febrero 23, 2010

'Veracruz' por Paco Calderón

Lo que todavía falta por ver

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Sin duda que la política es completamente volátil. Un día se piensa que el futuro tendrá una forma y al día siguiente estamos en un escenario completamente distinto. En repetidas ocasiones se escucha la máxima de que toda la política es local, cualquier cosa que eso pueda significar, y en estos días lo hemos comprobado de forma amplia. La historia de las alianzas partidistas y su relación con los oscuros acuerdos de la negociación fiscal de hace unos meses, han cambiado el escenario político de 2010. Los movimientos que se ven entre los partidos movieron el cuadro de alianzas más convencionales. La lucha por las gubernaturas de 2010, es una meta, pero el gran objetivo es la pelea por la próxima sucesión presidencial.

El cambio es tan sencillo que pasamos de una percepción de que el camino de regreso del PRI a Los Pinos sería como un día de campo, a una ruta mucho más complicada en donde se empezaron a mover las piezas en otra dirección. Las fuerzas que salieron derrotadas en la elección intermedia del 2009 decidieron hacer frente común en varios estados para vencer al modelo político priísta, que ya cumple 80 años de gobernar territorios poblados de abusos, atraso y caciquismo. Como parte de los costos por estos movimientos se ha dado un ajuste dentro del panismo por la crisis que destapó la salida del PAN del secretario de gobernación, Fernando Gómez Mont. ¿Qué podemos esperar de una clase política, PRI y PAN, que negocia el apoyo para subir impuestos a cambio de impunidad, es decir, que no haya alianzas entre PAN y PRD en Oaxaca?

A estas alturas del partido ya no consideramos que la alternancia por sí misma pueda llevar a cambios democráticos importantes. La experiencia de los últimos años nos ha enseñado que tener un partido diferente en el gobierno, no significa necesariamente que haya cambios políticos relevantes. También hemos aprendido que las alternancias pueden ser importantes para oxigenar —aunque sea de forma mínima— el escenario político. En este sentido, una alternancia puede resultar tan mala y defectuosa como un gobierno del viejo PRI, pero abre algunas expectativas. Después de lo que pasó en Oaxaca en el 2006 y de la enorme impunidad que domina en ese estado, no sería despreciable que el partido del responsable principal, el actual gobernador Ulises Ruiz, como lo señaló la Suprema Corte de Justicia de la Nación, perdiera las elecciones. De igual forma, sería deseable que en Puebla el partido del famoso góber precioso, Mario Marín, perdiera las elecciones, después de la violación de derechos humanos que cometió en contra de la periodista Lydia Cacho. Lo mismo sucede con Hidalgo y Durango, tierras que no conocen la alternancia. Al mismo tiempo, no se puede dejar de lado que en estas alianzas hay puro pragmatismo y fragmentación política.

En días pasados ha regresado la política a Ciudad Juárez. En las dos semanas anteriores las condiciones de la crisis de violencia que se viven en esa frontera se han vuelto intolerables y ha generado un intento gubernamental para recuperar la iniciativa política y dejar en segundo plano a las armas y los operativos de las fuerzas del orden. Desde el fracaso del modelo que ha implementado el gobierno federal, ahora se intenta una interlocución distinta, en donde la política pueda abrir nuevos cauces al estado de derecho. Ciudad Juárez necesita dejar de lado las condiciones de excepción en las que han vivido en los últimos años. En esta ciudad fronteriza estará a prueba en los próximos meses las posibilidades de rectificar el modelo y, quizá, tener alguna mejoría. Sin duda, la nueva estrategia en Juárez afectará la dinámica electoral en ese estado; habrá que ver cómo se van a mezclar los votos con la crisis de inseguridad y violencia.

