enero 17, 2010

Las bodas gay

René Avilés Fabila
Periodista y escritor
raviles@prodigy.net.mx
Excélsior

Lo que llama la atención son las intolerancias: la del PAN, la de la jerarquía católica y la de la comunidad lésbico-gay.

Veo en la decisión de la Asamblea del DF de aprobar las bodas gay y la adopción de hijos, manipulada siempre por Marcelo Ebrard, como antes lo estuvo por López Obrador, una idea política antes que social: obtener votos de sectores avanzados. No está mal. Lo que sospecho es que fue una medida anticipada, que con más inteligencia pudo ser algo menos escandaloso. Con toda honestidad, nunca me han preocupado las diferencias sexuales. A mí me encantan las mujeres y siempre he esperado respeto ante esta selección. Exactamente hago lo mismo con amigos o no que prefieren personas de su propio sexo.

Lo que llama la atención son las intolerancias. Intolerancia del PAN y de la alta jerarquía católica e intolerancia de la comunidad lésbico-gay. Los resultados no son positivos. Sólo muestran el escaso nivel de civilización que padecemos en México. No están lejanos los días en que no estar de acuerdo con la charlatanería sin fin de AMLO provocaba oleadas de ofensas y hasta de agresiones físicas. Los resultados fueron atroces para El Peje: lo acabó la intolerancia, sus insultos a Fox y a Calderón, el descalificar a sus enemigos con ofensas. Sus fanáticos deben o deberían lamentar su brutal conducta. Hoy ni siquiera cuenta con el PRD oficial.

Poco veo televisión, soy lector de libros y jamás he visto programas de televisión comercial, no sé lo que es una telenovela. Suelo ver filmes y ocasionalmente algún deporte como el futbol americano que jugué de joven. Alguna vez, una afamada actriz me reclamó cordialmente, mi desconocimiento televisivo. Como respuesta le pregunté si sabía quiénes eran algunos de los grandes personajes literarios. Así, que no sabía de la existencia de Esteban Arce hasta que los homosexuales lo pusieron en el punto más alto de la fama a base de feroces ataques. Ahora es una celebridad: unos lo odian y otros lo apoyan, está inmortalizado por una tontería que bien pudo ser ignorada. No digo que la lucha sea silenciosa, pero tampoco tan intolerante como la que él promueve. Nos invitan a lincharlo. Con frecuencia recibo correos feroces en su contra. La verdad es que me tiene sin cuidado, ni siquiera conozco su rostro. Era nadie y hoy todos mis alumnos hablan de él y, ojo, mucho ojo, porque el machismo sigue siendo dominante y no encontramos la forma adecuada de eliminarlo, de evitar la división de trabajos por sexos, de hacer que olvidemos una larga y perversa historia de predominio masculino. Hay que rehacer las relaciones de pareja, deshacernos de la pesada herencia machista que nos dio la cinematografía nacional. Pero no será lanzando despiadados ataques contra uno o dos pobres diablos que la lucha triunfará. Adolfo Ruiz Cortines fue cauteloso y hábil para conseguir el voto para las mujeres. Primero convenció a los factores reales de poder de que aquélla era una obligación histórica y luego promulgó la ley, sin problemas ni críticas de los eternos atrasados en un país donde la burocracia y la Iglesia católica han contribuido a mantener marginada a la mujer.

Los tiempos que corren son de acentuada violencia. Los resultados se hacen brutales y no convencen a las mayorías. Los partidos políticos y los organismos sociales tienen que buscar otros caminos para llevar a cabo la lucha y la resistencia al poder para obtener cambios. Los modos toscos, rudimentarios, los gritos y las ofensas, poco ayudan. Un distinguido maestro mío de la UNAM, Henrique González Casanova, solía decir que a las personas se les respeta, a las ideas negativas se les combate sin piedad. Y él mismo era un ejemplo de lucidez y contundencia para vencer a sus rivales a través de la argumentación. Es mucho mejor mostrarle a los conservadores que viven en medio de un terrible atraso que convertirlos en mártires. De lo contrario seguiremos siendo víctimas de intolerancias de distintos signos.

Haití: el día después

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Sí existe algo más allá de la nada
El mundo, llamado a más que caridad

Todo lo que se diga se queda corto ante el tamaño de la tragedia que viven los habitantes de Haití, pueblo que marcó pauta de independencia en el continente y que —paradojas de la realidad—, es la nación más pobre entre los pobres del mundo.

Era lugar común escuchar que en Haití no había nada —no había Estado, gobierno, instituciones, sociedad, empleo... no había futuro—, pero luego del terremoto que mató a miles de haitianos, que dejó a la intemperie a millones de damnificados —no los dejó en la calle porque no hay ni calles—, y mató a decenas de miles y causó destrozos materiales por millones de dólares, confirma que sí existe un lugar más allá de la nada. Y hoy ese lugar se llama Haití. ¿Qué futuro tiene hoy la isla?

