marzo 02, 2010

La joya de la corona

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

De las 12 entidades que renovarán gobierno estatal el 4 de julio próximo, Veracruz es “la joya de la corona”. ¿La razón? Que se trata de “uno de los tres grandes” estados en población y electores.

Es decir, que luego del estado de México y el Distrito Federal —los que tienen padrones de 10.2 millones y 7.4 millones, respectivamente—, Veracruz ocupa el tercer lugar nacional en votantes, con 5.3 millones de electores. ¿Y eso qué?, podría preguntar algún curioso.

Pues resulta que el partido que gane la elección para renovar el gobierno de Veracruz, tendrá el control político—electoral no sólo de la tercera entidad más poderosa —electoralmente hablando—, sino de por lo menos 7% del total del padrón nacional. ¿Y por qué el interés desmedido del PAN por ganar Veracruz, literalmente a costa de lo que sea?

Por la misma razón. Porque si el PRI tiene bajo control el poderoso estado de México —que se puede convertir en la entidad creadora del candidato presidencial del PRI—, y si el PRD tiene “en la bolsa” el también poderoso Distrito Federal, al PAN le urge ganar y controlar el tercero de los grandes productores de votos, que es Veracruz.

O si se quiere ver desde el otro extremo, resulta que frente a la guerra electoral por 2012, todo partido que aspire al triunfo presidencial debe tener el control de por lo menos uno de “los tres grandes”. Sea el estado de México, Distrito Federal y/o Veracruz. Parece imposible arrebatar el DF al PRD y harto difícil arrancar el estado de México al PRI en 2011. Por eso, el PAN hará todo lo necesario por ganar para sus siglas Veracruz.

Y para que la cuña apriete, desde la casa presidencial se hizo todo lo necesario para arrebatarle al PRI el estado de Veracruz. Y la mejor carta para ello era —faltaba más—, el único veracruzano priísta capaz de hacer frente al virrey Fidel Herrera Beltrán. Y el elegido fue nada menos que Miguel Ángel Yunes —escudero de la profesora Gordillo—, cuya imposición desde Los Pinos reventó nada menos que al panista Gerardo Buganza, quien fue derrotado por Fidel Herrera en julio de 2004.

Sin embargo, nadie ha respondido la gran pregunta sobre las elecciones veracruzanas: ¿Por qué Miguel Ángel Yunes para Veracruz, por el PAN? Porque es el priísta que más conoce lo que pasa en el PRI de su entidad natal, porque es el único capaz de enfrentar a Fidel Herrera y el único capaz de llevar adelante una estratagema demoledora contra el gobernador saliente. ¿Y cual será esa estratagema? Exhibir evidencias contra Herrera Beltrán.

Sin embargo, “el tiro” parece haber “salido por la culata” al PAN, al presidente Calderón y al propio Miguel Ángel Yunes. ¿Por qué? Poca cosa, porque Gerardo Buganza ya inició su guerra contra el presidente Calderón y contra el elbista Yunes. Y es que con recursos salidos de quien sabe que extraño bolsillo, y utilizando como cuello de ganso al enemigo número uno del Presidente, a Manuel Espino, una parte del panismo veracruzano pretende dinamitar al candidato Miguel Ángel Yunes, mediante el desprestigio de la imagen del propio presidente Calderón.

Vale recordar que el senador Buganza es un político producto del foxismo y llevado a la candidatura por el gobierno de Veracruz —en 2004—, por su amigo Manuel Espino, entonces secretario general y luego presidente del PAN. En el fondo, la guerra que desató Manuel Espino contra la “mano negra” del presidente Calderón en el caso Veracruz, no es más que la avanzada de lo que tiene preparado el senador Buganza, que se dice despojado y dispuesto a denunciar el cochinero que llevaron a cabo los jefes azules en el caso veracruzano.

Lo curioso del caso es que todo aquello que con toda razón denuncia Manuel Espino —de la mano negra del presidente Calderón en el caso Veracruz—, es precisamente lo que hizo el señor Espino respecto al gobierno de Vicente Fox. Es decir, Manuel Espino fue la marioneta del foxiato en el PAN. Más aún, en su momento, Marta Sahagún y Vicente Fox doblaron a los consejeros nacionales del PAN, para imponer a Espino como presidente del partido.

