julio 05, 2010

4 de julio: un nuevo México

Rubén Aguilar
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
ruben@afanconsultores.com
El Economista

Las encuestas al inicio de las campañas decían que el PRI ganaba las 12 gubernaturas y al cierre esos mismos estudios indicaban que sólo ganaba con claridad en cinco, perdía en una y estaba empatado en seis.

Los resultados preliminares de la jornada del domingo indican que el PRI con seguridad triunfa en nueve, la alianza PAN-PRD en dos y al momento de escribir el texto una sigue empatada. El PRI haciéndose de la mayoría pierde y la alianza gana a pesar del cuestionamiento de algunos.

El PRI se alza con la victoria en Veracruz, Tamaulipas, Hidalgo, Zacatecas, Quintana Roo, Aguascalientes, Chihua-hua, Tlaxcala y Durango. La diferencia en esos estados se da en los términos que lo señalaron las encuestas.

El PAN pierde Tlaxcala y Aguascalientes y el PRD Zacatecas. Los dos partidos dejan de gobernar los estados que estaban en sus manos y por su cuenta no ganan ninguna gubernatura.

Lo nuevo en esta elección era la alianza PAN-PRD que despertó todo tipo de juicios y posiciones. La alianza resulta ganadora en Oaxaca y todo indica que también en Puebla. Caen dos bastiones del PRI.

Son derrotados dos patéticos gobernadores priístas: Ulises Ruiz (Oaxaca) y Mario Marín (Puebla). Los candidatos de la alianza eran mejores y la ciudadanía vio en ellos la posibilidad de deshacerse del PRI.

Jesús Ortega, presidente del PRD, y César Nava, del PAN, al declarar el triunfo de la alianza reiteraron la justeza de la estrategia. Sin duda, tienen razones para sentirse satisfechos.

A la hora de escribir el texto estaban empatados los comicios en Sinaloa. Las diferencias se habían cerrado en los últimos días y las encuestas señalaban que estaban parejos.

Después de los triunfos de la alianza se ve ya como inminente que el PAN y el PRD vayan juntos en la elección para Gobernador en el Estado de México en el 2011. Sus posibilidades de triunfo se ven ahora altas.

En la elección y, a pesar de las críticas de muchos políticos, las encuestas profesionales se acreditan. Desde un principio y con bastante precisión indicaron cómo podrían ser los resultados y así fueron.

El PRI sigue siendo incapaz de aceptar sus derrotas. Habla de una estructura que no está dispuesta a renovarse. La argumentación del senador Carlos Jiménez Macías anunciando el “triunfo” en Oaxaca fue reflejo de maneras que deben desaparecer.

Es también relevante que las irregularidades “normales” en la comicios estatales cobraron otra dimensión ante el mayor escrutinio de la prensa nacional y el monitoreo de las redes sociales (Twitter, Facebook).

La elección resultó muy exitosa a pesar de las valoraciones “tremendistas” de algunos comentaristas, académicos y políticos. En el país hay sin duda graves problemas, pero no estamos al borde del abismo como algunos quisieran.

Espejismos

Roberto Zamarripa
Reforma

1. Las condiciones de las contiendas en 15 estados del país, 12 de ellas para renovar gubernaturas, no alcanzaron estándares democráticos. Campañas negras, coacción de voto, intimidación de activistas y ciudadanos participantes en el proceso, mediante el uso político del aparato policiaco, inequidad y dispendio de recursos públicos por encima de los topes legales, intervención descarada en los comicios del Presidente, secretarios de Estado, gobernadores y alcaldes por encima de la ley, marcaron las contiendas.

2. El crimen organizado participó activamente. En cada estado decidió, por amenaza, imposición o eliminación, a los candidatos de su preferencia. Para ser candidato había que aceptar las condiciones de los criminales. Igual para dejar de serlo. El miedo ahuyentó a ciudadanos que tenían intenciones de postularse y gobernar a sus paisanos. Las autoridades gubernamentales, policiacas y electorales, ni las manos metieron. Un poder paralelo decidió candidaturas, en muchos casos las inyectó de dinero, en otros les pintó territorio y hasta les tiene dispuestos a los funcionarios para el gobierno electo, estatal o municipal. Contiendas bajo el manto del miedo y de la impunidad. Votos ahumados de pólvora.

