abril 27, 2010

El peso de la leyenda

Rafael Cardona
racarsa@hotmail.com
La Crónica de Hoy

Bill Clinton ha sido un presidente rodeado por varios esplendores. En sus períodos presidenciales los Estados Unidos lograron un éxito económico altamente considerable, y hasta ahora nadie lo ha culpado del fracaso posterior con el cual se inauguró la década crítica.

Si bien el apellido Clinton no logró el establecimiento de una dinastía, como sí lo hicieron los republicanos Bush, la presencia de su socia en la firma (y a pesar de todo su esposa formal) la secretaria de Estado, la señora Hillary, le da a su nombre una vigencia notable.

Por eso Clinton es una especie de asesor histórico en la etapa reciente de la vida americana. Hasta los tropiezos de George W. Bush (su lerdez tras el 11S, por ejemplo) se veían disminuidos por la oportuna intervención de este hombre en cuyo retrato se mezclan Thomas Jefferson y Hugh Hefner; un maduro “playboy” con alta calificación financiera y una infatigable capacidad para andar por el mundo echando rollos casi siempre del gusto de quien lo contrata por 100 ó 150 mil dólares la hora.

Lo mismo sirve para coordinar la ayuda a Haití o consolar niños enfermos en Etiopía; elevar el tono de una campaña política o darle recetas a los mexicanos, siempre apabullados por el rescate del tiempo zedillista cuando vino en oportuno rescate de la maltrecha economía tras los errores decembrinos, cuya paternidad hasta la fecha se atribuyen en mutuas acusaciones, Salinas y su malévolo sucesor a quien por cierto el propio Clinton ha erigido en símbolo de la democracia mexicana.

Su más reciente aportación ha sido hablar a trasmano sobre los proyectos de su país en relación con México: controlar el mercado de las drogas mediante el control del sendero de su consumo, el cual viene siendo, por lógica geográfica, México.

Llama la atención la facilidad con la cual Mr. Bill llega a sencillas recetas para vencer la desconfianza mexicana en el establecimiento de un programa de tutoría americana a ver si así podemos con el problema. Obviamente pasa su educada mano por el lomo del gato y nos reconoce el derecho de sabernos desconfiados y exigir el control de la intervención americana, lo cual se parece mucho a las cosas con cuya habilidad se hizo famosa la Lewinsky en la Oficina Oval.

La prensa ha informado sobre su diagnóstico de la situación del narcotráfico en México en términos no sólo imprácticos sino superficiales:

“…virtualmente es imposible, en cualquier parte del mundo, que acabemos con todos los enemigos; es algo dificilísimo de hacer. Necesitamos un plan integral que vaya más allá de la ayuda a México para que se defienda mejor”.

Lo importante no es la idea ni quien la presenta sino quién la puede aplicar. Obviamente Clinton no hablaba por sí mismo sino como vocero extraoficial del gobierno de Obama, pues en su conferencia confirmó el origen del plan. La secretaria de Estado (su socia) ya se lo propuso a Calderón y ya saben de esta iniciativa (la transformación de la Iniciativa Mérida en un esquema de intervención directa como en Colombia, pero con las peculiaridades necesarias) de los señores del Capitolio.

Obviamente a esa iniciativa hubo una respuesta del gobierno mexicano a través del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, pero fue nada más para meter el dedo en el atole del nacionalismo. La verdadera respuesta la conoceremos cuando pasen las cosas, especialmente después de la cena de Obama y Calderón el próximo mes, donde México será llamado a cuentas.

No importa la engañifa organizada de las fotografías y los abrazos y las condenas a la ley Arizona, cuya vida —por cierto— será efímera, sino lo oculto en la presión. Los medios dirán nada más lo posible y lo autorizado. Los resultados se mantendrán como siempre en secreto y poco a poco veremos el viraje de nuestro barco hacia donde los americanos quieran.

México, ha dicho Clinton, tiene un “feroz sentido de independencia”, por lo que un plan de trabajo conjunto para acabar con la inseguridad debe ser creado por los mexicanos. Dijo que nadie debe pensar que Estados Unidos interviene en asuntos internos del país o que quiere determinar su futuro.

Eso nos dice cuánto ha aprendido Mr. Bill. “¿De cuándo acá México tiene un feroz sentido de independencia” si todos sus funcionarios se educan (o dicen) en universidades gringas?

