abril 08, 2010

¿Por qué el éxito de Paulette?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

En el vórtice de uno de los momentos más graves de violencia del más grave periodo de violencia de la historia reciente de México, la muerte de una niña de cuatro años excita, irrita y abre debates como hace mucho no se veía. En las dos últimas semanas, no hay nada en ratings, registro de lectores, consultas en la red y las redes sociales que se compare con la historia de Paulette. ¿A qué se debe este éxito de taquilla?

Carlos Marín da una clave. Dice que es la reivindicación de la nota roja. Y, sí, por lo visto, y en medio de tanto horror, de 18 mil narcoejecuciones, los mexicanos tenían ganas de estremecerse con una buena historia. Como la de Paulette: compleja, riquísima en dramatismo, excelente en personajes (sobresale la madre de la niña), plagada de exageraciones y también de errores de la policía (caracterizada por un investigador tipo nerd-siglo XXI, como es el procurador mexiquense Alberto Bazbaz), y que deja abiertas todas las puertas a la intriga y la imaginación.

Tendremos tiempo para revisar con distancia el fenómeno. Por lo pronto, me quedo con una sensación de extrañeza. De paradoja. El asesinato, muerte accidental o lo que sea de Paulette nos sacó de golpe de nuestra rutina de sangre. Al televidente, radioescucha, lector o asiduo de las redes sociales no parece conmoverle ya la ejecución de jóvenes en Ciudad Juárez, tres decapitados por ahí, ni siquiera la muerte de los estudiantes del Tec de Monterrey. Ese es el paisaje cotidiano. La niña de cuatro años, en cambio, es lo extraordinario.

Extrañeza porque entre los miles de cadáveres hay espacio todavía para ese dolor del bueno que suele traer consigo la nota roja bien producida.

“El Mayo” y Scherer

Alfonso Zárate
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

La foto es el mensaje. Un hombre entero, arrogante, fuerte a sus 70 años, con actitud de “aquí les presento a don Julio”; el periodista emblemático de la ruptura con el poder, se aprecia, más allá de su edad, como un hombre disminuido.

Ismael El Mayo Zambada escogió a Proceso, el semanario político más importante de México, y a su presidente y fundador, Julio Scherer García, para mostrarse, decir unas cuantas verdades y omitir muchas más.

El periodista legendario —“Julio, El Magnífico, lo llamaba con un dejo de ironía don Manuel Buendía— acude a la cita y, faltaba más, atiende escrupulosamente las condiciones impuestas por el capo, hasta que lo tiene ante sí. “Tenía muchas ganas de conocerlo”, le dice El Mayo Zambada.

El Mayo decide cuándo y qué. “Platiquemos primero”, le propone al decano reportero, cuando le pide iniciar la entrevista, el tono es afable, pero es una orden con una traducción muy simple: “Soy yo quien decide los tiempos”.

El jefe poderoso tiene por guarida —aunque solamente para ese encuentro— “una construcción rústica de dos recámaras y dos baños” y le advierte a Scherer que para esa reunión vino de lejos y en cuanto terminen se irá. A la insistencia en grabar la conversación, la respuesta es lacónica: “Otro día. Tiene mi palabra”.

Ismael El Mayo Zambada entiende que al gobierno le toca perseguirlo pero “rechaza las acciones bárbaras del Ejército”; los soldados, dice, “rompen puertas y ventanas, penetran en la intimidad de las casas, siembran y esparcen terror”. En momentos en que crecen las denuncias contra las Fuerzas Armadas, Zambada agrega las suyas. Pero nada dice y, al parecer nada se le pregunta, sobre los excesos, la barbarie que imponen los sicarios siguiendo las órdenes de los jefes del narcotráfico.

¿Una entrevista de relaciones públicas? El Mayo quiere hablar, quizás se siente más acosado que antes y esta entrevista vale más que cien narcomantas. Es evidente el cálculo político, mediático, detrás de esta decisión de Zambada. En la descripción de Julio Scherer, además de “ganadero y agricultor”, Ismael Zambada aparece casi como un poeta bucólico: “El monte es mi casa, mi familia, mi protección, mi tierra, el agua que bebo. La tierra siempre es buena, el cielo no”. No hay malas palabras ni fanfarronadas. El capo no usa los colguijes famosos en la cultura del narco: las cadenas, las pulseras, los relojes de oro adornados por piedras preciosas. Es un hombre que reconoce su vulnerabilidad y sus miedos y que no pretende aparecer como lo que no es: “Tengo pánico de que me encierren”, dice en un momento; también admite que llora a su hijo Vicente, su primogénito y, en otro momento, ante la hipótesis de lo que haría de ser aprehendido, reconoce: “No sé si tuviera los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría”.

