febrero 21, 2010

'La isla de la perdición' por Paco Calderón

Narcopercepción

Raymundo Riva Palacio
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
www.twitter.com/rivapa
Eje Central

Tardaron 72 horas en el gobierno federal para lanzar la ofensiva en contra del diputado Manuel Clouthier por haber dicho que la guerra contra el narcotráfico no había tocado a Sinaloa, pero al final fue ruda. El miércoles por la noche Clouthier recibió una carta del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, refutando su dicho, y al día siguiente pidieron su expulsión del PAN. Clouthier absorbió el enojo presidencial que como contexto tiene la cada vez más insistencia pública de que en este sexenio el cártel que menos ha sido tocado es el de Sinaloa. Y recogió la atención nacional porque en Sinaloa no es sólo el estado que vive un proceso electoral, sino desde donde se desafía permanentemente la seguridad nacional.

No le gustó al gobierno las imputaciones de Clouthier y le envió a la aplanadora azul. Pero las declaraciones de Clouthier no llevaban un solo destinatario, sino dos. Este, que es el PRI, no ha dicho nada, y la razón por la cual el diputado estalló en la prensa es precisamente porque el candidato del PRI al gobierno de Sinaloa es Jesús Vizcarra, a quien hace ya más de dos años que “Malecón”, la columna institucional del periódico El Noroeste, que es en buena parte de su familia, lo señaló de estar vinculado al narcotráfico, y el PAN le está allanando el camino al triunfo.

Vizcarra nunca atajó enérgicamente las imputaciones en “Malecón” ni las posteriores en la prensa nacional, porque consideró que eran infundios. Como era de esperarse, crecieron. Cuando hace tiempo circuló una vieja fotografía en la que aparecía junto con Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los jefes del Cártel de Sinaloa, no aclaró las razones de esa cercanía. Al republicarla el diario Reforma hace unas semanas, se presentó en la PGR para pedir una carta de buena conducta, que fue un mero acto mediático, pues la PGR no hace eso. Liébano Sáenz y Miguel Ángel Yunes, que en el pasado fueron acusados de actos ilícitos de envergadura, pidieron a la PGR que los investigara. Lo hizo, cruzó sus nombres en averiguaciones, los declaró y los eximió de cualquier responsabilidad.

El aspirante a la gubernatura de Sinaloa no hizo nada de esto. Más aún, Vizcarra no quiere enfrentar abiertamente las imputaciones. Se ha negado sistemáticamente a dar entrevistas y en una plática dijo que si llegaba a la gubernatura, pediría “en privado” al gobierno federal que atacara al narcotráfico en su estado. ¿En privado?, se le cuestionó. ¿No sería mejor exigirlo abiertamente y deslindarse públicamente de “El Mayo” Zambada, de quien dicen en Culiacán es compadre? “Se enojaría”, respondió Vizcarra. Claro que se enojaría, se le dijo, pues a “El Mayo” le debe interesar que la gente crea que el gobernador es su compadre. Vizcarra insistió en la molestia que podría causar ese deslinde a Zambada. “Prefiero pagar costos en credibilidad que hacer el deslinde público”, ratificó.

Clouthier se refiere precisamente a esas oscuras realidades. “Sinaloa es un mugrero promovido desde el poder estatal”, dijo a la prensa, aunque se contuvo de señalar al gobernador, Jesús Aguilar Padilla, quien impuso a Vizcarra como candidato, como responsable directo de ese “mugrero”. El diputado panista habla abiertamente de la “narcopolítica” y de los “narcoempresarios” en su tierra, como dos ejes vinculados eficientemente a la delincuencia organizada, contra los que en el gobierno federal “no tocan ni el tronco ni la raíz”. Su afirmación toca heridas abiertas.

Si bien, como le refutó el gobierno federal, la guerra contra el narcotráfico sí ha tocado al Cártel de Sinaloa, el nivel de golpes no es equiparable al que se ha tenido contra otras organizaciones criminales. El Cártel Tijuana fue desmembrado y prácticamente desapareció; el del Golfo estuvo a punto de correr esa suerte, por lo que se corrió al sur de México y a Centroamérica para sobrevivir; al de Juárez y los Amezcua, les han detenido a prominentes miembros de las familias que los encabezan; hay una cacería contra la Familia Michoacana; a los Beltrán Leyva les eliminaron y anularon a sus dos principales dirigentes. El de Sinaloa es diferente.

Desde que en octubre de 2008 arrestaron en la ciudad de México a Jesús “El Rey” Zambada, jefe de las operaciones en el centro del país, no ha habido ningún otro golpe de esa magnitud a Sinaloa. Aunque se ha detenido a sicarios prominentes del cártel, las cabezas siguen sin ser tocadas: “El Mayo” Zambada, Ignacio Coronel –quien ni siquiera está en el imaginario de los mexicanos- y Joaquín “El Chapo” Guzmán –venido a menos, pero quien jala la marca de esa organización-. La percepción popular, reforzada por Clouthier, es que se manejan con una libertad que no tiene el resto de los criminales.

Clouthier ha sugerido que desde el gobierno federal podría haber un acuerdo con el poder político en Sinaloa. ¿Acaso un pacto para que el PRI gane la gubernatura? El mejor candidato que pudo haber tenido el PAN, con posibilidades de triunfo, era Heriberto Félix, pero el presidente Felipe Calderón le cambió el destino al hacerlo secretario de Desarrollo Social. Clouthier quiso ser candidato, pero ni Calderón ni el líder del PAN, César Nava, le dieron el apoyo. Sin candidato fuerte, el PAN camina hacia la derrota en un estado donde la última elección presidencial todos sus candidatos perdieron salvo Felipe Calderón.

Sinaloa no es una elección como las otras 11 donde se pone en juego el gobierno estatal. Desde esas tierras se construyó la narcopolicía, se fortaleció la narcopolítica y florecieron los narcoempresarios. En una de las pláticas con Vizcarra, cuando se defendía de las imputaciones de vínculos al narcotráfico, se le dijo que el momento en que se encontraba, la percepción era más fuerte que la realidad, y que si no aclaraba todo, se convertiría en un “narcocandidato” y luego en el “narcogobernador” de un “narcoestado”. Prefirió el silencio. El PAN se irá con un candidato para perder y el gobierno sigue sin golpear la cúpula del Cártel de Sinaloa. Luego se indignan que Clouthier les diga con palabras lo que han mostrado con hechos.