junio 28, 2010

Asesinan al candidato del PRI en Tamaulipas

Redacción
Excélsior

Fuentes del estado confirman la noticia del crimen contra el ex legislador Rodolfo Torre Cantú

TAMAULIPAS, 28 de junio.-
El candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, fue asesinado, confirmaron fuentes del estado.

Torre Cantú se dirigía al aeropuerrto de Ciudad Victoria, cuando fue aparentemente emboscado por un grupo armado.

Según las fuentes consultadas, otras tres personas fallecieron en el ataque armado

De acuerdo con los reportes, el aspirante priísta iba sin seguridad y estaba en pleno cierre de campaña.

El prísta fue coordinador de los legisladores tamaulipecos del PRI en la Cámara de Diputados, y fue seleccionado por su partido como abanderado el 19 de enero.

En un momento más información.

Este cuento se acabó

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Pues, ya está: Argentina es un equipo que, jugando a medio gas, logra meter goles. Sus delanteros los sacan de la chistera, así nada más, como magos. Se acabó el triunfalismo, señoras y señores, y volvemos a ser lo que somos: un país que no es una potencia futbolística a pesar de que el futbol le sirve para construir castillos en el aire y montar numeritos de desaforado patrioterismo.

El cacareado quinto partido es una aspiración perfectamente legítima pero, a estas alturas, deseaban también jugarlo los alemanes, los argentinos, los uruguayos y los ghaneses. No somos los únicos que tienen ambiciones en el Mundial y ése es justamente el problema: hay otros participantes que desean obtener exactamente los mismos logros que nosotros y que no están ni cojos ni mancos sino todo lo contrario. Pero, no es una vergüenza, ni mucho menos, figurar entre las mejores 16 selecciones de futbol de todo el mundo. Eso sí, alcanzar, digamos, el séptimo lugar no es tampoco motivo para magnificar desmedidamente las presuntas virtudes de la raza azteca. Primero consigamos los niveles educativos de un país como Corea del Sur y luego, si quieren, lanzamos todas las bravuconadas y presunciones puedan ocurrírseles a los exaltados publicistas ¿vale?

Ahora bien, te queda un mal sabor de boca cuando el equipo pierde como pierde. Porque, digo, una cosa es enfrentarte al rival poderoso con todos tus recursos y toda tu gente y otra muy diferente es aparecerse en un Mundial con un equipo armado por un director técnico con ideas muy extrañas y preferencias incomprensibles. El Tri de Aguirre no estaba para ganarle a la Argentina aunque los futbolistas mexicanos de la nueva generación sí tengan con qué plantarse ante el más pintado. Hay, sin embargo, un elemento todavía más llamativo en la Selección: resulta que no funcionan ni con Hugo ni con Eriksson ni con Aguirre. Dirigidos por La Volpe jugaban muy bien pero al hombre tampoco lo quiere la gente. Qué fastidio. Y pensar que faltan cuatro años para el próximo campeonato… una eternidad.

La inmoralidad del PRI

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

El PRI no decepciona nunca porque no puede. A diferencia del PAN, que llegó al poder en el 2000 arrastrando todavía la reputación de un partido democrático y legalista, el PRI lleva décadas siendo un conglomerado de intereses pragmáticamente unidos por el poder y el dinero. Eso no ha cambiado. Por eso cuando escuchamos a Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, convertido en el jefe de campaña de su partido y distribuyendo recursos públicos entre sus candidatos nadie puede sorprenderse. ¿Alguien imaginaba otra cosa? No creo. ¿Eso le quita gravedad? De ninguna manera. Dice Juan Pardinas (IMCO) que las actuales reglas de distribución del dinero público hacen que los gobernadores dispongan de muchos recursos sin que se hayan construido mecanismos de rendición de cuentas obligatorios y eficaces. Son pues, como borrachitos en cantina. Puede ser, pero el asunto aquí es que son borrachitos. Es decir que cualquier huequito que les deje la ley ellos lo explotan hasta que reviente porque ningún freno ético los hace contenerse. Ahí esta el ejemplo de Montiel, que se gastó millones de pesos del dinero público promoviendo su imagen —literalmente su foto— al grado que se tuvo que cambiar la ley para que nadie más lo pudiera hacer. La oportunidad hace al ladrón –dicen–, pero es mucho más fácil si no se tienen escrúpulos, ni filtros morales ni molestos ideales. Eso es lo que pasa con los priístas.

El PRI no decepciona porque no se espera de ellos moralidad. Desde que perdieron en el 2000 no ha habido ninguna refundación ideológica, ni autocrítica sobre su forma de hacer política, sólo tuvieron que aprender a sobrevivir sin la Presidencia. Hoy es un partido dirigido de manera más consensuada y menos unipersonal y han aprendido que si no se pelean entre ellos ganan. Por eso arropan –así le llaman– lo mismo a los que pactan con el narco que a quienes buscan perpetuarse familiarmente en el poder o a los que cometen delitos. Para evitar confrontaciones y desconfianzas, se solapan lo que sea. Los priístas hoy buscan cimentar con impunidad la unidad para regresar a la Presidencia. Nada más.

