abril 11, 2010

Lo que no habían hecho siglos de persecución

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

Lo hizo, lo hace el abuso sexual de niños y adolescentes por parte de religiosos. Eso lo dijo el papa Benedicto XVI a los cristianos de Irlanda, pero a muchos les parece que su carta pastoral llega tarde y se queda corta. Los medios y el público en general quedan sordos al mensaje de las Iglesias cristianas, en materia económica y social o cuando trata de comportamientos éticos. De manera paradójica el libro sobre Jesús del Papa actual es un best seller internacional, como los libros de Juan Pablo II, pero eso no significa nada. Cuando el mensaje trata de bioética, filiación y lazos sexuales, los medios ponen un filtro totalmente negativo y presentan únicamente las prohibiciones, nunca los aspectos positivos.

¿Por qué? Más que el contenido del mensaje, que apenas si se lee, es el medio, la manera. Roma elabora en secreto los grandes textos que se quedan, muchas veces en una abstracta generalidad, lejos de la realidad concreta, y la arrogancia frecuente en la forma explica la violencia de los medios y la amplificación insistente de todo lo negativo. Especialmente cuando los periodistas y los periódicos, que hacían bien su trabajo, han sido injustamente acusados de calumnia y mentira por la Iglesia; eso les pasó al Boston Globe y al New York Times, y también a nuestro Canal 40.

Cuando el cardenal Tarsicio Bertone, número dos en el Vaticano, denuncia la “campaña de un anticristianismo radical y demencial”, cuando un obispo alemán dice que eso le recuerda la ofensiva nazi contra la Iglesia (acusaron a los sacerdotes de homosexualidad y tráfico de divisas), cuando el predicador franciscano del Papa, amparándose detrás de la carta de un amigo judío anónimo, compara la “campaña” a “la violencia colectiva contra los judíos”, lo único que hacen es justificar la desconfianza y el enojo de los medios.

Por lo mismo el gran público no sabe realmente lo que escribió el Papa, porque no se ha difundido el meollo de la carta pastoral, que si bien llega tarde, no se queda corta. Hay que leer literalmente el texto, cada frase, preguntarse lo que dice exactamente y si dice lo mismo que otras frases del mismo autor. Voy a deletrear algunas y dejaré a la lectora, al lector la tarea de concluir con la sola ayuda de la evidencia inscrita en dichas frases.

Habla “como Pastor de la Iglesia universal” y empieza denunciando la “traición”, “esos actos pecaminosos y criminales”, “la gravedad de estos delitos y la respuesta inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas”. Advierte “que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto”. “En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares”. “Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han oscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución”.

A los sacerdotes culpables de “estos crímenes atroces”, les dice: “debéis responder de ello ante Dios y ante los tribunales”… “la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia”.

Luego les toca a “los que no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos” y dice a los obispos: “No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones(…) graves errores de juicio y hubo fallas de dirección… Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico… seguid cooperando con las autoridades civiles”.

Concluye que “sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo por la Iglesia”, pero advierte que “hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y las futuras generaciones”.

Tolerancia cero, transparencia, colaboración con los poderes civiles, especialmente con los tribunales: son novedades tardías pero decisivas, siempre y cuando estas directivas sean acatadas.

En el evangelio según San Mateo (18,6-8) Jesús dice: “Pero al que escandalizare a uno de estos chiquitos que creen en mí, más le convendría que le amarrasen al cuello una piedra de molino, como esa que el burro hace dar vueltas, y lo arrojasen a lo profundo del mar”. Ídem en Lucas 17, 1-2. Al buen entendedor, pocas palabras.

'Rollos rollizos' por Paco Calderón

La tv en ciencia va al desastre

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

En pos del rating, la televisión que tan magníficos programas de divulgación científica sigue teniendo, es ya un marasmo en donde todos los gatos son pardos y todo es verdad, desde series documentadas como Universo hasta nuevos descubrimientos en las estrellas de la virgen de Guadalupe que, oh milagro, resultan ser el mismo número que los cromosomas humanos. Y por qué parar allí: contemos las aristas de las estrellas y son 666: el número apocalíptico de La Bestia, sello de Satanás, que confirma lo dicho desde el siglo XVI por fray Bernardino de Sahagún: Es muy sospechoso que habiendo tantas casas a Nuestra Señora, los indios vengan desde lejanas tierras a donde estuvo el ídolo de su gentilidad, lo cual parece arte satánica para disimular la idolatría.

