julio 01, 2010

'Panal' por Paco Calderón

El huracán político

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Agitar las aguas.—Comenzó la temporada de huracanes. La amenaza es mayor. Ya se registraron, por cierto, las primeras víctimas fatales. Se esperan otras y también miles de damnificados. La jornada electoral del próximo domingo 4 de julio es de alto riesgo. Se llevará a cabo en un entorno adverso para el despliegue de los derechos cívicos de los ciudadanos. La incipiente democracia mexicana tropieza con piedras de todos los tamaños, algunas chicas como el intercambio de lodo entre los partidos, y otras grandes como los asesinatos de candidatos. Los grupos violentos que operan en el país, que son muchos y están armados hasta los dientes, ya vieron que es relativamente sencillo agitar la aguas, confrontar a la clase política, poner en ridículo a las fuerzas del orden, acaparar la atención de los medios, aterrorizar a los ciudadanos. Ya vieron que es fácil imponer la agenda, casi sin riesgo. La impunidad les brinda cobertura total.

El problema de fondo del asesinato del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas es que el ejemplo cunda, que otras bandas delictivas decidan que conviene a sus intereses generar de esta manera caos en territorios previamente elegidos. El problema es que no sea un hecho aislado, sino parte de una estrategia criminal contra lo que queda de las instituciones. Además de Tamaulipas, habrá elección para gobernador en otros estados con problemas serios de narcotráfico, como Sinaloa y Chihuahua, por citar los más relevantes y en los que todo puede ocurrir. Además está el caso Oaxaca, donde los participantes en la contienda resolvieron agudizar las tensiones, elevar el nivel de confrontación, ahondar agravios, que en cualquier momento podría derivar en vientos huracanados. Veracruz no se salva, están implicados en la contienda personajes que conocen las catacumbas de la política, que saben operar desde las sombras.

¿Qué puede hacer el gobierno federal para parar en seco una eventual ola criminal contra integrantes de la clase política? La respuesta es: acabar con la impunidad. Ni más ni menos. Si logra esclarecer en los próximos días, antes del domingo, el crimen de Torre Cantú, y poner frente a un juez a los verdaderos culpables entonces desalentará otros atentados. Si por el contrario el tiempo corre y la impunidad se erige de nueva cuenta como la gran vencedora, los sicarios prepararán sus armas y elevarán la mira de sus fusiles con la certeza de que se saldrán con la suya.

La progenitora.—Los llamados a la unidad y la conjunción de esfuerzos son políticamente correctos, pero en las condiciones actuales resultan irrelevantes. Un llamado más, un llamado menos, no cambia nada. César Augusto Santiago, vicecoordinador de los diputados del PRI, lo dijo el martes con aspereza: el presidente convoca a la unidad de las fuerzas políticas y de la población en general cuando “ya les mentó la madre a todos”. Se trata de una de las declaraciones más ríspidas que recuerde. El enojo se deriva de que Calderón y Nava primero montaron un colosal operativo de intervención telefónica contra gobernadores priístas para exhibirlos ante los medios de comunicación y granjearse algunas victorias, tacha a los gobernadores del PRI de caciques y ladrones y después, compungido, quiere que todos se agarren de la mano y canten villancicos. La verdad, lo que sabemos en México desde la muerte de Obregón en La Bombilla, es que los políticos lloran lágrimas de cocodrilo.

Por definición, cualquier acción de un político, desde un mensaje en cadena nacional hasta una oración fúnebre, tiene tintes políticos. A todo, desde los goles de la selección que no cayeron, hasta el cese fulminante de un político borrachín que hizo el ridículo en Sudáfrica, se le trata de obtener ganancia política. Algunas veces si son hábiles y corren con suerte, lo consiguen; otras veces, fracasan, pero siempre lo intentan. Está en su naturaleza. No van a cambiar. El atentado en Tamaulipas no podría ser la excepción, pero es importante tener decoro y no mostrar el cobre, pues de otra manera en lugar de ganancias se obtiene un severo gestaste político.

El gobierno tiene 48 horas para instrumentar un programa emergente de seguridad pública para sacar adelante la jornada electoral. No será fácil que los ciudadanos dejen la seguridad del hogar para exponerse en la fila de la casilla.

El desafío de los asesinos

Alfonso Zárate Flores
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

La muerte tiene permiso. La emboscada en la que perdieron la vida, Rodolfo Torre Cantú, candidato de la alianza “Todos Tamaulipas” a la gubernatura y cuatro integrantes de su equipo de campaña, es un acto bárbaro que muestra hasta dónde ha llegado el crimen organizado.

