abril 12, 2010

Los acarreados de lujo del PAN

René Avilés Fabila
La Crónica de Hoy

Los acarreos del PRI fueron una de las mejores armas para pisotear la dignidad de la sociedad. Alguna vez Luis Echeverría tuvo la humorada de ir al Popocatépetl y mandó multitud de niños a hacerle valla, a aplaudir, con resultados lamentables, pues más de uno se resfrió. El PAN parecía no utilizar tales métodos humillantes, pero he aquí que para retener la Presidencia de la República ha asumido la identidad priista, como lo ha hecho el PRD de forma natural y en especial desde que aparecieron AMLO y Ebrard. Pero había formas. López Mateos, por ejemplo, solía acarrear personas a sus actos oficiales, pero la gente, en vista de su simpatía y cordialidad, se dejaba arrastrar y hasta iba de buen modo como cuando nos visitaron Charles De Gaulle y Kennedy. Los mandatarios extranjeros se iban satisfechos de tanta gente gritando porras y envidiando la popularidad del presidente en turno. El acarreo llegó a tal nivel, que Echeverría, cuando fue a Buenos Aires, se llevó a unos cien intelectuales en lo que llamaron el “avión de redilas”.

Ahora que llegaron el primer ministro de Noruega Jens Stoltenberg y su esposa, Felipe Calderón les dio una “cálida” recepción en Los Pinos. Para la sección de aplausos le pidió a los mejores diputados panistas que le allegaran gente de cierta presencia (no los ambulantes y los taxistas piratas que manipulan los perredistas). Incapaces en sus curules, tampoco supieron cuáles eran las técnicas del acarreo y solicitaron apoyo a ciudadanos preocupados por la imagen del país. La siguiente carta (seleccionada entre varias que me marcaron copia), es una de las muchas reacciones del acarreo que llevaron a cabo los panistas.

“Estimado Lic. Rafael Calderón: No puedo y no voy a agradecer la invitación que nos hizo para asistir el día de hoy a la recepción del Primer Ministro de Noruega en Los Pinos. No valió la pena la desmañanada y el ayuno. Todos sus invitados vivimos un atropello demasiado grave para dejarlo pasar así como así. Le recuerdo que no somos acarreados, no nos pagan por vivir lo que hoy vivimos. Es más, no hay manera de que alguien pueda pagar una agresión social de este tamaño.

“Creo que no merecíamos que nos transportaran en un camión tan incómodo por viejo y destartalado y por ser de transporte escolar con asientos demasiado pequeños para todos los 25 adultos que ingenuamente aceptamos esta ridícula invitación. Le suplico que no desperdicie así otra vez nuestro tiempo y energía. Como ciudadanos hay cosas más importantes que hacer que ir a enfrentar retenes impenetrables —el Estado Mayor hace su trabajo— por causa de la logística de la invitación que fue un verdadero fracaso.

“¿De quién es la culpa? Nuestra. Por aceptar sin preguntar cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué, con quién, a qué horas, cuántas horas, hay baño limpio, hay agua para beber, hay alimento para las seis horas del evento, ¿quién organiza, quién prevé y soluciona imprevistos, quién es responsable, quién? Nos trataron peor que a ganado, ya que pasamos dos horas bajo el rayo del sol y no nos permitían bajar del destartalado camión escolar. Llegamos con las piernas entumidas, acalorados, con hambre y sed y no teníamos a nadie a quién recurrir. Supuestamente Mariano Ahuatzin era el responsable, pero él también fue agredido como todos. Ni un vaso de agua, ni un bolillo se les ofreció a los vecinos. ¡Qué bueno que me largué a tiempo y no estuve parada otra hora más como ellos, bajo el rayo del sol y sin agua para beber!

“No podrá usted volver a contar con mi participación en ninguna otra actividad. Soy una persona de la tercera edad, con un impedimento físico que me impide agilidad, soltura, rapidez para enfrentar evento tan charro y mal planeado. Lo que más detesto es el desperdicio inútil de mi tiempo y el de los otros vecinos que pudimos hacer algo realmente importante por México, el que necesita soluciones a tantos problemas.

Le suplico que haga las indagaciones pertinentes, pues veinticinco personas fuimos maltratadas sin necesidad, sin humanidad y sin respeto a nuestra dignidad y derechos humanos básicos”.