Así, mientras los partidos a nivel nacional deshojan la margarita de la reforma política y presentan su agenda, la competencia por las gubernaturas marca tiempos y ritmos entre los poderes, que pueden conducir a otro periodo de inercias y parálisis legislativa. ¿Se puede compaginar la construcción de consensos legislativos y la competencia electoral? Sin duda, el escenario político se ha llenado de múltiples contradicciones y mientras dos partidos establecen una alianza electoral en Oaxaca o en Hidalgo, en otros espacios están enfrentados por la legislación de los matrimonios gay. ¿El resultado de estas contradicciones puede conducir a un resultado legítimo?

Lo único que queda claro es que la política se ha vuelto completamente incierta e impredecible. Las contradicciones, el pragmatismo extremo y los intereses de corto plazo dominan el escenario del país…

¿Y los responsables?

Federico Reyes Heroles
Reforma

Las escenas se repiten. Las familias, casi siempre muy pobres, con los pies en el agua, barriendo con energía lo imbatible, recogiendo entre sollozos enseres, muebles, ropa. Algún día las aguas recuperarán su cauce y en esas viviendas habrá un recuerdo doloroso de un patrimonio que se fue con el agua. Eso cuando les va bien. Pero hay casos más graves, mujeres y hombres aparecen llorando en algún refugio, ya no tienen nada, la vivienda ha desaparecido, alguien también se ha ido para siempre. Año con año, cuando las lluvias nos recuerdan su poderío, ocurre lo mismo sobre todo en los estados con costa y con ríos caudalosos, pero igual en el altiplano, en todas partes.

Ahora fue en invierno y, para agravar la situación, fueron aguas negras las que invadieron miles de hogares. Una de las carreteras más importantes del país estuvo cerrada durante días y la historia dejó de serlo, por lo menos para los medios, ya no hay novedad, la recuperación será dolorosa y lenta. Las autoridades llevan paliativos, rara vez medidas de fondo. Primero fue el oriente del Valle de México, Chalco, Ciudad Nezahualcóyotl, etcétera. Pero no tardaron en aparecer otros casos de horror, Angangueo, Tuxpan en Michoacán. Cerros desgajados, colonias desaparecidas, familias destrozadas.

Todos estamos expuestos al infortunio, a ese rayo que desciende sin aviso y nos lleva. Pero si algo ha buscado el ser humano con el conocimiento es alejarse de lo que no es una desgracia sino consecuencia de la ignorancia y de la negligencia. México tiene un severo problema de asentamientos humanos en sitios no propios para la vivienda. La orografía no nos ayuda, la hoja arrugada sigue siendo un buen símil de nuestra condición. El país se encuentra en plena etapa de migración del campo a las ciudades, decenas de millones de mexicanos en las últimas décadas y en las próximas dos han buscado y buscarán asiento en las crecientes áreas urbanas. No podemos llamarnos a sorpresa: el proceso viene de lejos y continuará.

Sin embargo la irresponsabilidad de las autoridades municipales, estatales y federales pareciera no tener límite. Quién autorizó los asentamientos en Chalco o en Michoacán o en Villahermosa o en Acapulco o donde sea. Nadie sería la respuesta y si ese alguien existe será difícil imputarle alguna responsabilidad, porque al llegar al cargo el problema ya se había iniciado y al dejarlo continuaba. A ellos sólo les tocó administrar un brevísimo momento del proceso, por eso no hay responsables. No es un problema de información, basta revisar los excelentes mapas de riesgo de la Sedesol para ratificar lo que el sentido común indica: laderas, zonas lacustres, áreas con hundimientos, cauces de ríos, zonas con minas, etcétera, están hoy habitadas en espera de la tragedia. No nacen de un día al otro, son una realidad constante que conocemos. De allí el horror, muchas de las tragedias son predecibles.

