febrero 01, 2010

¿Por qué la gente vota por el PRI?

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Las encuestas coinciden en una gran insatisfacción de los mexicanos con la democracia mexicana y con lo que algunos comentaristas han llamado despectivamente la partidocracia. Los mexicanos claramente están hartos de los grandes presupuestos de los partidos políticos y de la gran irresponsabilidad e ineficiencia con la que éstos actúan. Este descontento también llega a los gobernantes en los diversos niveles los cuales ejercen el gasto público sin control ni pudor. Sin embargo, lo curioso de esta situación es que los ciudadanos que expresan con justificación su insatisfacción por el sistema político no parecen tener un diagnóstico correcto de los orígenes de la misma y actuar en consecuencia. En las elecciones legislativas de julio de 2009 un porcentaje pequeño del electorado, movido por un grupo de miembros descontentos del “círculo rojo”, emitió su voto nulo como una forma de protesta por tal situación, lo cual le hizo a la clase política lo que el viento a Juárez: nada. El presidente Calderón tratando de capitalizar este descontento lanzó una propuesta de reforma política que resume muy bien las discusiones académicas sobre el tema de las últimas décadas y las experiencias de otros países. Sin embargo, dicha propuesta que contiene entre otros elementos la reelección inmediata de legisladores y presidentes municipales así como la reducción en el número de legisladores, la segunda vuelta electoral y las candidaturas ciudadanas, ha sido ya impugnada en buena medida por el PRI, lo cual no debería causar extrañeza, pues fue precisamente este partido el que diseñó y construyó el sistema político que ahora causa tanta insatisfacción entre los ciudadanos. Lo que sí causa extrañeza es el alto número de votos que obtuvo el PRI en las elecciones de mediados de 2009 y que este partido esté encabezando las encuestas para el 2012. Tal parecería que en la mente de los votantes, el PRI no tiene nada que ver con la actual ineficiencia del sistema político y que incluso su llegada al poder podría remediar este mal cuando ha sido este partido el artífice del sistema que ya tiene hartos a los mexicanos.

La explicación de esta paradoja reside tal vez en que buena parte de los mexicanos sigue viendo a la política como algo personal y no estructural. Es muy probable que el mexicano promedio piense que el origen de nuestros males políticos radica en la falta de valores en la sociedad y no en los incentivos del sistema que propician precisamente que los políticos actúen como actúen. También es probable que más de algún ciudadano piense que la corrupción y la irrresponsabilidad vienen ya en nuestro DNA y que más vale aceptarlo y no luchar contra ello. Y en este sentido, es mejor tener en el gobierno a un partido que sepa manejar la corrupción y no a unos ingenuos que creen que ésta se puede acabar. De hecho, la propaganda del PRI en los últimos años de que ellos “sí saben gobernar” apunta en el fondo a ese tipo de experiencia, la de manejar lo que es inevitable: la corrupción, la ilegalidad, la irresponsabilidad. Incluso quienes sugieren que es posible negociar con el narco tienen la misma perspectiva: pensar que se puede vivir de acuerdo a las leyes es una ingenuidad. Finalmente lo que hace falta es un gobernante que entienda la naturaleza perversa de la política y la sepa “administrar”. En el fondo el voto por el PRI expresa un profundo pesimismo de los mexicanos y el hecho de que simplemente éstos no creen que la democracia es posible. Ciertamente, están hartos de la ineficiencia, la irresponsabilidad y los abusos de la clase política pero no ven ninguna salida a este problema. Incluso compran los argumentos del PRI de que las reformas políticas sólo van a agravar el problema.

Es natural que las burocracias de los partidos políticos hagan todo lo que puedan para mantener sus privilegios a costa de los ciudadanos. En ese sentido, es natural que estas burocracias se opongan a la reforma política. Lo que no es tan natural es que el ciudadano premie con su voto a aquellos partidos que buscan mantener el statu quo. Es simplemente sorprendente que cuando por fin se abre la posibilidad en serio de una reforma política profunda que reduzca la impunidad de los políticos, los votantes fortalezcan con su voto al partido que ha diseñado y sigue apuntalando el sistema político que padecemos. Así no hay forma de que nadie nos ayude…

