febrero 24, 2010

El futuro de la OEA

Andrés Oppenheimer
El país

El futuro de la Organización de Estados Americanos (OEA) no es algo que mantenga desvelados a los funcionarios de la Casa Blanca, pero la campaña de reelección del secretario general, José Miguel Insulza, ha generado una polémica en el pequeño mundillo de los diplomáticos interesados en América Latina en Washington. El punto de conflicto es si Insulza, ex ministro de Exteriores de Chile, ha sido tímido en denunciar ataques contra la democracia en países como Venezuela. Sus críticos dicen que no ha hecho cumplir el compromiso de la OEA con la defensa de la democracia en la región, tal vez porque necesite los votos de Venezuela y sus aliados para poder ganar la reelección. Insulza ya ha ganado el apoyo de Brasil, de su Chile natal y de varios países de Centroamérica y el Caribe. La OEA votará sobre su reelección el 24 de marzo.

Un reciente informe del Congreso encargado por el senador Richard Lugar, el líder republicano del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE UU, acusó a Insulza de practicar una "intervención selectiva" en defensa de la democracia. Según el informe, Insulza reaccionó rápidamente cuando se trató de movilizar a la región para denunciar los golpes contra presidentes izquierdistas en Venezuela en 2002 y en Honduras en 2009, pero no hizo gran cosa para impedir que esos mismos líderes desmantelaran gradualmente la democracia antes de esos golpes.

Días después, el 12 de febrero, un durísimo editorial del Washington Post señaló que, con Insulza, la OEA "fracasó en su propósito de promover y consolidar la democracia". El periódico recomendó al Gobierno de Obama no apoyar la reelección de Insulza, y pidió al Congreso estadounidense "reconsiderar si EE UU debería continuar aportando la mayor parte de los fondos de la OEA". ¿No tienen razón?, le pregunté a Insulza en una entrevista. ¿Dónde estaba usted cuando el presidente venezolano, Hugo Chávez, inhabilitó a 272 candidatos de la oposición para impedirles participar en las elecciones municipales de 2008? ¿O cuando Chávez dio un golpe contra el alcalde electo de Caracas, Antonio Ledezma, despojándolo de sus oficinas y presupuesto, desoyendo el mandato de las urnas?, pregunté, citando algunos de los ejemplos de sus críticos. Insulza dijo que criticó esos y otros ataques contra la democracia en Venezuela y otros países, pero agregó que, según las reglas de la organización, no puede enviar unilateralmente misiones de observación a ningún país. "Yo no puedo obligar al Consejo Permanente a tratar un tema que no quiere tratar", dijo.

Entonces, ¿usted se considera un simple burócrata?, le pregunté. Insulza respondió: "Son las limitaciones [legales] que hay. Si usted me pregunta si soy un burócrata, no lo soy, pero no me mando solo. No soy el presidente de la OEA. El secretario general se llama así porque implementa la acción del mandato colectivo". Cuando le pregunté si no tienen razón sus críticos cuando dicen que el secretario general podría convocar la asamblea general para exponer los abusos de regímenes autoritarios, aunque luego los países decidan no hacer nada, dijo que muchas veces ha emitido declaraciones personales sobre estos problemas, pero que "el secretario general no propone resoluciones. Los países miembros presentan resoluciones". En cuanto a qué sería diferente en su segundo periodo, en caso de que lo reelijan, Insulza dijo que "habría diferencias de énfasis". Por ejemplo, es "indispensable" lograr que todos los países acaten las decisiones de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA y que se mejoren los mecanismos de "alerta temprana" para prevenir ataques a las instituciones democráticas.

Mi opinión: yo preferiría un líder más proactivo en la OEA, como el presidente saliente de Costa Rica y ganador del premio Nobel Óscar Arias, pero no quiere el cargo. Arias me dijo en una entrevista telefónica que la OEA "es una institución muy débil". Pero considerando que Insulza ya tiene los votos necesarios para ser reelecto, los países democráticos deberían tomarle la palabra y pedirle que se comprometa a fortalecer los convenios de derechos humanos y democracia de la OEA. El problema de la OEA no es Insulza. Es la absurda tradición de la institución de tomar decisiones por consenso, lo que en una región polarizada es una receta para la inacción.

