridículo. Sobre todo si se trata de una superpotencia. Eso es precisamente lo que hizo Julian Assange, fundador de WikiLeaks: ridiculizar a Estados Unidos al haber filtrado más de 250 mil comunicaciones de sus diplomáticos. Y ya sabemos que a ese país no le gusta nadita que lo molesten. Mucho menos un muchachito australiano que, con poquísimos recursos, les ha propinado varios golpes en los últimos meses.

Estados Unidos quiere evitar que Assange se convierta en un héroe a quien muchos, buscando sus 15 minutos de fama, lo comiencen a imitar. Quiere mandar un mensaje contundente de que, a quien filtre documentos del gobierno de EU, se le vendrá el cielo encima. Por eso estoy seguro de que van a tratar de aplicarle todo el peso del Estado al fundador de WikiLeaks.

Pero, en el intento, tendrán varios problemas. En primer lugar no queda claro de qué lo podrían acusar. Dice Paul Miller de la revista Foreign Affairs: “La administración [de Obama] está considerando perseguir a Assange. Pero, ¿cuál es la diferencia entre Assange y el New York Times? ¿Por qué enjuiciar a uno y no al otro? Los dos tuvieron acceso no autorizado a información clasificada y ambos la comunicaron a otros en detrimento de la seguridad nacional de EU. El gobierno estadunidense, para todos los efectos, es legalmente incapaz de resguardar la información clasificada, proteger la seguridad nacional y perseguir las fugas. La herramienta que tiene —la Ley de Espionaje— es un estatuto de casi un siglo de antigüedad; es tan draconiana, políticamente radioactiva y difícil de aplicar que esencialmente está muerta. La ley fue escrita en un momento en que había menos medios de comunicación donde ellos mismos vigilaban la ética de la responsabilidad —en otras palabras, una historia remota—. Frente a una epidemia de fugas, los presidentes tienen la opción de no hacer nada o literalmente acusar a la prensa de traición a la patria. Ningún presidente va a hacer esto último. Bajo la práctica actual, la prensa puede revelar información clasificada con total impunidad”.

Muy inteligente, seguramente bien asesorado, Assange filtró los cables diplomáticos a través de cinco publicaciones de prestigio internacional: The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde y El País. No sólo para que sus periodistas investigaran el contenido, pusieran la información en contexto y la comunicaran a la comunidad internacional, sino para hacerlos corresponsables legales de las filtraciones. Brillante, sin duda.

Assange se encuentra detenido en Inglaterra por un extraño delito que cometió en Suecia. Incluye dos mujeres, una noche de copas y un preservativo roto. La policía alega que hubo violación y abuso sexual. Una fiscal ya lo consideró un delito menor. En cualquier caso, Assange tendrá que enfrentar estos cargos. Y luego todo indica que lo extraditarán a Estados Unidos. ¿De qué lo van a acusar? Imposible que vaya a ser de espionaje ya que estarían involucrados otros medios como The New York Times. De acuerdo con este periódico, el gobierno estadunidense también está analizando perseguirlo por “tráfico de bienes robados”. Sin embargo, los documentos gubernamentales no están protegidos por las leyes de propiedad intelectual. Otro delito podría ser el de “conspiración”, siempre y cuando se pruebe que Assange se unió con otras personas para hacerle daño a alguien.

No tengo la menor duda de que Estados Unidos va a aplicarle todo el peso de la ley, la que pueda, a este joven que ha puesto en ridículo a la superpotencia. Por lo pronto, las corporaciones económicas, que suelen adelantarse a los hechos, ya se están desvinculando de WikiLeaks. Es el caso de Amazon, Paypal, MasterCard y Visa. Todo lo cual ha generado un movimiento en internet para hacer de Assange un héroe de esta época cibernética.

Vaya historia: la de un pobre e inquieto hacker que con tres pesos le dio tres cachetadas al Big Brother estadunidense quien, desde luego, ahora quiere vengarse.

Assange: ¿héroe o villano? La historia comienza a escribirse.

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