La Federación, los gobiernos estatales o municipales, responsables por omisión, llegarán en auxilio de los damnificados. La Cruz Roja hará como siempre lo indecible para paliar los daños. Pero a la larga la población quedará a su propia suerte. Del empobrecimiento de esas familias ni siquiera hablamos. Pronto llegará otra tragedia que nos ocupará unos días. Pero algo no funciona. En el fondo de estas tragedias subyacen dos asuntos de nuestra vida pública. El primero es la no observancia de las delimitaciones para asentamientos. Eso no es negociable. En México seguimos la tradición de no mover a la gente porque ello es contrario a sus costumbres. Pero el hecho concreto es que los mexicanos se mudan todos los días y de forma masiva. Sin embargo la laxitud en la aplicación de las normas es total. Rara vez se respetan las zonas prohibidas para vivienda. ¿Por qué? Impedir los asentamientos en lugares indebidos es quizá de las acciones más impopulares que hay, pero alguien debe hacerlo. Fingir demencia es populismo puro. Las consecuencias están allí. Primer asunto: una muy débil cultura de la legalidad.

Pero hay otra explicación. Los municipios, el orden de gobierno más cercano a la vida cotidiana de los mexicanos, están institucionalmente impedidos de tener una visión de mediano plazo, ya no digamos de largo. ¿Qué presidente municipal asume la responsabilidad de un reordenamiento territorial serio cuando sabe que su vida política dura meses? Se acaba de dar a conocer un hundimiento muy importante en la delegación Tláhuac, se debe reubicar a más de 100 mil personas. Esa simple labor llevaría varios años. ¿Lo iniciará el jefe delegacional o tendremos que esperar a que haya muertos y desaparecidos para recordar lo que ya se nos anunció?

Ahora que el priismo ya dejó saber de su negativa a aprobar la reelección de los presidentes municipales, habría que preguntarles: ¿y quién les va responder en unos años a los habitantes de Chalco, Villahermosa, Angangueo, Tuxpan y un largo etcétera? Los verdaderos responsables están en San Lázaro.

Evo, chamaqueado en Coyoacán

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Ante la nutrida concurrencia de nativos amistosos que lambisconeó a Evo Morales con la entrega del bastón de mando (en nombre de “los representantes de los grupos indígenas de la Ciudad de México”), el presidente boliviano, conmovido, lanzó estas palabras de aliento:

“¡Mucha fuerza, hermanas y hermanos mexicanos; pronto México se liberará…!”.

Ignorante de que Bolivia tiene una población autóctona mayoritaria (60 por ciento entre quechuas, aymaras, guaraníes y mojeños), el tlatoani de Coyoacán, Raulóyotl Floresacatzin, elogió a Evo por lo que supone ha hecho a favor “de las minorías”.

La explicable ausencia de aborígenes de Azcapotzalco, Tlacopan, Iztapalapa y otros señoríos prehispánicos o, de perdida, criadas y criados de la gente chic del Coyoacán real (vamos, ni siquiera se paró ahí Cirotzin Gomitzin Leyvaxúchitl), fue compensada por los panchosvilla y activistas del SME, de Atenco y del PRD.

“¡Aguas con las tribus mexicas!”, debió advertirle alguien a Evo para no exponerlo a tan grotesca chamaqueada.

AMLO y Ebrard: el pacto de 2012

Martín Moreno
Archivos del poder
Excélsior

Aquellos que pronostican o dan por hecha una ruptura entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard a causa de sus ambiciones rumbo a 2012, se equivocan. Aún más: esa alianza, entre dos ex priistas, está firme y así seguirá.

¿La razón? Hay una estrategia diseñada para el futuro político del tabasqueño y el del falso izquierdista: que AMLO sea el candidato presidencial del Partido del Trabajo (PT) y de Convergencia, mientras que Ebrard lo sería por el PRD y, ya sobre la marcha de las campañas, Marcelo declinaría en favor de López Obrador para, de esta manera, apuntalar su llegada a Los Pinos.

¿Qué tal?

Este pacto o alianza tiene el consentimiento de ambos personajes. Solamente la desmedida ambición futurista de Ebrard, avivada por su resentido maestro, Manuel Camacho Solís, podría llevarla al fracaso. Por lo pronto, así está planteada.

