diciembre 01, 2010

Resultados y no sólo valores

Luis F. Aguilar
Reforma

Diez años de PAN a la cabeza del gobierno federal y cuatro años de la segunda Presidencia panista han dado pie a una celebración política que despertó emociones entre los blanquiazules, críticas entre los militantes de otros partidos y seguramente más preguntas que sentimientos, marinadas con un sano escepticismo, entre los que son ciudadanos pero no hombres de partido. "México no se merece...la tragedia de regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable, porque eso significa pobreza, corrupción, negación o simulación de la libertad y el derecho" (Presidente F. Calderón). "Se ha avanzado como nunca en estos diez años". Son "ciegos y necios" los que no aprecien tan extraordinario avance "no sólo en materia democrática, de libertades, de respeto a derechos humanos, sino en materia económica... en todos los frentes" (V. Fox). Cuando hablan los políticos emocionados no deja de sorprender su olvido de la lógica, la tranquilidad con la que niegan la realidad, la conversión de sus deseos en hechos y sus muchos autogoles. Ahora resulta que partir del 2000 y/o del 2006 vivimos un cabal Estado de Derecho, no hay atropellos a las libertades ni parcialidades en la justicia ni corrupción, sólo funcionarios y autoridades que brillan por su responsabilidad, hemos dejado atrás la pobreza, hay pleno empleo, el crecimiento es explosivo y nuestras vidas se despliegan sin temor. La emotividad de los políticos, por convicción o por teatralidad obligada, los vuelve inverosímiles y encima se imaginan que la sociedad es crédula.

En este momento, criticar a los partidos es lo más fácil y también lo más intelectualmente aburrido y políticamente ineficaz. Todos están en la liguilla para obtener el campeonato de la impopularidad por desconfianza y desprestigio social. Sobran evidencias para cuestionar al PAN, al PRI, al PRD, al "movimiento" y a los demás. Sin embargo, en el clima de entusiasmo por los 10 años de PAN en el gobierno, de Alternancia (en mayúscula), de la llegada de los buenos y modernos al poder, de democracia (sic), del cambio (¡claro que sí!), procede ir más allá de la crítica fácil y reflexionar sobre las cuestiones que en democracia importan a los que no somos blanquiazules, tricolores, amarillos del sol naciente, verdes, convergentes, etcétera.

La democracia ha ganado la batalla en el terreno de los valores políticos, pero aún no en el terreno de la causalidad social, de la eficacia. La cuestión de la superioridad de la democracia respecto de autoritarismos, comunismos, desarrollismos populistas está bien resuelta y ganada en el terreno axiológico, en razón de los valores políticos en que se sustenta y que afirma: iguales y universales derechos humanos, políticos y civiles, gobiernos elegidos, representativos, de leyes, transparentes, que rinden cuentas, abiertos a la participación ciudadana... Pero, la cuestión de su superioridad no está sin más resuelta en el terreno de su eficacia y rendimiento social, en el terreno del crecimiento económico y del desarrollo social. Aquí su victoria es contingente, hay gobiernos democráticos potentes, productivos, y otros incompetentes. La cuestión de la superioridad democrática que hoy interesa es la que se plantea y resuelve en el terreno concreto del proceso de gobernar y de los resultados sociales de sus decisiones, políticas, servicios. La democracia ha ganado en política, pero no es siempre ganadora en políticas. Resolver esta cuestión es decisivo para el futuro de la democracia no sólo en este país. Es una cuestión desafiante que arrastra una larga historia de debates desde la aparición de los sistemas socialistas.

Frente al pragmatismo de nuestro sistema político del siglo XX, que fue indiferente a los valores esenciales de la política con excepción del nacionalismo y algunos tonos de justicia social, la carta ganadora del PAN fue la doctrinaria, su reivindicación de los valores republicanos, liberales, democráticos y también los de la subsidiariedad y la solidaridad social. El PAN ganó en el terreno de los valores, tal como ganó la democracia a los absolutismos y los autoritarismos. Pero no ha ganado en el terreno de la acción, de las políticas, programas, servicios, inversiones. Ha ganado la batalla de un gobierno elegido y representativo pero no la del gobierno efectivo, la batalla discursiva de un gobierno de leyes pero no la real de un gobierno de prácticas políticas y normas técnicas apropiadas para efectuar los fines sociales exigibles. En suma, ha ganado la batalla del gobierno pero no la del gobernar, aunque administre. Aquí se encuentra el talón de Aquiles del panismo.

La política valorativa está tan arraigada en la clase dirigente del PAN que los entrevistados al salir de la celebración en el Auditorio Nacional hicieron declaraciones sobre democracia, leyes, libertades, transparencia, responsabilidad pública, humanismo, y de esos logros se enorgullecieron. Sólo uno (por lo leído en la prensa) mencionó la eficacia del proceso de gobernar, el dar resultados e informarlos (probarlos).

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