abril 20, 2010

¿Cuál PRI es el PRI?

León Krauze
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

La democracia representativa permite conocer, a través del comportamiento de los legisladores individuales o de una bancada en su conjunto, el verdadero rumbo e intenciones de un partido político. Incluso en un país como el nuestro, acostumbrado a la parálisis y la dilación, la labor legislativa ofrece una radiografía de la identidad partidista. En los últimos años, por ejemplo, los votantes mexicanos han tenido la oportunidad de darse cuenta de la idea de soberanía que defiende la izquierda nacional. La discusión de la reforma energética consiguió lo imposible: unir a las fuerzas de izquierda alrededor de un ideal, la supuesta “defensa” de los recursos naturales del país. Corresponderá a los electores decidir si dicha postura, prácticamente única en el mundo con la salvedad de países involucrados en experimentos neocomunistas como Bolivia (el caso del litio boliviano es para ponerse a llorar), resulta una virtud en estos tiempos.

La semana pasada nos dejó un episodio que pinta de cuerpo entero a las otras dos fuerzas políticas de nuestra escena. La discusión sobre el exhorto al presidente Calderón para que se solidarizara con los presos políticos en Cuba, ha dejado claro de qué está hecho el gobierno y el PAN y, de manera crucial, buena parte del PRI. A pesar de que la iniciativa fue promovida por el panista Rubén Camarillo, fue otro blanquiazul quien, con su voto, terminó de matar el exhorto. El senador César Leal, quien además encabeza la Comisión de Relaciones Exteriores para la región, dio la más vergonzosa de las razones para explicar su voto contra el exhorto. Dijo Leal que habló con su amigo el embajador de México en Cuba, el Excmo. Gabriel Jiménez Remus, quien le recomendó no hacer olas y rechazar la llamada de atención diplomática. Y remató con esta lindura: “No creo que la opción sea pelearnos con los cubanos por el problema de los presos políticos; es como si golpeáramos a un hermano cuando hay diferencia en algún tema, en lugar de platicarlo.” Este PAN, confundido, temeroso y timorato para todo menos para una guerra cada vez más cuestionada, es el que ha gobernado México durante diez años. El electorado no debe olvidarlo.

Pero mucho menos deberá pasar por alto la verdad detrás del PRI. Fueron los senadores priistas los que encabezaron el asalto contra el exhorto al Presidente. Con argumentos dignos del México echeverrista, los senadores del PRI se dijeron preocupados por el carácter “injerencista” (sic) de la iniciativa. Otros dijeron que la propuesta le hacía el caldo gordo “a los de Miami”, razonamiento digno del cuartel del Partido Comunista cubano antes que de la cabeza de un grupo de legisladores en Xicoténcatl. Algunos más no dieron razones: la orden venía desde arriba en la estructura priista. Y ese, claro, ese es el problema. La versatilidad ideológica del PRI —la gran carpa posrevolucionaria— es, en realidad, una larga tradición de cinismo. En casa del “ogro filantrópico” caben todos, y a todos se les da coba. El problema es que, en el México de principios del siglo XXI, el partido que aspira a gobernar no se puede dar el lujo de coquetear con el populismo setentero. Graco Ramírez, senador perredista que se dijo a favor del exhorto, explicaba, unas horas después del voto definitivo, que el rechazo priista era muestra del legado “del PRI soviético”, ese que defiende a un partido dictatorial como el cubano porque, en el fondo, se identifica plenamente con su modus operandi.

Y esa es la gran pregunta. ¿Cuál PRI es este PRI? ¿Para qué quiere volver a Los Pinos? ¿Quiere retomar el poder para proteger a los sindicatos, mantener la vieja dinámica corporativista, no agitar las aguas con “los aliados históricos” aunque lo merezcan y volver a aquel statu quo de la dictadura perfecta del siglo XX? El partido entero tendrá que responder cuanto antes. Pero sobre todo tendrá que hacerlo Enrique Peña Nieto. Si el gobernador del Estado de México resulta ser un dinosaurio con piel de modernizador engominado, los votantes deberán actuar en consecuencia. Nada peor, en este y tantos otros casos, que la restauración de un sistema caduco y perverso.
Javier Corral Jurado
Diputado Federal del PAN
El Universal

El procesamiento para la legislación de medios electrónicos ha estado atrapado en una dinámica de rentabilidad político-electoral. Cuando se han sofocado los esfuerzos de legislar el tema se han dado bajo una toma y daca de carácter electoral, acompañado de una buena dosis de temor, en algunos de sus protagonistas. El tema de la legislación de los medios ha estado entre la oferta de la zanahoria, o la amenaza del garrote. Por eso hay quienes plantean que este tipo de reformas deben plantearse en el tiempo inaugural de cualquier legislatura y preferentemente al inicio del sexenio.