Una y otra vez probamos que los panistas vienen de la iniciativa privada e ignoran todo sobre la política. Hasta lo que copian, lo copian mal. Recuerdo en una cena donde tuve el infortunio de coincidir con la señora Purificación Carpinteyro elogiando su desempeño, el de Felipe Calderón y el de su partido una semana antes de que la echaran por conflictiva. Me hizo pensar en una directora de Avon, mientras hablaba un subsecretario de Hacienda que presumía sus orígenes como gerente de una empresa particular. Sí, desconocen eso enigmático que se llama Estado y servicio público.

El problema es la decepción que produce un partido (conservador) que parecía distinto. Ahora, aliado del PRD en muchas partes del país, Acción Nacional prueba ser excelente alumno de la inmundicia que priva en el sistema de partidos que impera en México. Vamos peor, por eso millones miran hacia el pasado.

Paulette tira a Peña Nieto

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

A causa de la ineficacia de Alberto Bazbaz en el caso Paulette, la imagen y popularidad de Enrique Peña Nieto experimentan ya un severo golpe que, de no ser contenido, puede resultar letal en las aspiraciones presidenciales del gobernador mexiquense.

¿Por qué y cómo afecta la carrera presidencial de Enrique Peña Nieto el caso Paulette? Está claro que el gobernador mexiquense no es culpable directo de los desaciertos del procurador Alberto Bazbaz, en torno al caso Paulette. Sí, pero también es cierto que Peña Nieto hizo procurador de Justicia a Bazbaz, y que tiene facultades para removerlo. Es decir, Peña Nieto no es culpable de la incapacidad de su procurador de Justicia, pero sí responsable de los resultados —buenos o malos— de su gestión. Ante esa realidad, se prevén cambios de un momento a otro.

Y es que un aspirante presidencial como Peña —que no sólo es el puntero entre todos los precandidatos, sino la única esperanza para el regreso del PRI a Los Pinos—, no puede dejar su imagen, popularidad, credibilidad y confianza ciudadana en manos de un burócrata que no ata ni desata, como Bazbaz, por más que haya sido recomendado por las poderosas corrientes subterráneas emparentadas con las familias Salinas y Ruiz Massieu.

Pero hay más. En efecto, por sí solo el caso Paulette puede ser visto como un escándalo político y mediático de mediana tabla. Es decir, cuyos daños directos y colaterales no son suficientes como para tirar la imagen de un gobernador como Peña Nieto. Pero el problema no es el caso Paulette en lo individual, sino la suma geométrica que se produciría si a ese caso se le agregan otros como la tragedia familiar vivida por el gobernador Peña Nieto. En pocas palabras, el caso Paulette podría ser la piedra lanzada a un precipicio de nieve suelta… en donde la bola de nieve sería mortal.

Sin embargo, y más allá de cálculos políticos, lo que en el fondo debiera preocupar a Peña Nieto, al PRI y a todos los aspirantes a un puesto de elección popular, no es la imagen ni la popularidad, sino la eficacia de sus gestiones, en tanto gobernantes. Hoy nadie sabe si Peña será el candidato del PRI, si ganará en la elección de julio de 2012, pero lo que sí saben muchos ciudadanos —mexiquenses en particular y mexicanos en general—, es que ya no quieren gobiernos incapaces de resolver escándalos como el de Paulette, y tampoco a servidores públicos ineficientes como Alberto Bazbaz.

¿Escuchará Peña Nieto a los ciudadanos, o se comportará con la arrogancia del viejo PRI? Al tiempo.

EN EL CAMINO Tiene razón el senador Beltrones; es incompleta la ley antimonopolios. Permanece intocado el monopolio de los partidos.

El desafío chino

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

Cuando el Presidente chino, Hu Jintao, visite Latinoamérica esta semana, habrá muchos discursos oficiales celebrando el explosivo crecimiento del comercio chino con la región. Sin embargo, hay señales de que este romance comercial se enfriará un poco en los próximos años.

Sin duda, las enormes compras de materias primas latinoamericanas de parte de China han sido un regalo del cielo para la región: el comercio bilateral aumentó desde 10 mil millones de dólares en 2000 a más de 140 mil millones en 2008, y ayudó a la región a sobrevivir a la crisis económica mundial.

Pero cada vez más economistas proyectan que, aunque las relaciones comerciales entre China y Latinoamérica seguirán creciendo, lo harán a un ritmo más lento.

Me llamó especialmente la atención un estudio de la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), que se dio a conocer pocas horas antes de la visita del Presidente Hu a Brasil, Chile y Venezuela, que se inicia el 14 de abril. Según la CEPAL, el comercio entre China y Latinoamérica, que creció a tasas del 30 por ciento anual en la última década, crecerá a la mitad de ese ritmo -alrededor de 15 por ciento- entre ahora y 2020.

