marzo 21, 2010

Han fallado los hombres

Enrique Krauze
Reforma

El amigo con quien conversaba sobre la vigencia de "La crisis de México" reservó para el final sus preguntas más incisivas y actuales. Trascribo el remate del diálogo: Don Daniel decía que la Revolución Mexicana fracasó porque sus hombres, "sin exceptuar a ninguno", fueron inferiores a las exigencias de ella. ¿Con la democracia ocurre algo análogo?

Así lo creo. Los hombres que han encabezado al país, digamos de 2000 a la fecha, tanto en el gobierno como en el Congreso, han estado muy por debajo de las exigencias históricas. Cosío Villegas decía que habían sido "magníficos destructores" pero que "nada de lo que crearon... ha resultado sin disputa mejor". No creo que las generaciones actuales hayan sido más destructivas que constructivas. Después de todo, han construido la democracia que nos rige. Pero es verdad que Fox destruyó la hegemonía del PRI sin transformar las estructuras del país. Por su parte, el principal líder de la oposición, Andrés Manuel López Obrador, habló expresamente de "mandar al diablo las instituciones", y hasta cierto punto lo cumplió. El daño que hizo a la confianza del ciudadano en las instituciones electorales fue muy profundo. En cuanto a Calderón, sobra quien piensa que con su guerra contra el narco ha destruido la paz. Yo, aunque he expresado serias dudas sobre la instrumentación de esa guerra, creo que era impostergable: hay pruebas suficientes de que el poder del narco estaba carcomiendo por dentro al Estado, desde el nivel municipal al federal.

¿Cómo se explica que Fox y Calderón hayan mantenido el "maridaje" con los sindicatos petrolero y educativo, y en general las alianzas con el PRI?

La situación postelectoral en el 2006 era incierta y llena de riesgo para un país como México, con 80 años de continuidad institucional. El candidato del PRD se negó a aceptar su derrota y sacó a la gente a las calles. La ciudad de México estaba tomada. En esa circunstancia, el Presidente, para efectos de gobernabilidad, echó mano de los viejos pilares del sistema: el ejército y el sistema corporativo. Han pasado más de tres años. Ahora esas alianzas no se justifican. Si se actuó contra el Sindicato de Luz y Fuerza, no veo razón para no actuar con el mismo rigor en los casos que mencionas. Es allí donde la dura crítica de Cosío Villegas al "maridaje" entre gobierno y sindicatos sigue vigente. En los sindicatos hace falta democracia, transparencia, derogación de la cláusula de exclusión. Nos urge una Reforma Laboral.

¿Qué puede ofrecer Calderón a los mexicanos en su segundo trienio, cuando el próximo año la población ganará menos y pagará más. ¿Se perfila otro sexenio perdido?

Es verdad. Llevamos 30 años de desastre económico, primero populista, luego neoliberal. Y allí seguimos, empantanados, sin imaginación económica.

Después del sexenio de un panista advenedizo -Vicente Fox- y la mitad de otro encabezado por un autodenominado "doctrinario" -Felipe Calderón-, ¿qué evaluación hace de casi una década de ejercicio del poder del PAN?

El PAN tuvo siempre la vocación de oponerse al poder, no la vocación de ejercer el poder. Por eso formó buenos cuadros en el ámbito legislativo, pero no en el ejecutivo. Y por eso buscó un líder por fuera de sus filas. Fox tuvo el mérito de catalizar la oposición nacional al PRI y abrir paso a la alternancia. No obstante, como gobernante, fue una gran decepción: no deslindó la esfera política de la esfera privada, empresarial y religiosa, y tuvo actitudes de marcada irresponsabilidad y frivolidad. Para mí lo más triste es que desperdició su capital político inicial: perdimos una oportunidad de oro para empujar las reformas estructurales que el país necesita con tanta urgencia. Pero también hubo aciertos: abrió las puertas de la capital a los neozapatistas, introdujo la Ley de Transparencia, el Seguro Popular y un buen programa de vivienda.

Calderón pertenece a una nueva generación panista, mucho más fogueada. El contexto nacional e internacional en que ha gobernado ha sido inusualmente difícil. Su gobierno ha sido de claroscuros. Creo que en su gestión ha habido inconsistencia e improvisación. Sus gabinetes han sido mediocres y endogámicos. En su manejo de la crisis económica ha vuelto a cometer el grave error de los sexenios anteriores, es decir, ceñirse a una ortodoxia ineficaz en vez de ensayar ideas alternativas. Como es costumbre en el PAN, ha sido indiferente a la cultura. Su política exterior en América Latina, en particular con respecto a Cuba y Venezuela, me parece totalmente errada. Pero le acredito, entre otras cosas, la reforma de las pensiones en el ISSSTE, el manejo técnico de las inundaciones en Tabasco y la respuesta en la crisis de la influenza. Creo también que la liquidación de Luz y Fuerza fue un paso necesario y que la Reforma Política que ha propuesto abre una oportunidad para que el Congreso inaugure una etapa de equilibrio entre los poderes y amplíe la participación ciudadana en los asuntos públicos.