En Discovery lo mismo vemos al LHC colisionando protones a casi la velocidad de la luz que a “avistadores” de ovnis. Esas siglas significan “objeto volador no identificado” y yo mismo he visto muchos: de noche paseando al chucho veo al cielo en busca de Orión y encuentro un puntito rojizo que avanza… ¿un avión?, ¿un globo de feria?, ¿un globo con equipo de astrónomos?, ¿un satélite? No lo sé, así que, al no poderlo identificar, es por definición, un ovni. Y ahora resulta que quienes pedimos pruebas sobre la existencia de sirenas, pegasos y marcianos que violan mujeres y hasta a algún hombre, somos “conciencias obtusas que por suerte ya están abandonando su dogmatismo”.

Y así los burros hablando de orejas nos piden menos dogmatismo a quienes sólo exigimos pruebas a quien afirma. Por mi parte, estoy convencido de que en el inmenso universo es muy posible que la vida se haya producido en múltiples lugares. Posible sí es. Que haya, no lo sabemos aún. Pero que canales de tv que tuvieron éxito por series maravillosas como El ascenso del hombre, Cosmos, la reciente Universo y muchas otras ahora se hagan eco de, por decir algo, que el número de piedras que forman tal pirámide maya es exactamente el número de protones que hay en un micrómetro cúbico de agua, lo cual demuestra la sabiduría maya o de los extraterrestres que los informaron, hay un salto que nadie con un centímetro de frente debería dar.

El miércoles 7, de madrugada, Discovery pasó un programa sobre volcanes. El narrador nos presentó a un joven científico de Costa Rica que, agárrese, “inventó un aparato llamado espectrómetro de masas, tan maravilloso que hasta la NASA se lo quiere comprar”… ¡gulp! Muchos creíamos que ese instrumento, que permite conocer los elementos químicos de un material, estaba por cumplir el siglo.

La semana santa se prestó a todo, desde investigaciones sobre el Jesús histórico y el gran número de dioses resucitados e hijos de madres vírgenes que dieron, antes de Cristo, las culturas mediterráneas, hasta esa tontería de que la virgen de Guadalupe nos informó, no sabemos para qué, cuántos cromosomas tenemos. Las estrellas, analizadas a la luz infrarroja, fueron pintadas empleando “probablemente tierra natural ocre con hidrato de alúmina. Estos detalles de la pintura fueron añadidos por mano humana mucho tiempo después de que se formó el original. Los rayos solares, las estrellas y la fimbria del manto continuarán deteriorándose con el tiempo”. (Callahan y Smith, The Virgin of Guadalupe. An Infrared Study, traducido tendenciosamente como La tilma de Juan Diego, ¿técnica o milagro? Traducción y notas del presbítero Faustino Cervantes. Editorial Alhambra Mexicana, 1981).

El mismo padre Cervantes, promotor entusiasta de la canonización de Juan Diego, señala en una nota que, quienes examinaron la imagen en 1666 declararon que se conserva intacta, menos “en lo sobrepuesto, que algún devoto afecto quiso, por adornar con arte, añadir oro a los rayos del sol y a la luna plata” (subrayados del padre Cervantes).

Esto es, las estrellas ni siquiera son parte del milagro oficial, sino obra de algún pío sacristán posterior a las “apariciones” de las que nadie habló, ni en pro ni en contra, en todo el siglo XVI, hasta el texto de Miguel Sánchez hacia 1648, que, como dijo fray Servando Teresa de Mier otro siglo y pico después, es posible que haya sido el manuscrito de un auto sacramental en honor a fray Juan de Zumárraga… y Sánchez se lo creyó.

Aquí tienen otro descubrimiento, éste mío: la Guadalupana también nos informa del número pi. ¿Cómo? Complete la media luna —ahora negra porque, sabemos desde 1666, fue pintada por un devoto que usó nitrato de plata, base de la fotografía porque se ennegrece con la luz— y forme un círculo completo; baje un diámetro desde la unión de las manos (recortadas, como probó la fotografía infrarroja, para hacerlas más “indias”), luego sume los centímetros cuadrados del manto, divídalos entre las plumas del ángel grosero que le mira los calzones y ¡voilà!, ¡milagro de milagros!: tenemos 3.14159265… con una precisión que no se alcanzó hasta las computadoras del siglo XX.

No mamen, pendejos.