marzo 22, 2010

Grandota o grande

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Si tomamos en cuenta la producción de bienes y servicios, y por lo tanto la generación de ingreso, todo ello medido en términos monetarios, digamos dólares, resulta que la economía mexicana, con una generación de ingreso de 1,088,128 millones de dólares, y por lo tanto con una producción de bienes y servicios equivalente a esa cantidad, fue en 2008 (los datos completos para 2009 todavía no están disponibles), entre 179 naciones, la decimotercera economía a nivel mundial, con India, Canadá y Brasil por arriba, con Australia, Corea del Sur y Países Bajos por debajo.

Si dividimos a los países, según sus resultados, en siete grupos (excelentes, muy buenos, buenos, regulares, malos, muy malos y pésimos), México queda dentro del grupo de los excelentes. Si además, con el fin de mejorar el análisis, dividimos a los países por deciles, México se ubica en el primero. ¿Qué quiere decir lo anterior? Que en materia de Producto Interno Bruto, es decir, de producción de bienes y servicios y generación de ingreso, la economía mexicana, si bien es cierto que todavía no se ubica en el top ten, sí se encuentra entre las mejores, dentro del top fifteen. Lo anterior quiere decir, dicho de la manera más sencilla posible, y echando mano de la analogía, que la mexicana es una economía grandota. La pregunta es si, además de grandota es también grande. No confundamos, como lo apunta Ricardo Medina, lo grandote con la grandeza.

Para responder la pregunta debemos pasar del Producto Interno Bruto al Producto Interno Bruto per cápita o, dicho con menos palabras, debemos ir del ingreso al ingreso por habitante. Si así lo hacemos el resultado es muy distinto, ya que, con un ingreso por habitante de 10,235 dólares anuales, en 2008 (lo mismo, todavía no tenemos los datos completos para 2009), México ocupó, entre 182 países el lugar 57, bajando del primer al cuarto decil, y pasando de grupo de los excelentes al de los buenos, teniendo como vecinos, en mejor posición, a Turquía, San Cristóbal y Nieve, y Venezuela y, en peor lugar, a Chile, Seychelles y Uruguay.

Ya se ve que una cosa es lo grandote (el Producto Interno Bruto) y otra la grandeza (el Producto Interno Bruto per cápita), y que lo que importa es la grandeza no lo grandote, tal y como lo muestra el Índice de Desarrollo Humano, elaborado y publicado por la ONU, en el cual México ocupa, entre 182 países, el lugar 53, lo cual se explica porque el desarrollo humano depende, no nada más del Producto Interno Bruto, sino del Producto Interno Bruto per cápita, es decir, no del tamaño del pastel, sino del tamaño del pedazo de pastel que le toca a cada uno, ¡algo muy distinto!

La mayoría de las veces, el desempeño de una economía se mide en términos del Producto Interno Bruto, lo cual, tal y como queda demostrado en los párrafos anteriores, no es del todo correcto, siendo lo correcto medirlo en términos del ingreso por habitante.

Una Presidencia monotemática

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

En El Padrino III, Michael Corleone dice: “Justo cuando pensaba que ya estaba fuera, me regresan adentro”. El presidente Felipe Calderón podría decir algo similar: “Una y otra vez he tratado de salirme y una y otra vez me regresan”. Me refiero al tema de la guerra en contra del crimen organizado.

Calderón fue el que puso el tema de la guerra en contra del crimen organizado como el central de su Presidencia. Inmediatamente después de tomar posesión, se puso el uniforme de general de cinco estrellas y mandó a las Fuerzas Armadas a las calles a combatir a la delincuencia organizada. Políticamente, le resultó. Para empezar, envió el mensaje de que sólo había un Presidente en México al que obedecían el Ejército y la Armada, mientras en las calles había otro que se decía legítimo. La guerra resultó muy popular por el hartazgo social que había en materia de inseguridad; se convirtió en el sostén de la popularidad presidencial. De esta forma, después del conflicto postelectoral, el tema de la guerra en contra del crimen organizado le permitió a Calderón sentarse con fuerza en la silla presidencial.

Pero, como suele suceder con todas las guerras que no se ganan rápidamente, llega el día en que los rendimientos políticos comienzan a bajar. En el caso mexicano, los muertos se multiplicaron y la violencia callejera se incrementó, como nunca, sobre todo en algunas regiones del país.

