enero 14, 2010

Haití

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

En Haití se comen a los enemigos después de capturarlos, apedrearlos hasta la muerte, rociarles gasolina y quemarlos con neumáticos. Cuando esto sucede, la gente se fanatiza, pierde la mirada, grita, salta, canta fuerte en un ritual vudú que cree que al digerir la carne del enemigo quien lo hace absorbe también su fuerza.

La guerra entre hermanos es la peor de las guerras. Haití ha aprendido a vivir en estado de guerra civil. De pronto alcanza momentos críticos que hacen de las calles manjar de improvisados francotiradores que asesinan civiles y periodistas, de pronto parece amainar ante la mirada vigilante, pero insuficiente, del Ejército de Cascos Azules.

En 23 años han cambiado 18 veces de presidente. En medio siglo han tenido tres dictaduras, tres presidencias “de facto”, seis provisionales, una Junta Militar y siete constitucionales (aunque con cuestionadas elecciones siempre).

Botín de franceses, que fueron colonizadores y se mantienen como una minoría blanca y millonaria, que contrasta con el 80% de la población que es negra o mulata y vive en condiciones de pobreza.

Poner un pie en Haití brinda una mirada a África… pero en América: descendientes de esclavos negros africanos, en miseria económica, desnutridos, analfabetas, desempleados, sin infraestructura, con altos niveles de mortalidad infantil, sida como en ningún sitio del hemisferio occidental, dedicados al cultivo de azúcar y plátano. Es como si la isla se hubiera desprendido del África subsahariana y se hubiera estacionado cerquita de Cuba, a 1500 kilómetros de México.

En ese contexto, un sismo de 7 grados Richter registrado el martes destruyó un tercio de país: cientos de miles de muertos que permanecen en las calles, miles de heridos para quienes no hay hospitales porque se cayeron, sin luz para organizar los rescates, sin agua para salvar vidas, sin teléfonos para coordinar las acciones de alivio, sin camionetas para transportar la ayuda humanitaria por las carreteras que no son sino veredas con rocas que impiden avanzar a más de 20 kilómetros por hora.

Aun cuando Haití está todavía más cerca de Estados Unidos que de México, las atrocidades que se cometen en su territorio no merecen la atención de la Casa Blanca: mientras se mataban y comían en febrero de 2004 cuando se dio el golpe de Estado contra Jean Bertrand Aristide, el Pentágono seguía tratando de estabilizar Afganistán y no veía la suya con el terrorismo en Irak, mucho, mucho, mucho más lejos que Haití… salvo que en Haití no hay petróleo, sólo bananas.

SACIAMORBOS Este reportero espera amanecer en Puerto Príncipe.

Haití

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Fueron siete grados en la escala de Ritcher los que cimbraron los suelos haitianos. Fue también ese número el que puso a ese país de nuevo en el mapa, no por las razones que nos gustarían, pero sí por unas que van más allá de la terrible tragedia de la que fueron víctimas los habitantes de ese país. Haití, la nación más pobre de América Latina, debe ya empezar a reconstruirse aunque, claro, para intentar plantear una respuesta, habrá que entender su situación antes del sismo.

Y es que Haití tiene un escombro sobre otro. No sólo los del Palacio de Gobierno que cayó ni el del hospital de Puerto Príncipe ni el de los cientos de muros que al derrumbarse acabaron con la vida de tantas personas. Haití es un cúmulo de datos que nos hablan de por qué el desastre llega sobre otro. La Lonchería.com retoma datos interesantísimos y muy precisos de ese estatus haitiano como un país que ni siquiera se asoma al subdesarrollo:

“50 el porcentaje de estadunidenses que creían que la vida de un soldado estadunidense no valía cualquier logro de su país en Haití.

“161 el número de soldados de EU que hablan creole. 33 el porcentaje de fábricas en Haití propiedad de inversionistas de EU. 42 el número de líderes políticos haitianos que han sido asesinados, depuestos o expulsados desde la independencia. 112 el número de candidatos independientes no incluidos en la boleta en el más reciente proceso electoral.

“5 el porcentaje de probabilidad de que un votante haitiano participe en las elecciones. 10 el número de armas representadas en la bandera de Haití. 80 el número de haitianos por cada empleo de tiempo completo generado. 76 el número de niños por cada mil que mueren antes de los cinco años de edad. 61 años la esperanza de vida en Haití. 50 el porcentaje de niños en edad escolar que van a la primaria. 9 el porcentaje de riqueza en manos del 40% más pobre de haitianos.