El problema es que México no descansa electoralmente y casi todos los años tenemos contienda política. Esa dinámica ha paralizado la actualización de las leyes en materia de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión. Por esa vía la propia clase política ha sufrido un deterioro general, y el chantaje resulta cada vez más costoso para la nación, pues el acrecentamiento de los monopolios ha derivado en tarifas caras, servicios de mala calidad y un permanente ejercicio de expoliación al sistema de partidos de parte de las principales empresas de radiodifusión.

Quienes participan en esos distintos momentos, han ganado en el plazo inmediato favores de cobertura mediática. Ganan, pero poco, porque sobre todo el duopolio de la televisión no tiene lealtades absolutas. No pueden cumplir más allá de un sexenio porque su modus operandi reside en que su reciclamiento de lealtades, depende del Presidente en turno, y en función de la nueva lealtad incrementarán sus privilegios. Pero el país pierde, y mucho, cada que se desvanecen los esfuerzos legislativos en la materia. Pierde el Estado en el mediano y largo plazos.

Desde hace muchos años he tratado de convencer y persuadir a mis colegas legisladores que debemos de salirnos de la dinámica de chantaje e intimidación en la que se ha colocado la relación de la política con los medios. En esa interacción permanente que me ha llevado a tener una interlocución en los más altos niveles de la política, detecto transversal a los partidos la misma preocupación, las mismas quejas por los excesos y abusos que, según la entidad federativa, le duelen lo mismo al PAN, que al PRI, que al PRD. Puedo asegurar que no es falta de conocimiento o ignorancia supina entre los actores políticos, encontrar las soluciones para devolverle al Estado su rectoría en la materia, simplemente es negligencia política que se convierte en indolencia ética.

El chantaje de la zanahoria o el garrote en la relación medios-Estado, ha envenenado la vida social. Al interior de los partidos también se han generado hondas fracturas por la indefinición y la vacilación con que se actúa frente a la necesaria legislación. Se desatan juegos internos para ver cómo aprovechan unos el tema y congraciarse y pactar favores, y cómo dejan a otros la responsabilidad de salir al paso de los linchamientos, los vetos y los boicots televisivos.

Hoy de nueva cuenta, se discute en el Senado de la República un proyecto de legislación integral, moderna, procompetitiva y proconvergente, la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales, que vendría a resolver una de las aspiraciones sociales más debatidas en las últimas décadas, y que sin quitarle nada a nadie, sí le abriría la puerta a nuevas opciones comunicacionales y nuevos jugadores en telecomunicaciones, e incluso mejoraría entre ellos las actuales condiciones de competencia.

Sin razones para oponerse a la entrada de nuevos competidores, revive Televisa en un desplegado firmado por la CIRT, la anticuada estrategia: el fantoche del atentado a la libertad de expresión, sin aportar un solo argumento, dato o artículo del anteproyecto que localice el intento de censura. Piden tiempo y exigen discusión, están dispuestos al debate que siempre han rechazado, lo quieren de cara a la nación, y se duelen de las leyes al vapor. Casualmente todas las características de la Ley Televisa, que hicieron votar de manera unánime a una de las cámaras del Congreso. Nuevamente se asoman las zanahorias y los garrotes. Antes, esta conducta la realizaba el Estado bajo el régimen de partido único, hoy la realizan un par de televisoras sobre el conjunto de las instituciones del Estado.

Me retracto

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

La semana pasada escribí un artículo en el que criticaba a los ciudadanos que no registraron su teléfono celular o que lo hicieron dando información falsa. En particular, cuestionaba la actitud de los ciudadanos escépticos que, como creían que el registro no serviría para nada, rehusaron inscribir su línea. También criticaba a aquellos ciudadanos desconfiados que pensaban que, como el gobierno abusaría de los datos, era mejor no dar la información verdadera. Admití que quizá yo era ingenuo, pero todavía creía en nuestras instituciones gubernamentales. Hoy admito que me equivoqué. Efectivamente pequé de ingenuo.

¿Qué me llevó a cambiar mi postura? La investigación periodística que hizo María de la Luz González publicada ayer en El Universal. Resulta que en el barrio de Tepito “por 12 mil dólares (aproximadamente 153 mil pesos), cualquier interesado puede adquirir un paquete con información que incluye desde el padrón electoral de todo el país, el registro de todos los vehículos (comerciales, de lujo, de transporte público y de colección) hasta la población carcelaria y los registros de todos los policías con fotografía, número de placa y lugar de adscripción”.

