julio 09, 2010

Alianzas de hoy y mañana

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

Las alianzas electorales mostraron su eficacia el domingo pasado. A pesar de la evidencia de que ningún partido obtuvo triunfos a solas, persiste la crítica a las coaliciones, proveniente de los más diversos miradores. Las denostaron antes del 4 de julio el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, -que anunció su pretensión de acotarlas legalmente- y el gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, quienes llegaron a un acuerdo para impedirlas, así como Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones. Esta semana los antagónicos Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox coincidieron en descalificarlas. Y Andrés Manuel López Obrador, que no sólo las tacha sino que actúa para deshacerlas, insistió en que desde la izquierda no se debe incurrir en ellas, porque parten de la falsa premisa de que el PRI y el PAN son diferentes.

Y sin embargo, las coaliciones fueron las protagonistas del 4 de julio. Las típicas fueron las que reunieron al PRI y al Partido Verde, aliados en comicios federales y locales desde 2003, y que extienden su vinculación a acuerdos parlamentarios en que el PVEM se adosa mansamente al tricolor. Del otro lado, sobre la base del pacto entre PAN y PRD, hubo una diversidad de modalidades destinadas a desbancar al PRI de ciertos gobiernos estatales. En medio de esas dos líneas contendientes fue notable la versatilidad del Partido Nueva Alianza, que se coaligó con tirios y troyanos según conviniera a los intereses de su propietaria Elba Esther Gordillo.

En su primera aparición pública, las elecciones federales de 2006, el PANal resultó aliado de Acción Nacional. El vínculo entre ambos partidos se manifestó entonces de diversas formas, que redundaron todas, por las buenas o por las malas, en acrecentar la votación de Felipe Calderón, que por ello quedó en deuda con la lideresa magisterial, la cual ha ido cubriendo a plazos con intereses. Pero la fidelidad partidaria no está en la naturaleza del PANal, como no lo está en su dueña. A partir de 2007, ese versátil partido ha distribuido sus favores sin parar mientes en congruencia alguna.

Así, en la elección del domingo apareció aliado con el PAN en tres entidades: Puebla, Tlaxcala y Veracruz. Y con el PRI en ocho más: Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas. Sólo en un caso, el de Oaxaca, se presentó sin compañía, si bien la conveniencia que rige todas sus acciones la hizo a última hora abandonar su soledad.

Con esa doble apuesta es natural que Nueva Alianza haya estado de parte de los vencedores en la mayor parte de los casos. Estuvo con el PRI en la coalición que hizo triunfar al priista Carlos Lozano en Aguascalientes, en Chihuahua con César Duarte; con Roberto Borge en Quintana Roo; con los Torre Cantú (Rodolfo y Egidio sucesivamente) en Tamaulipas; y con Miguel Alonso Reyes en Zacatecas. Aunque todavía está por verse el desenlace en Durango e Hidalgo, su contribución ayudó a hacer menos complicada la posición del PRI. Sólo una derrota tuvo que sufrir en su filia priista, la de Sinaloa.

En su vertiente propanista, Nueva Alianza también padeció una derrota, que el PAN pretende revertir, en Tlaxcala. Pero, a cambio, se hizo acompañar del PAN y del PRD y Convergencia en el victorioso proceso poblano, en una nueva y contundente muestra de su volubilidad pues en 2007 mantuvo alianza en algunos municipios con el PRI. En Veracruz actúa en pareja con el PAN, no sólo en la campaña previa a la jornada del domingo sino en la actual fase de impugnación que protagoniza Miguel Ángel Yunes.

En Oaxaca mantuvo a solas la candidatura de Irma Piñeyro, meramente testimonial hasta que, percibido el aroma de la victoria del lado de Gabino Cué, el PANal se unió a la coalición apenas una semana antes de su inminente triunfo. De modo que pudo alardear de estar allí también en el carro de los vencedores.

Los partidos que contra toda resistencia se mantuvieron unidos y de ese modo llegaron a buen puerto, o por lo menos sumaron un caudal de votos jamás visto, se disponen a agruparse de nuevo con motivo de las elecciones del año próximo, señaladamente las del estado de México. Justamente para evitar lo que ahora es posible, en octubre de 2009 Gómez Mont y Peña Nieto suscribieron (el segundo por medio de un vicario) el pacto en que el PAN se comprometía a no pactar coalición alguna en esa entidad. Roto desde hace tiempo ese acuerdo, Acción Nacional está en la posición contraria, la de un entusiasta promotor de la coalición mexiquense.

No habrá dificultad en que el PAN y el PRD (y Convergencia y el PT, que allí desacatará a López Obrador, debido a la importancia de sus intereses locales) se unan de nuevo. El problema llegará en el momento de escoger candidato. Es remota la posibilidad de que Acción Nacional ceda y apoye a Alejandro Encinas, que ya fue candidato perredista en 1993. A los cuadros perredistas les resultará cuesta arriba tener como candidato a un panista como Luis Felipe Bravo Mena y aun a Josefina Vázquez Mota, que sería aceptable por la dirección perredista si Nueva Izquierda se mantuviera a la cabeza del partido, no en otro caso. Tendría que surgir en el horizonte una precandidatura sin partido, como la de Xóchitl Gálvez en Hidalgo, o la de un ex priista o priista ajeno y aun opuesto a Arturo Montiel y a su sobrino, para concitar los intereses de ambas formaciones que unidas, nadie lo duda, romperían el predominio de Atlacomulco en el estado de México y desbarrancarían a Peña Nieto.