En los últimos años, el escalamiento de la violencia ha impuesto un clima de desasosiego en distintos espacios del territorio nacional. La teoría del avispero que algunos han propagado, según la cual habría sido un error picar el panal, provocando a las abejas, es una percepción falaz y maniquea que pretende ignorar la complejidad del fenómeno y su largo proceso de maduración o, incluso, puede responder a una táctica política interesada en descalificar la estrategia gubernamental aun a costa de favorecer los intereses de los cárteles.

La inacción, en unos casos, y la franca complicidad en otros, de autoridades de los tres niveles de gobierno a lo largo de muchas décadas, ha llevado al país a condiciones límite. Los “encostalados”, las extorsiones, los decapitados y la compra de autoridades no nacieron hace tres años. Todavía no había protestado Felipe Calderón como Presidente, cuando las cabezas de cinco hombres fueron arrojadas en la pista de baile de un centro nocturno en Uruapan, Michoacán.

Lo que hoy se muestra descarnadamente en Tamaulipas y en otros puntos del territorio nacional, reclama una respuesta enérgica y eficaz. Es tiempo de poner a México —su tranquilidad, su paz social— por encima de todo interés individual, de grupo o de partido. No hay espacio para mezquindades; todas las fuerzas políticas, el sector productivo, los académicos, las iglesias y las organizaciones sociales tienen que concurrir en una sola dirección.

El sistema de procuración y administración de justicia tiene una responsabilidad crucial, cada vez que el Ministerio Público flaquea y dolosamente integra mal sus averiguaciones… Cada vez que un juez desestima las evidencias para dejar en libertad a un criminal, están atentando contra los valores más preciados de la democracia y de la convivencia social.

No es rindiendo las plazas o alcanzando acuerdos (explícitos o implícitos) con los narcotraficantes, como esta violencia se detendrá, todo lo contrario. Pactar implicaría aceptar que sigan ensanchando su mercado e incentivando el consumo de las drogas entre niños y jóvenes. Ni la sociedad ni el Estado pueden doblegarse ante la arrogancia de las bandas criminales.

Más allá de las sinrazones detrás de esta celada —la venganza, la disputa entre los cárteles, el mensaje intimidatorio al poder público—, quienes los ordenaron sabían los impactos políticos y sociales que iban a generar y no querían a Rodolfo Torre despachando en el Palacio de Gobierno.

La simulación, por miedo o por complicidad, de las autoridades, conspira contra los intereses más preciados de la sociedad. Hace mucho que en Tamaulipas la autoridad pública simula gobernar, mientras las bandas criminales van imponiendo su ley… Hace mucho que se perdió la tranquilidad en ese estado, familias enteras han abandonado sus casas ante las extorsiones de las bandas…

No podemos aceptar que la delincuencia imponga su lógica, es imperativo recuperar la paz social, restablecer la autoridad pública y el estado de derecho. Pero será un proceso largo y lleno de dificultades que requiere determinación, valentía y que todos los poderes, todos, caminen en la misma dirección.

La corrupción está en el núcleo de todos estos desarreglos. La descomposición que exhiben muchas instituciones —la indolencia y la connivencia de las autoridades y la flaqueza moral de los jueces—, son ingredientes mayúsculos de la impunidad, pero lo que está ocurriendo se explica también por el cinismo y la ausencia de valor civil, que han permitido la convivencia entre los criminales y la “gente de bien”.

Los hechos de este lunes en Tamaulipas —el desafío de los asesinos— constituyen un grave atentado contra la democracia, contra México, contra todos. Si no lo entendemos así, si no actuamos en consecuencia ante esta señal ominosa para gobiernos y sociedad, estaremos pavimentando el camino hacia el infierno. Las instituciones de la República y la fortaleza de la sociedad están a prueba. Es imperativo recuperar el país.

Cuando el destino nos alcance

Purificación Carpinteyro
pcarpinteyro@gmail.com
Reforma

Nos preguntamos qué hacer por México. Desesperamos por nuestra impotencia para alterar el rumbo de una nación que se nos desmorona. Estamos conscientes de que la perspectiva de una vida de miseria y falta de oportunidades propicia que muchos y muy jóvenes busquen una salida migrando a otros países o formando parte de organizaciones criminales.

La desigualdad social extrema, el régimen de ilegalidad que deja impunes a los culpables y castiga a los inocentes, la corrupción enraizada en lo más profundo de la vida nacional, la ignorancia y la pérdida de esperanza apagan nuestra capacidad de ser una sociedad proactiva. Pero ¿hasta cuándo?, ¿hasta que toque nuestro turno de ser víctimas?