Más aún, la base de datos contiene “el registro de licencias de manejo con fotografías expedidas por los gobiernos locales; el de las concesiones otorgadas a los taxis con número de placa e identificación del conductor, así como el registro de la población carcelaria de todo el país y de los reos que han obtenido beneficios como la preliberación o salida anticipada”. También incluye “las órdenes de aprehensión concedidas a la Procuraduría General de la República”.

Es un escándalo. ¿Cómo llegaron al mercado de Tepito esas bases de datos? ¿Quién las filtró? ¿Quién las vende? ¿Quién las ha comprado?

Después de enterarme de esta información, no dudo que la base de datos del Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil también esté disponible dentro de poco en Tepito. Y yo, de bruto, que registré mi celular confiando en las autoridades. Tenían razón aquellos que dudaron de la capacidad del Estado mexicano de mantener en buen resguardo las bases con datos privados.

De acuerdo con el reportaje de González: “La base de datos comercializada en Tepito contiene información actualizada al 2009, según pudo comprobar El Universal. Consta de tres memorias externas, cada una de 160 GB (gigabytes), que se vende lo mismo a grupos del crimen organizado que a agentes policiacos que la utilizan para trabajar, pues sus corporaciones no tienen esa disponibilidad de datos confiables”.

Hágame usted el favor. Resulta que los mismos policías compran estos datos. ¿Para qué? Revela un agente policiaco: “Uno de los archivos, denominado casetas Telmex, contiene los números de todas las casetas públicas de teléfonos del país, lo que les permite rastrear llamadas relacionadas con secuestros o extorsiones, un trámite que de hacerlo ante la compañía que presta el servicio le toma a los agentes por lo menos cinco días”. Pero este mismo policía reconoce “que la base de datos también es adquirida por grupos delictivos que ubican de esta manera a sus blancos o víctimas, tanto para secuestros como para robo de vehículos, extorsiones e, incluso, para ubicar a los policías de determinadas plazas a fin de comprarlos u obligarlos mediante amenazas a brindarles protección”.

Este asunto requiere una investigación pronta y contundente de las autoridades, si es que el gobierno quiere ganarse algún día la confianza de la ciudadanía. Por lo pronto, admito que tenían la razón aquellos que dudaron de las autoridades mexicanas. No tienen la capacidad de mantener en secreto sus bases de datos. ¿Y así quieren ganar la guerra en contra del crimen organizado?

Culpables no, responsables sí

Federico Reyes Heroles
Reforma

"Ante tanta invasión de erotismo no es fácil mantenerse fiel tanto en el celibato como en el respeto a los niños". Lo que usted lee no es una broma de cantina producto de altos niveles etílicos en el cuerpo de una persona. La expresión tampoco es producto de un arrebato o un exabrupto. No, el asunto es muy serio, se trata de la voz del obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, quien así salió a reforzar la tesis oficial de disculpa de la Conferencia del Episcopado Mexicano. La discusión comienza antes.

Según el texto oficial de la CEM leído por el obispo auxiliar de Texcoco, una de las explicaciones de la pederastia es que la "sociedad ha tendido a ser muy liberal en la ética sexual y que ha faltado más educación sexual en las familias y las escuelas sin reducirla a una mera información genital que a veces lleva a un libertinaje sexual". Desenredemos el mañoso texto. De entrada la culpabilidad es de la sociedad. Es de ella de donde surgen los impulsos corruptores. La Iglesia y los pederastas no han podido contenerse ante esta degradación. De esos renglones santos se desprende que dentro de la sociedad es en la corriente liberal donde se asienta el riesgo. Si la sociedad no fuera tan liberal no habría peligro. Pero hay más en la perla de justificación del horror.

Es en la carencia de más educación sexual en las familias y las escuelas donde se enquista el origen mismo de la degradación. Los culpables son en realidad los padres de familia y el sistema educativo. Porque la educación no debe ser "información genital que a veces lleva al libertinaje". Conclusión: como la información genital a veces lleva al libertinaje sería mejor evitarla. Ahora sí ya nos queda claro: las familias y la educación, el exceso de liberalidad corrompieron a la sociedad. Es en esa sociedad corrupta que se genera la pederastia. La Iglesia, pues ni modo, está dentro de la sociedad. El argumento de la CEM es tan torcido y perverso que pretende que las desviaciones personales, individuales, en realidad se explican por una especie de infección que anda en la sociedad.

