diciembre 01, 2010

La carrera del 12

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Imagine usted una carrera donde compitiera el mejor piloto del mundo conduciendo el mejor automóvil del planeta. Sebastian Vettel, ganador de la Fórmula Uno este año, al volante de un Red Bull con motor Renault RS27, el mejor automóvil de esta misma competencia. Eso es lo que demuestra la última encuesta de Consulta-Mitofsky sobre cómo va la carrera presidencial de 2012: el PRI como mejor partido y Peña Nieto como mejor candidato.

Cuando se le pregunta a la gente por qué partido votaría en la elección presidencial independientemente de quién sea el candidato, 40% expresa que por el PRI, 16% por el PAN y 11% por el PRD. Cuando se le cuestiona acerca de quién le gustaría que fuera el siguiente Presidente, 29% responde de manera espontánea que Enrique Peña Nieto, 10% que López Obrador y 4% que Marcelo Ebrard. No hay duda: como partido, el PRI es el más fuerte; como candidato, Peña Nieto. Suban ese piloto a ese coche y resulta, como lo demuestra esta última encuesta de noviembre de Consulta-Mitofsky, que la combinación tendría 52% de las preferencias frente a 16% de López Obrador (hoy candidato favorito del PRD) y 13% de Santiago Creel (favorito del PAN).

El PRI está hoy en los cuernos de la luna. Peña Nieto, también. Combinados parecen una pareja indestructible. Eso es lo que revelan las encuestas. Huelga decir que todavía falta mucho para la elección presidencial de julio de 2012. Mucho puede pasar y cambiar. Pero, en la actualidad, hay una combinación poderosa del mejor coche conducido por el mejor piloto.

Esto es diferente a lo que ocurría hace seis años. En ese entonces el mejor piloto era indiscutiblemente López Obrador. Pero no iba tripulando el mejor coche ya que, sin candidato, el PRD era un partido débil que se encontraba por detrás del PRI y del PAN. Esto, sin duda, le costó al tabasqueño en la elección de 2006: le faltó estructura para movilizar voto.

En las preferencias ciudadanas, el PRI, con Peña Nieto, van muy adelantados en la carrera del 12. Sume usted que, a diferencia del PRD y del PAN, el tricolor parece hoy un partido unido. Todo indica que su próximo dirigente nacional será el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, con la bendición de Peña Nieto. Mientras tanto, las divisiones son evidentes en el PAN (incluso dentro del grupo calderonista) en la elección del próximo presidente de ese partido. Y en el PRD no acaban de ponerse de acuerdo, aunque ya apareció el nombre de Lázaro Cárdenas Batel como posible sustituto de Jesús Ortega y potencial elemento aglutinador de las múltiples tribus perredistas.

¿Cómo parar al PRI y a Peña Nieto? Esa es la pregunta que se hacen los estrategas perredistas y los panistas. Desde luego que la elección de gobernador en el Estado de México es una oportunidad que van a tratar de aprovechar. La idea es ganarle al PRI en esa entidad para que los bonos de Peña Nieto bajen dentro y fuera de su partido. Es lo que sucede con un gobernador que no deja en el poder a un correligionario suyo en su estado.

Pero, quizá más importante aún, si el PAN, el PRD o una alianza PAN-PRD le ganan al PRI el Estado de México pues tendrían el control de las cuentas públicas de Peña Nieto. Me imagino que sucedería algo similar a lo que está ocurriendo en Zacatecas. El nuevo contralor del nuevo gobierno emergido de la oposición buscaría todos y cada uno de los excesos, abusos y corruptelas de la administración pasada. Y saldrían a publicitarlos con bombo y platillos para golpear al ex gobernador.

Lo sabe bien el presidente Calderón: cuando un candidato no sube, lo que queda es bajar al que va arriba. Y ese candidato es hoy Enrique Peña Nieto que conduce la poderosa maquinaria del Partido Revolucionario Institucional.

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