3. Ganó el PRI, en el caso más conservador, 8 de las 12 entidades en disputa y en comicios municipales se llevó Tijuana, una joya tradicionalmente panista. Una visión tricolor optimista diría que obtuvo 11 de las 12 entidades. Sus triunfos fueron apabullantes en Tamaulipas o Quintana Roo donde seis de cada diez votos fueron suyos. Holgados en Durango, Chihuahua o Veracruz. Cerrados en Hidalgo o Aguascalientes. Contundentes en Zacatecas. Discutidos en Puebla, Sinaloa, Tlaxcala.

Pero si las cuentas no fallan, en las 12 entidades en disputa el PRI gobernaba, antes de los comicios, a casi 30 millones de habitantes. Si se confirman sus derrotas en Oaxaca y Puebla -aún con sus triunfos en 10 estados- ahora gobernará 5 millones de mexicanos menos. Ganó 9 o 10 estados: gobierna menos mexicanos.

Pierde recursos públicos federales que los gobernadores usaban para fines facciosos, como por ejemplo en Oaxaca, el tradicional bastión de votos, la entidad del abuso y el cinismo. Cayó su cacique mayor y el caciquito en ciernes. Ya cayó.

4. La alianza PAN-PRD festeja dos triunfos y uno más al que se aferra con las uñas: Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Rara condición de victoria. Gabino Cué no es panista ni perredista. Su último tramo de militancia lo hizo al lado de Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo en el 2006 más de 600 mil de votos en Oaxaca. Las bases sociales de Gabino Cué son mayoritariamente lopezobradoristas. En el caso del poblano Rafael Moreno Valle si bien tuvo un acercamiento a los panistas, sus lealtades están plenamente definidas con Elba Esther Gordillo, quien le otorgó los votos necesarios para el triunfo de manera similar que Felipe Calderón fue favorecido en el 2006. Y en el caso de Mario López, candidato en Sinaloa, su triunfo tendrá un sello de la división priista más que del empuje panista o perredista. Y las lealtades de Malova son más para Juan Millán que para César Nava o Jesús Ortega.

5. El PAN pierde Aguascalientes y Tlaxcala. También Tijuana que equivale casi a un estado. No logra ganar en Ciudad Juárez, municipio emblemático de la política anticrimen del gobierno federal. Lo borran en Chihuahua, entidad azotada por el narco y que la administración de Felipe Calderón se había propuesto rescatar. El PRD pierde Zacatecas, entidad que gobernó dos sexenios seguidos. Sus divisiones abrieron el paso al candidato impulsado por Enrique Peña. Y el PANAL, el otro aliado circunstancial, vence con el PRI en las entidades triunfantes del tricolor y con panistas y perredistas en Oaxaca y Puebla. Como en la pirinola, Elba Esther Gordillo gana (o toma) todo.

6. Los institutos o consejos electorales estatales estuvieron dominados por las amenazas de gobernadores. Las instrucciones externas orientaron el comportamiento de los funcionarios electorales. Las contrataciones de papelería electoral, de herramientas para llevar adelante la jornada ocurrieron en medio de licitaciones sospechosas y favorecimientos a proveedores cuya probidad ha estado siempre en duda. La corrupción gangrena esas entidades de presunta integración ciudadana. Hizo crisis el arbitraje electoral local. La reforma electoral que homologó elecciones estatales ha concluido su impulso y alcances.

7. Ni el PRI es tan poderoso como se cree, ni las alianzas tan sustanciosas como se presumen. Asomó una resistencia ciudadana a las intimidaciones y emergieron candidaturas diferentes que rebasaron a las maquinarias partidistas. Pero a pesar de todo, dominó la coacción del cañón, del fusil y del dinero.

El futuro de PRI, PAN, PRD

Luis Soto
El Financiero

Después de las elecciones de ayer -y una vez que se superen los conflictos postelectorales-, ninguno de los partidos políticos mayores, PRI, PAN y PRD, podrán tener dudas sobre varias cosas importantes que definirán su futuro: la solidez o fragilidad de los terrenos que pisan; la verdadera dimensión de su fuerza o debilidad electoral; el avance o retroceso en relación con su situación previa, y los elementos que tendrán que poner en juego para configurar con buenos resultados sus escenarios inmediatos y mediatos.

