marzo 05, 2010

Los cien mil hijos de Fidel Castro

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Hace apenas cuatro meses la disidente Aminatu Aidar, cuya vida la ha dedicado a denunciar el dominio marroquí sobre su pueblo y su tierra, el Sahara Occidental, fue expulsada a España y decidió ponerse en huelga de hambre para doblegar al todopoderoso rey marroquí y que le permitiera regresar a su casa. Lo consiguió y desde entonces se ha convertido en símbolo de la resistencia y la dignidad de los oprimidos para mucha gente, especialmente para la izquierda radical europea, que la elevó a la categoría de mártir de su causa contra el imperialismo.

Esta semana se celebró en Madrid un merecido homenaje a Aminatu, esa mujer frágil que estuvo al borde de la muerte por la justa causa del pueblo saharaui, y fue imposible pasar por alto lo que acababa de ocurrir en Cuba unos días antes, la muerte de otro disidente, Orlando Zapata, muerto tras pasar 85 días en huelga de hambre.

Efectivamente, la “intelectualidad” española emitió un comunicado de condena por la muerte del preso cubano; pero ¿qué pasó cuando se preguntó directamente a uno de los participantes en ese homenaje a la saharaui? Esta fue la respuesta del actor español Willy Toledo: “Orlando Zapata no era más que un delincuente común” y, parafraseando el discurso oficial del régimen cubano, aseguró que los “presuntos disidentes” encarcelados en Cuba “son gente que ha cometido actos terroristas contra el Gobierno cubano, actos de traición a la patria y un montón de delitos”.

Willy Toledo no pasará desde luego a la historia como actor, sino como fiel sacerdote de la religión castrista, incapaz de discutir sus dogmas ni de entender que allí –sí, sí, en Cuba— hay personas que en pleno siglo XXI están encarceladas por pedir libertad. Es, en definitiva, uno de los “cien mil hijos de Fidel Castro”, una imitación contemporánea de esas legiones de soldados que el rey francés envió contra los disidentes liberales en España y que fueron bautizados como los “Cien mil hijos de San Luis”.

Fidel Castro cuenta con miles de “hijos” incondicionales en todo el mundo, desde pensadores como el estadunidense Noam Chomsky; a presidentes como Hugo Chávez, Daniel Ortega o Lula da Silva; a premios Nobel de Literatura, como Gabriel García Márquez o José Saramago; o el propio Raúl Castro, que a dos años de llevar las riendas del poder es incapaz de desprenderse del influjo de su hermano mayor ni de sostener sus propias palabras, cuando ilusionó al pueblo con la promesa de una tímida apertura que nunca cumplió.

De momento, los grandes sacerdotes del castrismo guardan silencio ante la muerte del preso político. No lo harán, primero para no sufrir el linchamiento mediático que sufrió el pobre desgraciado actor español, cuando se lanzó a defender lo indefendible, y segundo porque saben que el régimen no está en peligro, puesto que la vanguardia de esos cien mil hijos está fuertemente implantada en la isla con el ejército.

Este es, pues, el verdadero mérito que se llevará Fidel Castro a su tumba: medio siglo después de sustituir la dictadura derechista de Batista, por la suya izquierdista, el viejo líder revolucionario morirá en su cama, llorado en todo el mundo por sus cien mil (muchos más en realidad) inconsolables seguidores. Ninguno de ellos se acordará de los cubanos ejecutados o encarcelados por el régimen. No vale la pena, pues, sacrificar ninguna vida más, como la del periodista Guillermo Fariñas, que pende de un hilo, para que la comunidad internacional reaccione ante la cuestión cubana; es una batalla perdida.

Fascismo de izquierda en Cuba

Francisco Martín Moreno
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

¿Los opositores al gobierno cubano instalados en una huelga de hambre son —de verdad—“traidores al servicio de Estados Unidos”?

A Carlos Montemayor, el luminoso amigo perdido.