La OEA debería crear un Consejo de Seguridad, como el de las Naciones Unidas, que permitiría al secretario general convocarlo por asuntos urgentes. O debería crear una Comisión de Democracia, como su semiautónoma Comisión de Derechos Humanos -de lejos el organismo más meritorio de la OEA- para monitorizar la adhesión de los Gobiernos a las constituciones de sus países. Si no se producen esos cambios, el futuro de la OEA seguirá siendo -con Insulza o sin él- tan mediocre como su pasado.

La denuncia de Clouthier

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

Gran revuelo causaron las declaraciones del diputado Manuel Clouthier, quien, sin ser militante del PAN, llegó al Congreso bajo esas siglas, mismas que abanderó su padre en la histórica elección de 1988. Acusó al gobierno federal de no tomar con gran entusiasmo su guerra antinarco en su estado natal, Sinaloa. Pero la denuncia no era solamente de omisión o descuido, sino de algo cercano a la complicidad: “El régimen calderonista protege al cártel de Sinaloa, que encabeza El ChapoGuzmán” (13/II/10). Grave acusación que exige presentar fundamentos. Clouthier toca, de manera tangencial, uno de los múltiples problemas de la guerra contra los narcos: si uno se va contra todos los cárteles al mismo tiempo, se reduce la probabilidad de lograr éxitos palpables, pues abrir varios frentes de manera simultánea nunca ha sido una estrategia militarmente recomendable (como tarde se percató de ello Adolfo Hitler, al abrir el desastroso “frente soviético”). Pero si en cambio se enfilan las baterías sobre algún(nos) cártel(es) en particular, quedará la sospecha de que se trabaja a favor de los demás. No sería la primera vez que ocurriera en México (como quedó claro en el caso del general Jesús Gutiérrez Rebollo, quien en el gobierno de Ernesto Zedillo fue nombrado zar antidrogas por sus éxitos contra ciertos cárteles… mientras protegía a otros).

Durante los gobiernos panistas ha flotado la sospecha de que se tienen privilegios y cuidados especiales hacia JoaquínEl ChapoGuzmán, desde que escapó del penal de “máxima seguridad” de Puente Grande (después conocido como “Puerta Grande”). Eso ocurrió justamente al inicio del gobierno de Fox, y es la hora que no se conoce el paradero del Chapo por más que, según el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, “todos conocen el paradero de El ChapoGuzmán, menos la autoridad” (18/IV/09). Hay algo en lo que Clouthier tiene razón al evaluar la dinámica de la guerra antinarco: “El punto de no retorno será cuando el costo de combatir al crimen organizado y a la corrupción que genera sea más alto que el costo de tenerlo. Cuando eso suceda, ya nadie le va a entrar” (14/II/10). En ello coincide el consultor internacional y asesor del gobierno de Calderón, Joaquín Villalobos, cuando afirma que las guerras “se pierden cuando se tienen más bajas de lo que el entorno político puede tolerar” (Nexos, I/2010). La pregunta es si ya se llegó a ese punto. Al menos eso piensan cada vez más quienes padecen directamente la narcoviolencia, como en Ciudad Juárez y otras urbes norteñas.

El caso Clouthier abrió otra veta de debate. ¿Deben los diputados de una bancada mantener una férrea disciplina hacia su partido y las políticas que siguen los gobiernos emanados de sus filas o pueden hablar en nombre propio y, mejor aún, de sus electores? Es cierto, por un lado, que acusaciones de la envergadura de las que lanzó Clouthier (no solamente de omisión o negligencia, sino de complicidad, como se dijo) deben fundamentarse. Varias voces dentro de la bancada del PAN se han alzado a favor del alineamiento con las políticas del gobierno federal e incluso exigen a Clouthier que ceda su curul a “quien esté dispuesto a acompañar las políticas del gobierno de la República”, según dijo el panista Julio Castellanos. A lo que Clouthier respondió que “lo que digo es una exigencia a título de mi representación de los sinaloenses. Que me reclamen ellos” (18/II/10).