Una vez rediseñado por la vía electoral el mapa político de la República, no hay nada más importante para esos tres partidos y, por supuesto, para el presidente Felipe Calderón, que la reorganización y fortalecimiento de sus líneas de combate, con miras a "la madre de todas las batallas": la sucesión 2012, cuyo proceso está más que adelantado.

Hemos afirmado desde hace nueve meses, que los tres partidos con mayor presencia en las urnas tienen ya un grupo de políticos a quienes se puede calificar de "precandidatos", aunque en algunos casos no hayan querido o no hayan podido manifestar abiertamente sus aspiraciones. Se trata de siete presidenciables, instalados todos ellos en la primera línea de sus respectivos partidos.

Cuatro precandidatos en la oposición son aspirantes claros -dos en el PRI y dos en la izquierda-, mientras que tres precandidatos posibles del partido en el poder federal permanecen todavía cubiertos por un oscuro y discreto velo, deliberadamente tendido por el presidente Calderón, quien no les ha permitido movimiento ni protagonismo alguno... más allá de los que él ordena.

Pero esos siete precandidatos no agotan los elencos que los partidos tienen preparados para afrontar las posibles y probables contingencias que se pueden presentar, desde ahora hasta el momento en que se produzca el "destape" de las candidaturas definitivas.

Nada garantiza que los políticos señalados en los principales partidos como "precandidatos presidenciales", resistan el trecho que falta para llegar al momento de los "destapes", que tendrán que producirse dentro de poco más de un año. Unos se desgastarán en el ejercicio del poder -fundamentalmente quienes pertenecen al gabinete de Felipe Calderón- y serán blanco de la despiadada guerra de propios y extraños; otros, como los priistas, sobre todo el que va encabezando las encuestas, tendrán que enfrentar campañas político-mediáticas de alta intensidad, y por su parte, los precandidatos visibles de la izquierda padecerán el canibalismo que ha caracterizado históricamente a ese sector.

Agenda previa

Tras conocerse los resultados previos de las elecciones que se realizaron ayer, todo parecía indicar que el PRI no iba a llevarse el carro completo (12-0) como tanto presumieron los dirigentes de dicho partido. Hasta antes del cierre de esta columna el triunfo del "Tri" en Aguascalientes, Veracruz, Zacatecas, Hidalgo, Quintana Roo, Chihuahua, Durango y Tamaulipas parecía incuestionable. En Oaxaca y Puebla la competencia era bastante cerrada, aunque César Nava quiso madrugar diciendo que la alianza "casi gay" (Óscar Levín Coppel dixit) que el PAN hizo con el PRD y otros partidos había ganado; también pretendió madrugar diciendo que Mario López Valdez había ganado en Sinaloa. En Tlaxcala algunos daban la ventaja a Marianito González Zarur, pero otros lo veían en la lona.

Lo que nadie puede discutir es que la elección fue un triunfo de los ciudadanos frente al crimen organizado y frente a los propios partidos que pretendían convertir la elección en un cochinero. También se confirma que sea cual sea el marcador el PRI está de regreso, aunque se lleven el "carro" con dos llantas ponchadas, dicen los observadores políticos objetivos e imparciales.

Pues quienes decían que el presidente Felipe Calderón iba a tomar medidas trascendentes en el sector de las telecomunicaciones, por lo cual se deshizo del inútil Héctor Osuna, parece que se equivocaron. Y la mejor prueba de ello, afirman los observadores, es que en lugar de Osuna el primer mandatario nombró a un personaje que además de inútil es un ignorante en la materia: Mony de Swaan. Podrá tener maestrías, doctorados en las mejores universidades nacionales y extranjeras, pero del sector de las telecomunicaciones no sabe gran cosa. ¡Cómo de que no!, responde su "maistro" Molinar Horcasitas; lleva un año preparándose, estudiando, quemándose las pestañas para entenderle a tan delicados y complicados asuntos. Además es como mi hijo putativo, quiso decir el "exrey lión"; me acompañó en el IFE, en Gobernación, en el IMSS y en la SCT ha sido mi coordinador de asesores.

