junio 23, 2010

Grabaciones electorales

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

La que ahora presento no es la grabación de una conversación telefónica interferida ilegalmente. La hizo uno de los presentes en la reunión del 8 de junio donde se resumieron, como en una puesta en escena, algunos de los instrumentos de que se vale el gobierno de Hidalgo para hacer triunfar a su candidato Francisco Olvera. Además de la complicidad y encubrimiento con un prófugo de la justicia, se revela coacción para votar y, sobre todo, quedan de manifiesto la misoginia y el temor que Xóchitl Gálvez, la aspirante opositora a gobernar a Hidalgo, suscita en los círculos locales del poder.

Los protagonistas son Alfredo San Román, ex alcalde de Huejutla, cargo al que llegó postulado por el PAN, y que desde diciembre pasado se encuentra prófugo de la justicia, pues se le inculpa por peculado cometido durante su administración; José Ponce, subsecretario de Desarrollo Regional y Concertación del gobierno estatal, y Aurelio Marín Huazo, antiguo porro universitario, funcionario en varias administraciones estatales y ahora coordinador regional de la campaña de Olvera, el candidato priista. La escena ocurrió en una comunidad de la Huasteca donde antaño tuvo presencia San Román, quien trata de convencer a quienes fueron sus partidarios para inclinarse al PRI; al hablar con ellos soltó su miedo machista, su fobia antimujeril: "En esta ocasión quiero decirles que la mejor opción ahorita para la gubernatura, pues, es el licenciado Francisco Olvera. Muchos de ustedes no me van a dejar mentir, muchos de ustedes están casados y yo creo que no les gustaría que nos mandaran las mujeres, con todo respeto. ¿Qué es lo que quiero dar a entender? Que no estamos preparados todavía en el estado para que nos gobierne una mujer".

Marín Huazo agradece en seguida a "Alfredo San Román que sea tan directo, pero trataría de decir algo más. Lo que a Huejutla y a la Huasteca le conviene es que siga siendo el próximo gobernador del PRI (sic)", "lo que le estamos pidiendo a Alfredo San Román es platicando con ustedes, ¿sí?, pues organizarse de tal manera que podamos obtener un buen triunfo en las urnas... De antemano les transmitimos un saludo del licenciado Olvera", él "supo que Alfredo San Román iba a convocar a una reunión, nuevamente le estamos dando las gracias. Y bueno, lo que se trata es que ustedes nos digan de qué manera les ayudamos a que ustedes como líderes puedan hacer un buen trabajo en su comunidad. Yo les agradezco a todos que nos hayan escuchado y a mí me gustaría que al licenciado Ponce le diéramos también oportunidad de que nos escuche, de que lo escuchemos..." Tercia entonces el subsecretario de Desarrollo Regional, presente con su investidura gubernamental, en un acto electoral, quien, además de agradecer nuevamente a San Román su participación, les dice enrevesadamente que "es muy importante que pueda haber la posibilidad en el gobierno del estado, con un candidato como Francisco Olvera, que pueda ser gobernador y que continúe y sostenga el ritmo de trabajo que ha tenido el licenciado Miguel Osorio...

"Quiero decirles -añadió- que hay programas que hoy están instaurados con motivo de la campaña como un programa de estrategia comunitaria" y refiriéndose de nuevo al ex alcalde y ex panista (pues fue expulsado por la acusación de que desvió fondos municipales), "que le pudieran seguir teniendo confianza en él, pero que también le tuvieran confianza a Francisco Olvera".

Esta grabación, obtenida legítimamente, muestra cómo se realiza la campaña del candidato del PRI, PVEM y PANAL, que el domingo pasado tuvo como invitado a Enrique Peña Nieto (interlocutor al día siguiente de un muy jubiloso Fernando Gómez Mont, quien en la respectiva reunión ríe como sólo se puede hacer en un ambiente fraterno), quien hace campaña por sí mismo y de paso favorece, o eso se cree, a los candidatos en las entidades que visita. Olvera, por sí mismo, no se esmera mucho en la búsqueda de los votos, como si tuviera la certidumbre de que el voto duro priista lo llevará al gobierno. Por ello se abstiene de debatir con su contrincante: no asistió al encuentro programado por los empresarios de la Coparmex y prefiere no acudir a otros foros donde podría y debería contrastar sus pareceres y programas con los de Xóchitl Gálvez, que en cambio realiza una intensa actividad a ras de tierra, para contrarrestar la indiferencia de los medios, controlados la mayor parte de ellos por el gobierno estatal.