También es común escuchar que nada hay peor que la muerte. Pero quienes han atestiguado lo que viven hoy los haitianos, confirman que contra el imaginario colectivo, sí hay algo peor que la muerte —o acaso algo peor que el infierno—, y ese algo es ser damnificado o sobreviviente del terremoto que acabó con Haití. ¿Qué futuro tienen hoy los haitianos?

No sÓlo caridad

Y viene a cuento el asunto porque desde el momento en que se produjo el terremoto en la isla —y una vez conocida la tragedia y su magnitud—, todo el mundo reaccionó con una solidaridad que conmueve; con muestras de caridad que desataron en muchos una renovada esperanza por la generosidad de la humanidad y por instituciones globales como la ONU. ¡Qué bien que a nadie en el mundo resultó ajeno lo que ocurre en Haití y lo que enfrentan los sobrevivientes haitianos!

Pero la terca realidad nos ha enseñado que esa “solidaridad que hoy conmueve a muchos” y esa “esperanzadora caridad” tiene horario y fecha en el calendario. Es decir, la tragedia que vive Haití y el desamparo en que se encuentran los sobrevivientes del terremoto, reclaman mucho más que la solidaridad de los primeros días, que el apoyo de una despensa hoy y para siempre y que un momentáneo gesto de congoja.

Y si alguien sabe lo importante que es la solidaridad, el apoyo, la ayuda externa más allá de las primeras semanas de la tragedia —el apoyo durante el día después—, son precisamente los mexicanos que vivieron el terremoto que destruyó regiones completas de la capital del país. El gobierno y el pueblo haitianos se han quedado sin nada, reclaman todo para hoy —alimentos medicamentos, servicios básicos de salubridad y seguridad—, pero lo reclamarán durante semanas, meses, años. ¿Cuánto durará la solidaridad, la caridad, y las muestras de apoyo?

Prueba de fuego

En realidad la humanidad toda, las naciones de todo el mundo, las potencias y los pueblos que por años saquearon las riquezas de Haití, tienen una responsabilidad con la isla caribeña y sus habitantes en un momento de tragedia como la que hoy viven. Pero además, instituciones globales como la ONU, la OEA, la FAO —y otras—, están ante una verdadera prueba de fuego. Hoy más que nunca —sin demérito de lo que han hecho en el pasado—, esas instituciones deben mostrar que sirven de algo.

Y es que si en Haití sólo hay mucho más que nada, lo primero es responder las preguntas básicas. ¿Quién organizará el nuevo Estado haitiano, el gobierno, las instituciones de un Estado funcional? ¿Cómo será ese Estado? ¿Quién será capaz de conciliar las diferencias históricas, las guerras intestinas y la cultura de violencia? ¿Quién se atreverá a invertir en Haití, en promover empleos, en capacitar empleados? ¿Quién aportará recursos para la reconstrucción de infraestructura básica, de vivienda, hospitales, escuelas, bibliotecas? ¿De dónde saldrá el dinero para esa reconstrucción?

Acudir en ayuda de Haití va mucho más allá de enviar despensas un día y para siempre, de promover colectas en una semana y para siempre, de destinar 10, 20 o más millones de dólares para la reconstrucción momentánea o mediática. Las naciones líderes del mundo, los países ricos, las democracias consolidadas están ante la obligación de promover un plan de reconstrucción material, institucional y social que rescate de la nada a Haití y los haitianos.

De lo contrario —si el día después vemos que Haití y los haitianos son abandonados a su suerte por pueblos y gobiernos—, sólo estaremos viendo un grosero espectáculo mediático de solidaridad y caridad, propio de quienes pretenden lavar sus conciencias con migajas. Y en esa historia los mexicanos y su Estado tienen mucho que aportar. Al tiempo.

En el camino

Cuando arrecian las críticas a la “guerra” que desató contra el narcotráfico y el crimen organizado el gobierno de Calderón, los estrategas dieron un segundo golpe de eficacia y espectacularidad; la captura de Teodoro García Simental El Teo, uno de los más sanguinarios jefes del crimen y el narco. Semanas antes, otros estrategas —ahora de la Armada—, habían localizado y pretendido capturar a Arturo Beltrán Leyva —quien finalmente resultó muerto luego de un enfrentamiento—, uno de los más buscados en todo el mundo.

En el fondo asistimos a los resultados de un cambio de estrategia, en donde las instituciones responsables de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado han privilegiado la inteligencia por sobre las demostraciones de fuerza. El problema, sin embargo, empieza a saltar en otro frente institucional. ¿Qué están haciendo el Poder Judicial y los gobiernos de los estados?

'De amos y esclavos' por Paco Calderón