El “Plan México” —dijo— debe ser diferente al “Plan Colombia”, donde las fuerzas armadas de Estados Unidos intervinieron directamente “y, por cierto, con éxito” (digo nomás para medirle el agua al camote).

Pues aquí intervendrán, como ya lo hace la DEA y medio mundo más, indirectamente, pero se van a meter. De eso no debe quedarnos ni un asomo de duda.

SINALOA

Ahora es Parametría la empresa de mediciones sociales quien le otorga avances a Jesús Vizcarra en Sinaloa por encima del senador con licencia Mario López Valdez, por cierto patrocinador del Travieso Arce (quien llevaba el logo de Malova en los calzoncillos) y ganó la noche del sábado por nocaut frente al también mexicano Cecilio Boga Santos, en la función “Batalla por el Yaqui”, en Ciudad Obregón, Sonora.

La carrera espacial

Germán Dehesa
dehesagerman@gmail.com
Gaceta del Ángel
Reforma

Nada más para comenzar, habría que hacer el señalamiento que, ya en su tiempo, hizo Borges: toda carrera, aunque sea a la miscelánea de la esquina, es espacial. Dicho esto, procedo a cambiar de perspectiva para decir que, puesto que México ya ha resuelto todos y cada uno de sus problemas, resulta muy pertinente y halagüeño que tengamos, como todo país moderno que se respete, un organismo dedicado a la investigación y exploración del espacio exterior. Creo que es un paso muy significativo y que, además de sus bondades intrínsecas, viene a llenar las expectativas que su Charro Negro se ha formado al respecto a lo largo de muchos años. Por fin veo que mis sueños se cumplirán y que pronto el primer cohete mexicano el "Chivas Guan" partirá de Cabo Colomitos rumbo a las estrellas.

De inmediato tenemos que darnos a la tarea de formar a nuestros astronautas. Ésta es una solución, hay otra: sabedores de que un mexicano aprende sobre la marcha y de que echando a perder se aprende, podemos lanzar al espacio exterior la nave "Chivas Guan" con gente de ésa que es muy plomito, del tipo de el Coronel Manlio Fabio, el Alférez Nava, la Grumete Gordillo, el cabo Norberto y la chalana Beatriz. Si esta expedición tiene éxito (es decir, si no regresa nadie), enviaremos poco a poquito a todos los diputados, senadores, gobernadores encabezados por Enrique "El Copetín" Peña Nieto y por Mario "El Precioso" Marín, al Procurador Baz Baz, a esa vieja horrenda que es la Gobernadora de Arizona, a Paquita la del Barrio, al latoso de AMLO, al Azcarraguita y su Corte, a MONTIEL y a los que ustedes se sirvan sugerir.

Por supuesto que no pretendemos competir con los norteamericanos que ya nos llevan mucha ventaja. Lo que yo haría sería poner el primer changarro espacial que se llame "La NACHA" en donde se reparen mofles, se hojalateen carrocerías, se arreglen transmisiones. Habrá una fondita adosada donde el cansado viajero se meta un reparador fogonazo de alguna de esas marranillas que hacen andar a los paralíticos y les devuelven la vista a los topitos. Junto con esto, tendremos variados chescos y platos tan selectos como el Pato a la Saturno, los Aerolitos de Chicharrón y las carnitas de Cuino Marciano, Chongos Venusinos, café o té.

Veo con tristeza que las naciones que ya tienen presencia en la carrera espacial, no han hecho, ni de lejos, la suficiente alharaca por la llegada del sabor y los colores mexicanos. Espérense y ya atestiguarán atónitos la llegada a Neptuno del primer mariachi azteca. Y no nos provoquen, porque nos llevamos también a un nutrido Ballet Folclórico que levante con sus chanclazos el polvo de Mercurio, un planeta que ya para entonces, tendrá Zócalo, PRD y chica Catedralota.

Y ya basta, no quiero abandonarme a mis sueños galácticos. Por lo pronto, lo que sabemos es que México ya se dio de alta en la investigación espacial y que Jalisco ya pidió la sede de lo que será nuestra versión de Cabo Kennedy. No se sabe muy bien qué vamos a hacer ahí; lo más probable es que hagamos lo que más cuadra con nuestra idiosincrasia profunda: vamos a hacernos güeyes.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCLXXXIII (1783)

¿MONTIEL volverá a ser transexenal?

