diciembre 07, 2010

Paren la persecución

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

Los documentos secretos de Estados Unidos que envió Wikileaks a cinco periódicos y de ahí al mundo, en efecto, no tienen mayor importancia salvo ratificar lo que muchos suponíamos.

Pero sería imposible que en países sin libertad de expresión se conozcan documentos secretos de sus gobiernos. Ahí se va a la cárcel por el solo hecho de suponer y comentarlo entre amigos.

El gobierno cubano a través de su prensa (la única que hay) ha puesto el grito en el cielo por el cinismo de la diplomacia de Estados Unidos que “se comprueba” con los documentos de Wikileaks.

¿Y qué tal por casa? ¿Algún día conoceremos la trama urdida por la inteligencia cubana para desestabilizar gobiernos —igual que Estados Unidos en la década de los 70— y el financiamiento a guerrillas para imponer por la fuerza la dictadura del proletariado?

En los países islámicos de gobiernos autoritarios y confesionales no se podría conocer jamás, a través de la prensa, las deliberaciones secretas para sentenciar a muerte a una mujer que abraza una religión diferente a la oficial.

Por eso es repudiable, un error monumental, que se persiga judicialmente a Julian Assange, fundador de Wikileaks, con el pretexto de agresiones sexuales durante su estancia en Suecia.

La circulación de esos documentos por el mundo indica que todos los servicios diplomáticos deben replantear la manera de comunicarse con sus respectivas cancillerías. Hagan bien su trabajo.

Siempre que haya alguien dispuesto a filtrar información secreta a una plataforma digital, ésta va a viajar por el planeta y obviamente se va a publicar.

Es comprensible el enojo de la señora Clinton, pero a la realidad no se le puede cambiar con berrrinches ni mucho menos con acciones persecutorias que niegan lo que es la esencia de Occidente.

Tienen que tomar lo sucedido con esa mega filtración como un reto tecnológico para evitar que se conozcan sus cuchicheos cibernéticos donde va información de regular calidad, junto con impresiones subjetivas, hechos ya conocidos y prejuicios a raudales.

Y las consecuencias de lo ya publicado, ni modo, a asumirlo con resignación y sentido del humor.

Como dice Sabina, “tenemos los trenes, la risa, los bares, tenemos la duda y la fe, tenemos moteles, garitos, altares… tenemos silencio, tabaco, razones, tenemos Venecia, tenemos Manhattan, tenemos cenizas de revoluciones”.

En fin, tenemos “más de cien motivos para no cortarnos de tajo las venas”.

Ahora con Wikileaks tenemos ciento un motivos, que no tienen las dictaduras ni los califatos autoritarios y cerrados.

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