¿Por qué declinaría Ebrard a favor de AMLO? Primero, por una razón de “convencimiento” de que Andrés Manuel es, realmente, la opción más sólida para ganar la Presidencia en las próximas elecciones. Y, segundo, porque calculan que, de esta manera, se daría un golpe espectacular para llevarse a la bolsa —o a la urna— los votos de quienes aún estarían indecisos en 2012 y que constituyen una franja tan considerable como para hacer ganar a cualquiera.

Así, no nos extrañe ver a Ebrard declinar, como candidato presidencial del PRD, en favor de AMLO, abanderado del PT y Convergencia. Todo sea por alcanzar el poder.

Quienes pronosticaban una ruptura entre Marcelo y AMLO, de momento se quedarán con las ganas.

Y tampoco debemos perder de vista que el gobierno legítimo de AMLO —que en la praxis política no opera como tal— tiene, en la realidad, una misión crucial: recolectar firmas adherentes a ese “gobierno”, que no son otra cosa que votos en potencia a favor del tabasqueño.

Hasta hoy, se han “adherido” alrededor de 2.5 millones de ciudadanos, que son sufragios garantizados para AMLO. No son poca cosa, ya que la pasada elección presidencial se decidió por sólo 250 mil votos. Es una estrategia válida y bien calculada.

De ahí que nadie debe dar por muerto a AMLO ni salir con el simplismo de decir que jamás sería Presidente teniendo como postulantes al PT y a Convergencia.

Y en caso de que se le compliquen las cosas con la codicia futurista de Ebrard, tiene otra opción poderosa: erigirse como el mejor posicionado dentro del PRD, y así ser, desde un principio, el candidato perredista a la Presidencia.

Las encuestas entre los amarillos ubican a AMLO al dos por uno sobre Marcelo. Así que por ahí tampoco habría obstáculo alguno.

AMLO y 2012. Agárrense.

ARCHIVOS CONFIDENCIALES… Que se escuche y, sobre todo, que se obedezca, esa frase contundente del secretario de la Defensa, general Guillermo Galván, respecto a cómo enfrentar al narcotráfico: “Nadie desea que esta lucha se prolongue indefinidamente; a nadie conviene”. Palabras que, dichas por el general secretario, toman un perfil de advertencia a la manera como se está librando la batalla contra el crimen organizado que, para muchos, carece de estrategia… Tras el escándalo en el Bar Bar por la agresión a Salvador Cabañas —¿cuándo lo obligará la PGJDF a declarar?, ¿dónde está El JJ?—, el GDF ordenó operativos y revisiones en todas las delegaciones, pero en Milpa Alta ni por enterados. Resulta que el director general de Obras y Desarrollo Urbano, Víctor Hugo Monterola Ríos, es dueño de un restaurante-bar llamado El Río, que no cuenta con licencia para vender alcohol y el inmueble donde se ubica está en construcción, sin el permiso correspondiente. Pero como es de un alto funcionario delegacional, pues ni quien diga nada. Inclusive, ahí es frecuente ver divirtiéndose al actual jefe delegacional, Francisco García Flores. Todo queda entre cuates. Viva la impunidad… Cuando un camión de basura del gobierno capitalino cayó del segundo piso del Periférico y provocó la muerte de una persona, de inmediato se apostaron policías en las “entradas” hacia las vías rápidas, para evitar su ingreso. Hoy, ya desaparecieron, y todo sigue igual: camiones, motos y micros, en carriles de alta velocidad. Como siempre: el GDF reacciona hasta después de una tragedia y con medidas de coyuntura y ocurrencias, para luego permitir nuevamente lo que está prohibido.

Quienes pronosticaban una ruptura entre el jefe de Gobierno y Andrés Manuel, de momento se quedarán con las ganas.

La reelección legislativa

Javier Corral Jurado
Diputado Federal del PAN
El Universal

Tanto el PRI como el PRD se aprestan a presentar esta semana en el Senado, sus iniciativas de reforma constitucional y legal en materia política. Ello marca un compromiso para entrar a discutir y complementar el conjunto de las iniciativas presentadas por el Presidente que, en un primer momento, recibieron como respuesta una descalificación casi total, al menos del PRI.

