abril 07, 2010

Revaluación, ¿qué significa?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Comenzamos el año con un tipo de cambio de 13.19 pesos por dólar, que ayer, martes 6 de abril, alcanzó, en 12.35, y hasta el momento, su mínimo nivel del año, lo cual dio como resultado una revaluación de la moneda nacional frente a la divisa estadunidense de 84 centavos, equivalentes a 6.4 por ciento. Hasta hoy la tendencia revaluatoria es clara, si bien se ve difícil que, en el mediano plazo, lleguemos al tipo de cambio que tuvimos antes de la crisis, el viernes 12 de septiembre de 2008, y que fue de 10.69 pesos por dólar. ¡Pero en una de esas…!

Para darnos una idea de lo que esto significa, recordemos que hace un año, el 6 de abril de 2009, el tipo de cambio fue de 13.72 pesos por dólar, tipo de cambio que hoy se encuentra revaluado en 9.9 por ciento, revaluación que, dice la sabiduría popular, ayuda a todos quienes, directamente, consumiendo mercancías importadas, o indirectamente, consumiendo mercancías hechas en México, pero producidas con algún factor de la producción importado, pagan menos pesos por dólar, lo cual por obra y gracia de la revaluación es cierto, pero sin que ello dé como resultado una baja general de precios, por más que, más o menos, el 20 por ciento de la oferta de bienes y servicios en la economía mexicana sea de mercancías importadas.

Para muestra basta un botón. Entre el 30 de abril de 2009 y el 31 de marzo de 2010 el precio del dólar (que eso es el tipo de cambio: el precio del dólar en términos de pesos) bajó 10.8 por ciento. Para el mismo periodo de tiempo la inflación fue de 3.9 por ciento. ¿Conclusión? No basta con la revaluación del peso frente al dólar o, dicho de otra manera, con la baja en el precio de la divisa estadunidense en términos de la moneda nacional, para que, o desaparezca la inflación, o aparezca la deflación. ¿Por qué? Porque el comportamiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor, a partir del cual se calcula la inflación, no depende exclusivamente, ni siquiera principalmente, del precio del dólar, precio que, de manera directa, no forma parte de dicho índice.

Además, hay que tener presente que una cosa es que baje el precio del dólar en términos de pesos y otra distinta que bajen, en pesos, los precios de las mercancías importadas, cuyo precio, en los mercados mexicanos, no depende solamente del precio del dólar, sino de todo el conjunto de factores que determinan el precio de un producto, desde la relación entre su oferta y su demanda, hasta la elasticidad, tanto de la demanda como de la oferta, con un largo etcétera intermedio.

Entonces, ¿qué supone la revaluación del peso frente al dólar? El abaratamiento, en términos de pesos, del dólar, pero no necesariamente la baja en el precio de todo lo importado, precios de los productos importados que, ya en los mercados mexicanos, dependen de algo más que el tipo de cambio

El diablo y don Julio

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

“Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos…”, se puede leer en el último número de Proceso como una suerte de justificación de la entrevista que le hace don Julio Scherer a IsmaelEl MayoZambada. Para buscar una entrevista quizás sí haya que descender hasta los infiernos, pero no sé si hay que hacerlo cada vez que alguien la ofrece. Y dudo que en esta ocasión se haya tenido que llegar tan bajo. Scherer no tiene nada que demostrar luego de su larga carrera en este oficio, es parte de la historia del periodismo nacional, pero en esta labor no puede haber intocables. En lo personal, con toda la admiración que siento por su trabajo, me dio pena ajena verlo en la portada de Proceso, abrazado por El MayoZambada, y más pena me dio comprobar que publicara una pieza periodística tan fallida, que la entrevista no fuera tal, que se limitara a una suerte de recreación literaria de un diálogo con el narcotraficante en donde don Julio dejó constancias de las preocupaciones existenciales de éste.

El debate no es si se debe entrevistar o no al diablo o a un narcotraficante, el punto es saber cuál es el objetivo periodístico, para qué es la entrevista, qué se pregunta. Y lo que hemos podido leer este domingo se convierte en una suerte de operación de relaciones públicas de un capo del narcotráfico, que se duele de que el Ejército destroce puertas cuando lo está buscando o que tiene miedo a la muerte, pero que no dice una palabra (porque no se le pregunta) sobre las miles de muertes que él, directa o indirectamente, ha provocado, y que termina legitimándose al presentarse abrazando a un respetado periodista, que va a buscarlo a dónde él quiere y que no duda en colocar en su texto los elogios que el capo hace de su trabajo, pero no le pregunta ni una vez sobre los enormes daños que ese personaje ha infligido a la sociedad.