¿A quién debe darle su lealtad un representante popular? ¿A su partido, a su coordinador de bancada, a su gobernador, al Presidente de la República —como sugiere el diputado Castellanos— o a sus electores? A los electores, esencialmente. Pero en la democracia mexicana no funcionan muchos mecanismos de control ciudadano, por lo cual parece natural a los partidos que la lealtad de quienes llegaron al Congreso bajo sus siglas debe ofrecerse a las jerarquías partidarias (incluido el jefe nato del partido gobernante: el Presidente). Es cierto que el funcionamiento del Congreso exige cierta disciplina interna de las fracciones parlamentarias, para ordenar la toma de decisiones. Pero esa disciplina no debe pasar por alto el parecer, el interés y las demandas del electorado (aunque esa vieja tesis del PAN haya sido ya abandonada, desde que el blanquiazul se convirtió en una mala réplica del PRI). Para lo cual ayudaría mucho introducir la elegibilidad consecutiva y la revocación del mandato de los legisladores.

Los amigotes de Felipe Calderón

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

¿Qué va a quedar de esta fiesta en la Riviera Maya?, le pregunté al ex canciller Jorge Castañeda. “Es una clásica latinoamericanada que no va a ningún lado”, respondió. “Quedará en la retórica, el mariachi y algún poema de Pablo Neruda y Gabriela Mistral”.

Seguramente Castañeda acertará. Ayer mismo, el presidente Felipe Calderón achicó la aparatosa nota del lunes sobre la formación de un organismo latinoamericanista sin la sospechosa participación estadunidense. El nuevo grupo, dijo, “no representa y no debe representar ninguna amenaza ni motivo de preocupación para nadie, porque seguiremos participando en la ONU y la OEA”.

Latinoamericanada entonces. Pero quedan las sensaciones y las imágenes. Como en pocos lugares, Calderón se vio a sus anchas en medio del dictador Raúl Castro, el gorilón Hugo Chávez, el impresentable Daniel Ortega, el ultramontano Evo Morales, la antiimperialista Cristina Kirchner.

Feliz en el frente antiyanqui. En la Riviera Maya terminó de morir la diplomacia Castañeda-Fox, que prometía, tras un inevitable momento de tensión, ventajas geopolíticas para México. Y, sobre todo, consistencia.

¿A cambio de qué somos ahora amigos de Chávez, los hermanos Castro y el resto del club de “izquierda”? A cambio de que Chávez no le miente la madre a Calderón, La Habana no divulgue conversaciones privadas, Buenos Aires no haga un tango.

Venezuela confisca empresas mexicanas, Argentina y Cuba cancelan vuelos cuando México necesita un guiño de solidaridad. En fin. Que Washington espere, porque a Calderón le encanta el “salgo a caminar, por la cintura cósmica del sur”.

Así es que, “canta conmigo canta, hermano americano, libera tu esperanza, con un grito en la voz”.

En Puebla, dos Méxicos

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

Las principales fuerzas políticas en Puebla ya definieron a sus candidatos. El gobernador Mario Marín impuso a su favorito, Javier López Zavala, hecho a su lado desde hace tres lustros. Ése será el candidato del PRI. En la esquina opuesta, postulado por el PAN y apoyado por el PRD, Rafael Moreno Valle Rosas. Si éste triunfara, será el segundo gobernador de su nombre en esa entidad. Su abuelo, el doctor Rafael Moreno Valle, un cirujano ilustre, dejó en 1968 la Secretaría de Salubridad y Asistencia para ser candidato al gobierno de Puebla. Tomó posesión el 1o. de febrero de 1969. No concluyó su periodo. Renunció en abril de 1972, quizá presionado por el presidente Luis Echeverría, acaso porque Moreno Valle era cercano a su doble colega -médico y miembro del gabinete diazordacista- Emilio Martínez Manautou en la sucesión presidencial que favoreció a Echeverría.