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, acusó a Estados Unidos ante la ONU por la muerte de Orlando Zapata, el preso fallecido en huelga de hambre. Según él, el bloqueo comercial impuesto por Washington fue la razón de la muerte de Orlando. ¿No se trata de un flagrante insulto a la inteligencia? O sea que, ¿en Cuba existe un escrupuloso respeto a los derechos humanos, a las garantías individuales, a la propiedad, a la libertad de expresión, de asociación, etcétera? El éxodo masivo de balseros que se juegan la vida para huir del castrismo con el peligro de morir devorados por los tiburones caribeños, ¿es una fantasía, como también lo es la existencia de millones de cubanos exiliados en Miami para huir de las sangrientas e implacables persecuciones ejecutadas por los hermanos Castro? Los miles de asesinatos a balazos en los paredones cubanos, perpetrados en contra de auténticos amantes de la libertad, ¿también fueron meros embustes concebidos por el imperialismo yanqui? ¿Los opositores al gobierno cubano instalados en una huelga de hambre son —de verdad—“traidores al servicio de Estados Unidos”? Insisto: ¿los 200 presos políticos o muchos más, que escasamente subsisten en las cárceles cubanas están dispuestos a morir para que se cancele el bloqueo comercial a su país? ¿Ese es el motivo..?

En Cuba existe un estado de ley marcial que representa la desaparición de todas —absolutamente todas— las libertades fundamentales y los derechos civiles, políticos, económicos y sociales del ciudadano cubano. La conversión de la República de Cuba es en un campamento militar perpetuo, que intenta sistemáticamente negar toda dignidad individual en la sociedad cubana, y que viola los preceptos más sagrados, reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y por la comunidad internacional.

Durante medio siglo el mundo ha sido testigo de imágenes y testimonios sobre los miles de cubanos fusilados, asesinados, encarcelados, desaparecidos, torturados y ahogados en el estrecho de la Florida, la mejor evidencia para demostrar: el absoluto desprecio al pueblo cubano y a la vida humana por parte de Castro, así como su brutal y eficiente aparato represivo.

Desde 1959, la historia de Cuba refleja la naturaleza criminal del dictador Fidel Castro y los miles de asesinatos políticos cometidos por su régimen totalitario contra la nación cubana, con el objetivo de mantenerse en el poder mediante la instalación de un sistema de terror y represión, encaminado a aplastar todo vestigio de oposición. Llenos de horror y de sufrimientos indescriptibles están los anales de la represión castrista desde 1959, a través de más de cuatro décadas de dictadura y tiranía. Fusilamientos arbitrarios mediante procesos penales fraudulentos. Encarcelamiento de miles y miles de prisioneros políticos en un sistema carcelario infrahumano que hoy incluye a cientos de prisiones a lo largo y ancho de la isla para una población de tan sólo 12 millones de habitantes.

El mundo no debe olvidar la barbarie de la cárcel de mujeres de Guanajay, las celdas tapiadas de Boniato y el Plan de Trabajo Forzado de Isla de Pinos, entre otros cientos de episodios sangrientos, en donde volvió a quedar expuesta la infinita capacidad de crueldad de un gobierno contra un puñado de mujeres y hombres desarmados e indefensos.

De la misma manera en que no se pudieron ocultar los horrores de Adolfo Hitler y José Stalin, de Augusto Pinochet y la junta militar argentina, de Francisco Franco y Rafael Leónidas Trujillo, de Jorge Ubico y Tacho Somoza, tampoco se podrán ocultar los crímenes de Fidel Castro. “La historia tiene una pala que desentierra mágicamente los crímenes políticos de la humanidad. El asesinato carece de ideología, a la tortura no puede defenderla ninguna bandera, la furia ciega del martillo enloquecido y feroz contra un yunque indefenso no la puede reivindicar nadie.”

Entonces, de la misma manera que hoy se pueden presenciar las escenas macabras del Holocausto judío, cobrarán vida los cuerpos mutilados de miles de cubanos liberales, los muertos en huelgas de hambre por no poder protestar ni decir ni alegar ni siquiera acceder a la red de internet. Hablará el recuerdo de los cadáveres de quienes demandaban la presencia de los más elementales derechos del hombre, de quienes pedían justicia y convocaban a huelgas, de quienes morían baleados por externar sus opiniones. Algún día se abrirán las tumbas colectivas clandestinas, se develarán lápidas, se conocerán las ignominiosas carnicerías padecidas por quienes sólo exigían en público respeto a su derecho de razonar y disentir. La historia jamás absolverá a Fidel Castro, el gran criminal superviviente en el siglo XXI. ¡Imposible olvidar!

