abril 16, 2010

¿Legalizar o no legalizar? Ahí sigue la cuestión

Yuriria Sierra
Nudo Gordiano
Excélsior

Otra vez la legalización de las drogas, específicamente de la mariguana, vuelve a ser tema de discusión... para algunos legisladores. Siendo honestos, este es un tema que no ha salido ni entrado del todo a los foros donde debe ser tratado, para ver claramente lo que representaría que en nuestro país fuera legal, no sólo la portación o el uso de la mariguana de forma personal, sino su producción y comercialización. Algo así como se hace en Holanda.

Claro, los niveles de desarrollo de nuestro país no están ni tantito cerca de los holandeses. Además, claro también, tenemos un gobierno en guerra contra el narco, un sexenio que hasta la fecha suma 22 mil ejecuciones producto de la batalla intestinade los cárteles, y el enfrentamiento de éstos contra otros.

Lo dije en este espacio hace unos meses, pensar en la legalización del “mois” me causa sentimientos encontrados, hoy, todavía más. Porque hablamos de una planta que, dicen algunos, ha demostrado sus virtudes para con el estado de ánimo de las personas que sufren enfermedades terminales. Es una planta de la que quien la siembra se hace responsable. Porque sería muy ingenuo de nuestra parte creer que los grandes cárteles de la droga se enfocan de forma exclusiva a la plantación de hectáreas enteras con mariguana. Sabemos que ellos ya están mucho más allá de eso, ya se encuentran del lado de los estupefacientes, incluso los químicos, y de otros muchos delitos que derivan de su ansia de poder. Extorsiones, secuestros, etcétera. ¿O acaso hemos escuchado de los grandes de los Países Bajos? No, evidentemente, la mariguana allá se utiliza de forma... mmm, ¿“correcta”? No lo sabemos, de hecho, en ese sentido no hay un juicio que podamos emitir, porque de inmediato llegamos al libre albedrío y ahí sí nadie puede meterse, al menos no en el ajeno.

Pero eso allá, porque si hablamos de lo que sucede en nuestro país, me atrevería a pensar que más de una razón para hacer a un lado la discusión del tema se debe al estado actual que el narco ha logrado en muchas esferas del gobierno y de la sociedad.

No es gratuito que la palabra “droga” infiera miedo generalizado. Porque en nuestro país esa palabra se relaciona de inmediato con muerte, criminales perseguidos, con una guerra que no ha tenido victorias. Ahí el sentimiento contrapuesto.

Una discusión al respecto es algo necesario, sólo que entendiendo que, para llegar a un punto, se deben dejar a un lado los miedos y los prejuicios, pero debe estar presente algo que le corresponde exclusivamente al gobierno: certeza sobre el asunto seguridad, de que esté bajo control.

Y ahí el punto flojo, la postura del gobierno al respecto va únicamente a atacar a los grandes cárteles, la discusión sobre la legalización de la mariguana sólo ha tenido un no de su parte y en esas circunstancias es difícil llegar a esa o a cualquier otra certeza.

No basta con que bancadas partidistas, ex presidentes o ex secretarios de Gobernación den el visto bueno para hablar del tema, en principio, sin que se vengan en montón los juicios dirigidos y provocados por una discusión que nunca se ha dado y que merece un tiempo. Legalizar la mariguana no es un tema al que haya que darle la vuelta y es en ámbitos así donde debe demostrarse que se puede tener un diálogo. ¿O tal vez yo soy la ingenua?

Una discusión es algo necesario, pero entendiendo que para llegar a un punto se deben dejar a un lado los miedos y los prejuicios.

Un beso a Fidel en su lecho de muerte

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

¿Cómo se le da un beso a una tiranía? Con el presidente Felipe Calderón y la canciller Patricia Espinosa mirando para otro lado, mientras escuchan “Mi unicornio azul”.

Con una ex canciller, la senadora Rosario Green, vociferando contra la violación de derechos humanos, pero absteniéndose de votar a favor de un exhorto contra la violación de derechos humanos. Con Manlio Fabio Beltrones recordando viejas amistades. Con un digno ex embajador en La Habana, Pedro Joaquín Coldwell, bajando la cabeza. Con la ausencia de un presunto defensor de derechos humanos, Francisco Labastida. Con un PRI unido: 19 votos para no incordiar al dictador, ninguno por hacerlo.

Con el liderazgo del PRD (Carlos Navarrete, Silvano Aureoles) saliéndose de la sesión, para no comprometerse. Con las calumnias de Yeidckol Polevnsky contra Orlando Zapata, Guillermo Fariñas, yo o quien se meta con su dictadura, su dictador. Con presuntas mentes progresistas, como René Arce, atendiendo cualquier otro tema. Con sólo tres votos perredistas por el sí (que quede registro: Graco Ramírez, María Rojo y David Jiménez), contra 19 por el no.

Con el discurso del perfecto idiota latinoamericano de petistas y convergentes. Con la complicidad de un senador panista, César Leal. Con la ausencia de otro presunto preocupado por las libertades, Federico Döring.

Ganó el no por un voto, 43 a 42. El no a un exhorto para lamentar la muerte del activista cubano Orlando Zapata y reconocer, tímidamente, que hay presos de conciencia en Cuba. Ni eso se atrevieron a hacer “nuestros demócratas”. Nuestra generación del fracaso.

Que se muera Fariñas. Al tirano, en su lecho de muerte, un beso de aliento.