Es difícil hallar dos perfiles más contrastantes, dos trayectos de vida tan alejados entre sí como los de los contendientes por la gubernatura poblana. López Zavala, como su jefe Marín Torres, trabajó toda su vida en el gobierno y el PRI. Nacido en Pijijiapan, Chiapas, su familia emigró a Puebla donde él estudió derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Siendo estudiante encontró empleo en la Secretaría de Gobernación local, en tiempos del gobernador Manuel Bartlett y en 1996 llegó a ser secretario particular del titular de aquella oficina, Mario Marín, que a su turno había ascendido en la escala burocrática local. Marín lo llevó consigo, igualmente en la secretaría particular, cuando presidió el comité estatal del PRI. Y cuando en 1999 el después llamado góber precioso ganó la alcaldía de la capital de Puebla, López Zavala fue coordinador del DIF-municipal.

En 2000 López Zavala sufrió un tropiezo. Su jefe lo impulsó a la candidatura a una diputación federal, pero el efecto Fox se reflejó especialmente en Puebla y el marinista perdió no sólo la elección sino la oportunidad de asomarse a la vida política más allá del estado de su adopción. Volvió al DIF y después obtuvo un mínimo resarcimiento a su percance electoral, ganó una diputación local. En 2004 se encargó de coordinar la campaña que llevó a su protector al gobierno del estado. Marín lo hizo secretario de Gobernación y buscaba hacerlo cabeza de la legislatura en 2007, pero el éxito de las maniobras priistas fue tal que estando a la cabeza de la planilla plurinominal no pudo volver al Congreso local por el número de sus compañeros que ganaron distritos de mayoría. Entonces Marín lo estableció en la oficina dadivosa por excelencia, la Secretaría de Desarrollo Social.

Marín se aseguró que su designio de continuar en el gobierno a través de su protegido no sufriera alteraciones y confeccionó una convocatoria y un procedimiento a modo. Enrique Doger, ex rector de la BUAP y ex alcalde capitalino, pretendió eso no obstante inscribirse en el proceso interno. No lo consiguió ni apelando a la justicia electoral y López Zavala ha comenzado ya sus recorridos como candidato priista.

El tercer Rafael Moreno Valle, Rosas de apellido materno, tiene una historia muy distinta. Su padre estudiaba en la Universidad de Columbia en Nueva York cuando su hijo fue concebido. El nacimiento, sin embargo, ocurrió en Puebla el 30 de junio de 1968, mes y medio antes de que el primer Rafael Moreno Valle dejara su cargo ministerial con Díaz Ordaz para ir de campaña a esa entidad. El ahora candidato se formó en Estados Unidos: es licenciado en economía y ciencias políticas por el Lycoming College, de Williamsport, en Pennsylvania; doctor en leyes (o juris doctor, como prefiere decir) por la Universidad de Boston y con posgrado en administración de empresas por la Universidad de Harvard.

Se empleó de inmediato en el sector privado, todavía en Estados Unidos. Fue subtesorero para América Latina en el Dresdner Bank y vicepresidente para America Latina de Dresdner Kleinwort Benson. Es miembro de la barra de abogados de Nueva York, "autorizado por la Suprema Corte del estado de Nueva York para litigar en cortes", según se lee en su currículo oficial. Se estableció en Puebla en 1999, cuando el gobernador Melquiades Morales lo designó secretario de Finanzas y después de Desarrollo Social. En 2003 fue diputado federal y en ese momento entró en contacto con Elba Esther Gordillo, quien lo atrajo a su círculo cercano. Siguiendo las directrices de la presidenta del sindicato magisterial, cuando ella fue defenestrada de la coordinación parlamentaria Moreno Valle se apartó del PRI, renunció finalmente a su breve militancia y se afilió al PAN, como parte de la estrategia multipartidista de la dirigente, que además de su propio partido, el Panal, cuenta con delegaciones en otros.