¿Por qué el gobierno mexicano no lamentó enérgicamente los hechos como lo hicieron la Unión Europea y EU? ¿Por qué no criticó el nuevo crimen perpetrado por Fidel y Raúl Castro, los dos dictadores cubanos, como si la muerte de Orlando Zapata hubiera sido la de un perro callejero? ¿Por miedo a la izquierda mexicana? ¿A la qué..?

Legionarios: fue poco lo que les pidieron

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Sin admitir o negar que José Raúl González Lara sea de verdad uno de los hijos de Marcial Depredator Maciel, el procurador general de los Legionarios de Cristo en el Vaticano, Carlos Skertchly, dio a conocer la carta que dirigió a esa probable víctima de su propio padre, en la que le reprocha pretender 26 millones de dólares a cambio de su silencio.

Con buenas razones (preferir el aumento del oprobioso escándalo a prestarse a un chantaje), la Legión que fundó aquel monstruo se equivocó: más le habría convenido pagar.

26 millones de dólares es mucho dinero… o nada, cuando se trata del honor.

Si la Iglesia estadunidense terminó apechugando que por los crímenes de sus ministros pederastas debía indemnizar a las víctimas con 635 millones de dólares, o la de Irlanda 200 y “el problema en Australia es esencialmente el mismo que en Estados Unidos” (Benedicto XVI dixit), los 26 que pidió el muy probable hijo putativo de Maciel eran una bicoca.

¿Por “sólo dos” de sus niños abusados? Sí, pero todo indica que son sus hijos...

Padre Maciel

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Los Legionarios de Cristo en los últimos años hemos ido conociendo, con sorpresa y con gran dolor, aspectos ocultos de la vida del padre Maciel".

Comunicado de la Legión de Cristo

A nadie sorprendió que hubiera surgido una nueva familia del padre Marcial Maciel, el fundador de la Legión de Cristo. Los propios legionarios, que en un tiempo defendían decididamente a su fundador, hoy prefieren guardar silencio. Lo que indignó de la entrevista que una de las familias del padre Marcial Maciel concedió a Carmen Aristegui este miércoles 3 de marzo fueron las declaraciones de los presuntos hijos de que el padre los violó y en otras formas abusó de ellos.

Ayer la Legión de Cristo dio a conocer una carta del padre Carlos Skertchly, actualmente en funciones de procurador general de la congregación en Roma, que señala que Raúl González Lara, uno de los hijos de Maciel, pidió 26 millones de dólares a cambio de no dar a conocer la información. Según la carta, González Lara argumentó que 6 millones de dólares se los había prometido el propio Maciel. Los otros 20 millones serían en pago por el daño causado a la familia por el religioso. La Legión se negó a pagar este chantaje, lo cual al parecer llevó a la decisión de hacer públicas las acusaciones.

Entiendo y comparto la posición de la Legión de negarse a pagar este dinero. Hasta donde puedo ver, la congregación cometió el pecado de negarse a investigar las acusaciones de pederastia en contra del padre Maciel cuando éstas empezaron a surgir. El papa Juan Pablo II es en buena medida responsable, por impedir que siquiera se investigaran las afirmaciones en contra de un religioso muy cercano a su corazón. Sin embargo, el papa Benedicto XVI, quien había tenido acceso a la información del caso cuando era cardenal, evidentemente consideró que había suficientes pruebas cuando ordenó al padre Maciel, antes de su muerte, dejar de dirigir la orden y concentrarse en una vida de rezo y reflexión en soledad.

El padre Maciel siempre se negó a defenderse públicamente de las acusaciones de pederastia. Los miembros de la Legión, que le tenían un gran cariño, consideraron ésta como la posición digna de un inocente que encomienda su defensa a Dios. Con el tiempo ha surgido la idea de que, quizá, el padre Maciel no se defendió porque las acusaciones eran ciertas y él ya no quería mentir.