El caso es que a Molinar Horcasitas y al presidente Calderón parece no importarles que de Swaan no esté calificado para participar en la responsabilidad de decidir el futuro de las telecomunicaciones, pues mientras éste atienda la línea que le ordene, se dará por bien servido.

¿Qué has hecho, Maradona, para que Dios te abandone?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La foto (comentada) de la semana (pasada)

No vengo a hablar de futbol, sino de Teología. Rectifico, vengo a hablar más bien de fanatismo religioso, como el que profesan los portadores de la pancarta al “Dios” en ella pintado. Es muy probable que a estas alturas muchos de los presentes en la imagen se apresuren para regresar de Sudáfrica a Buenos Aires y lanzarse al diván de su psicoanalista con el siguiente catálogo de preguntas: ¿No que Maradona era Dios? ¿Es acaso un Dios caído? ¿Puede Dios reencarnarse, como hizo en Maradona, cuando metió con la mano el gol de la victoria argentina sobre Inglaterra en la final del Mundial México 86, y luego abandonarlo a su suerte, como hizo este sábado? Cuando Maradona reveló en la víspera del encuentro de Argentina contra Alemania que la albiceleste iba a llegar a la final, porque se lo había revelado Dios ¿lo supo porque es el Hijo de Dios en la Tierra o porque es un profeta? Si es lo primero ¿por qué se burla Dios de su Hijo en la Tierra? Si es lo segundo ¿por qué le mintió Dios?; peor aún, ¿por qué se burló Dios de los argentinos permitiendo que le encajen una humillante goleada? ¿No es, acaso, Dios argentino? No tengo yo, desde luego, respuesta para estas preguntas, ya que los misterios de Dios son insondables, pero si yo fuera alguno de esos psicólogos que proliferan en la capital argentina aconsejaría a los desconsolados seguidores de la religión maradoniana un cursillo intensivo de humildad y, por qué no, un serio replanteamiento de las relaciones entre Dios y Argentina.

Les salió bien

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

A pesar de las fuertes críticas que se les hicieron a Jesús Ortega y César Nava, incluso al interior de sus propios partidos, por ir aliados en algunos estados, lo cierto es que les salió bien. Sin las alianzas locales entre PAN y PRD —que el PRI apanicado bautizó como contra natura— hubieran sido impensables las victoria en Oaxaca, en Puebla y el empate en Sinaloa (según datos a la hora en que escribo). Y no solamente, también el resultado logrado por Xóchitl Gálvez en Hidalgo abre a la competencia y a la pluralidad un estado que parecía también una fortaleza priísta inexpugnable.

El PRI anunciaba que 2010 iba a ser el preludio de su triunfal regreso a Los Pinos en 2012, confiados aseguraban apenas hace unas semanas que iban por el carro completo, es decir, por las 12 gubernaturas, no fue así.

Las derrotas del PRI en Puebla y Oaxaca lo convierten en el gran perdedor de esta contienda. Puebla tiene el cuarto mayor electorado del país y Oaxaca ha sido históricamente una fuente inagotable de votos dudosos para ese partido. Pierden además, y quién lo puede lamentar, Ulises Ruiz y Mario Marín, políticos de nefasta reputación y que el PRI sostuvo contra toda lógica democrática.

Les salió bien pero no deja de ser una estrategia de última hora y la única salida que les quedó por lo poco competitivos que eran cada uno por su lado. Este respiro que logran el PAN y el PRD no resuelve la precaria situación en la que está la izquierda desde el histórico resultado de Andrés Manuel López Obrador en el 2006 y el notorio desgaste del después de 10 años en el poder. Oaxaca y Puebla tampoco pueden ocultar las derrotas del PRD en Zacatecas y del PAN en Aguascalientes y Tlaxcala. Los partidos que fueron durante años la oposición al PRI no logran gobernar de forma distinta y convincente para que los votantes los ratificaran.

César Nava interpreta erróneamente los resultados como la prueba de que el PAN está de regreso, ¿en dónde? ¿Con Cué en Oaxaca? ¿Con Moreno Valle en Puebla? Si Jesús Ortega y Nava malinterpretan los resultados de anoche nada bueno les espera en las próximas elecciones. Les salió bien, pero nada más.