El PRI es el mismo, pero en una versión más descarada. Finalmente, el presidente priísta era ideólogo sexenal y disciplinador. Daba línea y ponía limites. Hoy ya no hay quién los modere. ¿Qué partido del mundo hubiera sostenido a Mario Marín después de escucharlo hablar con Kamel Nacif? ¿Qué partido aceptaría que algunos de sus gobernadores le hayan cedido al narco el control de sus estados?

Huérfanos y sin dirección, los operadores, cuadros y militantes priístas se revelaron conservadores. Ni revolucionarios ni defensores del laicismo: en 19 estados se ha modificado la constitución para garantizar la vida desde el momento de la concepción gracias a que el 96% de los diputados locales priístas han votado junto con el PAN.

Los priístas no pueden decepcionar porque no ofrecen ningún proyecto de gobierno ni visión del país. Peña Nieto ganó su estado comprometiéndose a cumplir una serie de modestas peticiones locales totalmente inconexas entre ellas.

No tienen ideas ni principios, pero dicen que son eficaces. Habrá que consultar los datos.

Patriotismo 1.0

Denise Dresser
Reforma

"El patriotismo es el último refugio de un bribón", escribió Samuel Johnson. Pues en México, en estos días, suele ser el primer lugar en el cual muchos actores prominentes buscan resguardo. Buscan refugio. Buscan protección. Llaman a la sociedad a cerrar filas detrás de instituciones o causas del Estado cuyo desempeño ha generado cuestionamientos crecientes, como las guarderías subrogadas del IMSS, el Ejército, o la guerra contra el narcotráfico librada por Felipe Calderón. Para la mayoría de los ministros de la Suprema Corte, para Fernando Gómez Mont y para el propio Presidente, ser patriota hoy entraña "hablar bien de México". Ser patriota ahora significa ser porrista incondicional, en todo momento y en todo lugar. Ser patriota implica envolverse en la bandera nacional, aunque debajo de ella ocurra lo indefendible.

Porque el tipo de patriotismo enarbolado por los defensores de la situación actual es un impulso contraproducente y peligroso. Constituye un llamado a la conformidad en un país que ya no puede darse el lujo de permanecer tal y como está. Constituye un llamado al silencio que ofusca y tapa aquello que debería ser la preocupación de todos los que se ocupan de vivir en México. La injusticia, la impunidad y la incompetencia institucional pueden continuar cuando las personas dejan de hablar. Cuando dejan de disentir. Cuando quienes revelan lo que para tantos es evidente -el incendio en la Guardería ABC fue producto de omisiones que involucran a los altos mandos del IMSS y el Ejército lamentablemente incurre el violaciones recurrentes a los derechos humanos- son catalogados como "tontos útiles". Cuando se vuelven objeto del ostracismo o la condena, como le está ocurriendo ahora al ministro Arturo Zaldívar por haberse atrevido a llamar a las cosas por su nombre y asignar responsabilidades que en una democracia funcional, nadie hubiera osado rehuir.

En México, los que disienten se vuelven objeto de burla, de sorna, de descalificación. El aparato del Estado se encarga de pintarlos como individuos protagónicos. "Progresistas" con una agenda propia que corre en contra del bienestar de la colectividad. Los conformistas emergen entonces como héroes verdaderos que defienden la reputación del IMSS, el honor del Ejército, la valentía del Presidente, la ley, los intereses de la sociedad. Pero en un sentido importante, lo contrario se acerca más a la verdad. Como lo argumenta el célebre académico constitucionalista Cass Sunstein en Why Societies Need Dissent, quienes disienten suelen beneficiar a los demás, mientras los conformistas se benefician a sí mismos y a su grupo. Tal y como la Suprema Corte benefició a la élite política al negar un precedente de responsabilidad ante errores cometidos. Como Fernando Gómez Mont benefició a su jefe al negar que el Ejército -que tanto necesita- hubiera matado a los niños Brayan y Martín en fuego cruzado. Y mientras tanto, quienes disienten corren el riesgo de perder su trabajo, enfrentar el ostracismo, ser vistos como traidores a su clase o al consenso que ha permitido a los altos funcionarios del Estado mexicano operar en la más absoluta impunidad.