Pero lo que está a discusión no es qué genera las desviaciones personales, en este caso la pederastia, que por cierto es tan antigua como la humanidad misma. La discusión es otra y se centra en dos preguntas: ¿por qué tantos pederastas se concentraron alrededor de ciertos núcleos católicos? es la primera que encuentra explicación en la segunda ¿por qué la Iglesia Católica calló y ocultó durante décadas y en los más altos niveles a muchos pederastas? El razonamiento se invierte, dado que la Iglesia oculta, se da la concentración. Qué mejor condición para un pederasta que el control de cientos de miles de alumnos y la sórdida complicidad de las autoridades eclesiásticas. Ésa es la historia, eso sí explica que la distribución de pederastas no sea normal, explica por qué se concentraron en ciertas escuelas, en ciertas ciudades y en ciertos circuitos de autoridad eclesiástica.

Pero regresemos con Arizmendi, quien trató de deshacer el entuerto de la CEM y quedó desnudo (es una metáfora y no tanto) frente a la sociedad mexicana. Para el obispo el erotismo es el diablo mismo. Es el erotismo el que hace difícil ser fiel al celibato. Ah, entonces sí son humanos, sí reaccionan ante una minifalda, ante un escote, ante la carne. Entonces sí hay algo de inhumano en el celibato. Muchos lo pensamos, pero es interesante escuchárselo a un obispo. Pues sí, señor Arizmendi, el erotismo es parte de la condición humana, en eso estamos de acuerdo. Por cierto, es de lo mejor de la vida, por eso es tan poderoso y creo que usted lo intuye. Pero la diferencia es que para la mayoría de los seres humanos el erotismo no es un problema, ni debe serlo.

El argumento del obispo va más allá: es el erotismo el que dificulta respetar a los niños. Esto es inaceptable y perverso. El erotismo pertenece al mundo de los adultos pero convive con los niños y los respeta. Sólo los perversos no pueden diferenciar ambos mundos, sólo una mente torcida busca justificaciones para no respetar a los niños. Dele su argumentación a un padre de familia, explíquele que el bikini de la madre justifica la violación del hijo o el sexo oral forzado o la masturbación obligada de alguien.

En su frenética búsqueda de culpables el obispo se enreda "la liberalidad sexual del mundo... ha disminuido las fuerzas morales con las que tratamos de educar a los jóvenes en los seminarios". ¿Quién perdió las fuerzas, los educandos o los educadores? Arizmendi agrega otra explicación: "...cuando están tan invadidos por el internet, donde hay de todo, es muy difícil que alguien se sustraiga a este ambiente tan erotizado". Conclusión: "...toda la sociedad tiene que revisarse".

Estamos en la tierra y la búsqueda de culpables importa poco. Aquí hay responsabilidades y ésas no están en toda la sociedad, ni en el liberalismo, ni el erotismo, ni en el internet. Hay niños violados, violadores y cómplices. Punto.

El trabajo más difícil del mundo

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Imagínate que te entregan a México —así, al país enterito— y que te dicen que lo tienes que componer. ¿Por dónde empiezas? ¿Qué arreglas primero? ¿El tema de la educación? ¿La bronca de la seguridad? ¿La persistente injusticia social? ¿La creciente falta de competitividad? ¿La perniciosa ausencia de un auténtico Estado de derecho?

No entiendo cómo es que a alguien le pasa siquiera por la cabeza la idea de ser presidente de la República pero, ya lo ven ustedes, el cargo sigue siendo tan apetecible y deseable que un personaje como Rayito no termina todavía de digerir su derrota electoral. Vamos, el hombre se imaginaba que iba a poder hacer las cosas a su manera y que bastaba con sus talentos para limpiar a fondo la casa. Pues no. El salvador de la patria, creo yo, no ha nacido todavía. Porque esto, lo de reparar las tuberías de la nación, no es asunto de una persona (así tuviera poderes sobrenaturales). Es, más bien, tarea que debiéramos encargarle a una divinidad todopoderosa, contratada a dedo para acometerla.

Para empezar, ¿quién le puede plantar cara a una señora, por ejemplo, como la Madre de todas las Maestras, y ordenarle, digamos, que los chicos no deben estudiar esas exiguas y fugaces cuatro horitas en los colegios públicos sino unas seis, por lo menos, para aprender ajedrez, guitarra clásica, dibujo artístico, fotografía y computación, aparte de sobrellevar la media hora de gimnasia sueca —o yoga o Kung-fu o natación— que recomiendan los médicos a los escolares mexicanos para que no sean los más gordos de todo el planeta? Nadie. Nadie puede. ¿Quién le quita al líder sindical de Pemex sus colosales poderes terrenales? Nadie. ¿Quién depura a las corrompidas policías municipales, estatales y federales? Nadie. ¿Quién castiga a esos 99 de cada 100 delincuentes que nunca ponen un pie en un juzgado? Nadie. ¿Quién mejora la comprensión oral de millones de estudiantes? Nadie. ¿O ustedes sí conocen a quien pueda hacerlo?