“63 el porcentaje de riqueza en manos del 20% de haitianos de mayor ingreso. 18 el porcentaje de menores de 5 años con bajo peso. 42 el porcentaje de hogares sin agua potable. 81 el porcentaje de hogares sin drenaje. 2.2 la prevalencia de VIH en haitianos entre 15 y 49 años de edad. 14 el número de líneas telefónicas por cada 100 habitantes. 55 el porcentaje de haitianos en pobreza extrema.”

Haití llega a los diarios, noticieros, y se regó como pólvora en Twitter, por un sismo que movió sus suelos y mató a su gente. Irónicamente, se convierte en oportunidad para ponerlo, en serio, dentro del mapa que alberga a los países en subdesarrollo y darnos una lección de cómo es que un desastre natural nos obliga a todos a pensar en esos pasos que se quedan tan cortos y nos dejan siempre con la idea de que siempre hay algo más que pudo o puede hacerse.

Es momento de ayudar, por humanidad y al ser lo justo, no sólo por el pueblo haitiano, sino debido al recuerdo de todas aquellas veces que hemos estado en circunstancias parecidas. Lo que sea que pueda donar, hágalo, medicamentos no caducos, alimentos no perecederos o ropa en buen estado. Lo reciben en la Cruz Roja de Polanco y también en la Embajada de Haití en México: Presa Don Martín 53, colonia Irrigación.

Es momento de ayudar, por humanidad y porque es lo justo, no sólo por ese pueblo, sino por el recuerdo de todas aquellas veces que hemos estado en circunstancias parecidas.

'Cuesta abajo' por Paco Calderón

Matrimonio gay en México: con mayoría en contra

María de las Heras
El País

Encuesta: Matrimonio gay en México (.pdf)

Sólo el 22% de mexicanos respalda la legislación, ya aprobada, que permite en la Ciudad de México a homosexuales casarse y adoptar

"Si mi hija se pierde en el parque, ni siquiera puedo ir a la policía a pedir que me ayuden a encontrarla porque legalmente no soy su madre, legalmente no soy nada", decía en entrevista radiofónica Janis, integrante de una pareja de mujeres que llevan seis años viviendo juntas, y que desde hace cinco son madres de una pequeña cuya madre biológica es Emma, su pareja, quien para fines de registros legales aparece como "madre soltera".

"Yo no conozco ninguna pareja de homosexuales que vivan juntos", nos contestó el 74% de las personas que entrevistamos para la encuesta que hoy entregamos a elpais.com, y aun así, sin conocer caso alguno, el 44% de ellos se opone rotundamente a que las leyes reconozcan como matrimonio la unión entre personas del mismo sexo, y el 70% dice que por ningún motivo se debe aceptar que parejas homosexuales adopten.

Oyendo a Janis y Emma platicar su experiencia como pareja, y observándolas discutir con su hija para que se pusiera el suéter (que por supuesto no se puso), entiende uno por qué cuando le preguntamos a la cuarta parte de los entrevistados que sí conocían parejas homosexuales qué impresión tenían de ellas, el 78% nos dijo que eran relaciones mejores o iguales a cualquier otra.

En diciembre pasado la Ciudad de México se convirtió en la primera capital de América Latina que reconoce como matrimonio la unión de personas del mismo sexo, otorgándoles todas las obligaciones y derechos que corresponden, incluyendo el derecho a ser padres o madres adoptivos. Con 39 votos a favor y 20 en contra, los legisladores locales aprobaron una ley que permitirá que Janis adopte legalmente a su hija, y con ello adquiera todos los derechos que hasta hoy sólo tenía por indulgencia de Emma, su pareja, y adquirirá también todas las obligaciones que ha cumplido a cabalidad sólo por convicción.

La mayoría de izquierda en la Asamblea permitió que se aprobara una ley con la que apenas está de acuerdo el 29% de los capitalinos, debido precisamente al capítulo que se refiere al derecho de adopción. Esa aprobación cae al 22% cuando se pregunta a nivel nacional.

