julio 04, 2010

'Señas particulares: ninguna' por Paco Calderón

¿Importa?

Luis Rubio
Reforma

Muchas elecciones se juntan el día de hoy pero el ciudadano tiene buenas razones para preguntarse qué diferencia hace el resultado. A juzgar por el esfuerzo, recursos, retórica y animadversión que han desatado estos procesos, parecería obvio que es mucho lo que está de por medio.

Algo trascendental debe estar cuajándose porque todas las coordenadas del sistema político se han visto trastocadas. Hace unos meses, con las elecciones de Yucatán, el PAN pareció transformarse en el nuevo PRD, disputando los resultados electorales como si no tuviera memoria. A pesar de las disputas por la candidatura presidencial que lo carcomen, el PRI se ha unido para estos comicios porque espera que el día de hoy marque el comienzo de su retorno al poder. El PAN y el PRD, desde el 2006 enemigos por antonomasia, han hecho pirueta y media para tratar de parar al PRI, aunque sea en algún estado modesto. La conclusión, en ánimo positivo, quizá sea que la democracia mexicana es pujante porque erosiona y diluye las rígidas fronteras tradicionales entre los partidos e invita a sus actores a experimentar nuevas formas de asociación y colaboración.

Los resultados de los comicios de hoy darán una pista sobre el lugar que ocupan los partidos en las preferencias electorales de la población y, sin duda, se leerán como una anticipación a la contienda que sigue, para "la grande", en 2012. La importancia del sufragio del día de hoy es enorme para los estados que estarán decidiendo quién habrá de gobernarlos pero menor para el país en general. Más allá del simbolismo que represente el resultado agregado (quién gana más, quién pierde más), los comicios de hoy son un hito más en el proceso de cambio político y ajuste que experimenta el país desde hace años y que no ha logrado aterrizar en un mejor sistema de gobierno o en un país funcional y exitoso.

La problemática es más profunda de lo aparente. La democracia mexicana se inauguró con bombos y trompetas pero no ha resuelto problemas fundamentales, comenzando por el más relevante, el de cómo gobernarnos. Diez años después de la primera alternancia de partidos en la presidencia, todos tienen alguna receta para resolver el problema, pero ninguna parece atender los asuntos de fondo. Para unos la solución reside en reconstruir la mayoría que antes permitía gobernar; para otros lo importante no es gobernar sino que haya una amplia representación de las diversas corrientes políticas en el legislativo. El problema, todos lo sabemos, comienza por la falta de legitimidad y no por la ausencia de mayorías, situación que me recuerda una expresión que hace tiempo le escuché a un estudioso filipino: en Filipinas, decía, "no hay perdedores en las elecciones, sólo ganadores y a los que se les negó la victoria". El problema en México no es de mayorías ni de representación sino de legitimidad. El viejo sistema político se vino abajo porque perdió su legitimidad. A pesar de contar con una amplia representación de todas las fuerzas en el poder legislativo, la legitimidad no se ha restaurado. Más de lo de antes o más de lo de ahora no es solución.

Refiriéndose a Argentina, Guillermo O'Donnell decía que el problema electoral no es el día mismo de la elección sino el contexto en que se da porque éste determina lo trascendente. Éstas son sus palabras: "En ese contexto, perder una elección es una tragedia insoportable porque no es más el mecanismo normal de una democracia representativa de intercambio de gobierno, sino un síntoma de fracaso de esa causa noble. Por eso, no se pueden perder elecciones, y hay que hacer todo lo posible por no perderlas". Parecería que se refiere al PRI o al PAN o al PRD. Da igual. Todos creen que la vida se les va el día de hoy. Y en las elecciones que vengan. En esa misma entrevista le preguntaron a O'Donnell qué significaría perder una elección: "Si estoy convencido de que soy portador de una causa sagrada, de que yo la conozco y alguna gente de buena fe la comparte, y tengo la suerte comprobada mil veces... ese perder es el fracaso del proyecto que va a salvar a la Nación".

Si las elecciones no han resuelto el problema del gobierno y, como vimos en 2006, ni siquiera el de legitimidad, la pregunta es qué sigue. Adam Przeworski, un académico estadounidense, afirma que "las democracias persisten siempre que todas las fuerzas políticas relevantes entiendan que pueden mejorar su situación si canalizan sus reivindicaciones y sus conflictos por la vía de las instituciones democráticas". En México las fuerzas políticas han jugado por dos vías: por un lado participan en los procesos electorales y lo hacen con ahínco y convicción. Sin embargo, por otro lado, siempre están dispuestos a disputar el resultado y, en demasiados lugares (incluidos varios estados que hoy disputan la gubernatura), violan no sólo el espíritu de la ley electoral vigente, sino su letra. El poder en México sigue siendo un juego de suma cero donde unos creen que ganan todo y otros pierden todo, razón por la cual es inevitable que la disputa sea a muerte.

Esa realidad recuerda el corolario de un artículo de Womack en que afirmaba que "la democracia no produce, por sí sola, una forma decente de vivir. Son las formas decentes de vivir las que producen la democracia". La pregunta para nosotros es cómo desarrollar esas formas decentes de vivir en las que el poder se distribuya, sea transparente en su operación cotidiana y rinda cuentas. La tarea es grande y su complejidad mayor. Pero, como decía Carlos Castillo Peraza, ese visionario del PAN que tanta falta le ha hecho a sus gobiernos, hay que "resistir la tentación de destruir lo imperfecto para sustituirlo por lo perfecto imposible".

