mayo 25, 2010

El Consejo y el Presidente. Primera parte

Javier Corral Jurado
Diputado Federal del PAN
El Universal

El fin de semana pasado se llevó a cabo la XXI Asamblea Nacional del PAN que eligió, para los siguientes tres años, al Consejo Nacional, el órgano que entre otras facultades aprueba el informe financiero y de gasto, las plataformas legislativa y de gobierno en el ámbito federal, elige a los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, entre ellos al Presidente.

Sin embargo, la función más permanente e importante se constituye en ser el espacio de deliberación y orientación para la estrategia electoral, la actuación de nuestros dirigentes y el desempeño de nuestros gobernantes. “La conciencia reflexiva del partido”, así lo definió Efraín González Luna.

La Asamblea que renovó el Consejo Nacional fue la más numerosa de que se tenga memoria. Y la enorme cantidad de delegados asistentes de todo el país, lamentablemente no fueron correspondidos en la calidad de las exposiciones. El ambiente, que fue revelador del estado de ánimo del partido fue recogido de manera puntual en una crónica de Victor Hugo Michell, de Milenio.

La elección del Consejo Nacional dejó de ser aquel proceso de selección individualizada de candidatos. El crecimiento de la Asamblea —ahora se habló de más de 6 mil acreditados con derecho a voto—, en que cada delegado puede votar 55 nombres, de los cuales surgen como consejeros los 150 más votados, se ha vuelto un proceso indiferenciado a la hora de sufragarcon hay una feroz disputa de grupos por el control del partido, a través de la elección del presidente del CEN.

El proceso está dominado por las listas que circulan los grupos, definidas nominativamente con antelación en cada uno de los 55 espacios. Se trata de grupos de poder, no de formaciones ideológicas o corrientes de opinión. Algunos grupos dan margen para que el delegado, si quiere, incorpore algunos nombres bajo su libre elección. Pero las negociaciones nacionales hacen casi imposible que candidatos fuera de las listas obtengan un lugar en el consejo. Tendría que ser una personalidad arrolladora para vencer la férrea disciplina de los grupos y los cálculos aritméticos que se realizan con eso, precisión matemática.

El Presidente de la República encabeza al grupo mayoritario, y así se ha mantenido estos 4 años, como cabeza de un grupo dominante, no sólo por tener los instrumentos que brinda el poder, como el nombramiento de delegados federales, sino porque a diferencia de su antecesor, Calderón sí conoce la vida partidaria, ha creado estructura propia, y ya fue jefe nacional del partido.

En efecto, las listas que circularon los operadores del presidente Calderón en la Asamblea, dos de ellas ¡impresas en papel seguridad!, consiguieron meter a 145 de sus 150 candidatos. De este hecho inocultable se ha derivado la interpretación de que el Presidente tiene por si mismo una mayoría absoluta en el Consejo Nacional. Lo cual es inexacto, primero porque el Consejo se integra por 370 miembros, de los cuales 150 fueron electos en asambleas estatales donde se lograron esquemas más incluyentes, y segundo, porque hay otros 70, entre ex-oficio y vitalicios, donde por su propia trayectoria hay más tradición libertaria.

Por eso señalo que, el del presidente Calderón es el grupo más fuerte, pero no hace mayoría. Las listas que, a simple vista parecían reproducir en el fondo el escudo del Estado Mayor Presidencial, en efecto, ganaron, pero son también fruto de una negociación que hacen los jefes estatales del partido, el grupo de gobernadores, para entrar en un proceso de votación nacional. Es un error por lo tanto, señalar como incondicionales o acríticos al Presidente a todo aquel que apareció en cualquiera de las tres listas ganadoras. Ahí hay compañeros y compañeras tan o más preocupados por la situación del partido, lo único que ha sucedido es que han hecho a un lado temporalmente su prurito por la intromisión del aparato gubernamental en la decisión de la XXI Asamblea Nacional.

De ser consecuente con ese deber, el Consejo está obligado a mantener al PAN fiel a uno de sus ejes esenciales y ejemplo de su fuerza moral en la tarea rehabilitadora de la política: no ser un órgano sumiso a los deseos del Presidente de la República. La diferencia hasta ahora más substancial del PAN con los otros principales partidos en México es no tener dueños específicos. Quienes se identifican con el Presidente no se pueden convertir en siervos, ni quienes disienten se deben transformar en adversarios. No se trata de hostilizarlo, ni de aplaudirlo. Calderón, que ha asumido directamente la responsabilidad mayor en modelar la anterior como la actual integración del Consejo, debe asumir también la responsabilidad de los aciertos y los errores de esa estrategia concentradora de poder en el partido.