"Mis motivos son de carácter ético y/o religioso", nos dijo la mayoría de los entrevistados que se declaran en desacuerdo con que se les permita adoptar a las parejas del mismo sexo, y además encontramos un 24% que nos dijo que no está de acuerdo con que se les permita adoptar por motivos que tienen que ver "con el bien de la sociedad".

Tras su aprobación, las reacciones contrarias a la nueva ley, que entrará en vigor en marzo, no se hicieron esperar. Descalificaciones provenientes tanto de las más altas esferas de la Iglesia Católica, como de pastores protestantes, partidos políticos conservadores y hasta conductores de televisión han llenado los espacios informativos de la primera semana del año en México. Lo que piensa la opinión pública nacional sobre estos debates lo platicaremos aquí la próxima semana, cuando entreguemos la segunda parte de esta encuesta.

Demonios y ángeles

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

¿Cómo es posible que Ciudad Juárez, Chihuahua, sea la ciudad más peligrosa del mundo, mientras que El Paso, Texas, al otro lado del río, es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos?

Plantear y responder esta pregunta arroja luz sobre el estado actual y el futuro inmediato de la lucha del Estado mexicano contra las bandas del crimen organizado, dedicadas principalmente al trasiego de drogas. Es la pregunta que deben hacerse las ONGs, los think-tanks, los analistas en las páginas de los diarios y, claro, los directivos de las áreas de inteligencia del gobierno mexicano. En una pregunta que los reporteros deben plantear al embajador Carlos Pascual.

Hace un par de días se consignó, recurriendo a datos duros, que Ciudad Juárez era el lugar más peligroso del planeta. La información dolió sin sorprender, ya que es una comunidad con una larga tradición de violencia. Es sede de uno de los cárteles de la droga más activos del continente, que sostiene desde hace varios años una lucha a muerte con traficantes oriundos de Sinaloa, que quieren arrebatarle el control de la plaza. Cada grupo cuenta a su vez con cientos de pandilleros que se disputan de manera feroz el narcomenudeo, por lo que la ciudad se ha transformado en un enorme campo de batalla. Todos los días hay muertos, heridos y desaparecidos. La policía local ha sido, por décadas, brazo operativo de alguna de las bandas antagónicas y hasta hoy las fuerzas federales enviadas a la zona han sido incapaces de detener la ola criminal.

Preguntas sin respuesta

Los traficantes de droga mexicanos se matan entre sí y se enfrentan a agentes federales por controlar la vía de acceso al mercado norteamericano. Aquí comienzan a brotar interrogantes sin respuesta. ¿Qué pasa con la droga una vez que atraviesa el Río Grande y entra al territorio norteamericano? ¿Los sanguinarios traficantes mexicanos tienen visa? ¿Dejan sus fusiles de asalto de este lado de la frontera? ¿Los demonios se transforman en ángeles? ¿Cómo es posible que un cargamento de cocaína que pasa la frontera en la mañana se esté distribuyendo en la noche en las calles de Chicago? Se puede por dos razones, porque el Paso es una ciudad muy bien comunicada, con una infraestructura carretera y de aeropuertos espléndida, y porque los norteamericanos lo permiten. ¿Por qué el gobierno de los Estados Unidos no le declaró la guerra a las bandas del crimen organizado el mismo día que Calderón ordenó los operativos conjuntos?

En la guerra del gobierno mexicano contra el narco hay una franja densa, oscura, hasta ahora impenetrable, abierta a toda clase de especulaciones y que no ha recibido en el país la atención que merece. ¿Qué quiere el Tío Sam? No digo que persigan objetivos aviesos; sostengo que a los mexicanos nos toca bailar con La Catrina. Se sabe, por ejemplo, que la DEA fue determinante para ubicar los domicilios particulares de Arturo Beltrán y de Teodoro García, en Cuernavaca y La Paz, respectivamente. ¿Bajo qué criterios decide compartir esa información con las agencias mexicanas y cómo resuelve a qué funcionario dársela? Si son capaces de encontrar un domicilio específico en una colonia para gente adinerada en La Paz, por qué no pueden detener el paso de toneladas de droga en la frontera de Ciudad Juárez y El Paso.