El PAN ha hecho suya la propuesta presidencial, de ahí que, al quedar formalizada la visión de los tres principales partidos sobre cómo debe ser la reforma, es de esperarse que el debate se torne más preciso sobre las propuestas específicas, en un marco de negociación abierto y transparente a la sociedad pues no es admisible suponer a los partidos como actores exclusivos de tales transformaciones. El ciudadano es el sujeto esencial del sistema democrático, debiera ser por lo tanto el destinatario final del esfuerzo legislativo.

Si esta visión fuese realidad, se espera que la coincidencia mayor sea la reelección consecutiva de legisladores. Sería un buen inicio para la búsqueda de acuerdos que rediseñen el entramado constitucional de la actual división de poderes, para una mejor colaboración entre ellos. Sólo un poder legislativo fuerte, profesional e independiente puede colaborar con los demás poderes. Las cámaras débiles no son eficaces y por lo tanto, ni colaboran, ni funcionan, sólo se someten.

Soy un convencido de la reelección legislativa, que es diferente a la presidencial. El Congreso hace las leyes y el ejecutivo dirige la administración pública que gobierna en función de esas leyes. El ejecutivo como suprema autoridad administrativa sí influye dentro de las esferas de actividad del Estado, y ahí sí, puede generarse un mecanismo de perpetuación del poder. Por ello el estado de Derecho establece mecanismos de acotamiento del poder supremo administrativo, entre ellos la no reelección.

La naturaleza de las funciones del poder legislativo es diferente, por lo que su reelección sería una consecuencia natural del principio de la soberanía popular. Es el ciudadano quien tiene o no el derecho de elegir a sus representantes. Esta reelección fortalecería el poder de la ciudadanía y le daría un mecanismo de sanción al desempeño de sus representantes. Lo que el Presidente propuso es reinsertar a la Constitución una figura que ya existía hasta 1933, la reelección consecutiva, sólo que limitándola hasta por 12 años.

Frente al mundo democrático, México y Costa Rica son los únicos países que no permiten a los legisladores ser reelectos de manera inmediata. En México esta condición tiene su origen en que se buscó fortalecer el poder del Presidente quien acostumbraba ser jefe de partido y por tanto elector único de los candidatos a cargos electivos.

La reelección consecutiva favorecería la profesionalización y especialización de los legisladores, su permanencia incrementaría su conocimiento sobre lo que legislan. Además, los legisladores electos de manera consecutiva podrían transmitir su experiencia a los nuevos. Así habrá mayor calidad y eficiencia.

La experiencia dicta que esta figura le daría un contrapeso al Ejecutivo, independientemente del partido que gobierne las cámaras. Los legisladores deben ser influyentes no sólo frente a sus adversarios en el parlamento, tienen que ser también equilibrio dentro de sus partidos y frente a sus gobiernos. La reelección daría al ciudadano representantes de ellos y no de las clases dirigentes de los partidos políticos.

En tanto el poder legislativo es un poder fragmentado en diversas personas a diferencia del ejecutivo, por ejemplo, la exposición comunicacional es menor y por ello tiene menor impacto en los ciudadanos. Esto origina que se tenga la percepción de que los legisladores no sirven o que simplemente no trabajan, aunque los asuntos más decisivos para la nación se discutan en el Congreso. La reelección incentivaría la rendición de cuentas y fortalecería la legitimidad del poder legislativo. Una percepción positiva es básica para que funcione la democracia representativa.

Habría mayor continuidad en los proyectos y podrían realizarse proyecciones que valoren más la calidad que la urgencia de la inmediatez. Existirían legisladores que serían un puente estable y continuo de comunicación con otros poderes, esto es muy valioso para la gobernabilidad en un contexto de gobiernos divididos.