Porque allí radica el mayor problema de la entrevista con Zambada. Éste cumplió todos sus objetivos; el periodista, salvo tomarse la foto con el narcotraficante, ninguno. Según cifras oficiales, en esta lucha brutal contra el narcotráfico, pero sobre todo como consecuencia directa de los enfrentamientos entre los cárteles, hay 29 muertos diarios: uno por día. Seguramente es bueno saber que Zambada tiene una esposa y cinco mujeres, 15 nietos y que llora la detención de su hijo, pero, ¿no le hubiera preguntado usted qué siente un hombre que está en medio de una batalla tan cruenta, qué se siente cuando se tiene que ordenar la muerte de un adversario o qué sabe él de esa batalla?

Dice Zambada que nunca se le ocurriría ordenar un atentado contra el Presidente. Puede ser verdad, pero no le preguntaría usted por qué se ordenó la muerte de tantos oficiales del Ejército o de la policía. En el mismo ejemplar de Proceso en el que se encuentra la entrevista con Zambada hay un amplio reportaje sobre la masacre de jóvenes en Pueblo Nuevo, en el triángulo dorado, en donde operan y tienen un amplio control territorial El ChapoGuzmán y Zambada, ¿no le preguntaría usted por qué tuvieron que morir esos jóvenes que simplemente iban a recoger sus becas de Oportunidades?

A ambos lados de la frontera han muerto por el consumo de drogas, o su vida se ha visto arruinada por ellas, millones de jóvenes. Dice Scherer que Zambada le lleva ventaja al gobierno por 40 años de experiencia como narcotraficante. Puede ser, pero ¿no le preguntaría usted qué se siente al haber sido, durante cuatro décadas, uno de los promotores directos de esa verdadera tragedia social?

¿O alguien puede creer que es lo mismo vender drogas que jitomates?

Scherer ha sido uno de los periodistas que siempre ha dicho que este oficio conlleva una responsabilidad social. ¿En qué se reflejó eso en esta entrevista?

En la polémica generada respecto a la reciente biografía de Kapuscinsky, mucho se habló de la forma en que en su trabajo recreaba con formas literarias pasajes periodísticos de los que no había sido testigo. Se dijo, incluso, que se debería crear una nueva sección en las librerías, intermedia entre la ficción y la no ficción, para los libros del notable autor polaco. Al leer el texto de don Julio con Zambada, la larguísima entrada para justificar la entrevista y su desapego por la vida pese al peligro (¿qué peligro si Zambada había hecho la invitación?), cuando en la entrevista se lee a Zambada hablar como una suerte de sociólogo del monte, con un lenguaje que no se adivina como suyo, no pude menos que recordar aquel debate. Y comprender que don Julio en esta ocasión no hizo periodismo, sino una extraña clase de ficción, muy lejana de su propia capacidad e historia.

¿Correteando al perro?

Marielena Hoyo Bastien
producciones_serengueti@yahoo.com
Animalidades
La Crónica de Hoy