Calderón entendió que era hora de buscar nuevos temas para su administración. Así lo anunció, con bombo y platillos, el 2 de septiembre pasado. El Presidente mencionó la guerra en el lugar nueve de su decálogo famoso. Y desde entonces, ha tratado de poner otros asuntos en la agenda.

Comenzó bien liquidando Luz y Fuerza del Centro. Parecía que iba en serio con aquello de buscar los “cambios de fondo” y no los “cambios posibles”. Sin embargo, la agenda volvió a atorarse con el tema fiscal. El Presidente propuso una buena propuesta de reforma que terminó en un incremento más de los impuestos. Luego Calderón presentó su reforma política, también buena, pero que no ha tenido punch en los medios.

Ahora el PAN ha introducido una reforma laboral (salida de la Secretaría del Trabajo), que también parece positiva. Pero, una vez más, la agenda mediática y la presidencial han estado concentradas en el tema del crimen organizado. O, más bien, los hechos violentos así lo han determinado.

La semana pasada, en vez de hablar de la propuesta laboral, lo que volvió a dominar fue la guerra. Para empezar, se dieron las primeras reacciones por el asesinato de tres ciudadanos estadunidenses en Ciudad Juárez. Luego, Nuevo León se convirtió en un bizarro escenario del enfrentamiento entre delincuentes y autoridades. Los criminales bloquearon, con vehículos robados, y al parecer con la ayuda de las policías locales, carreteras y vialidades en Monterrey. Horas después, tres inocentes morían a balazos frente al Tecnológico de Monterrey: dos estudiantes y una madre de familia que circulaban cuando se dio el fuego cruzado entre militares y sicarios.

Ante estas noticias, la reforma laboral pasó a un plano muy secundario. Los medios se concentraron, una vez más, en la guerra. Y de ahí no ha podido salirse el Presidente. La diferencia es que ahora, en comparación con el principio del sexenio, se han multiplicado las voces que consideran la guerra como una estrategia errada.

El jueves pasado, en su columna de Milenio, Héctor Aguilar Camín hablaba de este mismo tema y argumentaba “que al país y a Calderón les urge cambiar de agenda. Necesita él y necesitamos todos poder pensar a nuestro país fuera del corral de la violencia”. Para tal efecto, Aguilar proponía: “Ahora que son días petroleros, sería una buena idea proponer a los mexicanos un amplio debate sobre lo que sabemos que es la convicción presidencial, y de muchos mexicanos, en materia petrolera. La idea, por ejemplo, de cambiar la Constitución y abrir Pemex a una inversión privada minoritaria, nacional y extranjera”. Excelente tema. Pero el Presidente ya trató de poner este asunto en la agenda nacional y, a la hora de la verdad, se echó para atrás.

De hecho, Calderón ha tratado muchas veces de poner otros temas en la agenda nacional. Ahí están los casos de las reformas política y laboral. Sin embargo, es tan fuerte y tan mediático el tema de la guerra que hay presidentes que, aunque quieran, están condenados a que su presidencia quede marcada por ella. Fue el caso, en Estados Unidos, de Lyndon B. Johnson y la guerra de Vietnam y de George W. Bush con el conflicto bélico en Irak. Me temo que hacia allá va Calderón. Hacia una Presidencia monotemática: el de la guerra en contra del crimen organizado.

Las Damas de Blanco: visibles e invisibles

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me inquieta pensar que lo que ve el mundo en estos días sobre Cuba, no se ve dentro de Cuba. La isla desconoce el repudio que los últimos acontecimientos han echado sobre su gobierno.

Pienso que sus extraordinarios blogueros, empezando por Yoani Sánchez, sus solitarios disidentes, la admirable tenacidad de las madres de presos políticos que caminan día con día, vestidas de blanco, por las calles de La Habana, y ocupan con sus conmovedoras y potentes imágenes las primeras páginas de la prensa mundial, no son visibles para la gente de Cuba, salvo bajo la forma de los improperios que repiten los medios oficiales, y las vallas sañudas que les gritan a las Damas de Blanco.

Las tres o cuatro veces que he estado en Cuba he vuelto con la certidumbre de que el mayor recurso político de la dictadura castrista es la fragmentación del conocimiento, es decir, el minucioso control del conocimiento que pueden tener los cubanos sobre su propio país y sobre el mundo.

Luego de medio siglo de esta administración de la ignorancia, la mayoría del pueblo cubano, toda la que no puede viajar ni comparar su país con otros, termina por no saber que las cosas pueden ser diferentes a lo que ven todos los días, que todo eso a lo que se han acostumbrado y les parece normal, es la anormalidad misma.