Pero lo que no saben ni Calderón ni la profesora Gordillo, ni Espino y menos Miguel Ángel Yunes, es que Veracruz es más que estratégico para el PRI y para el más aventajado de los presidenciables; para Enrique Peña Nieto, quien ha centrado su estrategia para 2012 en el corredor estado de México, Hidalgo, Puebla y Veracruz. Es decir, pretenden estrangular al DF.

Y en Veracruz pareciera que Manuel Espino trabaja para Peña Nieto.

EN EL CAMINO

Por cierto, en el estado de Hidalgo todo apunta a que el candidato del PRI será Omar Fayad, diputado federal y ex alcalde de Pachuca.

Sin retorno

Federico Reyes Heroles
Reforma

"Es una mafia lo que hay allí" fue la expresión utilizada por Hugo Chávez para referirse nada menos que a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. "Lo que nosotros deberíamos hacer es denunciar el acuerdo a través del cual Venezuela se adscribió o como se llame a esa nefasta Comisión...". Esa fue la reacción del colérico Presidente ante las denuncias de la CIDH de intolerancia política, violencia contra sindicalistas y campesinos, incluidas mujeres de ese país, todo propiciado por su régimen. Esa es la izquierda progresista del continente que coarta la libertad de expresión, reprime a los más pobres y, por si fuera poco, da marcha atrás en la lucha en favor de los derechos humanos. En México se guardó un silencio sepulcral frente al hecho.

Pero resulta que el señor Chávez ha tenido a bien autodesignarse y ser designado simbólicamente como el heredero del más longevo de los grandes dictadores del continente y del mundo: Fidel Castro. En Cuba, no es novedad, los asuntos de los derechos humanos tampoco han sido bien vistos por ser contrarios a los designios supremos de la Revolución. La hermosa isla ha rechazado el concepto civilizatorio más importante de los últimos 250 años. Orlando Zapata, un albañil de 42 años, murió después de siete años en prisión y 85 días de huelga de hambre. Su error haber "faltado al respeto" al dictador, agravio que le valió condenas acumuladas por varías décadas. Jean Valjean, el gran personaje de Victor Hugo en Los Miserables, robó una hogaza de pan para sus sobrinos hambrientos. Zapata tuvo la osadía de gritar "Abajo Fidel".

Pero Orlando Zapata no es un caso aislado, por el contrario pertenece a la constante, él fue víctima de la llamada "primavera negra" del 2003 en que 75 ciudadanos cubanos fueron apresados y condenados a tres décadas de prisión por "conspirar" en contra de la Revolución. Atrás están los casos documentados de represión histórica a la disidencia cubana con todo el terrorífico aderezo de las torturas y muertes de los "enemigos de la causa", enemigos definidos por el dictador y sus alfiles. Tampoco se puede olvidar la represión de los homosexuales que ha sido una política tradicional del régimen. Pero lo más grave es que, aunque Castro va de salida, el castrismo ha cobrado nuevos bríos en el siglo XXI. Dos causas son responsables del hecho. La primera son los seguidores abiertos, la pandilla comandada por Chávez: Morales, Correa, Ortega y amigos que han modificado sus constituciones, contra todo principio jurídico de relevo democrático, para poder así abrirse las puertas de la historia siguiendo el ejemplo de Castro.

Pero la responsabilidad también corresponde a los corifeos que, por omisión sistemática, alimentan un discurso de tolerancia hacia el régimen cubano y sus horrores como mecanismo de compensación frente a los latidos imperiales del norte. Lo mismo ocurre con la Unión Europea cuya política de diálogo con el régimen cubano termina por ser un velo que oculta las atrocidades. ¿No es acaso posible tener una política firme en la defensa de los derechos humanos sin que esto implique una cesión al imperio? Se trata de un auténtico garlito: ser tolerante del horror nos convierte en cómplices. ¿Acaso la complicidad nos da mayor autoridad moral frente a Estados Unidos? No. ¿Qué ganamos? Utilizo la primera persona del plural porque cómplices habemos varios.