Un fenómeno similar se replica en la frontera de Tijuana y San Diego. ¿Por qué los habitantes de Ciudad Juárez y Tijuana sufren y están expuestos todos los días a riesgos mortales, a extorsiones y amenazas, mientras que los que viven en San Diego y El Paso, muchos de ellos de origen de mexicano, tienen una envidiable calidad de vida? ¿Por qué a nosotros nos toca poner los muertos si los drogadictos son ellos? Es injusto castigar a los mexicanos para regular el paso de cocaína y éxtasis al mercado de los Estados Unidos.

La tentación es dejar pasar a los narcos con sus cargamentos y que los norteamericanos se las arreglen como puedan. Suena razonable, pero si lo hacemos nos tacharán de ser un narco-Estado y mandarán a los marines. ¿Qué quieren?

La tragedia haitiana

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Haití es el país más pobre del Continente Americano. De acuerdo al World Factbook de la CIA, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de este país caribeño es de mil 300 dólares al año, lo cual lo coloca en el lugar número 203 entre 229 naciones donde se mide esta variable. Para ponerlo en términos comparativos, según esta misma fuente, México tiene un PIB per cápita diez veces mayor, es decir, de 14 mil 300 dólares al año. Y Haití un desarrollo económico similar a un país africano de los más pobres como Uganda y Burkina Faso.

Encontré un estudio sobre la pobreza en Haití de Pal Sletten y Willy Egset, patrocinado por Fafo (fundación independiente en Escandinavia dedicada a la investigación de varios temas, entre ellos, las condiciones de vida). Publicado en 2004, este estudio nos da una idea de cómo se vive en el pequeño país caribeño con una población de nueve millones de habitantes.

El 56% de los haitianos se encuentran en la extrema pobreza, es decir, viven con un dólar o menos al día. Otro 20% de la población con dos dólares diarios. De esta manera, un total de 76% de los habitantes de Haití sobrevive con un ingreso de alrededor de unos 25 pesos al día. Se trata de 6.8 millones de seres humanos. No sólo eso, Haití es el país más desigual de toda la región con un coeficiente de Gini de 0.65. En suma, se trata de una nación con poca riqueza concentrada en un puñado de sus habitantes.

Sletten y Egset encontraron que sólo 20% de los haitianos consiguen su ingreso por medio de salarios. El 37% lo obtiene al estar autoempleado, 25% de transferencias que reciben de familiares que han emigrado a otras naciones y 11% de autoconsumo de productos que ellos mismos producen, sobre todo en el campo.

Los autores correctamente argumentan que, aparte de medir la pobreza por el dinero que gastan al día los individuos, hay que ver el acceso que tiene la población a servicios básicos. Los datos son apabullantes. En Puerto Príncipe, sólo 19% de la población en pobreza extrema tiene electricidad, 10% cuenta con un camino para llegar a su casa, 2% tiene acceso a agua entubada, 3% recibe el servicio de recolección de basura y 1% cuenta con una línea de teléfono fija. Esto es en la capital, es decir, la principal área metropolitana de Haití. En las zonas rurales, el acceso de la población en pobreza extrema a servicios básicos es prácticamente nulo: 3% tiene electricidad, 7% llega a su casa por un camino, 1% cuenta con agua entubada y prácticamente no existen los servicios de recolección de basura ni de telefonía fija.

Más allá de la pobreza, Haití padece severos problemas de salud. El principal es la epidemia de sida. De acuerdo al World Factbook se estima que 2.2% de los haitianos adultos está infectado con este virus. Es, junto con Bahamas, el país con los mayores índices de esta infección mortal en el Hemisferio Occidental. En 2007, se calculaba que había 120 mil haitianos viviendo con sida. Además existe un alto riesgo de enfermedades infecciosas como el dengue y malaria, amén de los padecimientos que se contagian por la falta de agua potable como diarreas y fiebres. No sorprende, en este sentido, que la expectativa de vida en Haití sea de un promedio de 61 años (en México es de 76).

Haití está hoy en ruinas debido a un terremoto ocurrido este martes. Se habla de miles de muertos, heridos y desamparados. Reportes dan cuenta de una situación caótica en una nación incapaz de enfrentar una catástrofe de grandes dimensiones.

Los mexicanos tenemos que ser solidarios frente a esta tragedia de millones de humanos que viven en la pobreza extrema. La embajada de Haití en México (ubicada en Presa Don Martín No. 53, colonia Irrigación) está recibiendo medicamentos, agua embotellada y enlatados. Además, se han abierto distintas cuentas para donar dinero. Es la hora de ayudar.

