diciembre 07, 2010

La guerra de sir Richard

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

CANCÚN.— “¿Es la primera vez que está usted aquí?”, le pregunto a Richard Branson después de saludarlo. “Ya había estado por acá. No sé si acá exactamente en Cancún, pero cerca de aquí”. A continuación, con toda naturalidad, me cuenta que, cuando tenía 21 años, navegaba en un pequeño bote de pesca cerca de Cozumel. Iba con su esposa y cinco personas más. Se les vino encima una tormenta. El bote estaba a punto de sucumbir. El capitán de la embarcación recomendó aguantar. Branson y su esposa no le hicieron caso. Decidieron echarse al agua y nadar en medio de la tormenta en un mar completamente agitado. Nadaron y nadaron. Increíblemente llegaron al otro lado de Cozumel, es decir a la costa continental de Quintana Roo. Salvaron, así, su vida. Los otros cinco tripulantes del barco murieron.

Ese es Branson: un auténtico aventurero, tenaz guerrero, amén de exitoso empresario. Ha tratado de romper varios récords mundiales. Lo logró en el caso de los cruces más rápidos de los océanos Atlántico y Pacífico en globo aerostático. También rompió el récord del cruce más rápido del Canal de la Mancha en un vehículo anfibio. Más que hombre de negocios, Branson parece un stuntman, los actores que realizan las escenas de peligro en las películas. Tiene una frondosa cabellera rubia. Saluda con una mano callosa. Viste de manera informal. Todo esto lo hace ver mucho más joven de los 60 años que tiene.

Branson no terminó ni siquiera la preparatoria. A los 20 años comenzó una redituable empresa de música por correo la cual se convirtió en una de las marcas más exitosas del mundo, Virgin, que hoy en día cuenta con una amplia cartera de negocios que incluye una disquera, tiendas departamentales, aerolínea, casa editorial, tarjetas de crédito, agencias de viaje, trenes, gimnasios y teléfonos celulares. La última ocurrencia de Branson ha sido Virgin Galactic, empresa dedicada a ofrecer viajes recreativos al espacio.

De acuerdo con la revista Forbes, Richard (en realidad sir Richard, ya que recibió el título de “caballero” en 1999 de su natal Gran Bretaña) es una de las personas más ricas del mundo (el 212 del planeta) con una fortuna de alrededor de cuatro mil millones de dólares.

Le pregunto a sir Richard por qué se interesó en el tema del calentamiento global. “Supongo que por culpa”, me contesta. Me cuenta de cómo un par de sus negocios, la aerolínea y línea de trenes, emiten gases a la atmósfera que calientan la Tierra. Para él es importante encontrar soluciones a un problema que afecta a nuestro planeta. Es por eso que le ha “declarado” la guerra a las emisiones de carbono. Es uno de los fundadores del Carbon War Room, organización no gubernamental que ha “identificado 25 batallas en siete teatros de operación que son indispensables para ganar la guerra en contra del cambio climático. Cada batalla representa más de mil millones de toneladas de emisiones de CO2 producidas globalmente por el hombre”.

En la entrevista, nos cuenta cuál será su siguiente batalla: incentivar a que los barcos de carga cambien sus motores y pinturas a fin de hacerse más eficientes, emitir menos gases a la atmósfera y calentar menos a la Tierra. Está muy animado con esta nueva lucha.

Sir Richard derrama optimismo. Está convencido de que sí se puede ganar la guerra en contra del calentamiento global. Él ya está trabajando y convocando a todos aquellos que lo quieran seguir. No está esperando a que los gobiernos nacionales se pongan de acuerdo. Es un inquieto nato.

“Pues espero que le vaya mejor en esta ocasión aquí en Quintana Roo”, le digo cuando terminamos la entrevista. Sonríe con su juvenil barba de candado. “Eso espero”, replica. Y se aleja con paso animado a su siguiente aventura.

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