Mucho han aprendido los legionarios acerca de la doble o triple vida de su fundador. Por lo pronto, parece haber tenido cuando menos dos familias. En cuanto a las acusaciones de pederastia, y aun cuando es difícil o imposible obtener pruebas de comportamientos que se llevan a cabo en privado, la acumulación de testimonios ha sido tal que es difícil escapar a la conclusión de que el padre incurrió en conductas inapropiadas.

La propia orden está siendo investigada por el Vaticano y se espera que se den a conocer los resultados en unos cuantos días. No hay razones para pensar, por supuesto, que el comportamiento del fundador haya definido las prácticas de la organización. Habrá que ver cuáles son los resultados de la investigación y, por supuesto, si éstos se hacen públicos.

Por lo pronto, yo no creo en las culpas colectivas. Cada persona es responsable de sus actos. El padre Maciel podrá haber sido todo lo indigno que se quiera. Pero la congregación ha tenido una trayectoria propia. Se le debe juzgar por lo tanto por sus hechos y no por la conducta de su fundador.

Las petroleras

Nos dijeron que antes de la expropiación de 1938 en México había solamente cinco o seis empresas petroleras, todas ellas extranjeras, entre ellas El Águila. El presidente de un banco de inversión me comenta, sin embargo, que llegó a haber en el país 172 petroleras cotizadas en Bolsa, de propiedad nacional y extranjera. Sus nombres hoy parecen poéticos: Lluvia de Oro, Oro Mexicano, Alianza de Perforadores Mexicanos, Cuauhtémoc, la Petrolera Poblana, Almanza, La Esperanza y muchos más. Una vez más descubro que, más que historia, nos han contado mitos.

Decir que no

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

A raíz del desplegado publicado por parte de académicos e intelectuales llamando al Congreso a tomar decisiones de fondo que cambien la fisonomía económica y política del país, se ha desatado la polémica con respecto a si se trata de una postura que implica la necesidad de aceptar la propuesta del gobierno, sometiéndose a sus dictados, o si es legítimo negarse a aceptar planteamientos que son contrarios a la forma de pensar de la oposición.

En una democracia operativa, el llamado de los intelectuales sería interpretado como un intento por anular el derecho del poder opositor a evitar que un gobierno de minoría parlamentaria impusiera su mandato sin tomarlos en cuenta.

El problema en nuestro país radica en que el fin del presidencialismo absoluto no generó una alternativa democrática integral, sino que dispersó el poder de manera tal que gobernadores, dueños de monopolios económicos y otro sinnúmero de factores de fuerza, volvieron casi imposible establecer acuerdos políticos de largo alcance. El modelo democrático mexicano rompió el dominio exclusivo de la Presidencia de la República por un solo partido, pero no la estructura de privilegios que permitió a los gobiernos priístas contar con la obediencia de sectores poderosos de la sociedad.

Son estos privilegios en exenciones fiscales, en protección monopólica y en impunidad política y criminal, a los que un fuerte sector no está dispuesto a renunciar. Alternancia en el ejercicio de gobierno, y mantenimiento de los beneficios del viejo régimen corporativo, son las características de un México sin crecimiento y desarrollo significativo. Esta es La generación del No. La que se niega a perder aquello que el viejo régimen le otorgó como concesión graciosa o como parte del acuerdo de sumisión ante el presidente en turno. La que utiliza las debilidades institucionales de la democracia mexicana para mantenerse en sus posiciones, sin aceptar cambio alguno que reduzca su grado de influencia política y poder económico.

Los que dicen “no”, cuentan hoy con una amplia mayoría en la Cámara de Diputados y apuestan a elegir a uno de los suyos para los comicios del 2012.

No es este asunto una discusión retórica o académica, sino una lucha real entre aquellos dispuestos a romper con la inercia del pasado, frente aquellos otros empecinados en seguir acumulando poder y riquezas a costa de la mayoría de los mexicanos. Esto es lo que se juega en este contrapunto entre el “sí”, y el “no”.