diciembre 01, 2010

Renovación en los partidos

Lorenzo Córdova Vianello
Investigador y profesor de la UNAM
El Universal

A la entrañable memoria de Fallo Cordera

A partir del próximo fin de semana, y a lo largo de los próximos meses, los tres principales partidos políticos renovarán sus dirigencias nacionales. El PAN lo hará este fin de semana y, en los primeros meses del año que viene, PRI y PRD harán lo propio de cara al arranque de un delicado periodo de definiciones internas que culminará con sus procesos internos para determinar a sus respectivos prospectos presidenciales.

Las condiciones en las que cada partido enfrenta este proceso de renovación, son totalmente diversas. En el PAN, estamos ante una evidente división en lo que se anticipa sea, quizá, una reñida contienda entre dos grupos antagónicos cada vez más definidos dentro del así llamado "calderonismo". La disputa parece centrarse en dos candidatos, el senador Pablo Emilio Madero y el diputado Roberto Gil, y aunque ambos presumen su cercanía con el Presidente, los consensos que cada uno ha logrado aglutinar en torno a su candidatura, nos hablan de que el otrora compacto grupo gobernante, evidencia fisuras cuya profundidad aún no puede medirse, pero que sí permiten evidenciar que la futura determinación del aspirante presidencial panista no será ni tersa ni tranquila. En todo caso, es evidente que el Presidente se "comió" al partido y que los espacios para la disidencia interna son cada vez menores y aislados.

En el caso del PRI, las recientes demostraciones de fuerza hechas por las multitudinarias y exitosas convocatorias públicas del aún gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, así como los apoyos abiertos o velados de varios de los notables del partido lo perfilan como el virtual próximo presidente nacional. De cualquier forma, como lo enseña la historia reciente del PRI, las decisiones en torno a sus dirigentes y a sus candidatos son siempre de pronóstico reservado y los pactos de no agresión o los pactos entre caballeros no suelen formar parte del código político que rige las conductas en ese partido.

Finalmente, en el PRD, las diferencias y luchas entre sus corrientes internas nos tienen acostumbrados a que los procesos de renovación de dirigencias son momentos de gran conflictividad y de alto riesgo de fracturas. No resulta extraño que, como pasó en la última elección interna para elegir a su presidencia, sean procesos que terminen por resolverse ante los tribunales electorales. Es cierto que hace unos días, en una entrevista en el noticiero de Carmen Aristegui, López Obrador hizo pública su aceptación a la posibilidad de que Lázaro Cárdenas pudiera ser el futuro dirigente nacional siempre y cuando se pronunciara en contra de las alianzas con el PAN, y eso abre una posibilidad a que las "tribus" encuentren a un candidato de consenso. De cualquier forma, cualquier previsión en el caso del PRD es azarosa e impredecible.

Pero más allá de sus diferencias algo acomuna e identifica a los procesos de estos partidos: la ausencia de una discusión ideológica y programática en esta etapa de contiendas internas que convierten a sus procesos en meros episodios pragmáticos en los que sólo está en juego el poder y control de las dirigencias, cuando podrían convertirse en un espacio privilegiado para redefinir las orientaciones políticas de cada uno de ellos. Esa carencia es, precisamente, una de las características que lamentablemente atraviesan a todos los partidos y que con mayor claridad evidencian la llamada crisis del sistema de partidos. Ante esa falta de empaque ideológico en el debate público, ha venido cobrando carta de naturalización, la personalización de la política y la mera competencia entre candidatos, y no entre proyectos ideológicos y políticos.

Además, ello ocurre en un complicado momento en el que el país atraviesa un sinnúmero de crisis (de seguridad, confianza en las instituciones, legalidad, bajísimo crecimiento económico, educativa, etcétera), lo que debería significar una oportunidad para el resurgimiento de un debate político centrado ante todo en los diagnósticos de los grandes problemas nacionales y de las mejores maneras de enfrentarlos de cara a la decisión sobre quienes tendrán la misión de dirigir a sus partidos de cara a la crucial elección de 2012. En cambio, la orfandad ideológica y el pragmatismo cortoplacista, de nuevo, permean y obnubilan la vida política del país.

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