Caso Diego: “Tranquilo, vamos bien…”

Francisco Garfias
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Arsenal
Excélsior

Al Jefe Diego ya lo mandaron precipitadamente al otro mundo dos veces en los últimos 12 días. La primera fue cuando, en forma por demás irresponsable, algunos comunicadores, muy activos y ansiosos de llevarse la “primicia”, le dieron crédito a una versión de Manuel Espino sobre el hallazgo de su cuerpo en un campo militar. El ex jefe del PAN había comentado la versión en las redes sociales, precedida de un “me dicen…”

En la segunda ocasión, peritos de la PGR, interrogados por un diario de circulación nacional, cuestionaron que la multidifundida foto de Fernández de Cevallos con una venda en los ojos, el torso desnudo, recargado en un plástico negro —que la familia dio por buena— constituya una prueba de vida.

Los peritos respaldan su deducción por la rigidez del cuero cabelludo que muestra la gráfica, la ausencia de emoción en el rostro y la falta de tensión muscular en los hombros. El estiramiento del plástico negro que tiene de fondo les hace suponer que el cuerpo se encuentra acostado. Pero también que el papel o periódico esté sobre el cuerpo y no sostenido por Fernández de Cevallos.

Las cosas, sin embargo, parecen perfilarse de forma diferente. “Tranquilo, vamos bien…”, comentó hace poco Antonio Lozano Gracia, amigo y socio de Fernández de Cevallos, al panista Juan José Rodríguez Pratts, cuando éste le preguntó por el controvertido Jefe Diego, desaparecido desde el viernes 14 de mayo.

El comentario de Lozano Gracia coincide con señales de que el político del PAN está vivo y que ya hay negociaciones en curso para liberarlo: El llamado de la familia para negociar, la petición de retirar los espectaculares de apoyo a Diego, el anuncio de que la PGR abandonaría las investigaciones; la suspensión, en la Comisión Permanente, de un debate sobre el caso; en síntesis: la cautela con la que se ha manejado todo el asunto es indicio de que algo pasa con Diego. En la cúpula del PRI en el Senado tienen información en el mismo sentido.

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En el PAN prevalecen la “onda grupera” y el “agandaye”. Lo dice Juan José Rodríguez Pratts, ex senador y ex diputado federal de ese partido. ¿Motivos de la queja? Hay panistas con merecimientos suficientes, como Javier Corral o Humberto Aguilar, que no forman parte del nuevo Consejo Nacional panista. “Me dolió que hayan quedado fuera”, admite el político tabasqueño, quien considera que hay otros, cuyos nombres mantuvo en reserva, que no deberían estar allí.

Buscamos a Humberto Aguilar para preguntarle sobre su exclusión. El senador poblano está que no lo calienta ni el sol. Llevaba 19 años como consejero nacional. Le faltaba uno para ser vitalicio. Aguilar recuerda que, a la lista de los que no llegaron, hay que sumar también a Ricardo García Cervantes.

El senador no se explica por qué lo dejaron fuera. Tampoco que nadie del CEN, al que pertenece, haya votado por él. “Soy más conocido que muchos de los que quedaron”, destaca. Y puntualiza: “Si me sacaron por ser amigo de Santiago Creel, qué pena me dan”.

Por cierto que en la Fundación Rafael Preciado, del CEN del PAN, hicieron encuestas entre militantes y adherentes sobre las controvertidas alianzas electorales con el PRD y otros partidos de la izquierda en cinco estados de la República.

Curiosamente, donde mayor oposición hay a las coaliciones es en las entidades donde no hay alianza. Donde sí existen, hay resistencia de las cúpulas locales, pero no “de la base” que, según el estudio, respalda las alianzas en Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Sinaloa.

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Nos llegó un reporte de Sinaloa que da cuenta de la renuncia a Acción Nacional del delegado de la Secretaría de Economía, Cesáreo Castillo, por estar en desacuerdo con la postulación de Malova para gobernador.

Castillo ha sido un par de veces candidato a presidente municipal de la capital del estado.

Se fueron también tres regidores de Culiacán, quienes se declararon independientes. Otra mala noticia para la coalición opositora local la dio Consulta Mitofsky. En su encuesta de mayo, da una ventaja de ocho puntos al candidato del PRI, Jesús Vizcarra. Los amarrillos no pintan en esa encuesta. Sólo aportan tres puntos.

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En la televisora del Ajusco alucinan a Juan Molinar Horcasitas, secretario de Comunicaciones y Transportes. “Trae un relajo en el sector”, aseveran. Lo acusan de invadir esferas de la Cofetel, descalificar de antemano a unas empresas y favorecer a otra. No admiten que las bases de licitación de la fibra oscura hayan sido para un solo postor.

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