APUNTES:

Lo bueno: el crimen organizado no fue noticia el día de ayer. Aunque falta por conocer los datos finales de participación, lo que sabemos es que no hubo un abstencionismo excepcional que pudiera ser atribuido al miedo. Esa es una victoria de todos.

Lo malo: los candidatos y los partidos siguen con la práctica del madruguete. Tanto los dirigentes de la alianza del PAN y del PRD como Beatriz Paredes salieron antes de tiempo y sin datos contundentes para declarase ganadores. Seguimos sin una democracia en donde se reconozcan derrotas y se felicite a los adversarios. Qué pena.

Imperativo de Estado

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

La gran derrota de México en los 10 años de panismo es haber sido incapaz de conciliar Estado y diversidad. Acción Nacional nació para combatir un régimen que pretendía subordinar todos los órganos de la representación a los dictados de un partido. Nació para afirmar el pluralismo, para impedir la incautación de la diversidad. Se opuso tenazmente a un autoritarismo de vocación incluyente y pericias corruptoras. Desde hace 10 años, ese partido ocupa la Presidencia de México. Impulsó cambios y se benefició de ellos. Hoy, con el recuerdo de la elección del 2000 y la cercanía de las elecciones de ayer podemos decir que no ha sido capaz de conducir el cambio para que las rivalidades del pluripartidismo se acoplen a la serenidad del Estado.

Se trata, por supuesto, de una responsabilidad compartida. Las tres fuerzas políticas han sabido de rivalidad pero no han acertado en la avenencia. Ningún partido ha sabido defender el presupuesto de su parcialidad: la plataforma de reglas e institutos que permite la competencia. Hablo, por supuesto, de un compromiso con el Estado, no con algún paquete de políticas concretas. No existe un verdadero pacto por el Estado, no hay contrato de legalidad y sin estos convenios, nada puede asentarse con firmeza en el país. La fragilidad del Estado mexicano es antigua pero, desde hace un lustro, adquiere implicaciones dramáticas. Lo más grave es que ni las alarmas más estridentes hacen reaccionar a la clase política. Aún lastimada directamente, sigue gobernada por la inercia. El crimen organizado ha ensangrentado ya la política electoral. No se puede seguir diciendo -como si fuera consuelo- que la sangre es de ellos, de los delincuentes. La sangre sale de todos. Que brote del cuerpo de quienes gobiernan o aspiran a gobernar agrega gravedad colectiva a la muerte porque es intimidación al resto: tentativa de un secuestro nacional.

Ante la emergencia, el Presidente pronunció palabras que merecen adhesión. Suscribo y por eso transcribo lo dicho por Felipe Calderón: "Este problema exige que actuemos con visión de Estado, sumando todas las voluntades para generar, precisamente, un ambiente de colaboración; un clima en el que, sin menoscabo de los diferentes puntos de vista que tenemos, encontremos los consensos necesarios en lo esencial y que prevalezca, finalmente, el interés nacional. Frente al desafío que hoy nos plantea la delincuencia organizada, no hay margen para pretender dividendos políticos. Éste es un reto donde sólo cabe la unidad y la corresponsabilidad de los mexicanos. Éste es un desafío que mi Gobierno no ha evadido y, por el contrario, lo ha enfrentado con toda determinación, pero que requiere el apoyo de los ciudadanos y la colaboración franca y sin titubeos de las fuerzas políticas y sociales del país".

Pero la unidad no se asoma por ningún sitio. Lejos de mostrar en símbolos y decisiones cohesión frente al crimen, los actores políticos siguen sirviendo a sus rencores. La dirigente del PRI pronunció un discurso engreído y mezquino que pasa lista a sus resentimientos. Andrés Manuel López Obrador, por su parte, se mostró dispuesto a dialogar finalmente con el gobierno de Felipe Calderón, con la única condición de que el gobierno adopte la política económica de Andrés Manuel López Obrador. El sepelio del candidato ultimado debió haber sido ceremonia de Estado: fue un acto de campaña.