Cualquier correspondencia con esta espacial columna, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

El PRI y su juego de equilibrios

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Independientemente de los acuerdos de última hora que se puedan sacar en el Congreso, resulta evidente que este periodo ordinario de sesiones, que comenzó el primero de febrero pasado, concluirá como habíamos adelantado hace semanas, sin la aprobación de una sola ley, de una sola reforma significativa.

Se podrá argumentar que en el Senado podrían salir reformas a la de Seguridad Nacional (con capítulos que tendrían que ser revisados mucho más profundamente) e incluso algunos dicen que también podría aprobarse la tan demorada y cuestionada Ley Antisecuestros. Pero lo cierto es que, por encima de las insuficiencias de ésas u otras iniciativas, difícilmente pasarán del Senado a la Cámara de Diputados y, por lo tanto, será necesario a un periodo extraordinario o hasta septiembre para abordarlas.

Lo grave en todo caso es lo que queda en la congeladora legislativa: aproximadamente unas 650 iniciativas de ley están esperando ser por lo menos discutidas, dictaminadas o desechadas. La eficiencia del Congreso es, en ése y en muchos otros sentidos, lamentable. En este periodo ordinario se quedarán varadas desde la prometida reforma política hasta la urgente reforma laboral. Se prometió en diciembre que en febrero se comenzaría a discutir la reforma fiscal integral y ni siquiera se ha hablado de ella. Y se podría continuar con una larga lista de incumplimientos, más notables, es verdad, en la Cámara de Diputados, pero ni remotamente exclusivos de ella.

Es verdad que la torpeza con que se operaron las alianzas PAN-PRD por todo lo que giró en torno a las mismas, incluido aquel pacto firmado por la dirigencia del PRI y la del PAN para no avanzar en ese tipo de alianzas a cambio de apoyos legislativos, en diciembre pasado, dificultó aún más todo el proceso. Las alianzas PAN-PRD no van a funcionar salvo casos muy aislados y, a dos meses de las elecciones, lo cierto es que parecen haber ocasionado el efecto contrario al que se buscaba: consolidarán las posiciones del PRI. Pero, en esa misma lógica, las alianzas han servido, como decía Gómez Mont, al PRI, para tener una magnífica coartada con el fin de bloquear toda la agenda legislativa y, en cuanto pueden, tratar de restarle facultades al Ejecutivo federal en beneficio del Legislativo o de los ejecutivos estatales.

La acción del priismo en ese sentido es consecuente con sus respectivos intereses. Se podrá argumentar, y ello es válido sobre todo para la reforma política en discusión, que al PRI, con las posibilidades serias que tiene de regresar a Los Pinos, no le conviene debilitar las facultades del Ejecutivo federal. Se equivocan quienes lo consideran así: el PRI gobierna hoy dos tercios de los estados del país y el porcentaje puede seguir aumentando. Sus mandatarios se han convertido, en el nuevo modelo político, en personajes mucho más poderosos que nunca antes durante los 70 años de la hegemonía de su partido. En el pasado, un gobernador priista estaba sujeto a los dictados de un presidente del PRI con enormes poderes: en los gobiernos recientes del tricolor, salvo y parcialmente en el de Ernesto Zedillo, el número de gobernadores que fueron cambiados desde la Presidencia alcanzó a casi dos tercios del total en cada administración. Y la designación de sus sucesores se decidía en Los Pinos.

Hoy, si vemos lo ocurrido con las candidaturas a gobernadores priistas para el próximo 4 de julio, podemos comprobar que en todos los casos los mandatarios locales en turno han designado a sus sucesores. Y esos mismos mandatarios resultan intocables por el gobierno federal. Y nadie en el PRI quiere perder esos espacios ganados al Ejecutivo federal que, aun cuando hacen menos eficiente el funcionamiento de la maquinaria gubernamental, consolida a los grupos de poder locales y, paradójicamente, le vuelven a otorgar a ese partido una capacidad electoral que había perdido.

Por eso no sale la reforma política, por eso el PRI quiere que se ratifique a los miembros del gabinete en el Senado, que no se reduzca el número de legisladores, que no haya reeleción. Y por eso los priistas, con la mira en 2012, no se ponen de acuerdo entre sus senadores y sus diputados. Quizá después del 4 de julio pudieran cambiar algunas cosas, tal vez se podrán aprobar algunas iniciativas, pero si los resultados se dan como hoy se perciben, estas tendencias, en lugar de debilitarse, se seguirán fortaleciendo.