Quizás lo más rescatable de esta entrevista es el reconocimiento de que el gobierno llegó tarde y no hay forma de resolver, en días, los problemas generados en años (aunque debió decir que no hay forma de resolver en años, problemas generados en décadas, él mismo tiene más de 40 años en un negocio al que entró así nomás)… Que el problema del narco envuelve a millones (“está en la sociedad, arraigado como la corrupción”), y por eso no se reduce a una ridícula minoría… Y que, ante el encierro, el destierro o el entierro de los jefes, “sus reemplazos ya andan por ahí”. Una guerra perdida, lo confirma.

El Mayo sigue impune, su sobrevivencia en libertad, así sea a salto de mata, confirma la permisividad y la complicidad de la sociedad y la impunidad, la corrupción, y las redes de protección política que ha tejido en más de cuatro décadas.

¿Lo que publica la revista Proceso fue todo lo que dijo? Unas veces los medios reflejan realidades, otras las crean. A nadie sorprendería que en unas semanas o meses apareciera un nuevo libro de Scherer aderezando y completando lo que platicó con el capo aquella mañana de febrero o un nuevo reportaje, esta vez, con El Chapo, compadre de El Mayo y jefe de jefes.

Plebiscitarios

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Sin iniciativa privada no hay prosperidad". Álvaro Uribe

CARTAGENA, COLOMBIA.- Álvaro Uribe aprovechó la presencia de 500 empresarios, académicos, periodistas y funcionarios en la reunión regional latinoamericana del Foro Económico Mundial para lanzar ayer un llamamiento en contra del nuevo "comunismo plebiscitario". El presidente de Colombia no mencionó nombres, pero nadie dudaba en la sesión plenaria del Foro que se refería a Hugo Chávez y sus seguidores en otros países de Latinoamérica.

Uribe hizo un repaso de los logros de Colombia en su gobierno, que concluirá en este 2010 después de un fallido intento por buscar su segunda reelección. En materia de seguridad la tasa de homicidios ha caído de 66 a 32 por cada 100 mil habitantes. El número de secuestros es hoy apenas un 6 por ciento de los que se registraban cuando asumió la Presidencia. Los grupos paramilitares han sido disueltos.

Pero es en el campo económico donde Colombia ha sufrido la mayor transformación. El país ha tenido una de las tasas de crecimiento más importantes de Latinoamérica en los últimos años. Ni siquiera en la crisis económica de 2008-2009, la mayor del mundo desde la Gran Depresión, tuvo Colombia una contracción real.

La lista del Banco Mundial que mide a los países por la facilidad de llevar a cabo actividades empresariales, Doing Business, coloca a Colombia en el primer lugar de Latinoamérica. El país ha subido cinco lugares en la tabla de competitividad del Foro Económico Mundial. Colombia es, junto con Perú, el país de Latinoamérica que más ha avanzado en el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas. Empresas privadas, como SABMiller, han aumentado más su inversión en Colombia que en cualquier otro país de Latinoamérica.

El presidente Uribe señaló ayer, en respuesta a las acusaciones que el presidente venezolano Chávez ha hecho en contra del régimen colombiano por sus acuerdos de seguridad con Estados Unidos, que Colombia no ha ingresado a una carrera armamentista internacional. "Lo único que pedimos a otros países -afirmó- es que no alberguen a terroristas". Cuestionó, sin embargo, la "permisividad" con la que algunos países y empresas tratan a "los nuevos comunismos plebiscitarios".

Los miembros de la iniciativa privada, dijo Uribe, "están equivocados en creer que esos gobiernos les van a respetar sus intereses". Son "comunismos", aunque no se atrevan a decir su nombre. Recordó las palabras de John F. Kennedy: quienes montan en las ancas del tigre tarde o temprano terminarán en sus fauces. Invitó a los inversionistas que no se atreven a cuestionar lo que ocurre en otros países a invertir en Colombia. "El único riesgo que corren es que se queden en Colombia".

Uribe está lanzando su reto a Chávez en un momento de fortaleza. Si bien la Corte Suprema colombiana ha rechazado su intento de reelección, no hay duda de que la obtendría en las urnas. Su popularidad es enorme. Los candidatos a la Presidencia más cercanos a él gozan de una amplia mayoría en las encuestas para las próximas elecciones. Si bien Uribe dejará la Presidencia de Colombia este año, mientras que Chávez permanecerá en la de Venezuela quizá de forma vitalicia, como dictador, su legado será más permanente.

El mensaje que Uribe ha lanzado en contra de los comunismos plebiscitarios es demasiado importante para no discutirlo. Muchos políticos y medios de comunicación han querido cerrar los ojos ante el creciente autoritarismo de regímenes como el de Chávez. Esto es algo que los latinoamericanos ya no podemos darnos el lujo de hacer.