Los mexicanos tenemos que ser solidarios frente a esta desgracia de millones de humanos.

Un aplauso de pie a la Comisión Federal de Electricidad

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

El 11 de octubre, día del anuncio de la extinción de Luz y Fuerza del Centro, no se registraron actos de sabotaje contra las instalaciones eléctricas. El primero llegó el lunes 12. El martes 13 fueron 15; 28 el 14, 10 el 15, 11 el 16, 22 el 17, 18 el 18. Así, hasta superar los 500 en estos casi 100 días en que la operación ha estado a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa pública que bien merece un reconocimiento, un aplauso de pie.

Hagamos a un lado hoy la parte política del conflicto con el SME, que por lo demás no es asunto de la CFE, y reconozcamos una historia de éxito en estos 100 días.

En primerísimo lugar, la CFE entró al rescate y garantizó la continuidad del servicio eléctrico a más de 6 millones de clientes en Hidalgo, Puebla, Morelos, Estado de México y Distrito Federal. Lo hizo con sólo 3 mil 500 trabajadores. Lo hizo incluso en diciembre, cuando, según la propia CFE, “se registró una demanda máxima histórica de 8 mil 800 megawatts”.

La CFE puede presumir, también (cifras al 12 de enero), que en esta tarea de relevo emitió 5.6 millones de recibos, cobró 80 por ciento de ese total, que significaron 4 mil 95 millones de pesos. Que se hicieron 825 mil lecturas a usuarios domésticos y conectaron 25 mil nuevos servicios. Que de las 52 instalaciones determinadas como prioritarias tomaron control de 50 (faltan las dos ultra-SME: Tenancingo y Juandhó).

En fin: honor a quien honor merece. Esta vez, a una empresa pública mexicana que en vez de lloriquear, culpar y hacer recuento de las insuficiencias, se puso a trabajar en serio.

Con gran eficacia, sin hacer ruido, sin provocar más caos.

Legalización de la mota en EU

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Mientras comienza el deseable debate sobre la guerra fallida contra el narco, que debió darse durante la campaña del 2006, el resto del mundo no permanece inmóvil. En México discutimos si la guerra es fallida o exitosa, necesaria u optativa, costosa o indispensable; pero en otros países siguen dándose hechos que tienen que ver con lo que pasa en México en esta materia. Quiero referirme a ellos. Lo hago a propósito de unos comentarios publicados en días pasados sobre que Estados Unidos no legalizará la droga mientras la violencia relacionada con su distribución no sea una amenaza estratégica. Hay hechos en EU que parecen contradecir esta idea.

Cualquiera que conoce Estados Unidos sabe que en los últimos 10 años hay un descenso en la criminalidad, violencia e inseguridad. Pero además, después de que Rubén Aguilar y yo publicamos El narco: la guerra fallida, hay tres acontecimientos relevantes.

El primero: la decisión, anunciada hace varios meses por el procurador general Eric Holder, de que el gobierno de EU no aplicaría la Ley Federal de Prohibición de Consumo y Posesión de Mariguana en los estados que hubieran adoptado la despenalización de la llamada mariguana médica. Durante el gobierno de Bush se seguía persiguiendo a consumidores o portadores de mariguana en varios estados, aunque en ellos se hubiera legalizado su consumo médico. Obama decidió seguir una política opuesta (que recuerda la prioridad dada por la derecha norteamericana a los derechos de los estados "States Rights"). Esto, además de distensionar la relación entre Washington y los 13 estados que ya legislaron la mariguana médica, crea un incentivo para que otros lo hagan. Ahora existen alicientes poderosos para que otros busquen una legislación semejante a la de California. Obama lo ha dicho: no va a legalizar la droga, ni la mariguana, pero en los hechos está permitiendo la legalización silenciosa.

El segundo: la legislatura de New Jersey, por gran mayoría, aprobó el consumo de la mariguana médica y el gobernador saliente, Jon Conzine, firmó la reforma antes de dejar el cargo. Es cierto que esta ley es mucho más restrictiva que la de California pues obliga a tener receta médica y no sólo una recomendación; y establece causales más estrictas como cáncer, sida o alzheimer, y no por dolencias como la ansiedad o el dolor crónico. Lo interesante es que la ley fue aprobada también por los republicanos: la derecha de EU empieza a transitar por esta vía. Si la vía se amplía -cuando cuatro estados se pronuncien al respecto a finales de 2010- habrá una veintena de entidades federativas que iniciaron la despenalización de la mariguana, de una manera u otra.