El convocante a la unidad de Estado no parece ser, a estas alturas de su gobierno, promotor eficaz de la causa. La gestión de Felipe Calderón ha estado atrapada precisamente por la contradicción entre las intenciones y los instintos. Calderón ha buscado proyectar, desde el primer minuto de su gobierno, imagen de estadista pero no tiene esa estatura. Felipe Calderón no dejará de ser, ante todo, un hombre de partido. Restituyó seriedad a la institución presidencial y se ha envuelto casi obsesivamente de los emblemas marciales, retóricos y textiles del Estado. Pero sus impulsos lo han llevado a boicotear sus propósitos. Su equipo delata una estrechez francamente facciosa. Obstaculizar el retorno del PRI desplaza en su agenda cualquier otra prioridad. Las reformas que defiende en el discurso son repelidas por sus obsesiones electorales. La legitimación de su estrategia contra el crimen insiste en la altanería de proclamarse el Adán de la legalidad. Suscribo lo dicho por el presidente Calderón: el desafío de la violencia exige visión de Estado. Porque las firmo, creo que esas palabras demandan acciones. Si Felipe Calderón quiere ser leal a su convocatoria, debe matar al hombre de partido. Sólo de ese suicidio puede nacer el estadista.

¿Y los próximos 30 meses?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

El país está rondando hacia una suerte de ingobernabilidad que trasciende el tema del crimen organizado y la violencia.

Al momento de escribir estas líneas aún no están definidos los resultados electorales de los 14 estados que ayer fueron a las urnas, pero sí ha quedado en claro que la gente, oscilando entre el miedo por la violencia que cimbra al país y el rechazo a unas campañas basadas cada vez más en las guerras sucias de todos contra todos, no salió a votar en los porcentajes esperados.

Hasta ahora, la elección más importante y la realmente disputada sigue siendo Oaxaca, con una guerra de resultados previos, surgidos de exit poll a lo largo del día. Allí podría ganar Gabino Cué. Pero aún sin los resultados finales, hay capítulos de la agenda política que tendrían que ser incuestionables en la maltrecha relación entre los partidos y el gobierno a partir de hoy. El primero de ellos es el clima de civilidad: el país está rondando hacia una suerte de ingobernabilidad que trasciende el tema del crimen organizado y la violencia. Las relaciones entre gobierno federal y estatales, entre estos y los partidos, de las fuerzas políticas entre sí, están rotas o seriamente debilitadas. Las intervenciones públicas de las tres últimas semanas de prácticamente todos los actores han estado cargadas de rencor y reproches, de la utilización de los medios y los recursos públicos, de todos, a favor de sus intereses de cortísimo plazo. Los llamados presidenciales al diálogo, en principio aceptados por las fuerzas políticas, se han postergado hasta por lo menos hoy y sus avances dependerán, en mucho, de la forma en que terminen los comicios y el tránsito que se le dé a los inevitables conflictos electorales.

Muchos consideran que la situación que se vive en el país en términos de seguridad obligará a las fuerzas políticas a transitar necesariamente por el diálogo para tratar de involucrar a todos en una lucha que hoy parece librar sólo el gobierno federal contra los grupos del crimen organizado. No soy tan optimista. De la forma en cómo se den los resultados y los conflictos poselectorales, se sentarán los partidos, sobre todo el PRI, a la mesa y lo harán con voluntad, o no, de llegar a acuerdos.

Desde enero lo que tenemos es un deterioro constante de la relación entre las fuerzas políticas, y los gobiernos, el federal y los estatales, se involucraron de lleno en las campañas electorales. La forma en que se plantearon las alianzas PAN-PRD (habrá que ver los resultados de las mismas) fue errada, más que por su concepción por su generalización, llevándolas a todos los estados posibles, e incluyendo la renuncia de la candidata perredista en Tlaxcala a favor de la aspirante panista. El tono que se les dio a las campañas y la lógica de confrontación privó en todas, pareciera que fueran campañas en los estertores de una administración. Se olvidó que aún le quedan 30 meses a este gobierno, que no pueden convertirse en una larga campaña electoral de desgaste hasta llegar al primer domingo de 2012. Puede ser que eso le interese a los partidos, pero definitivamente no a una sociedad que está cada vez más harta y cansada de la falta de resultados.

