diciembre 06, 2010

Si todos fuéramos como Isabel

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Este fin de semana, el único de los secuestradores y asesinos de Hugo Alberto Wallace que todavía estaba prófugo, Jacobo Tagle Dobin, fue detenido. Ahí, junto a las autoridades, estuvo durante horas Isabel Miranda de Wallace, con la misma energía y perseverancia con la que luchó durante cinco años para que el secuestro de su hijo no quedara impune. Y lo logró.

¡Si todos fuéramos como Isabel no habría un secuestrador libre en nuestras calles! Pero es mucho pedirnos, Isabel es una mujer excepcional. ¿Cuántos de nosotros frente a tal dolor y pérdida encontraríamos fuerzas para iniciar por nuestra cuenta una investigación criminal? Sin apoyo y teniendo en contra a las autoridades que por desidia o complicidad sólo complicaron el caso.

Cinco años en los que Isabel Miranda averiguó, interrogó e investigó, desde la mañana del 12 de julio del 2005 cuando su hijo no le respondió el teléfono como solía hacerlo. Así cuenta ella el inicio de la investigación que culminó este fin de semana: “Mi familia y yo estuvimos días y noches afuera del edificio donde secuestraron a mi hijo. Entrevistamos a los vecinos, comerciantes y vigilantes del lugar. Gracias a esto nos enteramos de que la mujer era bailarina de un grupo de música llamado Za-Za-Za, y pudimos averiguar el nombre de los dueños del inmueble donde estuvo secuestrado Hugo. Fingiendo estar interesados en contratar al grupo logramos que nos enviaran fotografías de todas su bailarinas. El chofer de Hugo reconoció a una de ellas, era Juana Hilda González Lomelí. Logramos localizar a su familia que vivía en Guadalajara, y después de meses de investigarlos encontramos el domicilio donde vivía. Al llegar la policía a este domicilio se identificó con una credencial de elector falsa. Ese día fue arrestada”. Así empezaron a caer todos los implicados.

Cinco años en los que no sólo investigó y entregó a la justicia a los secuestradores, sino que supervisó los juicios que se siguieron en su contra, y cuando las sentencias le parecieron inadecuadas las apeló. Cinco años en los que mientras seguía la investigación cabildeó infatigable hasta que los diputados y senadores aprobaron una ley antisecuestros.

Isabel no buscó simplemente venganza. Cuando ubicó a los secuestradores y asesinos de sus hijos, a pesar de todo, pese a la comprensible desconfianza que debe haber sentido frente a las instituciones, los entregó a la justicia. Los secuestradores de Hugo Alberto Wallace están en la cárcel porque fueron sentenciados por jueces. Por eso es un ejemplo. Hacer justicia por mano propia puede para algunos resultar más sencillo y sin duda más rápido, pero al hacerlo así nada cambia.

Isabel, en cambio, logró que la muerte de su hijo no quedara impune, que un grupo de secuestradores y asesinos ya no puedan hacerle daño a otras familias y empujó, junto con otros, provocando un cambio dentro de las instituciones que hacen que hoy las posibilidades de que se detenga a un secuestrador sean mucho mayores que cuando su hijo fue la víctima.

Gracias, Isabel.

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