En la contienda interna por la candidatura panista, Moreno Valle batió a Ana Teresa Aranda, la tenaz luchadora por la alcaldía capitalina y el gobierno estatal, que además ha sido diputada federal, directora del DIF nacional y subsecretaria en la Secretaría de Gobernación. Dada la cercanía de la profesora Gordillo y el presidente Calderón, el ala derechista del PAN poblano se resignó al resultado, de modo que no puede anticiparse ya no digamos una escisión sino siquiera una huelga de manos caídas. Hace seis años Marín ganó por una diferencia de más de 200 mil votos, unos 13 puntos de diferencia en términos relativos. Ése es el desafío que el gordillismo-panismo (y el PRD) tiene que enfrentar en Puebla.

Cajón de Sastre

Los ciudadanos con voz pública que condenaron a la Generación del No y demandaron la aprobación del proyecto de reforma política del presidente Calderón están obligados a reflexionar sobre las propuestas que ayer mismo y a ese respecto propuso la bancada priista en el Senado. Eso conducirá inevitablemente a alterar el ritmo propuesto por los firmantes de dicho mensaje que demandan la aprobación del proyecto presidencial y abrir posteriormente un debate lo que, en mi humilde opinión, significa poner los bueyes detrás de la carreta. Los muchos proyectos de reforma política acumulados en las Cámaras, y aun minutas que esperan su turno en la Cámara revisora deben ser considerados junto con la propuesta de Calderón, cuyo defecto principal consiste en su pretensión de ser el proyecto único a discusión. Por lo demás, la participación de los ciudadanos emisores del mensaje mencionado contribuirá sin duda a la reflexión colectiva y pública sobre nuestro presente y nuestro porvenir.

La comisión del olvido

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

¿Qué le vamos a ofrecer a la clase política a cambio de que apruebe un conjunto de iniciativas que representan una pérdida para ellos y una ganancia para la sociedad? Y es necesario planteárselo de esta forma porque ahora que se ha hecho público que para que el partido mayoritario en la Cámara (PRI) votara el aumento de un punto del IVA negoció que no hubieran alianzas opositoras en varios estados en los que mantiene auténticos cacicazgos, queda claro que el trueque es lo único que mueve a nuestros legisladores.

Y no confundamos este tipo de trueque con una negociación democrática normal: si lo lógico es que el PRI pidiera a cambio de su voto más recursos para sus estados o incluso la construcción de un acuerdo político y electoral de mediano plazo que comprometiera a ambas partes a ir juntos en otros temas, exigir que no se atentara contra el control absoluto que ejercen en ciertos estados es evidenciar, una vez más, su linaje autoritario y antidemocrático.

Pero si eso es lo legítimo y aceptable para nuestra clase política, ¿qué hacer? Ya no podemos seguir abogando a favor de ciertos cambios con la cantaleta de que es lo mejor para el país, que acabaría con la parálisis de las instituciones, que mejoraría el proceso de toma de decisiones, que fortaleciera la rendición de cuentas y demás argumentos. Eso no sirve y a ellos no les dice nada. Hay que ofrecerles algo a cambio. El problema es ¿qué? Porque lo que les pedimos les afecta y mucho: la reducción del número de diputados, la reelección de los legisladores, las candidaturas independientes, la reducción del dinero que reciben los partidos. ¡Con razón nos dan puras largas!

Veo pocas alternativas, pero pensemos como ellos. ¿Qué les interesa de nosotros? Únicamente los votos y nuestro dinero. Prometerles que vamos a votar por ellos a cambio de que pasen ciertas reformas no es viable porque de entrada nos pedirían pruebas, seguramente fotocopias de nuestras credenciales de elector y foto dentro de la urna, pero sobre todo porque se necesita el voto de más de un partido. Quitarles el dinero es lo que más les dolería, pero no hay forma de hacerlo sin dejar de pagar impuestos y eso legalmente es imposible. Queda una: prometerles la eterna impunidad. ¡En lugar de hacer una comisión de la verdad hagamos una comisión del olvido! Planteemos una lista ambiciosa de iniciativas que cuenten con el apoyo amplio de especialistas y población y ofrezcámosles un “borrón y cuenta nueva”. Algo me dice que entonces sí se interesarían en el tema.