No señor Bazbaz, procurador de ¿justicia? del Estado de México. A otro perro con ese hueso, pues si algo distingue a los canes cualquiera que sea su raza o aún teniendo mezcla de muchas, siendo criollitos, pues, y específicamente a todos aquellos individuos adiestrados para rastreo o detección de sustancias o cadáveres, es justamente la altísima eficacia y exactitud de su olfato, sin duda, su sentido más desarrollado. Incluso, ningún perro, entrenado o no, jamás hubiera pasado por alto la presencia de un cadáver en aquel departamento-casa de Interlomas, donde pasando casi nueve días de su ¿misteriosa? desaparición, fue encontrado el cuerpo ya sin vida de la pequeña Pollet, tal como su nombre estaba puesto sobre la puerta de entrada a su recámara, por cierto y de lejos, nada adecuada para una pequeñita de cuatro años recién independizada de la cuna, y con discapacidades motrices y del habla, pero... siguiendo con lo mío y de acuerdo con los expertos, han de saber que la existencia de los perros está fuertemente condicionada y guiada por los olores que por cientos de miles son señales que sobreponiéndose, mezclándose, cruzándose y aún cambiando constantemente, se fijan cual imágenes en el cerebro de nuestros animales más cercanos, capaces además de diseccionarlos uno a uno. A diferencia de nosotros los humanos que contamos con aproximadamente cinco millones de células olfativas, los canes tienen a más de una anatomía particularmente diseñada para propósitos olfativos, hasta 300 millones de esas células. ¿Qué se les puede ir entonces, en cuestión de olfato? Nada. Y el funcionario citado no tuvo empacho en exhibir a los perros utilizados durante la ¿investigación? como ejemplares inútiles, arguyendo que se pusieron “nerviosos”… ¡háganme el ca… nijo favor!... a causa del intenso movimiento de tanta entrada y salida de policías y medios de comunicación por la escena del crimen… pero… otra vez a lo mío, pues mientras como humanos nuestra superficie de células olfativas alcanza apenas los cuatro centímetros cuadrados, los perros pueden llegar a tener hasta 150. O sea, se trata de organismos diseñados para oler y por lo tanto su capacidad para ello es indiscutible, pudiendo de modo particular percibir los ácidos grasos de quien deben encontrar… ¿Me estás leyendo inútil?... Es más, como anécdota que bien le viene al caso, les cuento que hace aproximadamente un mes y para evitar una colisión en plena carretera, un amigo se vio obligado a pasar una de las llantas de su coche por sobre la salea de un perro atropellado y muerto de días, sin huellas aparentes de sangre. De todas formas, por ser amante de los canes el hecho le impresionó tanto, que tan sólo al llegar a su casa lavó a presión toda la carrocería, especialmente la parte baja del automotor, guardando cuidado específico para la llanta izquierda. Conociendo la sacudida que también me causaría el hecho no me lo hubiera platicado, ni yo a los queridos lectores, lectoras, de no ser porque al visitarme, días después, mis muchísimos perros, todos, se clavaron por buen tiempo sobre la parte del coche que pasó por la piel de aquel desafortunado animal. Por ello… insisto en no entender el alcance de la declaración de Alberto Bazbaz con respecto a los binomios caninos que intervinieron en el lamentable y confuso caso Gebara Farah. Y otra cosa. En una de las múltiples entrevistas aparecidas en TV por tal motivo, se le preguntó a una chiquilla preadolescente, hija de una trabajadora de servicio doméstico, si conocía a PO. La respuesta fue que sí… y muy naturalmente contestó que la última vez que la había visto, la niña estaba “correteando un perro”. ¿Tons? ¿Había o no incapacidad suficiente como para que la chiquita no gritara o tratara al menos de desatorarse de la espantosa cama? Dígamelo alguien. Como también necesito que me expliquen la aparente carencia total de dolor, de lágrimas, en la expresión de la madre a la que un lapsus le hizo contestar anteayer lunes, a una pregunta concreta de mi querida Adela Micha, sobre si quisiera saber qué causó la muerte de Paulette, con un “claro que lo sé”… para de inmediato corregir con un “quisiera saberlo”. Así traiciona el subconsciente, pero…

¿LO SABRÁ LOLITA?... La pregunta no la dirijo a la vieja colaboradora fantasma de la Secretaría de Hacienda, sino a la Dolores Ayala, animalera y presidenta fundadora del Comité Pro Animal, A. C., organización sin afán de lucro que entre sus varias actividades tiene la de otorgar socorro para animales accidentados, heridos o enfermos. Sin embargo, corre afanosamente por la cada vez más eficiente red cibernética animalera, y especialmente ha llegado a mi dirección electrónica, un caso que pone los pelos de punta y que involucra a tan querida persona. Y es que el pasado 31 de marzo, TYLER, un perrito greñudo y blanco, alcanzando apenas los cinco meses de edad y procedente de una adopción, salió de paseo junto con su hermanita Dorcha y sus compañeros humanos Karla y Miguel Lira. Pleno de emoción, y como desgraciadamente suele pasar, brincó de repente por una de las ventanillas de la camioneta en la que era transportado, y como asimismo pasa con los niñ@s, de inmediato se perdió entre las calles. Angustiados, los Lira buscaron dejar segura a la otra perrita que los acompañaba, para dedicarse a la búsqueda de TYLER. En esas estaban, cuando llegando la tarde-noche de la fecha, los trabajadores de una pastelería ubicada en la calle de Bélgica les dijeron que habían visto al perrito, justo, porque seguramente cansado y asustado se había refugiado bajo un automotor estacionado frente al local, y que por ello mismo, una señora había llamado a una asociación de protección animal para que lo auxiliaran. Total, que quien acudió fue precisamente Pro Animal, según documenta la denuncia pública.