No se pueden enfrentar simultáneamente todos los problemas que aquejan al país, pero es posible atacar su origen; y mientras la estructura del Estado se sostenga por el intercambio de favores entre la clase política y la oligarquía económica, todos los esfuerzos, por loables que sean, serán en vano. En la política el fin último es el poder por el poder en sí; y, para alcanzarlo, la clase política depende del apoyo de la oligarquía económica a cambio del cual está dispuesta a conceder todo tipo de privilegios. A su vez, los poderosos grupos económicos se fortalecen con las prebendas que reciben como gratificación por su solidaridad. Ése es el pacto social que ha permitido la concentración del poder económico en unas cuantas manos, y que ha hecho de la política una arrebatinga por ser el que más y mejor defiende los intereses de los grupos económicos privilegiados.

En esta relación simbiótica del dame y doy, los privilegios otorgados a los grupos que controlan la economía del país se han extendido, pero a cambio la clase política ha conseguido reforzar e inclusive legitimar el oligopolio de los partidos. Ellos se han arrogado el derecho de ser los únicos legitimados para designar candidatos a cargos de representación popular, que llegan a ser electos por el clientelismo, la compra del voto y el proselitismo sustentado con recursos y programas que son del Estado.

Así, como sucede en los principales sectores económicos del país, en la política se han erigido barreras de entrada infranqueables, que eliminan cualquier expectativa de competencia.

El exclusivo grupo que nos domina y nos gobierna conforma una élite sólida diseñada para asegurar que cualquiera que pretenda alterarla sea aplastado. Para ello echan mano de la maquinaria represiva del Estado, tan ineficiente para combatir la violencia y la injusticia, y tan eficiente para proteger el statu quo de las cúpulas, y de la incuestionable capacidad de los pocos grupos mediáticos de cerrar espacios a aquellos que no formen parte del "pacto social".

Las columnas que sostienen esta estructura aparentemente inquebrantable son los poderosos grupos mediáticos que se valen de las concesiones que el Estado les ha otorgado para manipular la opinión de una población indolente que se informa de la realidad nacional exclusivamente a través de la radio y la televisión. La concentración del poder mediático en pocas manos facilita su control y refuerza su capacidad de negociar apoyos a cambio de prebendas.

Este contubernio permite seguir al pie de la letra los principios goebbelianos de propaganda. Así, se individualiza al adversario como enemigo único; se le adjudican errores propios; se exagera y desfigura la información; se inventan noticias para distraer la atención cuando es preciso; se acallan cuestiones sobre las que no se tiene argumentos; se adapta la propaganda al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida; se convence a la gente de que piensa como todos creando una falsa impresión de unanimidad; y se miente, cuanto más grande sea la mentira, más gente la creerá.

Pero hemos llegado al límite en el que la mentira no basta. La violencia toca nuestras puertas y se ha convertido en una amenaza real. El temor justificado nos restringe los espacios y el tiempo en que interactuamos, obligándonos al encierro para sentirnos menos inseguros. Somos presos y se nos ha privado de la libertad de hacer, pensar, expresarnos y manifestarnos.

El tiempo de discursos pasó. Es momento de actuar para revertir las condiciones que han conducido al país a esta crisis. Pero es imposible que los responsables, aquellos que se apoderaron del poder político y económico, estén dispuestos a ceder privilegios para evitar un desastre, y aún así tal vez ya sea demasiado tarde. Todo está puesto para que la historia de Pedro y el Lobo se repita y para que el destino nos alcance.

¿Qué sigue..?

Adela Micha
Desde Cabina
@Adela_Micha
Excélsior

A sólo tres días de los comicios en 14 estados de la República, en 12 de ellos para elegir gobernador, ¿en dónde estamos parados? La narcoviolencia ha dejado más de cinco mil muertos sólo en 2010. De ellos, 12 alcaldes y candidatos a regidores, así como a presidentes municipales, de todos los colores políticos.

En momentos en que el presidente Felipe Calderón llama a la unidad, el PRI rechaza lo que llamó "el oportunismo" y el secretario de Gobernación coincidió en que "no es momento de lucrar con la tragedia", el gobernador de Tabasco, Andrés Granier, denunció que son cinco los mandatarios estatales amenazados por el crimen organizado: de Chihuahua, Sinaloa, Veracruz, Tabasco y Tamaulipas.

La emboscada y el asesinato múltiple que terminó con la vida del doctor Rodolfo Torre Cantú, el candidato de Todos Tamaulipas, obligó a dos mensajes presidenciales, una reunión del Gabinete de Seguridad, un cónclave priista y a nombrar al hermano, Egidio, retirado de la vida política, para tomar la estafeta y ser el nuevo candidato de la coalición PRI, PVEM y Panal. ¿El narco mexicano acorrala a la política?