Entre los nubarrones que se atisban en el horizonte se cuentan: · Primero, las exportaciones latinoamericanas a China dependen demasiado de un pequeño número de materias primas. Ya se trate de la soja argentina o brasilera, del cobre de Chile y Perú o del petróleo de Venezuela, muchos países latinoamericanos dependen de un solo producto para la mayor parte de sus exportaciones a China, que en varios casos ya se ha convertido en su primer socio comercial.

¿Qué ocurrirá si una sequía, nuevos competidores extranjeros o una disputa comercial frenan la exportación de uno de estos productos de la región?. La reciente decisión china de suspender las importaciones del aceite de soja argentino -por un valor de alrededor de 200 millones de dólares anuales- es un recordatorio de la enorme vulnerabilidad de los países latinoamericanos si no diversifican sus exportaciones.

Osvaldo Rosales, el director de comercio internacional de la CEPAL, me dijo que "nos estamos conectando con el motor de la economía mundial del siglo 21 (China) con exportaciones del siglo 19. Eso es positivo a corto plazo, pero a mediano plazo crea una dependencia de unos pocos productos básicos con poco valor agregado, que generan menos empleos que las exportaciones de manufacturas o de servicios".

· En segundo lugar, el reciente acuerdo de libre comercio entre China y los 10 países de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN), que entró en vigor el 1 de enero, perjudicará a las exportaciones latinoamericanas. A partir de ahora, naciones de la ASEAN como Vietnam, Filipinas, Malasia e Indonesia pueden exportar frutas, vegetales, hierro y casi todos los productos manufacturados a China sin pagar impuestos aduaneros, lo que les hará más difícil a los países latinoamericanos vender sus productos a China, me explicó Rosales.

· En tercer lugar, las monedas fuertes latinoamericanas dificultarán aun más que los países de la región puedan competir en Asia. Varios países de la región, especialmente Brasil, han visto sus monedas fortalecerse en más de un 20 por ciento en los últimos 12 meses, lo que hace que sus productos sean más caros en el exterior.

¿Qué hacer? Rosales recomienda que Latinoamérica se una para negociar un amplio acuerdo económico con China para generar inversiones chinas y poder venderle más productos manufacturados. En este momento, cada país latinoamericano negocia su propio acuerdo bilateral con China, y los países no tienen suficiente poder de negociación para conseguir concesiones importantes, aseguró.

"Necesitamos una agenda regional compartida que plantee un acuerdo de asociación estratégica con China, para que podamos diversificar nuestras exportaciones y enfrentar la creciente competencia de ASEAN", dijo Rosales. "Somos muy chicos, y si no nos unimos vamos a tener negocios muy marginales".

Mi opinión: La idea de un acuerdo económico entre Latinoamérica y China es muy buena, pero la gran pregunta es si Brasil -el gigante sudamericano- estaría de acuerdo. Brasil, que es por lejos el mayor socio comercial de China en la región y el único país que Hu habrá visitado en sus tres viajes oficiales a Latinoamérica, siente que no necesita compañía alguna para negociar con China, según me dicen funcionarios de países vecinos.

Lo que más necesita Latinoamérica es diversificar sus exportaciones, añadiendo valor a sus materias primas e innovando para producir nuevos productos exportables. De otra manera, el reciente aumento de las exportaciones a China será un fenómeno pasajero, como tantos otros anteriores, y la región habrá desperdiciado una de sus más grandes oportunidades comerciales de la historia.

Izquierda: el gato y la liebre

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Vienen tiempos electorales, tiempos de ventas y de merolicos, nos venderán caritas sonrientes y frases sonoras, tan breves como huecas y de fácil síntesis: “Que no le digan, que no le cuenten, aquí tiene a su representante ciudadano de izquierda legítima”. Debemos pues desbrozar el terreno porque nadie nos pedirá su voto reclamándose (magnífico galicismo) de derecha, sino por ser voz del pueblo bueno, acusando a los demás candidatos de representar una derecha que “no pasará”, por ser el triunfo de la derecha “moralmente imposible”, bla, bla. Lo hemos sufrido hasta la náusea, lo volveremos a sufrir, si me permiten paráfrasis del presidente López Portillo, cuyo último año de gobierno y ruina, 1982, nos volverá a ser mostrado como la bifurcación donde perdimos el rumbo.

La democracia “se ha distinguido en todas las épocas por la abundancia de sus descontentos, frente a la docilidad resignada o la fervorosa adhesión que han despertado siempre las autocracias”, observa con brillantez Fernando Savater.