Palabrotas

Francisco Garfias
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Manuel Clouthier Carrillo no se arrepiente de las críticas que le hizo al presidente Calderón por la forma de enfrentar al narcotráfico en su natal Sinaloa. Lo único que admite como error son las “palabrotas” que utilizó en la entrevista que le hizo el reportero de Proceso Álvaro Delgado.

En ella, el hombre manifestó, muy a su bronco estilo, la inconformidad que sienten sus coterráneos por el trato casi impune que, según él, le da el gobierno federal al llamado cártel de Sinaloa. “El reclamo de fondo lo mantengo”, reiteró el diputado externo del PAN, a quien los inquisidores azules han colocado casi como el enemigo público número uno del jefe de la nación.

Al hijo de Maquío le querían quitar hasta la curul, por haber declarado que la lucha contra el crimen organizado no ha llegado a la norteña entidad y que al cártel que encabezan El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada no lo golpean igual que a las otras organizaciones criminales. Donde sí admite que se le pasó la mano es en el calificativo de “cabrón irresponsable” que le endilgó al primer mandatario.

Charlamos con Clouthier poco después de que se diera la mano con Julio Castellanos, vicecoordinador de la fracción del PAN en la Cámara de Diputados. Este hombre, brazo derecho de Josefina Vázquez Mota, fue el que le comunicó al vástago del Maquío que un grupo de diputados panistas, inconformes con sus críticas a Calderón, pedían que cediera la curul a su suplente.

“No tengo ningún conflicto personal (con Castellanos). Él acata órdenes”, nos dijo el legislador sinaloense, luego de hablar, en los sótanos del Palacio Legislativo, con el consentido de Josefina. Reiteró que él no es hombre de pleitos, pero que si lo buscan, lo encuentran. “A mí no me gusta alegar, por eso estoy gordo”, recalcó, mordaz.

Después de la charla con Castellanos quedó claro que no le pedirán la curul, aunque de todas maneras no la iba a ceder.

Clouthier, por cierto, no ve con malos ojos la posibilidad de que el senador Mario López Valdez abandere una amplia coalición opositora en Sinaloa. “Es un hombre decente”, recalcó. Pero dijo que Malova, así le dicen al senador, debe hacer dos cosas para ganar apoyo entre los opositores: renunciar al PRI y romper sus lazos con el ex gobernador Juan S. Millán.

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“Si el PAN quiere azul celeste, que le cueste, pero parece que no quiere azul celeste”, nos dijo Porfirio Muñoz Ledo, diputado del PT, al referirse a la alianza de los partidos del DIA, que coordina Manuel Camacho Solís, con Acción Nacional. “Allí está lo que sucede con el SME y la intención de meter al Ejército en Cananea”, ilustró el hombre. Porfirio reconoció que piensa lo mismo de las alianzas que Andrés Manuel López Obrador: son incongruentes ideológicamente.

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El diputado federal Omar Fayad tomó un ejemplar del periódico hidalguense Criterio. Muy orondo, mostró la encuesta sobre preferencias para encabezar una posible alianza PRI-PVEM-Panal, que el cotidiano publicó como su nota principal el pasado 18 de noviembre: Omar 1°; Paco 2°; el tercero, disputado.

El legislador, en efecto, aparece con 28%; Francisco Olvera, alcalde de Pachuca, 19%; los también diputados Jorge Rojo, 15%, y Carolina Viggiano, 13%; Cuauhtémoc Ochoa, militante del PVEM, secretario de Obras, 11 por ciento.

“Yo encabezo todas las encuestas, pero sé que en mi partido las cosas no se deciden por el lugar que ocupes en las preferencias electorales, sino por la trayectoria, el posicionamiento y la confianza que puedas generar”, comentó Fayad. El hombre admitió que se daba por muerto.

Estaba convencido de que no tenía la menor oportunidad. Pero la concreción de la alianza PAN, PRD, Convergencia y PT, “que encabezará Xóchitl Gálvez, no hay duda”, obligó a quienes deciden en el PRI a replantear su estrategia en forma integral. “Eso me volvió a dar una oportunidad”, consideró el legislador.