No en vano México, según el Latinobarómetro que se acaba de dar a conocer esta misma semana, está en el lugar 15 de los 18 países encuestados respecto a la confianza en el futuro. Cuando se pregunta si el país va en la dirección correcta, sólo 32% de los mexicanos lo piensan así, contra 75% de los brasileños y 65% de los chilenos. Sólo Honduras, Nicaragua y Argentina son más pesimistas sobre el futuro del país.

Y la verdad es que no hay razón alguna para, diría el fallecido Monsiváis, documentar nuestro optimismo. Tampoco hay estímulos reales para llegar a acuerdos y éstos se darán o no una vez que se pueda establecer el peso político actual de cada uno de los actores en los comicios de ayer. Pero se debe tener claridad sobre la línea que se tiene que trabajar y abandonar la esquizofrenia, sobre todo la gubernamental, estatal y federal, respecto a la agenda política: se tiene que definir si se buscarán o no acuerdos, cuál será el contenido de los mismos, y qué se negociará en torno a ellos. Hay algunos muy oscuros. Para muchos la liberación de los presos de Atenco o antes de los involucrados en el michoacanazo fue un pago a las alianzas del PAN con el PRD que fue correspondido con el beneplácito con el que el perredismo aceptó las resoluciones sobre la guardería ABC y la designación de Mony de Swan en la Cofetel.

Todo puede ser aceptable pero cuando hay 20 mil muertos, cuando dos terceras partes del país cree que vamos por un mal camino, cuando la política está alcanzando su máximo nivel de desprestigio, no se puede seguir jugando a la confrontación durante los próximos dos años y medio.

Sorpresa te dan los votos

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La democracia es sorpresiva, se defiende bien de los veredictos previos. Las alianzas “contra natura” del PAN y el PRD contra el PRI han triunfado, más allá de lo esperado, en las elecciones de ayer. Han ganado al PRI las gubernaturas claves de Oaxaca y Puebla, y han acercado al punto de empate las elecciones de Sinaloa.

La jornada, que se esperaba hace unos meses como un paseo para el PRI, han sido un desafío para ese partido, cuyo regreso al primer lugar electoral sigue vigente, pero en un contexto competido que parecía remoto.

El PRI ha ganado al PAN las elecciones de Aguascalientes y Tlaxcala, y ha conservado el poder, con amplitud inusitada, en el estado clave de Veracruz, y en tres de las entidades más violentas del país —Tamaulipas, Chihuahua y Durango— como si los votantes eximieran de responsabilidad en esa violencia a los gobiernos locales.

Las 14 elecciones estatales de ayer (12 de ellas de gobernadores) han sido todo menos unas elecciones a salvo de la interferencia de los gobiernos y el traslado ilegal de recursos públicos a los candidatos.

Han sido, entre otras cosas, un forcejeo de los gobiernos estatales del PRI con el gobierno federal por inclinar las elecciones a favor de sus candidatos.

No hay estado donde no se hayan escuchado quejas de un comportamiento parcial del gobierno federal. No hay tampoco estado donde no sea evidente la conducta parcial de los gobiernos locales, poniendo en las campañas de sus candidatos recursos y decisiones contrarios a la más elemental equidad política.

Que no haya más un solo partido en el poder equilibra el fondo de la batalla, pero el desvío de fondos públicos y el uso de las decisiones gubernamentales para favorecer a uno u otro candidato, son conductas que permanecen intactas.

Se dirá que al menos hay fuerzas y recursos empatados entre lo que acarrean los gobiernos estatales para sus candidatos y lo que acarrean para los suyos las decisiones de la federación y sus gobiernos aliados. Sí, salvo que es un empate que se da fuera de la ley y no construye confianza democrática, sino inconformidad o cinismo.

La falta de garantías induce y legitima la protesta, impide el hecho democrático por excelencia que es aceptar la propia derrota.

La protesta poselectoral añadirá al paisaje de un país sacudido por la violencia el de un país que ha perdido calidad en sus procesos democráticos.

Por eso creo que, independientemente de sus ganadores individuales, las elecciones de ayer pueden ser una derrota colectiva.