Supongamos que aún no tratándose de un animal en francas malas condiciones, a la mujer así le hubiera parecido o que lo hubiese reportado como tal para que le hicieran caso; el chiste fue que tan sólo al llegar por él, “personal técnico” de CPA decidió matarlo “humanitariamente” aplicándole un tranquilizante y luego la consabida sobredosis de anestesia, ello… cuando el animal traía collar y placa de identificación con TRES NÚMEROS TELEFÓNICOS señalados para reportarlo por si se perdía. Eso lo hace EL CASO, que precisamente por ello niegan rotundamente en la organización. ¿Por qué? Ojalá alguien quiera responderme.

AL MENOS PUEDO TERMINAR CON UNA BUENA, partiendo de que ayer, hojeando periódicos, me topé con una nota que me sobresaltó el corazón. Resulta que la Unión Europea bloqueará la entrada de Islandia a su selecto grupo, mientras ese país no renuncie a la cruenta práctica de la caza de ballenas que defiende como parte importantísima de su economía, de todas formas ya quebrada. Espero que sea un total acierto.

Yo sí registré mi celular, carajo

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

A mediados del año pasado fui a una oficina de Telcel a registrar mi celular. Era sábado por la mañana. Me tomó cinco minutos hacerlo. Problema resuelto.

En aquel entonces no se discutía si la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones para obligar a los concesionarios a llevar un registro de usuarios de teléfonos celulares sería útil o no. El 4 de diciembre de 2008, en la intemperie de la crisis desatada por el caso Fernando Martí, los ocho partidos en la Cámara de Diputados votaron unánimemente a favor de esta medida, con la finalidad de inhibir delitos como el secuestro y la extorsión.

Nadie chistó. Nos dieron un año para registrarnos. Al 4 de marzo de este 2010, datos de la Cofetel, sólo 36 millones de usuarios (43 por ciento del total) lo habíamos hecho.

Con un porcentaje tan bajo se avivó la discusión sobre la utilidad de la reforma de diciembre de 2008. Y se planteó la posibilidad de dar una prórroga. ¡Por qué! ¡En beneficio de quién!

Al día de ayer, los usuarios registrados sumaban 53 millones (64 por ciento del total). Es decir, hubo 17 millones de registros en un mes: poco más de medio millón cada día; sólo el pasado lunes fueron 712 mil.

Y ahora resulta que los nuevos diputados exigen la prórroga. Y que los senadores del PRI, para no enemistarse con sus colegas de San Lázaro, están de acuerdo.

El asunto queda en manos de los senadores del PAN y el PRD. Más allá de los recién descubiertos vicios de la reforma, la prórroga significaría una nueva victoria de la negligencia. Y una derrota, carajo, para los que acatamos la norma e invertimos cinco minutos en cumplirla.

Y luego se quejan de la cultura de la ilegalidad. Y de la impunidad.

La economía cubana según Raúl Castro

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Hace rato que Raúl Castro es el máximo crítico involuntario de la economía cubana. Véanse si no estos pasajes de su discurso a los participantes del 9 Congreso de las Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, el 4 de abril pasado (subrayados míos):

1. “Sin una economía sólida y dinámica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podrá avanzar en la elevación del nivel de vida de la población, ni será posible mantener y mejorar los elevados niveles alcanzados en la educación y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos.”

2. “Sin una agricultura fuerte y eficiente que podemos desarrollar con los recursos de que disponemos, sin soñar con las grandes asignaciones de otros tiempos, no podemos aspirar a sostener y elevar la alimentación de la población, que tanto depende todavía de importar productos que pueden cultivarse en Cuba.”

3. “Sin que las personas sientan la necesidad de trabajar para vivir, amparadas en regulaciones estatales excesivamente paternalistas e irracionales, jamás estimularemos el amor por el trabajo, ni solucionaremos la falta crónica de constructores, obreros agrícolas e industriales, maestros, policías y otros oficios indispensables que poco a poco van desapareciendo.”