En la izquierda creemos en la democracia con libertad y en el mando de las mayorías con respeto a las minorías, en los derechos humanos, la ciencia y la educación, en el sindicalismo con rendición de cuentas y libertad para elegir opciones. Nos divide todavía la vieja tesis de la dictadura del proletariado y la rectoría económica de los burócratas, dos pilares del socialismo que solito se vino abajo en 1989.

Por supuesto, la gente cambia, y debe cambiar, a menos que sean los hermanos Castro. En la izquierda seguimos creyendo en el sindicalismo (prohibido en China y Cuba), pero no siempre en el que ayudamos a construir. Hemos visto cómo ayatolás y comisarios del pueblo nos han echado de publicaciones y de partidos para preservar su vigor estalinista. Muchos hemos lamentado nuestra defensa de algo que no era socialismo. Pero es comulgar con ruedas de molino creerse que el priista que hasta ayer pedía la candidatura de su partido y no la consiguió, sea luego el candidato de las fuerzas contrarias al PRI. ¿Nos creen estúpidos? Lo vienen haciendo en los estados, de ahí que no será difícil ver en 2012 a Peña Nieto encabezando las fuerzas del PRD y el PAN… porque Beltrones le ganó la candidatura priista, o al revés. A eso vamos.

Una súplica: pónganme de ejemplo a militantes de izquierda, dentro o fuera del PRD; pero, con un carajo, no a priistas de hace 40, 20, 10 años o de apenas antier, ni a señoras que, antes de estas viruelas izquierdosas en la vejez, sólo se alarmaban por la mala calidad de la servidumbre hoy día.

Olga. La nota en MILENIO acerca de Olga, mi nueva novela en Planeta, ha suscitado furias en línea. Muchos lectores, dedicados a su autoplacer favorito, prefieren olvidar lo que dije y argumentar contra lo que no dije. Repito, pues, lo que sí digo: Hacia 1930 y 1940 la escuela pública gratuita era realidad en Latinoamérica; el sindicalismo también, así como legislaciones laborales protectoras del trabajador; hacia 1930 y 1940 las clases medias de al menos Chile, Argentina y Uruguay eran más amplias, sólidas, escolarizadas e ilustradas que la apenas naciente mexicana. “En 1960 el 24% de los mexicanos no sabía leer ni escribir”, IETD.

Luego, no son triunfos de la Revolución, sino del espíritu de los tiempos. Las armas no lograron esos avances, los retrasaron. La calidad de vida era mejor en esos países en pleno 1971, cuando viví por allá. En Cuba, Olga estaría prohibida porque es contrarrevolucionaria sin tapujos, y yo en la cárcel. La senadora Piedra, defensora de derechos humanos, diría que fue mi elección, y tan oronda.

Zapata. Quien se levanta en armas a los 20 días de un gobierno, contra el presidente elegido sin sombra de fraude, es un traidor a la democracia. Tal hizo Zapata contra Madero. No he recibido un solo dato que lo niegue y sí muchos insultos. O indicaciones de que no mencioné el golpe de Victoriano Huerta. No lo hice porque estoy ejemplificando la invención de héroes y Huerta no lo es.

Scherer en su tinta. Al parecer ya nadie recuerda el repugnante servilismo de Julio Scherer al entrevistar al subcomandante Marcos. No es un resbalón esa foto en tierno narcoabrazo con El Mayo Zambada (voy mano con El Chapo), es el estilo Scherer. El gran triunfo del narcotráfico es haber penetrado la sociedad hasta esos extremos. Recuerden el lujoso seminario del cardenal Posadas en Tijuana, y su muerte en circunstancias al menos extrañas en Guadalajara.

La Iglesia y los cambios imposibles

Agustín Basave
abasave@prodigy.net.mx
Académico de la Universidad Iberoamericana
Excélsior

La jerarquía eclesiástica enfrenta una crisis por la justa indignación que ha provocado el destape de varias cloacas de pederastia. Cierto, los sacerdotes distan mucho de tener el monopolio de los abusos sexuales. Pero tienen que hacerse cargo del agravante de su ascendiente religioso sobre las víctimas.

Como la gran mayoría de los mexicanos, nací en una familia católica. Más aun, soy hijo de un filósofo cristiano, un intelectual místico que dedicó parte de su obra al estudio de la teología. De modo que crecí rodeado de libros de filosofía e imágenes religiosas, en un entorno intelectual y espiritual de un catolicismo acendrado. A los veintitantos años, sin embargo, perdí la fe. Creo que me indigesté de racionalismo y me convertí en agnóstico, lo cual me sirvió para ver a la Iglesia católica desde una perspectiva más objetiva y crítica. Ahora voy de regreso, rumbo a una religiosidad que no acierto a clasificar pero que està impregnada del testimonio de vida cristiana que me dejó mi padre.