Para mal de la civilidad de la contienda, la candidata opositora está sometida a una suerte de marcaje personal, ejercido por el dirigente estatal del PRI, el diputado Omar Fayad, que parece haber abdicado de sus buenos modos en la política y, quizá contaminado por los que fueron propios de Olvera en su mocedad, es un adversario hostil. La semana pasada interrumpió con sus huestes una reunión en la Plaza Independencia en que Xóchitl Gálvez, gran aficionada al futbol, festejaba con algunos de sus partidarios la victoria del equipo mexicano contra el francés; y luego la persiguió hasta la Plaza Juárez, donde el asedio se concretó en un golpe en la cabeza de la candidata con un encendedor lanzado desde las agresivas filas de Fayad.

Hay en Hidalgo un ancho sector abstencionista a quien la política no interesa, y hay por lo menos 20 por ciento de votantes que no han resuelto por quién sufragarán. Esos son los márgenes en que el activismo opositor deberá moverse en la semana que resta para hacer campaña. Xóchitl puede triunfar.

Cajón de sastre

La toma de Zacatecas, definitoria del curso de la Revolución armada de la segunda década de este siglo, ocurrió el 23 de junio de 1914, hoy mismo hace 96 años. Ése es el día a que se refiere el título del libro de Eduardo Lizalde, de reciente reaparición y que ha tenido peripecias interesantes e importantes. Se trata, en primer lugar, de la novela de un poeta, titulada Siglo de un día, conforme al epígrafe becqueriano: "que he condensado un siglo en cada día", comenzó siendo una obra de cientos de cuartillas concluida en 1966, publicada por primera vez, ya en dimensiones asequibles editorialmente, por Vuelta en 1992 y reeditada ahora en Jus, antaño editorial destinada a exponer y defender el conservadurismo católico y ahora abierta a todos los vientos, especialmente en su colección Contemporáneos.

Sin cochinadas no hay cochinero

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

En una declaración que lo exhibe como un político pobre, Enrique Peña Nieto se quejó de la perversidad oficial en tiempos electorales. Y dice que en 2011 y 2012, “también habrá guerra sucia”, en alusión a sus aspiraciones presidenciales.

La referencia se produjo luego de que un productivo sistema de espionaje al servicio de la alianza azul-amarilla diera a conocer escuchas ilegales que involucran en presuntos delitos electorales a los gobernadores Fidel Herrera, de Veracruz, y Ulises Ruiz, de Oaxaca. No fue todo. Peña Nieto deslizó que esas grabaciones pudieron salir del Estado mexicano.

Y es probable que el gobernador Peña Nieto tenga razón; que de junio de 2010 a junio de 2012 la exitosa productora de videos y audios “calientes” sea una de las más rentables; que se incremente la “guerra sucia” contra el mexiquense y se fortalezca la perversidad de azules y amarillos que intentan derribarlo a la vuelta de cada esquina. Lo que no sabe Peña Nieto —porque se atoró, párvulos políticos— es que para hacer caldo de gallina lo primero que se requiere es la gallina.

Es decir, que para producir un montaje en audio y video de un cochinero político electoral como los exhibidos en Veracruz y Oaxaca se requiere el ingrediente principal: las cochinadas. Así, cuando Peña dice que también en 2011 y 2012 habrá “guerra sucia” en su contra, parece reconocer que los sabuesos del pacto azul-amarillo ya tienen la gallina para el caldo mexiquense.

Y si no, obliga la pregunta. ¿Por qué la certeza de Peña Nieto de que está lista la guerra sucia en su contra? ¿Acaso es clarividente?

No, la verdad Peña Nieto no ve más allá de su nariz. La respuesta es más elemental. Al parecer el equipo pensante del mexiquense entendió que las escuchas arrojadas contra Fidel Herrera y Ulises Ruiz no son más que advertencias de lo que tiene en su poder la más exitosa productora de videos y audios “calientes” sobre el gobernador mexiquense. ¿Y cuál es ese secreto? Evidencias de financiamiento de campañas, envío de equipos de operadores y muchos, muchos otros testimonios.

En realidad, cuando Peña dice que en 2011 y 2012 seguirá la guerra sucia en su contra lo que intenta es vacunarse. La pregunta —la gran pregunta— es si Peña Nieto ya es imbatible —o intocable—; si caerá por un cisma al estilo de Arturo Montiel. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Carlos Marín, de Milenio, y los periodistas de Fórmula deben estar felices. ¿Por qué? Porque a pesar del intento de enlodarlos con pautas publicitarias de las que, por cierto, viven todos los medios —y sin que sea necesario probar si existieron o no—, lo cierto es que ratificaron que en esas, como en otras empresas periodísticas, manda el periodismo. Y ese no es un asunto menor.

A Lorenzo Meyer, por calumniar

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Lorenzo:

Este lunes cometiste la impudicia de traicionar la honestidad intelectual que yo te reconocía.