4. “Sin la conformación de un firme y sistemático rechazo social a las ilegalidades y diversas manifestaciones de corrupción, seguirán no pocos, enriquecidos a costa del sudor de la mayoría, diseminando actitudes que atacan directamente a la esencia del socialismo.”

5. “Si mantenemos plantillas infladas en casi todos los ámbitos del quehacer nacional y pagamos salarios sin vínculo con los resultados, elevando la masa de dinero en circulación, no podemos esperar que los precios detengan su ascenso constante, deteriorando la capacidad adquisitiva del pueblo.”

6. “Sabemos que sobran cientos de miles de trabajadores en los sectores presupuestado y empresarial, algunos analistas calculan que el exceso de plazas sobrepasa el millón de personas y este es un asunto muy sensible que estamos en el deber de enfrentar con firmeza y sentido político.”

7. “Los primeros interesados en encontrar un trabajo socialmente útil deben ser los propios ciudadanos.

“En resumen, continuar gastando por encima de los ingresos sencillamente equivale a comernos el futuro y poner en riesgo la supervivencia misma de la Revolución.”

En suma: de no haber cambios capitalistas —eficiencia, trabajo productivo, despido de trabajadores sobrantes, equilibrio de las finanzas públicas— los logros de la Cuba socialista no podrán mantenerse.

Más claro, ni el Consenso de Washington.

(El discurso en Prensa Latina, 4/4/10: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=17...).

Scherer y “El Mayo” Zambada

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

¿Se puede entrevistar a un capo del narcotráfico? Sí. ¿Puede ser socialmente útil? Sí, si contribuye a desmitificar a figuras que para muchos se han convertido en ejemplos a seguir. ¿El periodista se convierte en un portavoz del delincuente? Es un riesgo que se corre.

Son muchas las preguntas que inevitablemente levanta la publicación esta semana en la revista Proceso de la entrevista que Julio Scherer García le trató de hacer a Ismael El Mayo Zambada uno de los líderes del cartel de Sinaloa.

Lo bueno: A pesar de que fue una entrevista fallida porque Zambada no aceptó responder a las preguntas de Julio Scherer, sí nos aporta información sobre cómo viven hoy los grandes capos del narcotráfico.

Ahora sabemos que El Mayo Zambada tiene miedo. “Cargo miedo” le dijo a Scherer y luego agregó: “Tengo pánico de que me encierren”. Narra también que en por lo menos cuatro ocasiones ha sentido al ejercito cerca “arriba, sobre mi cabeza”. No hubo quien lo alertara previamente y su fuga no fue espectacular: “Huí por el monte, del que conozco los ramajes, los arroyos, las piedras, todo”. Su vida no es tampoco una sucesión de fiestas, despilfarros y jolgorios: “A mí me agarran si me estoy quieto o me descuido”. Las fiestas y reuniones familiares le están vedadas, imposible imaginarlo en un lugar público o asistiendo a una boda: “Si [El Chapo] se exhibiera o yo lo hiciera, ya nos habrían agarrado”. Su primogénito está extraditado en alguna cárcel de los Estados Unidos y él quiere pensar que se mataría si lo detuvieran pero no está seguro de tener los “arrestos” para hacerlo llegado el momento. Se sabe vulnerable a una traición y es fácil imaginarlo paranoico: “Hasta hoy no ha aparecido por ahí un traidor”.

Son unas cuantas pinceladas, pero ¡qué lejos esta de la imagen heroica y vencedora que cantan los narcocorridos! El hombre vive asustado, a salto de mata, guarecido en el monte. Lo que nos revela también que la persecución del gobierno es real y la temen. Y que la penetración y la corrupción de los aparatos de seguridad no es tal que les permita como antes, vivir cómodamente en sus ranchos y pavonearse descarada e impunemente en palenques y plazas de toros.

Lo malo: Que se le dé espacio a Zambada —un hombre responsable de innumerables y atroces crímenes—para quejarse de las “acciones bárbaras del Ejército” no sólo sale sobrando sino francamente indigna. Y sobre las recomendaciones estéticas que le hace Julio Scherer a El Mayo para que salga bien en la foto, es mejor ni comentarlas.