No es difícil acostumbrarse a la anormalidad de Cuba. Los diplomáticos que llevan un tiempo ahí dejan de ver pronto con alarma lo que les alarmó el primer día. Por ejemplo: no poder comprar periódicos.

Tengo un ejemplo al revés. Luego de varios años de no salir de La Habana, un viejo diplomático cubano, que había servido a su país en Europa Occidental, vino a México. El primer día de su viaje fue al pequeño supermercado que hay en la esquina de Michoacán y Amsterdam, en la colonia Condesa de la Ciudad de México.

Lo deslumbraron los anaqueles llenos de mercancías. Reflexionó después, con pesadumbre: “¡Qué jodidos estamos!”. Había visto supermercados mejores en países más prósperos que México, pero lo había olvidado en sólo unos años de inmersión en la escasez crónica, la ausencia de información, la ignorancia universal de la vida cubana.

Quisiera pensar que el repudio externo hará tambalearse al régimen cubano. Ojalá. Tiendo a creer que el régimen sólo se romperá por dentro, al calor de una crisis que provoque una ruptura en la cúpula: una conspiración de los próximos —inconformes, hartos o ambiciosos—, de cuya incubación y desenlace el pueblo cubano será el último en enterarse.

Disidentes, ayunantes, protestantes

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

Desde distintos miradores, suscitadas por diferentes intereses, se multiplican las condenas al gobierno cubano, a causa de la muerte de Orlando Zapata, un disidente que cumplió hasta el extremo anunciado una huelga de hambre; y por un ayuno semejante practicado desde hace un mes por Guillermo Fariñas, opositor también al régimen cubano, que reclama la libertad de 26 compañeros suyos, presos políticos como él mismo lo ha sido durante once años.

Me sumo sin reticencias al pedido de libertad para esas personas, y por consecuencia al pedido de que Fariñas ponga fin a una acción que ha practicado otras veces y que es un recurso válido cuando se considera que otros medios de protesta política son ineficaces. Estoy seguro de que una república que persigue y ha logrado en amplia medida satisfacción a derechos humanos elementales como los que conciernen a la salud, a la educación, a la propia estima, bien puede admitir y aun alentar derechos políticos como el de no afiliarse al pensamiento dominante y aun buscar una forma de organización política distinta de la vigente en Cuba.

Ciertamente, en el análisis de la situación cubana es imposible soslayar el hostigamiento, el acoso que han padecido el gobierno y el pueblo cubanos desde que proclamaron su revolución. El asedio armado, la multitud de atentados fallidos contra Fidel Castro, la invasión misma patrocinada desde Estados Unidos, de donde partió, todo eso obligó a constreñir las libertades personales, como ocurre en toda población hostilizada y en riesgo de ser penetrada por una quinta columna. La tensión permanente ante el peligro externo genera una deformación en las relaciones no sólo entre el poder y los gobernados sino entre los ciudadanos mismos, en que priva la desconfianza aun por encima de la solidaridad revolucionaria y a veces disfrazándose de ella. Pero esa excrecencia, que lleva a ver en el otro un eventual enemigo, no es, no debe ser parte sustantiva de la cultura política de un gobierno que tiene a los seres humanos como suma y destino de sus tareas.

Por lo tanto, como elemento circunstancial y no inherente a la vida cubana, el temor y el desdén hacia los que no se atienen al credo oficial pueden ser eliminados para favorecer una convivencia democrática en plenitud, en que tengan también cabida los diferentes, los disidentes, los opositores. El entorno mundial, las condiciones políticas del vecindario en que actúa Cuba no son riesgosos como llegaron a serlo en etapas ya superadas, y por ello el poder no necesita ejercerse sin trabas. Puede y debe haber lugar para las libertades públicas en Cuba. Debe cesar el castigo a la disidencia, porque no debe ser delito la insumisión al pensamiento único.

En tal sentido es muy de atender el llamado de miles de artistas, creadores, intelectuales, muchos de ellos respetuosos de las metas revolucionarias del gobierno de Cuba, que demanda escuchar a Fariñas y poner en libertad a los 26 presos por los que aboga. Una revolución humanitaria se enriquecerá con la admisión de la diferencia como complemento necesario y fructífero de la opinión mayoritaria. Una sociedad donde persiste un régimen de partido único y de medios de comunicación controlados ha de estar en posibilidad, sin embargo, de prohijar respeto al resto de los derechos humanos.