¿De dónde puede venir el cambio que el país requiere?

Lo he dicho en muchos foros y artículos. El cambio que el país requiere debería venir de la izquierda. Al igual que en España, Brasil o hasta hace poco Chile, creo que una izquierda reformada -subrayo el adjetivo- sería la mejor opción histórica para transformar de raíz el rumbo de México. Pero este deseo es seguramente utópico porque en su mayoría la izquierda mexicana del siglo XXI actúa y piensa como la Iglesia del siglo XIX: es intolerante y es conservadora porque vive fija en el pasado. Su paradigma sigue siendo el "nacionalismo revolucionario". No veo en el horizonte ningún Felipe González, Fernando Henrique Cardoso, Lula o Bachelet mexicanos.

¿Cuál sería la postura de don Daniel frente al 2012?

Creo que el mayor liberal de nuestro siglo XX no se vería representado ahora por ninguna fuerza política. Y de paso le digo: yo tampoco. Los liberales no tenemos representación en el espectro político nacional.

Cuba y las lágrimas del mar

Francisco Javier Acuña
Especialista en derechos humanos
fjacuqa@hotmail.com
Excélsior

En una dictadura no puede haber ciudadanos, hay criaturas cívicamente animadas, gobernados con dueño y rostros de garabato.

Al dolor de las damas de blanco, reprimidas hace días en La Habana.

Isla que se asfixia por la opresión de un villano que además de longevo, maldita sea, tiene un hermano que por tener mejor salud, al frente del gobierno revolucionario lo ha “relevado”; sea cierto o simulado, la desdicha se ha prolongado, Raúl —del Comandante Fidel hermano—, amenaza con vivir tanto o más que el barbado tirano. El déspota mayor de la isla se ha apoderado y la mueve de las manos a la boca cual si estuviera fumándose un eterno habano. Tras cada golpe que inhala del duro tabaco arroja sobre la isla el humo turbio, viciado, aliento del opresor que a los cubanos ha vuelto en vez de ciudadanos, súbditos infrahumanos. En una dictadura no puede haber ciudadanos, hay criaturas “cívicamente” animadas, gobernados con dueño y rostros de garabato.

La infeliz isla marchita se viene deshidratando, lo triste y lo grave es que eso le ocurra a un paraíso de agua rodeado, de agua salada, claro, como no puede haber de otra, la que forma gota a gota los océanos; agua que cual lluvia cae y luego se evapora en nubes que por el calor se desmoronan en un infinito ritual. Salinidad que confirma el transcurrir de millones de años, por eso el ph del mar es tan extraño, ya que también se ha mezclado con lágrimas vertidas por la doliente humanidad que sufre desde edades tempranas. Pienso en las damas de blanco recientemente acalladas en el centro de La Habana, sólo por marchar silentes exigiendo la libertad de unos presos de conciencia, casi nadie para ellas: sus esposos y/o su descendencia. Me imagino a Ramón López Velarde frente a su amada Fuensanta pidiéndole explicaciones de cómo y porqué se dice que: “... el mar puede ser menos hondo y menos grande que el pesar”.

Cuba, montículo de arena salada salpicada de palmeras agachadas, la poca agua dulce que ahí quedaba se ha ido agotando, agua dulce de la paciencia de un pueblo que de anemia de libertades se está disecando. Agua escasa por la explotación salvaje de la caña al vil esquema estaliniano que expulsa a sus campesinos al exilio forzoso y a la vez voluntario, gente que llora huyendo amontonada en balsas con dirección a Florida que sin embargo, naufragan en Guatemala. La caña que ahí se siembra es la más codiciada y de su fermento se extrae el ron más singular. Es desconcertante que en un amargo lugar se cultive el mejor azúcar que ha de servir para endulzar el paladar de los que con otras carencias y distintas penas viven en libertad.

Los supuestos héroes que derrocaron hace 50 años al canalla Batista por haber convertido a la isla, de los gringos un burdel, pronto la volvieron una esclava hambrienta que ahora se arrastra por motivos más humillantes a los que entonces la hicieron suculenta y coqueta. La causa marxista la conduce un régimen que es en el fondo proxeneta.