La otra Revolución

Pedro Ferriz
El búho no ha muerto
Excélsior

Te invito a pasar del mundo de las emociones al de la razón. El corazón no busca discernir por medio de la argumentación. ¡Siente y ya! Se inclina hacia donde le marca su naturaleza. Manifiesta compasión sin sentir pena por ello… El corazón es así. Noble, arrebatado. Sensitivo. Deja tocar sus fibras por la luz de la bondad como concepto y fluye en un suspiro para moverse adelante. Late, porque intuye que al hacerlo es congruente con la vida. Late por tesonero. A veces agitado. A veces con sus pausas. Pero se mueve, porque sabe su deber. Cuando se agota, no se da por vencido. Mejor morir, que sucumbir. No claudica. Así es el corazón. Digiere malestar, disgustos, sinsabores y traición. El corazón sufre, pero aguanta. Se indigna, pero olvida. Se amarga, aunque el recuerdo bilioso de ese resabio extremo, lo matiza con el dulce de la compasión. Así una y otra vez.

Los mexicanos vivimos acampados eternamente en el terreno del corazón. Somos sólo sentimiento que vacila, entre el deber ser y la realidad. Por eso es que nos burlamos de ella. Hacemos chiste de la tragedia. Tomamos como natural lo monstruoso. De lo grotesco hacemos arte. De lo demoníaco, juguete. Del amor… o triunfo, o mejor la muerte. Nos llena perdonar la injusticia. Ofrecer la otra mejilla cuando se nos veja, roba u ofende. Lo que “El Sistema” nos hace todos los días. Le soltamos un sapo o una mentada a quien abusa de nuestra condición o debilidad. Con la tranquilidad de que el corazón sabrá ocultar los agravios.

Vivir la vida es muy difícil. Hacerla llevadera nos requiere un giro de lo actual. Es hora de cambiar nuestra forma de sentir. Y tiempo de comenzar a pensar. Es hora de desbocarnos hacia una “Revolución del Intelecto”. Ese otro lado de mí. Que me invita a sentir, sí. Pero pasando todo ello al terreno de la razón. Dialogar conmigo. Y después hacer de esto un proceso colectivo. Nos llevará a ser más estrictos con todo lo que nos pasa, o nos deja de pasar. Con eso que deseamos. ¡Qué hermoso! ¡Qué difícil! ¡Qué necesario! ¡Qué valiente!

Haz un ejercicio. Toma la figura de un hombre en actitud de pensamiento. ¿Cómo lo ves?... ¿No se te hace que está, como queriéndose ver por dentro? ¿No crees que haya llegado el tiempo en que así debamos estar?

Una Revolución Intelectual no es un arrebato. Es, más bien, un conjunto de acciones conscientes que llevan a una colectividad a cambiar las cosas a modo de su conveniencia. El hombre, en su hedonismo, procura hacer todo aquello que lo hace sentir bien… no aquello que lo llena. El placer es una cosa, el deber subsidiario otra. Abundan hombres y mujeres deseosos de llegar a tocar el cielo del bienestar. Pocos, los que hacen la escalera para subir hasta el azul.

He convocado a México a festejar 200 años de vida Independiente y 100 de la Revolución, con otra Revolución. No de sangre, balas y paredones. No de obras que llaman a la risa. Sino de tinta, papel e inteligencia. Valor y presencia. Razón y camino.

Admito que somos pocos los que hemos tomado las armas de la mente. A la hora que usted lea estas líneas, 150 mil ciudadanos se habrán sumado a una primera propuesta, de una larga lista de Pequeñoscambios, grandestransformaciones. No solamente no olvidaron el concepto, sino que lo echaron a andar.

Mañana seremos más. Y más en una semana… y así.

Por lo pronto acudiré en unos quince días al Senado de la República con el apoyo de los que se sumaron a decirle a ese poder, que otra revolución ha comenzado.

La Revolución del Intelecto. A todo pueblo debe llegarle el momento de su “ilustración”. Lumiéres en Francia. Enlightment en Inglaterra. Illuminismo en Italia. Aufklarüng en Alemania. Hoy en México. Hombres y mujeres deseosos por mostrar que tienen corazón, pero también cabeza. En aras de luchar por los sentimientos más nobles de la Nación. Los deseos de México. Un pueblo olvidado de la razón.

Abundan hombres y mujeres deseosos de llegar a tocar el cielo del bienestar.