El riesgo hoy es caer en el otro lado. Stalin decía "considero totalmente irrelevante quién votará o cómo; lo que es extraordinariamente importante es quién contará los votos y cómo". Parecía que esa etapa la habíamos superado del todo pero no es lo que se aprecia en las acusaciones y contra acusaciones que se escuchan en diversos estados de país en los que hoy se celebra el ritual democrático más elemental.

¿Son, pues, importantes los comicios de hoy? El día de hoy marcará otro paso en el proceso de crecimiento del país. Si uno lee la historia de los países que hoy son parangones de la democracia, su avance fue tortuoso, violento y complejo pero, poco a poco, y a fuer de la experiencia y los costos, se consolidaron sistemas de decisión y gobierno que hoy son ejemplo para el mundo. No hay razón para pensar que nosotros seremos menos capaces de lograrlo por más que el hedor del viejo sistema, que no acaba de desaparecer, está presente en cada esquina y hoy más.

Dejaremos ir la próxima revolución industrial

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Insisto y seguiré insistiendo: la próxima revolución industrial, a menos de 10 años de distancia, estará basada en la física cuántica. Tres aspectos avanzan a grandes zancadas: computación, superconductividad y teleportación. Los problemas de inmensa complejidad técnica que es necesario resolver para la computación cuántica caen todos los meses, cada semana un journal publica una solución. Ahora es la Universidad de Maryland.

El problema esencial de la computación cuántica es que emplea un fenómeno de extrema fragilidad: la superposición de estados de las partículas subatómicas. Un electrón se encuentra en superposición de estados mientras no haya una observación o un proceso del ambiente que lo afecte. Eso significa que es, a la vez, onda y partícula. Pero basta el intento de observar para que esa superposición de estados desaparezca y el electrón sea partícula. Wheeler y otros grandes de la física han propuesto diversos métodos para “atrapar” al electrón en el momento en que se decide y nada ha resultado.

La idea esencial en la computación cuántica es ésta: el lenguaje binario de la computación (un 0 o un 1) se expresa como puertos de transistor donde hay electricidad (lee 1) o no la hay (lee 0). Es un bit de información. Pero con superposición de estados se leería, de forma simultánea, 0 y también 1. Eso es un bit cuántico o qubit. El problema es hacerlo durar los instantes necesarios para el proceso de computación.

“Empleando una nanoestructura híbrida (de cristal y metal), investigadores de la Universidad de Maryland han mostrado un nuevo tipo de interacción luz-materia y también conseguido el primer control completo de un qubit, con lo que dan un paso clave hacia la creación de una computadora cuántica”.

En el número de Nature correspondiente a este 1 de julio el equipo continúa el trabajo publicado en Science a fines de marzo pasado.

Los hallazgos prometen que estas nuevas nanoestructuras no sólo se emplearán en las computadoras cuánticas, sino también en tecnologías para generar energía de forma mucho más eficiente, tales como celdas fotovoltaicas, y otras que empleen la interacción luz-materia.

“El verdadero triunfo es que usamos una nueva tecnología de la ciencia de materiales para ‘arrojar luz’ en las interacciones luz-materia de manera tal que tendrá importantes aplicaciones en muchas áreas, en particular para la conversión y el almacenado de energía, así como la computación cuántica”, dice Min Ouyang, quien dirige la investigación. “De hecho, nuestro equipo ya está aplicando nuestro nuevo conocimiento de las interacciones luz-materia a nanoescala y los avances en el control preciso de nanoestructuras para desarrollar un nuevo tipo de celda fotovoltaica más eficiente en el proceso de convertir luz en electricidad”.

Ouyang y sus colaboradores han creado diversas combinaciones de materiales, todos ellos una capa de mono-cristal semiconductor en torno de un núcleo de metal. El equipo señala que, además, el proceso por el que crean sus nanoestructuras híbridas (cristal y metal) es de producción industrial más sencilla y barata.

“Todos los días la Universidad de Maryland hace gran impacto en los retos científicos, técnicos, políticos, sociales, de seguridad y de medio ambiente que nuestra nación y el mundo enfrentan. Trabajando con agencias federales e internacionales, y con colaboradores de la industria, plantea soluciones en áreas como cambio climático, seguridad mundial, energía, salud pública, exploración espacial y otras”.

Y las universidades públicas, en Babia

Daré gusto al lector en línea que cada semana me recuerda el pase automático: la UNAM pierde con eso a los mejores alumnos de provincia. Y la segunda universidad pública del país, la UdeG, tampoco cuenta con programas para preparar los físicos con especialidad en cuántica que enfrenten la demanda próxima: toda un área de empleo para alta especialidad y nada, no tenemos nada. Guadalajara estuvo alguna vez orgullosa de lo que llegamos a llamar nuestro silicon valley, los alrededores de la ciudad. No podremos llenar esa nueva demanda de empleo.

Sólo queda suplicar al rector de la UdeG, Raúl Padilla, que piense en orientar jóvenes hacia la física cuántica: una beca de sostenimiento con 3 mil pesos mensuales es un buen acicate. Para 100 jóvenes seleccionados con exámenes estrictos son 300 mil pesos: nada, la décima parte del gasto para preparar una conferencia en el campus L.A (léase el-ei). Antes que el curioso deseo de enseñar literatura iberoamericana a los tapatíos que se van a California a la pizca del tomate, les podría dar, aquí, la oportunidad de ser, en 2018, parte de la planta industrial que en Ocotlán y El Salto produzca equipo de computación cuántica y materiales superconductores.

De Raúl es la responsabilidad personal e histórica. Algún día se dirá que fui “la voz que clamó en el desierto”.

Contacto: Lee Tune, ltune@umd.edu