Sexo y celibato sacerdotal

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Crece el escándalo de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes católicos. EU es el laboratorio que nos permite ver el futuro; le tocó a la Iglesia católica de EU el triste privilegio de ser la primera en estrenar, en 2002, este escándalo, en forma mayúscula, luego les tocó a las iglesias de Irlanda, Austria, Australia, Brasil, Italia y Holanda, a nosotros, el caso ya legendario del Marcial Maciel. Ahora sigue la Iglesia alemana y el famoso escritor Günter Grass, hijo de una familia católica, exige el fin del celibato sacerdotal en la Iglesia católica, como el remedio para poner fin a esa perversidad. “La propensión a los abusos sexuales con menores existe en todos los lugares donde adultos tienen que ver con niños, declaró Grass, pero se acentúa aún más con el celibato”.

El sacerdote suizo, Hans Küng, amigo del Papa, acaba de publicar un editorial intitulado: “¡Abolid la ley del celibato!”, en el cual afirma que, además de un mea culpa por esos crímenes atroces y de un castigo para los culpables, la Iglesia debe revocar el celibato obligatorio de los sacerdotes. “Estos abusos se observan también en familias, colegios, asociaciones, iglesias, religiones en las cuales no rige la ley del celibato para los ministros” y se pregunta “¿pero por qué de manera masiva la Iglesia católica es dirigida por célibes?”.

Küng sabe que el celibato sacerdotal, obligatorio desde el siglo XI, XII, no es la única razón de esta conducta; según él, “es la expresión estructural más importante de una postura tensa de la Iglesia católica respecto a la sexualidad, que se refleja también en el tema de los anticonceptivos”. Piensa que la ley romana del celibato, medida disciplinaria que no tiene nada que ver con el dogma, tomada por unos hombres, en un momento y espacio preciso, después de mil años de celibato optativo, merece ser abolida actualmente.

Como cristiano, como historiador de la historia del celibato sacerdotal en la Iglesia católica (Tusquets, 2009), estoy a favor del regreso a la antigua disciplina, la del celibato optativo, tal como se mantuvo en las iglesias ortodoxas y, en el seno de la Iglesia romana, en las iglesias greco-católicas de Ucrania, Bielorrusia, Hungría, Chequía, en las iglesias maronita, siro-malabar, etcétera.

Considero un error pensar que la abolición del celibato desaparecería milagrosamente las pulsiones sexuales de esos sacerdotes hacia niños y adolescentes, varones en 90% de los casos. Bien lo dice Küng: tal conducta no es un privilegio clerical. Acaban de salir a la luz varios casos de abusos en colegios e institutos deportivos que no tienen nada que ver con ninguna Iglesia, así del instituto de élite Odenwaldschule en Alemania, o de la escuela de karate en el prestigioso club Torres Baena en Las Palmas de Gran Canaria. El director imputado, karateca famoso, campeón de España, aplicaba (con los argumentos de Marcial Maciel) la teoría de que “para ser campeón hay que mantener relaciones sexuales a menudo… el sexo es bueno”. 20 años de abusos en un ambiente de secta, 20 años de secreto bien guardado.

Resulta que uno de cada diez hombres ha sufrido abuso sexual, en EU (otros países no ofrecen cifras) en la mayoría de los casos por miembros o amigos de la familia, maestros… y religiosos de todas las confesiones, sean sacerdotes católicos, rabinos y pastores casados. La mayoría de los agresores son hombres casados y padres de familia. El 7% de los sicólogos y siquiatras admiten haber tenido sexo con sus pacientes adultos y adolescentes; 13% de los médicos, entre 10% y 23% del clero presbiteriano ha tenido “una conducta sexualizada o contacto sexual en el marco de una relación profesional y religiosa”. Los autores que cito en mi libro son ateos o creyentes, pero todos concluyen que si el celibato puede ser un problema, su abolición no resolverá nada.

Lo que la Iglesia católica debe abolir para siempre es la hipocresía, la cultura del secreto supuestamente destinado a “evitar el escándalo” y que favorece el escándalo mayor, condenado por Cristo, quien dijo: ¡Ay de aquellos que escandalizan a uno de esos pequeños! Y les prometió ser tirados al mar con una rueda de molino amarrada al cuello. Y extender a toda la Iglesia latina el celibato opcional que permite desde la Edad Media a las Iglesias orientales.

La inmigración es selección natural

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Lo peor que nos ocurre a los mexicanos con la inmigración a EU es que se nos va lo mejor, en términos de capacidad mental y física. Pero también recibimos, en mucha menor medida, gente que se sobrepone a su pobreza: españoles que fundan importantes editoriales y exitosas tiendas de ultramarinos, franceses con ideas de las Galeries Lafayette, judíos fabricantes de ropa que llenan la calle de Isaac-zaga, griegos tomateros en Sinaloa, turcos, chinos: una riqueza que despreciamos.