El tercero: la votación en el Comité de Seguridad Pública de la Asamblea del Congreso Estatal de California. Por cuatro contra tres el Comité aprobó la plena legalización, consumo, posesión y compra de la mariguana. Se trata de un hito histórico. No significa que el pleno de la legislatura haga lo mismo, ni que el gobernador Schwarzenegger no vete dicha ley. Si no se aprueba la iniciativa, habrá un referéndum en noviembre de este año (ya los partidarios consiguieron las firmas necesarias) y de nuevo es posible que pase o no. Pero el solo hecho de que en el estado más poblado, rico e ilustrado de EU se realicen dos votaciones, una representativa y otra participativa, para legalizar por completo el uso de la mariguana muestra claramente cuál es la tendencia de hoy en la realidad en ese país.

Yo supongo que las autoridades mexicanas ya tienen respuesta a la pregunta: ¿por qué diablos si los americanos legalizan la mariguana en un estado fronterizo con México, México sigue dedicándole vidas y dinero a impedir su entrada a Estados Unidos? Yo supongo que la sociedad mexicana se siente muy tranquila sabiendo que mientras lo gringos pachecos son cada día más liberales, nosotros somos cada vez más nobles y altruistas dedicados al combate a las drogas.

Marcelo: transa del tranvía

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

¿Qué pensaría usted, si un gobierno del PAN o del PRI, revelara que la construcción de un tranvía del Zócalo a Buenavista ya no costará los 2 mil millones de pesos previstos, sino que el costo se elevará hasta 17 mil millones? ¿Qué diría si se entera que la razón de elevar 12 veces el precio, sería porque se pagará en 25 años?

¿Qué pensaría usted, si se entera que ese tranvía no sólo no resuelve ninguno de los problemas básicos de transporte público —será un capricho turístico de sólo 11 kilómetros—, que costará casi lo mismo que la Línea 12 del Metro; y que con los 17 mil millones se podría completar el esquema de 10 líneas de Metrobús?

¿Cómo le caería la noticia de que el tranvía del Centro Histórico del DF seria —entre los de su tipo—, el más caro del mundo en su construcción —por kilómetro—, muy por encima de los construidos en Las Vegas, Zurich y Túnez? Seguro lo primero que muchos ciudadanos pensarían es que se trataría de “una transa” del gobierno azul o tricolor que pretendiera la dispendiosa obra. Y Sin duda estaríamos ante un feroz escándalo mediático que pondría en cuestión esa barbaridad. “¡alto a la transa!”, se diría.

Pero resulta que poco se sabe del tema y la escandalera no llega, porque el proyecto no lo propone ningún gobierno del PAN o del PRI, sino del PRD. Se trata de una de las genialidades del “Bicentenario” del gobierno de Ebrard, cuyo proyecto palomeó la mismísima Asamblea Legislativa, que tiene mayoría del PRD, claro.

Frente a esa monstruosidad, es obligada la pregunta: ¿No habrá una voz sensata, con mínimo sentido común, racionalidad política y financiera, amor por la ciudad, talante y talento para entender la urgencia de un transporte público para servir y no para lucir, que haga reflexionar al talentoso y sensible jefe de gobierno? Si no aparece esa voz y sigue ese proyecto, entonces tendremos el derecho a suponer que asistimos a la “transa del tranvía de Marcelo”.

Y ese tranvía, llamado “transa”, podría descarrilar una candidatura presidencial. En efecto, la de Marcelo.

Pero el asunto es de fondo. ¿Qué no es cierto que la izquierda mexicana siempre dijo que gobernaría distinto al PRI y a la derecha? Ya se les olvidó. Y el problema es que las malas mañas se pegan. En Zacatecas, Amalia García hizo la misma transa, y el PRI toca la puerta al gobierno estatal. Al tiempo.

EN EL CAMINO. En efecto, el fraude patriótico lo cometió en 1986 Manuel Bartlett. Además, aclara el senador Beltrones, que defendió el Estado laico en conferencia del pasado lunes, y que él no promovió la “Ley Antiaborto”.