Egidio me dijo: "Estamos frente a un escenario de esperanza, de continuar con el proyecto de Rodolfo, de luchar por ese Tamaulipas que todos queremos en los próximos años, y lo digo con el corazón en la mano". ¿ Cómo le hacen la propuesta? "Me sugieren esta distinción en una circunstancia de dolor terrible, pero considero el mejor homenaje, la mejor forma de contribuir, en lo que me corresponde". ¿Pero usted ha estado apartado de la vida política? "Desde diferentes trincheras hemos abonado por un mejor estado. Rodolfo era más que mi hermano, mi amigo, un hombre bueno, de buenos sentimientos, con ganas de hacer las cosas bien, nunca tuvo una amenaza a su persona. No había ese escenario, fue una sorpresa". ¿ Hay esperanza o miedo ? "Yo espero que la jornada sea ejemplar, que todos los tamaulipecos nos permitan llevar a cabo la elección. Vamos a salir adelante. Usted sabe que Rodolfo encabezaba por mucho las encuestas y creo que eso es lo que se va a reflejar". ¿Pero y la violencia del narcotráfico? "Esa es una pregunta complicada porque no estamos solos. Número uno es la coordinación con el gobierno de la República en la lucha contra la violencia. Creo que debemos seguir trabajando coordinadamente y echarle muchas ganas para superar este problema tan terrible".

Hoy comparo esta visión de un candidato que cree en la esperanza con lo que dicen de la realidad de México en el extranjero, por ejemplo, en el español El País: "El narcotráfico tiene a México contra las cuerdas. El asesinato del candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas y el secuestro hace 48 días de Diego Fernández de Cevallos, uno de los políticos más poderosos del país, ponen de manifiesto de manera dramática el poder del crimen organizado y la debilidad del gobierno de Felipe Calderón, solo en una guerra que ha provocado más de 22 mil muertos".

¿En dónde estamos? The New York Times destaca que Torre hizo de la seguridad el principal tema de campaña; The Miami Herald, que fue un escuadrón de la muerte al servicio de un cártel de las drogas; El Mundo, de España, que fue emboscado y asesinado con seis de sus acompañantes al finalizar su campaña. Y periodistas, columnistas y analistas políticos coinciden en que aún no se toca fondo. Que es un mensaje anticipado hacia 2012. Que la lucha contra la inseguridad está poniendo a prueba la vida democrática de México. Y la pregunta es abierta y de todos. Simple, compleja y profunda, todo un editorial: ¿Qué sigue?

El PRI frente a Calderón

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La verdad no sabe uno qué concluir de las palabras de la dirigente nacional del PRI, Beatriz Paredes, frente al llamado a la unidad en materia de seguridad pública hecha por el presidente Calderón.

Desde luego la dirigente apunta al corazón del litigio que su partido tiene con el Presidente. Lee la convocatoria de éste como una forma más de oportunismo electoral: “el fermento de una estrategia política de lucro con la tragedia que nos agravia”.

Es decir, que Calderón estaría usando el asesinato del candidato priista a la candidatura de Tamaulipas para exigir la adhesión de las fuerzas políticas y presentarse como poseedor del diagnóstico correcto en materia de seguridad, ese diagnóstico en el que el PRI y sus gobernadores son acusados dobles: porque dejaron crecer el problema antes y porque no unen fuerzas para resolverlo ahora.

La dirigente del PRI ve en la convocatoria del Presidente un acto de campaña más frente a unas elecciones en las que el gobierno panista y el Presidente han empeñado todos sus recursos, legítimos e ilegítimos, para debilitar al PRI.

Por ejemplo: grabar y difundir conversaciones de gobernadores priistas o congelar la entrega de fondos federales para obras en los estados.

Todo eso es claro en el discurso de Beatriz Paredes, lo mismo que la lectura de la convocatoria del Presidente como una manera de forzar la adhesión política a una estrategia de seguridad cuya crítica es pieza mayor de la opinión pública y, por tanto, del ambiente adverso al gobierno rumbo al 2012.

El discurso de Beatriz es transparente pero no sabe uno exactamente cuál es el alcance político de lo que dice.

¿Quiere decir que el PRI y sus gobernadores se desentenderán en adelante de la iniciativa federal en materia de seguridad pública? ¿Que rechazan la convocatoria a colaborar en la seguridad pública del país? ¿Qué no se sentarán a la mesa a aportar sus ideas y compromisos en la materia?

¿O quiere decir sólo que aprovechan también el momento para hacer política y devolver agravios mientras pasan las elecciones y pueden volver, después de ellas, con los triunfos en la mano, a imponer condiciones en materia de seguridad y en todas las otras?

Creo que se trata de esto último. Retirarse del problema central de la seguridad a cuenta de agravios electorales, no sólo sería una desmesura, sino un error mayúsculo ante la mirada de una ciudadanía que no espera sino ser defendida por sus políticos y sus autoridades de la impunidad del crimen.