Se lo cuento para prevenirle de mi (de)formación, a fin de que norme usted su criterio en torno a lo que voy a decirle. La jerarquía eclesiástica enfrenta una crisis por la justa indignación que ha provocado en millones de creyentes el destape de varias cloacas de pederastia. Cierto, los sacerdotes distan mucho de tener el monopolio de los abusos sexuales; el porcentaje de atrocidades perpetradas por ellos es bajo comparado con las que cometen los laicos. Pero los curas pedófilos tienen que hacerse cargo del agravante de su ascendiente religioso sobre las víctimas. Y lo más importante, a diferencia de los adultos que violan menores en el entorno familiar, los religiosos lo hicieron bajo la protección y complicidad de un aparato clerical que los encubrió, los reubicó y permitió que siguieran desgraciando impunemente las vidas de miles de niños.

La Iglesia es la institución más antigua del mundo. No sólo ha sobrevivido a muchas adversidades sino que conserva un gran poder y puede presumir de una feligresía de más de mil millones de personas. Pero en esta coyuntura crítica, su aparente apuesta al olvido en los largos tiempos a los que está acostumbrada me parece riesgosa y lamentable. Riesgosa porque el inmovilismo podría granjearle un mayor descrédito y, sobre todo, una mayor escasez de vocaciones y una menor grey. Lamentable porque se trataría del desperdicio de una oportunidad para iniciar un aggiornamento que considero indispensable y que podría ayudar a muchos jóvenes que hoy sucumben al desasosiego del materialismo a acercarse a la paz interior.

¿Qué tendría que hacer la Iglesia en esta crisis? Por lo menos dos cosas, a mi juicio: obviar el celibato sacerdotal, que no es un dogma, y comprometerse desde sus reglas internas a cumplir las leyes terrenales. Examinemos el primer cambio. Tengo la impresión de que la enseñanza en los Seminarios no ha resuelto una suerte de percepción antinatural de la mujer —permitir el sacerdocio femenino, por cierto, sería otro paso en la dirección correcta— y de que eso genera tensiones en algunos muchachos. Me parece difícil que dentro de su ministerio se descalifique el matrimonio sin distorsionar la dimensión sexual del ser humano, cuya salud exige aceptar y ejercer la sexualidad con naturalidad y responsabilidad. Un seminarista sin predisposición a la pederastia y con suficiente fortaleza espiritual puede ser célibe el resto de su vida, pero no cualquiera puede sobrellevar la represión de esa necesidad fisiológica sin recurrir a otras válvulas de escape carnal. El asceta es una rara excepción.

El otro cambio tiene que ver con las normas internas de la Iglesia. Toda organización tiende a proteger a sus miembros, incluso cuando uno de ellos comete actos ilícitos. Por eso significaría un gran avance instaurar, desde un código normativo de las autoridades eclesiásticas, su obligación de denunciar a las autoridades civiles a quienes desde el influjo de la sotana abusan de un menor. Alguien me recordó que no se debe dar al César lo que es de Dios y que Santo Tomás aconsejaba conjugar justicia y misericordia, pero es evidente que César necesita la ayuda de Dios para ser justiciero, porque los encargados de manejar los problemas de pedofilia en las Curias han sido demasiado misericordiosos. Ellos argumentan que en todos lados se dan frutos podridos; lo malo es que en este caso el árbol no los ha arrojado sino que los ha cambiado de rama. Es grave que haya curas que abusen de niños, sin duda, pero es mucho más grave que exista una estructura de poder que los proteja.

Sé que estos cambios son, al menos por ahora, imposibles. Para los principales dirigentes de la Iglesia ni siquiera ameritan una discusión, porque predomina la creencia de que el conservadurismo es clave en su permanencia. Lástima. Lo lamento porque el misoneísmo puede acabar haciéndoles perder más fieles de los que ganarían si se decidieran a emprender una renovación, y porque valoro el catolicismo. En México sobran jacobinos que sólo recuerdan las incuestionables sombras de su historia, pero yo soy de los que también evocan sus luces: Además de Alejandro VI veo a Juan XXIII, y tengo tantos reproches para el clero retardatario de nuestro siglo XIX como agradecimientos para Las Casas o Tata Vasco. Estoy convencido de que, aunque de todo haya, es bueno que tengamos la viña del Señor.