Lo es Lula al ni siquiera cancelar su visita el día de la muerte de Zapata y abrazar sonriente a los hermanos Castro como si nada estuviera ocurriendo en la Isla. Pero también lo es el gobierno mexicano. Las confrontaciones por estos temas nos generaron tensiones en muchos países. El presidente Calderón y su canciller decidieron, y lo han logrado, recuperar las buenas relaciones con el área latinoamericana. Pero ¿cuál es el límite? Por qué tuvimos que convertirnos, al ser anfitriones, en padrinos de un discurso antiyanqui como escudo ideológico del horror. Por qué aceptar los caprichos del ventrílocuo Chávez y no invitar al presidente formal de Honduras en una lógica de conciliación en que los principios parecen deslavarse.

El dilema no es sencillo. Si México se convierte en un adalid en la defensa de los derechos básicos de todo ser humano deberá soportar dos tensiones. La primera provendría de las relaciones con nuestros vecinos del sur y en particular con Cuba y Venezuela. La segunda tensión vendría de que, al elevar las banderas nos convertimos en sujetos altamente observados y criticados. Eso ha ocurrido en beneficio de los mexicanos, es una de las grandes aportaciones de la globalización política, ser observado. La otra tentación, la de bajar los niveles de exigencia y convertir el tema de derechos humanos en uno de segunda, nos facilita nuestra convivencia hacia el sur pero nos la dificulta con el resto del mundo y al interior nos degrada.

A la larga no hay retorno, es ir contra la historia: compañeros incómodos o comparsas y cómplices.

Arribafirmante

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Curiosa la lectura crítica que ha recibido el desplegado “No a la generación del No” que impulsamos Federico Reyes Heroles, Jorge Castañeda y yo.

Un crítico, John Ackerman (Proceso), dice que es un documento salinista. Otro, José Carreño Carlón (El Universal), dice que es “el manifiesto de Zedillo”. Otro más, Porfirio Muñoz Ledo (El Universal), dice que a los firmantes los une el apoyo a Calderón. De modo que es a la vez un manifiesto salinista, zedillista y calderonista.

Cada quien pone el acento donde quiere ponerlo y a muchos no les gusta o lo que leen o quien lo firma. Tienen razón en acentuar lo que quieran y en gustar o no de quienes lo firman, y del desplegado.

Pero al escoger opciones tan dispares ponen de manifiesto la pluralidad del manifiesto, el hecho de que reúna gente que no suele reunirse pero que coincide en lo fundamental de este momento: hay que suspender el No a las reformas fundamentales que el país necesita, “recuperar el proceso reformista abruptamente interrumpido a mediados de la década anterior”, como dice Carreño Carlón; “promover los cambios hasta ahora detenidos”, como dice Muñoz Ledo.

Nos pareció que esos cambios van por el rumbo de las reformas presentadas por el gobierno de Calderón, no porque sean las del gobierno de Calderón, sino porque reúnen temas que por más de una década se han discutido entre la clase política y sobre los cuales muchos partidos tienen incluso iniciativas de ley que duermen congeladas en alguna comisión del Congreso.

Mejor encaminado va Fernando Escalante cuando dice que quizá la Generación del No es algo que no depende de la voluntad de los políticos, sino de desacuerdos reales que hay en la sociedad y que los políticos profesionales, a querer o no, representan. No creo que ninguno de los firmantes del desplegado se haga muchas ilusiones respecto a que su colección de firmas tornará los desacuerdos en acuerdos. Pero los políticos no están ahí sólo para representar las diferencias de su sociedad, sino también para conciliarla y guiarla.

Y no sólo para sostener sus desacuerdos, sino también para escuchar que esos desacuerdos empiezan a tener rendimientos decrecientes, que el hartazgo con la Generación del No es real, aunque no lleve destinatarios específicos, y que gente muy dispar coincide en que hay que poner en marcha el país, darle un rumbo, tomar decisiones que hagan la diferencia tanto en la realidad como en la percepción de la vida política.

Hablo por mí, desde luego, como arribafirmante único de este espacio.