Otra cosa es la sibilina advertencia de los gobiernos que, como el de la Unión Europea, pretenden inducir un cambio de régimen en Cuba. Ninguna democracia, aun la más perfecta en su diseño institucional, funciona si es impuesta desde fuera. Por razones humanitarias, no en atención a presiones maniqueas e hipócritas, el régimen cubano, ese al que se quiere transformar desde fuera, ha de ser capaz de emprender sus propias metamorfosis.

En México, como en otros países, se ha levantado un clamor semejante por el respeto a la disidencia cubana. Es comprensible y digno de aplauso que así sea porque está viva la llaga del régimen autoritario mexicano con su cauda de guerra sucia y represión contra quienes se oponían a tener los designios oficiales como verdades absolutas por encima de la crítica. Ese régimen no acabó del todo, prevalecen no pocos remanentes de esa cultura. Tenemos entre nosotros presos políticos, presos de conciencia injustamente recluidos en las cárceles donde no están los culpables de expoliaciones que afectan a la sociedad mexicana. Conservamos la huella de conductas que antaño causaron graves daños y todavía hoy atentan contra derechos básicos de las personas, como la supresión de decenas de miles de empleos y su secuela represiva.

Poner la vista en las violaciones a los derechos humanos en Cuba puede ayudar a hacer lo propio respecto de nuestras propias lacras. Quienes hoy se duelen por la huelga de hambre de Fariñas y no hicieron lo mismo ante el ayuno de trabajadoras de la industria eléctrica que exigían justicia ante el despojo de su empleo adquirirán mayor sensibilidad ante situaciones semejantes en el futuro. Quienes reprueban el maltrato asestado por la policía habanera a las Mujeres de blanco y pasaron por alto el destrozo de la dignidad de muchas jóvenes en los arrestos colectivos de Atenco en mayo de 2006 estarán en mejor condición moral para percibir la semejanza entre ambas conductas. Quienes piden la libertad de los disidentes cubanos tienen a la mano casos para invocar la libertad de los cientos de mexicanos disidentes privados injustamente de su libertad.

¡Vivan los derechos humanos en Cuba y México!

Cajón de Sastre

Ya es muy grave que la violencia criminal siegue la vida de miles de personas en nuestro país, pero es igualmente grave que cada día aumente el número de víctimas de combates entre la fuerza pública y los delincuentes, que en nada están relacionados con las escaramuzas. En Monterrey cayeron por lo menos tres personas más en esa condición. Dos de ellos eran estudiantes del Tecnológico de Monterrey y la tercera una señora que para su infortunio estaba en el lugar y el momento equivocado. Pero esas muertes no sólo son fruto del azar, sino de impericias en el ataque a la criminalidad como lo fue también otra víctima en el ataque en que fue muerto Arturo Beltrán Leyva en diciembre pasado, en Cuernavaca. Nunca se justifica la pérdida de vidas humanas por error.

Admite Iglesia mal manejo en pedofilia

Susana Moraga
Reforma

El Cardenal aseveró que culpar a otros sectores sociales de cometer más abusos sexuales que la Iglesia, no tiene razón de ser.

Ciudad de México (21 marzo 2010).- La Arquidiócesis Primada de México, que dirige el Cardenal Norberto Rivera Carrera, aceptó que ha habido errores por parte de algunas autoridades eclesiásticas en cuanto al manejo de los casos de pedofilia en la Iglesia católica, actos que les llena de vergüenza y preocupación.

El prelado advirtió asimismo que la reacción que se ha tenido en algunos sectores de la Iglesia, de culpar a otras instancias de la sociedad de cometer mayor número de abusos sexuales que la Iglesia, no tiene razón de ser.

"No tiene ningún sentido reaccionar ante estos hechos vergonzosos, diciendo que en otras instituciones se han dado mayor cantidad o que la mayoría de los señalamientos sucedieron hace ya muchos años, treinta, o cuarenta más, como si el tiempo borrara la gravedad de estos delitos", expuso en un artículo publicado en la edición de este domingo del semanario Desde la Fe.

El Arzobispado sostuvo que el hecho es que algunas de las denuncias de pedofilia se han dado al interior de la Iglesia, ámbito que debería ser el más exigente en los valores morales y el de mayor desarrollo espiritual: el de los religiosos y sacerdotes.