MÚSICA PARA EL CAMBIO


Sorprendente y fascinante ayer la sesión del Foro Económico Mundial en Cartagena "Música para el cambio social". Músicos como el colombiano Carlos Vives, maestro del vallenato, y el salsero estadounidense Marc Anthony discutieron con académicos cómo la música puede ser un catalizador para el cambio social. El moderador fue Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa.

La madre mala

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Supongo que la existencia de la madre abnegada, una auténtica institución en este país, le asegura, a nuestra sociedad, una camada de hijos razonablemente modositos aunque, digamos, un tanto vividorcillos en su condición de críos consentidos, sobre todo esos machitos que no se levantan de la mesa ni para servirse un vaso de agua porque la doña adivina anticipadamente cualesquiera de sus intenciones, deseos y caprichos (siendo, por el contrario, que a las hijas les toca prolongar la incondicional servidumbre de las mujeres y su absoluta sumisión al “hombre de la casa”).

Hasta aquí, los posibles beneficios derivados de una “madre mexicana” tan ejemplar como sufrida, tan glorificada como explotada y tan presuntamente permisiva como subrepticiamente manipuladora. Tenemos, sin embargo, algunos inconvenientes: son, creo yo, esas madres las que perpetúan, precisamente, la desigualdad entre hombres y mujeres (es decir, entre hijos e hijas); son ellas, también, las que resienten más los logros de las féminas fuera de lo doméstico, o sea, las que denuncian ferozmente a quienes triunfan en el mundo laboral; son ellas, por último, las que refuerzan nuestra ancestral cultura machista porque, digo, los hombres abusones y ventajistas no nacen en probeta sino que son educados, pues sí, por una madre omnipresente mientras que el “jefe de la familia” se divierte con los amigotes.

Ustedes perdonarán, pacientes lectores, esta andanada de generalizaciones abusivas y aseveraciones prejuiciosas pero, con el permiso de ustedes, algo hay de todo esto. En fin, la glorificación colectiva de la “madre abnegada”, tan consustancial a la cultura nacional, se encuentra en el extremo opuesto al descarnado vilipendio que merece la otra, la “mala”, la que, en el mejor de los casos, trabaja todo el día fuera de casa o, en las situaciones más espinosas, se permite inclusive los servicios de un amante fijo. A ésa, a la pecadora, hay que lincharla y llevarla a la hoguera de los inquisidores. Sí señor.

Un presidente y una flip

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

CARTAGENA, Colombia.— Álvaro Uribe se quita los zapatos, se los pasa a su jefe de seguridad y pide que se los boleen de inmediato en el centro de Cartagena. Cuando su asistente está por irse, el presidente Uribe mete la mano a la bolsa y saca un fajo de billetes. Da 10 mil pesos colombianos para la tarea y de inmediato sus más cercanos colaboradores le bromean que acaban de timarlo.

César Mauricio Velázquez, su vocero, le espeta: “¡Presidente, usted le paga tres mil pesos a Rafael!”, recordándole la tarifa del bolero de la oficina presidencial en Bogotá.

Le hacen mofa y Uribe esconde los pies descalzos bajo la mesa de centro de una sala apenas iluminada en el centro de convenciones que alberga al Foro Económico Mundial. Voltea hacia su interlocutor y se dice listo para ofrecer su primera entrevista en cámara portátil flip manejada por el mismo que hace las preguntas.

Este reportero cae en la cuenta de que las únicas dos personas que ha entrevistado en entornos pudientes con los pies descalzos han sido colombianas: Shakira Mebarak y Álvaro Uribe Vélez.

Colombia es territorio Uribe. Ganó su reelección sin necesidad de ir a una segunda vuelta y mantiene un nivel de popularidad que envidian sus colegas mandatarios. Hubiera ganado unos comicios para completar su tercer periodo como Presidente, salvo que la Corte Suprema se lo impidió, porque la Constitución lo prohíbe y no hubo resquicio legal que lo amparara.

Uribe pide que no se le escatime apoyo al presidente mexicano, Felipe Calderón, en la lucha contra el crimen organizado, que se le tenga paciencia si su estrategia aún no da resultados. Y sirve la mesa para que vapuleen a José Miguel Insulza, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, quien descuadró el rostro cuando una cerrada ovación de los asistentes premió a las distintas opiniones que acusaban al organismo que encabeza de estar sesgado, secuestrado por los gobiernos de izquierda de América Latina.

La conclusión económica de la reunión es que América Latina ya superó la crisis pero puede venir otra. Nadie está confiado. Son los países pobres criticando los altos niveles de endeudamiento de los países ricos. El mundo al revés y nadie está confiado.

SACIAMORBOS

Está contemplando dar resultados de la investigación la próxima semana… Si lo dejan.