De ahí que escuchemos con tanta frecuencia la quejumbre xenofóbica (csenofóbica) según la cual los extranjeros malos se aprovechan de los mexicanos buenos y rápidamente hacen capitales con el hambre de millones. Es una conseja de tontos suponer que la riqueza es un juego de suma cero: lo que alguien gana otro lo pierde. La riqueza se crea y corresponde a los legisladores elaborar leyes que permitan la mejor distribución social de esa riqueza, entre ellas están, en primerísimo término, las normas laborales, pero luego viene la recaudación de impuestos.

Y ahí es donde nuestros legisladores no piensan: para evitar que el pobre pague IVA en los frijoles y tortillas, dejan de cobrar impuestos en todos los alimentos, incluidos los que ellos consumen: quesos franceses, jamones españoles, aceites de oliva italianos, frutas y verduras de cultivos hidropónicos o de eso que llaman, con idiotez redonda, “orgánico”, pues no existe col que no sea orgánica, a menos que sea de vidrio. Quieren decir que no contiene fertilizantes artificiales ni insecticidas, pero es la misma gente que se opone a los cultivos genéticamente modificados para resistir plagas. Y un átomo de nitrógeno es idéntico, venga de fábrica o de bosta.

El término llegó del inglés, como por el inglés llegó “homofobia”, que en griego significa “miedo al igual”. Pero ya no hay remedio.

Debería ser motivo de orgullo en el Bicentenario que un mexicano, Carlos Slim, sea el hombre más rico del mundo, lo malo es que pueda serlo porque la legislación del país permite monopolios y cuasi-monopolios, los primeros como es Pemex y fue Telmex, los segundos como es ahora Telmex y son las televisoras. Un país con xenofobia (cseno-) crónica y prenatal ve en el hijo de inmigrantes pobres vuelto rico una señal de maldad y no de trabajo.

El inmigrante europeo y del Oriente Medio o Lejano, llega sin esa carga religiosa-ideológica que abruma a nuestros pueblos indios y a buena parte de nuestra población. El inmigrante no padece lo que los neo-indigenistas llaman “tiempo cósmico” (sea lo que sea, porque todo tiempo es cósmico) ni afirma que por su raza hablará el espíritu, comienza por aprender español y no exige clases en árabe ni en chino; trabaja, invierte, reinvierte y ya está: un rico más para consolidar nuestro agravio con los extranjeros.

No son bienvenidos los inmigrantes, no les facilitamos la nacionalidad, jamás permitiríamos una isla Ellis donde se bañen y vistan ropas limpias, reciban una comida caliente, un pasaporte y salgan a buscar la siguiente comida; los tratamos como si fuéramos California y las multitudes asediaran nuestras fronteras, les hacemos caricaturas y chistes que nos indignan cuando en Texas nos los aplican. En fin, les llenamos de piedras el camino… Y triunfan. Eso sí calienta.

Somos rencorosillos del triunfo y admiradores de la derrota. La única gloria del cura Hidalgo fue que lo mataron, y en sólo diez meses, sin lograr la independencia. Olvidamos el odio profundo a los aztecas por parte de sus pueblos súbditos y nos tragamos toda la propaganda de Estado de sus guerras floridas y sacrificios de corazones al sol: lo que hacían era eliminar a la flor de la juventud que se podía rebelar contra una tiranía tan monstruosa que exigía un impuesto de sangre. Eso glorificamos, y así nos va.

Nuestros pobres no se van a Cuba, se van a donde, dicen legisladores y otros bobos, las condiciones de trabajo son malas porque se paga por hora, no hay cláusula de exclusión sindical ni otras conquistas sociales de la legislación revolucionaria de México: se van a Estados Unidos. La flecha de la inmigración apunta hacia lo que desea la gente: los campos de California, que son ricos porque no hay riesgo alguno de que llegue un presidente Echeverría y reparta las tierras de los ricos a los pobres. En los jardines de Los Ángeles trabajan los morelenses a quienes el PRD salvó de ser jardineros de ricos en Tepoztlán.

Y Lombroso tuvo razón

Creí que Lombroso era indefendible hasta que vi fotos de César El Pinocho Nava, ese personaje que dirige el PAN al abismo, y conocí después sus desfiguros. Cesare Lombroso (lea Chésare) es un nombre de mala fama: propuso en la segunda mitad del siglo XIX una teoría psicológica según la cual es posible determinar al criminal nato y a otros individuos inferiores por ciertas medidas craneanas y rasgos faciales. Su tocayo César le da plenamente la razón a Cesare: la cara no miente.