junio 17, 2010

Preguntas al presidente (primera parte)

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El texto del presidente Calderón publicado en los diarios responde a la pregunta que está en el aire sobre la estrategia del gobierno en la “guerra contra el narco”, refraseada ahora como “lucha por la seguridad pública”.

La respuesta puede convencer o no, pero ahí está, en todas sus piezas: de los operativos militares a los programas de escuela segura y recuperación de espacios públicos.

Subrayo dos ausencias: el tema del lavado de dinero y el tema de cómo medir si “la lucha por la seguridad pública”, antes “guerra contra el narco”, está avanzando o retrocediendo.

Argumentos centrales del texto suscitan otras preguntas. Tengo cuatro.

Primero, la afirmación de que fue el aumento del consumo de drogas en México lo que produjo un cambio histórico en el mercado porque el país dejó de exportar y se puso a consumir. Faltan cifras convincentes para sostener esta tesis.

El crecimiento de las adicciones que el texto usa como prueba ha sido minúsculo, aunque las adicciones se hayan duplicado. Sabemos que el grueso del mercado de la droga es el llamado “consumo recreativo”. No el de la minoría de adictos, sino el de millones de usuarios ocasionales. Es como confundir la cifra de consumo de alcohol con la cantidad de alcohol que beben los alcohólicos. La cifra que hace falta comparar es la del consuno total de drogas, no la de las minorías de adictos. Esa cifra no está en el texto: ¿cuál es?

La segunda pregunta se refiere a la afirmación de que el cambio del mercado cambió la naturaleza de las bandas del narcotráfico: empezaron a necesitar dominio sobre los territorios para vender droga en ellos. Alcanzado el dominio territorial, empezaron a dedicarse a otros delitos: extorsionar, secuestrar, etcétera.

Me parece que falta también en esto una medición puntual: ¿cuál es el mapa de los territorios tomados por el crimen organizado? ¿Cuál era en 2006 y cuál es ahora? ¿Hemos avanzado o retrocedido?

La tercera pregunta tiene que ver con la imputación de mayor calado del texto: hemos llegado aquí por la negligencia y los “arreglos” con el narco de autoridades anteriores. ¿Cómo es esa historia de negligencia y quién hizo los “arreglos”? ¿Qué “arreglos” subsisten? ¿Hemos avanzado o retrocedido en esto?

La cuarta pregunta se refiere a la explicación de la increíble espiral de muertes violentas que azota al país. Es la pregunta central que me ha suscitado el texto del Presidente, y la formularé mañana.

Por un puñado de dólares

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Colombia estableció la ventana siniestra: en una dependencia del banco central se compraban todos los dólares que se quisiera.

Hace ya algunos años publicamos en este espacio y lo ampliamos en el libro El otro poder (Aguilar Nuevo Siglo, noviembre de 2001), el monto del dinero que supuestamente llega a México proveniente del narcotráfico. Semanas atrás, cuando un estudio del Departamento de Aduanas de Estados Unidos fue presentado en México, estableciendo una cifra de entre 19 y 29 mil millones de dólares, dijimos también que esa cifra no parecía real.

Desde el año 2000 se cree que lo que genera el narcotráfico en México, el dinero que llega a los cárteles y de allí a la calle, es de aproximadamente unos seis mil millones de dólares, 10% de los 60 mil millones que generaban en Estados Unidos, según nos dijo en ese año el general Barry McCaffrey, entonces zar antidrogas de la administración de Clinton.

La cifra coincidía con la información que ese mismo año 2000 me daba uno de los principales banqueros de México: entre los dólares que llegan a México, y los que ponen en circulación el Banco de México y las instituciones bancarias había una diferencia de unos seis mil millones de dólares anuales, sobraban esos seis mil millones. Ahora el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, dice que esa cantidad se ha ampliado a diez mil millones. Es verdad que no todos esos recursos pertenecen necesariamente al crimen organizado, una parte, por ejemplo, deviene del movimiento de dólares que generan los millones de paisanos que viven del otro lado de la frontera. La mayoría de ellos utilizan, cada vez más, sistemas de transferencia de dinero, pero siguen siendo muchos los que continúan enviando dólares en efectivo a sus familiares. Como son muchas las transacciones que se hacen en efectivo sobre todo en las fronteras, algunas lícitas, otras no, aunque no necesariamente relacionadas con la delincuencia organizada.

Pero sean seis mil o diez mil millones de dólares, es una cantidad enorme de dinero y deben establecerse mecanismos de control para ir ajustando esa ventana. Hay pocas formas de hacerlo. Colombia estableció hace años (creo que continúa existiendo) lo que en su momento se llamó la ventana siniestra: en una dependencia del banco central se compraban todos los dólares que se quisieran. Se prefería captar esos recursos que dejarlos circulando en el mercado, dolarizando la economía y, de alguna forma, tener algún tipo de control sobre esos recursos y quienes los depositaban. Ahora en nuestro caso se ha anunciado un mecanismo aparentemente muy estricto para evitar que se vendan dólares con liberalidad a las instituciones financieras. Una persona moral, sólo si es cliente de un banco, podrá vender siete mil dólares mensuales y eso en zonas turísticas y fronterizas. Una personas física, también si es cliente de un banco, cuatro mil dólares mensuales y si no es cliente 300 dólares diarios y no más de mil 500 mensuales. Y los turistas extranjeros no más de mil 500 dólares mensuales.

Habrá que ver cómo funciona. En principio los mecanismos anunciados parecen establecer medidas muy rigurosas que impedirán muchos de esos movimientos, pero no será tan fácil. Me temo que en la frontera todo el que pueda se limitará a cruzarla y abrir sus cuentas del otro lado, donde por cierto se pueden abrir cuentas bancarias con una enorme facilidad. Me temo también que muchos turistas extranjeros estarán algo más que extrañados al no poder cambiar más de mil 500 dólares. Y habrá que recordar que la enorme mayoría de las transacciones monetarias en México, entre 80 y 75%, son en efectivo en pesos o en dólares.

Por lo pronto habrá problemas y se tendrán que realizar ajustes en los mecanismos porque no es tan sencillo regular de esta forma un mercado tan abierto como el mexicano, aunque es meritorio que se comiencen a tomar medidas serias para reducir el blanqueo de dinero en México. De todas maneras, una vez más, habrá que esperar que del otro lado de la frontera se adopten medidas por lo menos equivalentes, porque sino es así, se reducirá quizás el blanqueo aquí pero los grupos criminales seguirán disponiendo de su poder económico. Aquella vez, hace diez años, McCaffrey me recordaba que 90 centavos de cada dólar del narcotráfico se quedaban en Estados Unidos para ingresar al sistema financiero internacional, y una vez allí se podía disponer de él libremente.

En una década eso no ha cambiado demasiado.