diciembre 11, 2010

Mojoneras

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

Las alianzas con el PRD en el 2010 no nacieron por generación espontánea ni se le ocurrieron a César Nava. Fueron delineadas en Los Pinos. Su objetivo fue detener la avalancha priista

1. Al entregar un premio relativamente menor (Mérito Médico 2010), Felipe Calderón hizo un enorme reconocimiento al ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente: "la Universidad recobró en sus manos -dijo el Presidente- el prestigio y la excelencia que le corresponden". Esto fue el 3 de noviembre de 2010. La fecha es importante y hay que retenerla.

2. Poco después, Calderón esbozó lo que sería para el país, desde su perspectiva, el peor de los escenarios en el 2012: permitir el regreso (del PRI) advirtió: "significa pobreza, corrupción, negación o simulación de la libertad y el derecho... Por ello no podemos titubear. Reasumamos el coraje para luchar contra los resabios de autoritarismo que aprisionan aún a muchos mexicanos" (28 de noviembre de 2010).

3. Y el cierre de las declaraciones vino el 2 de diciembre, en una entrevista radiofónica. A pregunta expresa sobre quiénes serían los candidatos del PAN a la Presidencia de la República, respondió: "no descartaría, ojalá así fuera incluso, alguna distinguida o algún distinguido integrante de la sociedad civil". Nótese, primero, el ojalá, y, luego, la referencia implícita al ex rector de la UNAM.

4. Quienes crean que Felipe Calderón está alardeando, o espantando con el petate del muerto, deben rehacer sus cuentas. El Presidente no bromea. La mejor prueba son los hechos. Las alianzas con el PRD en el 2010 no nacieron por generación espontánea ni se le ocurrieron a César Nava. Fueron delineadas en Los Pinos. Su objetivo fue detener la avalancha priista. Y el balance fue y es, sin duda, favorable. Sinaloa, Oaxaca y Puebla no jugarán del lado del PRI en el 2012. Y algo más importante: minaron la idea de que el retorno del tricolor en la elección presidencial era incontenible.

5. Esta estrategia se inscribe, por lo demás, en una visión más compleja. La iniciativa de reforma política que presentó el presidente de la República, a través de Gómez Mont, pone la segunda vuelta en el centro de la elección presidencial. El objetivo es doble: por una parte, darle al electorado una segunda oportunidad y, por la otra, construir mayorías sobre el principio de la polarización -votar por la opción menos mala-.

6. Felipe Calderón está, sin duda alguna, irritado, muy irritado, con los priistas. Siente que lo utilizaron y lo engañaron. Las reformas procesadas no eran las que el Presidente tenía en mente. Él mismo hizo una severa crítica y autocrítica cuando se refirió a las reformas posibles, pero no necesarias. Y, seguramente, de esa historia lo que más le incomoda es haber transado la contrarreforma electoral de 2007 contra la inexistente reforma fiscal. Y, por lo mismo, le horroriza la posibilidad de pasar a la historia como el presidente de la primera contrarreforma electoral desde 1977-78.

7. Hay, además, otro elemento muy importante. En la sangre de Felipe Calderón corren dos pasiones fundamentales: su antipriismo y su antiyanquismo. El segundo está alimentado por sus valores conservadores. Para él, como para tantos otros, las leyes de reforma de Juárez atentaron contra la esencia de la mexicanidad, es decir, la religión católica. La institución del registro y el matrimonio civil no serían otra cosa, como bien resumió Vasconcelos, que la conjura de Poinsett y las logias masónicas. Así el antipriismo y el antiyanquismo son dos formas de condenación del jacobinismo. Amén de que ambos los respiró desde su infancia.

8. No hay, por lo tanto, un escenario más terrible ni desgarrador en el 2012 que el regreso del PRI a Los Pinos. En sus noches de insomnio la comparación con Vicente Fox debe resultarle asfixiante. Con todos los errores y limitaciones del caso, el hombre de las botas será recordado por dos razones cruciales: una, haber sacado al PRI de Los Pinos después de 71 años; dos, haberle entregado la estafeta a otro presidente de Acción Nacional, es decir, a Felipe Calderón.

9. Ante semejante panorama, el peor de los escenarios alternos se convierte en un juego de niños. Me explico: si por azares del destino y contra todo pronóstico, el candidato del PRD a la presidencia de la República ganara la elección, Felipe Calderón respiraría hondo. Sería la reedición de la alternancia ahora en sentido zurdo, pero no el regreso del pasado. Y si esa circunstancia se diera bajo López Obrador, la ventaja sería incluso superior. ¿Por qué? Porque se libraría, así, del pecado imaginario, pero pecado al fin, de haberse "robado la victoria en el 2006". O, dicho de otro modo, quién se atrevería a acusarlo de semejante despropósito cuando él, en persona, y en calidad de presidente de la República, le entregaría la banda presidencial al "rayito de esperanza".

10. Por qué, entonces, la apuesta por Juan Ramón de la Fuente. Por dos razones. De entrada, por un cálculo elemental. Calderón sabe que AMLO puede imponerse en el seno de la izquierda y convertirse en el candidato de una coalición PRD, PT y Convergencia. Pero también calcula que el alto rechazo que tiene entre amplios sectores de la población lo convierten en un seguro perdedor. Y además, sería muy difícil lograr que el electorado panista movilizado en el 2006 contra el peligro que López representaba para México fuese reorientado en sentido contrario.

11. En otras palabras, para que el esquema de las alianzas -implícitas o explícitas- funcione en el 2012 exige un candidato como Marcelo Ebrard u otro como Juan Ramón de la Fuente.

Éstas son, por el momento, las mojoneras del presidente Calderón.

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