"Y esto basta para llenarnos de vergüenza y preocupación", aseguró.

La publicación hace referencia a la carta pastoral enviada ayer por el Papa Benedicto XVI a los católicos de Irlanda, y del mundo, afirmando que los sacerdotes pederastas no sólo deben responder ante Dios, sino también ante la justicia civil.

En el artículo titulado "Delito que nos llena de vergüenza", la Arquidiócesis del Cardenal Rivera califica el acto de pedofilia como un crimen atroz.

Enfatiza que el papel que ha jugado el Papa Benedicto XVI ha sido el de afrontar la situación de manera enérgica y de cara a la opinión pública.

Sin mencionar el nombre de Marcial Maciel, explica que como ejemplo de ello, el Sumo Pontífice expulsó a este presbítero de la Iglesia católica ante las denuncias de pedofilia en su contra.

"Cesó de manera fulminante al fundador de los Legionarios, invitándolo a la oración y penitencia para salvación de su alma".

Apenas el 9 de marzo, el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, había asegurado que los casos de abuso sexual se dan en diversos ámbitos de la sociedad y no sólo en la Iglesia católica.

"Todas las personas objetivas e informadas saben que la cuestión (abusos sexuales) es mucho más amplia y que centrar las acusaciones sólo a la Iglesia distorsiona la perspectiva", dijo entonces.

Lombardi respondió así luego de las denuncias públicas de casos de pedofilia que se dieron a principios de año en Alemania y Austria, lo que se sumaron a los ocurridos a finales de 2009 en Irlanda.

¿Celebremos México?

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

El gobierno de Felipe Calderón nos pide que celebremos porque somos el triciclo rojo de los reyes, un domingo en la casa de la abuela y a lo que sabe un chile relleno, la televisión a color, tu mamá con todo lo que te enseñó (en la imagen una mujer indígena enseña a su hija a echar tortillas), un zapatero de banquito, los nuevos pesos y los viejos, el temblor del 85 y un millón de manos ayudando y el abrazo de tu compadre”. ¡Pura nostalgia, puro cliché y alguna que otra insensatez!

Es cierto, llegamos al año 2010 en muy mal momento, una severa crisis económica ha dejado por lo pronto a miles sin trabajo y el crimen organizado desafía la autoridad del Estado en varias partes de la geografía nacional, generando incertidumbre y miedo.

En esas condiciones parece difícil despertar el espíritu festivo y triunfal, pero no puede ser que la única salida sea refugiarnos en el sabor del mole y el piano de Agustín Lara. Justamente porque son tiempos difíciles es que debería haber claridad respecto a lo que destacamos dentro de las tantas cosas que efectivamente somos.

¿De qué te sientes orgulloso?, se pregunta en otro de los promocionales del gobierno y varias voces emocionadas responden: de nuestra historia, de mi bandera, de mi gol, de mi esfuerzo, de mi tierra, de mi jefecita, de mis tradiciones, de mi selección. Puros lugares comunes que no comprometen ninguna visión del país al que se aspira y que buscan sobre todo no incomodar a nadie.

Y sin embargo ahí está la lucha de Eufrosina, la indígena zapoteca de Santa María Quiegolani, Oaxaca, que no acepta los dictados machistas de un pueblo que le niega por ser mujer el derecho a mandar, ahí están la valentía y la entereza con la que Julio César y los otros padres de los niños muertos en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, han transformado y dirigido su dolor en un activismo que redundará en beneficio de miles de niños. Y qué decir de la fuerza con la que Luz María enfrentó públicamente al Presidente de la República —sostenida en el dolor del asesinato de sus dos hijos— y que ahora recorre el país exigiéndonos a todos que no olvidemos Ciudad Juárez. Ahí están también los jóvenes abogados que por convicción defendieron a Jacinta y ahora hacen lo mismo por Teresa y Alberta. Y qué decir de la esperanza que despiertan los logros de los 136 pescadores de la presa de Bacurato en Sinaloa que terminaron con los intermediarios y convirtieron con inteligencia y audacia su vieja actividad en un negocio rentable para ellos y para sus hijos. Como éstas, hay muchas historias en el país de personas que ya se desprendieron de los viejos vicios del clientelismo y sin esperar soluciones ni dádivas del Estado se sentaron con éxito en el asiento del conductor de sus propias vidas.

Miles de auténticas razones para sentirnos orgullosos y tomar ejemplo.