Si a quienes disienten -como el ministro Arturo Zaldívar o Raúl Plascencia, presidente de la CNDH- se les diera la razón, alguien tendría que renunciar, alguien tendría que ser enjuiciado, alguien tendría que asumir los costos. Alguien tendría que pagar las consecuencias por los 49 niños de la Guardería ABC o por los dos pequeños que murieron en la carretera debido al fuego cruzado o por los estudiantes del Tec de Monterrey cuyo caso aún no ha sido cabalmente explicado. Pero la conformidad "patriótica" sustenta una ortodoxia de protección que hace imposible mejorar a México. Impide que información relevante sea tomada en cuenta, como el hecho de que Juan Molinar renovó el contrato de subrogación de la Guardería ABC, pese al reporte que denunciaba serias fallas de seguridad. Impide que la Suprema Corte reconozca errores o que el Ejército los evite.

En México el disenso necesario incomoda; es visto como peligroso, desestabilizador, anti-patriótico. Produce tensión entre los jueces, miedo en la burocracia, ansiedad en la cabeza de Gómez Mont. La conformidad en la Suprema Corte y en la Secretaría de Gobernación suele ser mucho más redituable que la actitud contraria. Conlleva ascensos y aceptación, longevidad y muy buena remuneración. Resulta bastante más lucrativo aceptar la encomienda del Ejecutivo que cuestionarla. Resulta menos políticamente condenable "defender a las instituciones" que reconocer cuando fallan. Pero el patriotismo mal entendido -tan en boga en estos tiempos- lleva a la aceptación de hechos que son moralmente inaceptables. Conduce a la resignación ante eventos donde la injusticia es obvia. Produce, paradójicamente, el descrédito institucional que tantos quieren evitar. Porque como lo escribió Twain, el patriotismo moderno, el único patriotismo verdadero es la lealtad a la nación todo el tiempo, y la lealtad al gobierno sólo cuando se la merece.

Otra historia de censura

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Nuestros "padres" del Instituto Federal Electoral deciden qué sí y qué no podemos ver los "niños" votantes.
Leo Zuckermann

Los mexicanos no tenemos derecho a pensar por nosotros mismos. Nuestros "padres" del Instituto Federal Electoral (IFE) deciden qué sí y qué no podemos ver los "niños" votantes. Recordemos que la reforma electoral de 2007 prohibió, en la Constitución, las campañas negativas. Una prohibición que protege los intereses de los políticos; que silencia sus errores; que restringe la información.

Presento otro ejemplo de otra censura más de un spot de radio y televisión que la Comisión de Quejas y Denuncias (CQD) del IFE resolvió sacar del aire hace unos cuantos días. En el anuncio aparece la imagen de una mujer quien dice: "Parece que en Puebla la justicia no existe, que todo se arregla con una llamada de teléfono". Se oye la voz del gobernador Mario Marín diciendo "quiúbole, Kámel". El acaudalado empresario Kámel Nacif responde "¿qué pasó, mi góber precioso?" Vuelve a escucharse la voz de la mujer: "Esta historia ya es conocida por todos, y lo que es todavía como un secreto -aparece, entonces, la imagen del candidato a gobernador del PRI, Javier López Zavala- es que había otro hombre atrás de todo esto, arreglándolo todo, y esto no es un chisme popular, sino el producto de una investigación respaldada por la opinión de varios magistrados de la Suprema Corte de Justicia. ¿Quieres otro futuro precioso? Piénsalo dos veces."

El spot evidentemente tenía la intención de afectar la campaña de López Zavala y beneficiar a la de su adversario Rafael Moreno Valle. De inmediato, el PRI solicitó al IFE que se retirara el anuncio del aire. Los tres consejeros electorales de la CQD votaron unánimemente a favor de que así ocurriera. El spot fue censurado. Ni siquiera puede observarse en YouTube donde fue suprimido "debido a una infracción en los términos de uso".

El IFE, una vez más, acabó guardándoles las espaldas a los políticos. Es su obligación en la medida en que los partidos prohibieron las campañas negativas en la Constitución. Instituyeron una especie de omertà al estilo de la mafia italiana: de "no hablar de cualquier cosa que se haya sentido o visto, aunque se tenga conocimiento".

Son tres consejeros del IFE quienes aplican el omertà consagrado en el artículo 41 de la Constitución que ordena: "En la propaganda política o electoral que difundan los partidos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas".

En el caso del spot poblano, de acuerdo al consejero Virgilio Andrade, se realizan afirmaciones en contra de una tercera persona (López Zavala) que es ajena a todo el escenario del problema que contiene el anuncio. "Existe la finalidad de denigrar a una persona y de calumniarla". Ergo, debe censurarse.

Sin embargo, la CQD introdujo otro elemento en su decisión y con ello se extralimitó en sus facultades. Para los consejeros no son suficientes los instrumentos de censura que le otorgan las normas jurídicas sino que también les gusta interpretar el espíritu de las leyes.