En la mesa de comentarios con Carmen Aristegui (donde participas con Denise Dresser y Sergio Aguayo) diste por cierta la patraña de que MILENIO y yo tenemos “acuerdos” o “convenios” como los aludidos en la plática entre Ulises Ruiz y uno de sus achichincles:

“… también ahí, en esas grabaciones, salen nombres de periódicos, de órganos periodísticos, que están aceptando esta autoviolación de la ética periodística…”, sentenciaste, valiéndote una chingada el rigor de verificación que, suponía yo, aplicas cuando la haces de “historiador”.
Sabes (o debieras) que ni tu doctorado en relaciones internacionales o tu trayectoria de profesor y articulista (desde el Excélsior del golpista Regino Díaz Redondo), como tampoco los premios con que te han laureado, te dan licencia para calumniar.

Peor aún, provocaste que Aristegui tropezara con su insidioso remate: “No sólo eso, Lorenzo…”.

Espero tengas la honradez y amabilidad de disculparte ahora, y no la cachaza de aguardar hasta que un juez te obligue a hacerlo.

Sultanes

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Para un líder patrimonialista no hay una distinción clara entre sus recursos y los del Estado. Todos son de él. Todos los controla él.

Por el gran poder político y económico que tienen en sus estados, a los gobernadores mexicanos se les ha caracterizado como "virreyes", "señores feudales" y "caciques". Quisiera agregar una nueva acepción al diccionario de los gobernadores en México: "sultanes".

Max Weber argumentaba que una de las formas tradicionales de dominación política es el patrimonialismo. En un régimen de este tipo, la organización política de la sociedad está dominada por un "patrón", "jefe", "caudillo", o como quiera llamarse, quien ejerce el poder por medio de una estructura jerárquica de funcionarios burocráticos que reparten recursos, favores y privilegios a la sociedad, a fin de mantener la legitimidad del líder.

Para un líder patrimonialista no hay una distinción clara entre sus recursos y los del Estado. Todos son de él. Todos los controla él. Algunos politólogos han caracterizado a ciertos regímenes latinoamericanos como neopatrimonialistas ya que los gobernantes usan los recursos públicos para comprar clientelas políticas y así asegurar la continuidad de su poder. Se establece una relación de patrón-cliente donde los recursos públicos son manejados sin control.

Según Weber, una de las formas más claras de patrimonialismo es el sultanato. En las grabaciones que han salido recientemente a la luz pública el gobernador de Veracruz se escucha precisamente como un sultán patrimonialista que reparte instrucciones a sus subordinados, incluyendo su delfín en la gubernatura. Fidel Herrera reparte los recursos de los contribuyentes como si fueran de él. Dale a Fulanito diez millones de pesos para despensas. Transfiérele dinero al candidato Zutanito. Cómprale cien patrullas a la esposa del ex candidato de oposición que ahora nos apoya.

También el gobernador de Oaxaca se escucha como sultán patrimonialista cuando habla con sus subordinados, incluido su delfín a la gubernatura. Aunque se cuida más de no hablar de la repartición de dineros públicos por teléfono, Ulises Ruiz utiliza al canal de televisión local, que se financia con recursos del contribuyente, como si fuera de su propiedad. Las grabaciones también sugieren que tiene comprados a algunos medios de comunicación locales (quizás algunos nacionales), y que sospechosamente tiene una relación estrecha con el presidente del Instituto estatal Electoral quien supuestamente tendría que ser imparcial.

Los gobernadores (sin importar si son priistas, panistas o perredistas) se han convertido en sultanes que manejan a su antojo los recursos públicos para ejercer el poder. No sólo para que una mayoría de la población en sus estados los adore, sino para asegurar que los candidatos de su partido ganen en las elecciones.

¿Quién tiene la culpa de estos sultanatos? El gobierno federal que estos diez años, a cambio de todo tipo de negociaciones políticas, ha repartido una inmensa cantidad de recursos a los gobernadores sin que a cambio existan controles de cómo gastar el dinero.

Con los recursos que manejan, los "sultanes" tienen comprados a las legislaturas locales, a contralores, medios de comunicación estatales, líderes opositores y al electorado. En suma, a todo lo que podría convertirse en un contrapeso al poder que tienen y que, gracias al dinero que reparten, mantienen.

Sin embargo, los regímenes que basan su legitimidad en relaciones patrón-cliente son inestables. Cada vez necesitan más dinero para funcionar. Los costos para ejercer el poder de esta forma siempre van al alza. La gente es codiciosa y demanda cada vez más y más. Se trata, así, de una maquinaria que necesita una dosis creciente de combustible. Y esto inexorablemente termina en una crisis fiscal que los pone en aprieto.

Yo estoy convencido de que el sultanato de los gobernadores en México va a terminar el día en que el combustible se les termine, es decir, que ya no tengan el dinero que hoy tienen para operar.