diciembre 16, 2010

Ingenuidad de Marcelo, al creer en AMLO

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

En una entrevista mañanera, Marcelo Ebrard debió explicar con detalles lo que ha sido su propuesta para la selección del candidato presidencial por la izquierda mexicana. A una pregunta aceptó que sí, en efecto, podría ser necesario un debate con su adversario natural, Andrés López Obrador, para que los potenciales electores perciban la diferencia entre dos proyectos políticos diametralmente opuestos.

Y tiene razón el jefe de Gobierno, ya que las formaciones, personalidades, objetivos y estilos de hacer política y gobernar de Marcelo y AMLO son —por decirlo suave— como el agua y el aceite. Y en efecto. ¿Cómo será posible para un elector de a pie, sin más información que la recibida de los medios de comunicación, pulsar una diferencia entre el agua y el aceite; es decir, entre AMLO y Marcelo?

El jefe de Gobierno capitalino dijo que luego de un debate, de confrontar las ideas y propuestas de gobierno entre AMLO y Marcelo, los potenciales electores de la izquierda tendrían elementos para entrar a un proceso de encuestas que permitiría determinar quién de los dos sería el mejor candidato presidencial por ese sector de la sociedad mexicana, en 2012. Parece y es un razonamiento impecable.

Como también es impecable el argumento de que, si la izquierda se fractura, o se parte, también se habrían partido todas sus posibilidades reales de triunfo en la contienda presidencial de 2012. Por eso, en entrevista en el informativo matutino de W Radio —conducido por Carlos Puig—, Ebrard insistió en que la divisa fundamental de la izquierda mexicana es la unidad. “Sin unidad no tenemos nada que hacer, y mejor nos vamos a nuestra casa”. Otra verdad de a kilo.

Y cuando le preguntaron a Marcelo si confiaba, si creía en la palabra de AMLO, dijo que hasta hoy —ayer miércoles—, López Obrador siempre había cumplido la palabra empeñada. Y el jefe de Gobierno del DF pudo haber dicho la verdad, que el tabasqueño siempre ha cumplido su palabra, pero lo que Marcelo no sabe, no quiere saber o no le importa saber, es que son muchos —y hasta se pueden contar por docenas— los políticos a los que ha traicionado AMLO.

Más aún, han sido víctimas de la traición de AMLO nada menos que Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo y Rosario Robles; figuras emblemáticas en la fundación del PRD, y gracias a las cuales López llegó a los cargos que alcanzó. Sin su padre político —que fue Cárdenas—, Obrador no hubiera sido nada en el PRD. En las primeras semanas de 2001, en el Itinerario Político de entonces, pronosticamos que sólo era cuestión de tiempo para que AMLO cometiera “parricidio político” contra Cuauhtémoc Cárdenas. Entonces nos dijeron de todo. Pero hacia 2002 y en adelante, AMLO mató a su padre político y a sus mayores.

A Rosario Robles no sólo la lanzó a un lodazal de calumnias y difamaciones mediáticas, sino que la echó del partido en medio de un escándalo de corrupción; cuando la gestión de AMLO, de Leonel Cota y otras al frente del PRD mostraron gastos aún más escandalosos que los de Robles, quien por cierto le hizo la campaña a AMLO en el Distrito Federal en el año 2000. Es decir, sin Rosario Robles, AMLO no hubiese ganado la Jefatura de Gobierno del DF. ¿Y cómo le pagó? Con la expulsión del partido.

Pero más allá de la historia de traiciones de AMLO, lo cierto es que la propuesta que esbozó Marcelo Ebrard la mañana de ayer no es más que un puñado de buenas intenciones. ¿Por qué? Porque nadie sabe si AMLO aceptará esas propuestas. Y si las acepta, nadie sabe si las cumplirá. Y lo más seguro es que no las reconocerá, si no es él el ganador. Es decir, AMLO sólo acepta lo que le sirve, le hace ganar, le da beneficios. Nunca reconoce lo que hace ganar a otros.

¿Cree Marcelo, en serio, que AMLO va a aceptar que el jefe de Gobierno le pueda ganar la candidatura presidencial por la llamada izquierda? Marcelo puede ser todo lo ingenuo que quiera, pero lo cierto es que, hoy, AMLO hace todo por el triunfo de Enrique Peña Nieto en el Estado de México, y le pavimenta el camino para 2012. ¿Y eso cómo se llama? Aquí y en China se llama traición. Sí, AMLO no respeta más interés que su interés personalísimo. ¿Qué parte necesita que le expliquen a Marcelo, sobre la naturaleza traicionera de AMLO? Al tiempo.

EN EL CAMINO.

Pronto se toparán con la terca realidad los ingenuos que insisten en que Santiago Creel fue el ganador de la pelea por la presidencia del PAN. Y claro, si la realidad no es como la imaginan, peor para la realidad.

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