El consejero Marco Gómez argumentó que él no sabía si los spots en cuestión denostaban o calumniaban pero que eran propaganda electoral que utilizaba grabaciones que habían sido obtenidas de forma ilícita. Como se violaba una comunicación privada, había que retirar los spots. Se trata de un argumento con méritos. Pero los consejeros sólo tienen la facultad constitucional de censurar spots si hay, de acuerdo a su juicio, denuestos o calumnias. Ellos no pueden meterse a un análisis de cómo se consiguieron las grabaciones que, por cierto, filtró la esposa de Kámel Nacif a los medios.

Las grabaciones en cuestión habían sido ampliamente difundidas y eran conocidas por medio mundo. Así lo reconoció Virgilio Andrade pero argumentó que esto no le daba a nadie el derecho a continuarlas reproduciendo. Para él, si bien es dudoso que lo puedan hacer los medios, de ninguna manera pueden ser retransmitidos por los partidos, y mucho menos en un spot. ¿Por qué? Porque "son contrarios al espíritu constitucional en materia de este tipo de materiales, dado que los partidos políticos no pueden retransmitir estas conversaciones privadas que violan la intimidad".

Correcto. Pero los consejeros no tienen la facultad para interpretar esto. Ellos deben utilizar la ley para sustentar sus decisiones y no el "espíritu constitucional". El IFE es un órgano administrativo que aplica la ley. Punto. No es ni debe convertirse en una especie de Suprema Corte con capacidad de interpretar los valores de la ley. De acuerdo a la norma vigente, les corresponde hacer un juicio de si los spots son denigrantes o calumniadores y nada más (lo cual, por cierto, ya es un absurdo para todos aquellos que creemos en la libertad de expresión).

En la discusión sobre este asunto en la CQD, resultó muy interesante una disquisición del consejero Andrade. Reconoció que antes de hablar de lo que la gente puede observar o platicar, se trata de ver lo que los partidos pueden emitir o no, independientemente de quien lo vea: "Es natural que en este tipo de asuntos, los intereses de la sociedad no sean compatibles con los de los partidos políticos, conforme a la reforma electoral, lo cual no es responsabilidad del IFE".

Reveladora declaración. Cuando se trata de escoger entre los intereses de la sociedad o los de los partidos, el IFE opta por lo segundo, incluso teniendo que interpretar el "espíritu de la ley" para ello. Ese es el camino que ha tomado nuestra bisoña democracia que, gracias a los partidos y los árbitros electorales, cada día es menos liberal.

Vindicación villamelona de la absurda proposición de un diputado

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Ha perdido México en el Mundial en el partido donde siempre pierde, el cuarto, y frente al mismo equipo con el que perdió antes, Argentina.

Hemos vuelto, deprimidos y enervados, a lo obvio: el futbol no arreglará nuestras cosas. ¡Ay, pero hubiera sido un extraordinario momento del ánimo para nuestras desarregladas cosas haber ganado a la Argentina ayer!

Hasta aquí las quejas.

Como villamelón, sé que nunca hubo en la opinión pambolera tanto acuerdo en torno a dos o tres equivocaciones del técnico de la selección, Javier Aguirre.

El entrenador tenía en sus manos la administración de un bien público, de transitoria pero inusual resonancia simbólica en el ánimo de la nación.

Nunca hubo tanto acuerdo en tan pocas y tan persistentes equivocaciones del entrenador, este responsable del ánimo público y del sentimiento de los mexicanos durante estas semanas.

Exhibiendo su desconocimiento de las reglas que lo obligan, un legislador yucateco dijo a la prensa que el entrenador debía ir al Congreso a explicar sus decisiones.

El diputado fraseó torpemente una necesidad pública real de estos días: entender las decisiones del entrenador del equipo cuyos azares futbolísticos ocupan la atención del país y afectan el ánimo público.

El entrenador de la selección tomó una y otra vez decisiones que la absoluta mayoría de los aficionados al futbol consideraban equivocadas o incomprensibles.

En particular, la insistencia en alinear a un delantero, Guillermo Franco. Creo que la buena lógica democrática de decisiones impopulares es que quienes las toman las expliquen a la sociedad.

La idea de que el entrenador del equipo explique sus decisiones al Congreso es absurda. Pero es sano que las explique al público.

Creo que Javier Aguirre haría bien en “comparecer” ante los medios y explicar la razón técnica, futbolística, humana, deportiva, de las dos o tres decisiones impopulares que sostuvo con tan pobres resultados.

Es un asunto de esclarecimiento que va más allá del futbol, hasta el espacio de los usos y costumbres democráticas.

Los medios debieran emplazar a Aguirre y él acudir a ellos para explicar por qué tomó decisiones tan impopulares y, dados los resultados, tan erróneas.

El programa Tercer Grado sería un foro adecuado al efecto.