Cajón de Sastre

Aunque se ha puesto, con razón, el acento en la destrucción de calles y campos en Monterrey y su zona conurbada, los daños y perjuicios provocados por "Alex" y sus secuelas son agobiantes también en otras regiones de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, por citar sólo la porción del noreste de México especialmente golpeada. Si bien los gobiernos locales y el federal han de ocuparse de la reconstrucción, en este momento urgen auxilios materiales para la población. Como suele hacer, y a pesar de estar de vacaciones, la Universidad Nacional ha organizado un centro de acopio de bienes necesarios en aquella porción lastimada de nuestro país. Fue instalado en el estacionamiento número uno del Estadio Universitario, y funciona de 9 a 17 horas. Se recomienda contribuir con agua y alimentos enlatados de fácil disposición.

Gracias, Guillermo, por desnudar a tantos

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Lo inevitable tuvo salida. Guillermo Fariñas había elegido retar abiertamente a la dictadura, un método eficaz para encontrarse con la muerte. Pero hay historias predestinadas a no morir. Esas que cambian el curso de las cosas.

En el día 135 de huelga de hambre, el cardenal Jaime Ortega anunció que el gobierno de Raúl Castro aceptaba liberar a 52 presos políticos: los pensadores y activistas cazados en 2003 por “atentar y conspirar contra Cuba”. Postrado en el hospital, con barro biliar y un trombo en la vena yugular subclavia, Fariñas dijo que si era así, él también aceptaba.

Ya no importó que, por lo pronto, el llamado “gesto humanitario” de los Castro incluyera a sólo cinco presos que podrán irse de Cuba. O que se dejara en la niebla la mecánica de las próximas liberaciones. Bastó la promesa para que el canciller de España, Miguel Ángel Morantinos, intermediario clave en esta fase crucial, asegurara que en tres o cuatro meses “quedará definitivamente zanjado el problema de los prisioneros de conciencia”.

No importó la ausencia de cómos, porque era una gran noticia. Fariñas, a fin de cuentas, comenzó la huelga con la exigencia de que se excarcelara a los enfermos. Su victoria sobre la dictadura es monumental, histórica.

“No tendrá una recuperación total, pero puede ser cerca de lo normal”, me dijo su médico personal, Ismel Iglesias, con un juego de palabras como mandado a hacer para este día jubiloso y ambiguo. “Está en estado crítico grave, pero en mes y medio podría ser dado de alta”.

La melancólica diplomacia mexicana, que tendría que haber significado como la española, saludó con vago agrado la noticia.

Gracias, Guillermo, por haber desnudado a tantos. Gracias por esta historia extraordinaria.

Fox y López Obrador coinciden

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Si el PRD y el PAN hacen alianza en el Edomex y obtienen un buen resultado, no se debería descartar que prolonguen el idilio hasta 2012.

Una de las consecuencias directas de los resultados electorales del domingo fue la reaparición de dos personajes que no salieron bien librados de esa jornada electoral: el ex presidente Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador. Paradójicamente, los dos enemigos declarados coinciden en su apreciación: su respectivo partido, el PAN y el PRD, dicen, no tienen nada que festejar respecto a los resultados del domingo. Uno dice que con las alianzas el PAN no ganó nada, y el otro que sólo sirven para romper la tesis de que el PRI y el PAN son lo mismo.

Tanto Fox como López Obrador, desde sus perspectivas, tienen una parte de razón, pero se equivocan en lo fundamental porque están analizando el tema con base en sus intereses particulares. Fox porque, con estos resultados, aunque sean en parte fantasmagóricos para el panismo, se aleja la posibilidad de que la corriente interna que él representa y que se reflejaría en Manuel Espino entre otros dirigentes, incluso en el gobernador Juan Manuel Oliva, sin duda perdió posiciones en la búsqueda de la dirigencia partidaria como paso previo a la designación de candidatos. Si las alianzas hubieran fracasado estrepitosamente, como indicaban muchas encuestas antes de los comicios, hubiera sido casi imposible no sólo que César Nava, sino que el calderonismo, se mantuviera en la presidencia del partido, aunque tuviera el control, como lo tiene, del Consejo Nacional. Pero, con estos resultados, pese a que se perdió Aguascalientes y Tlaxcala, existe un terreno mucho más terso para el cambio de dirigencia que tendrá que resolverse hacia fin de año. Y Fox en ese juego quedó, como Espino y otros, descolocado. En todo caso, lo que tendrá que medir bien el PAN en el corto plazo es cómo encarar el proceso postelectoral que, en lugares como Veracruz y Durango, lo pueden llevar a una radicalización contraproducente para sus intereses (y que favorecerá las posiciones duras en el partido).

El caso de López Obrador es mucho más obvio. El ex candidato presidencial sabe que, con estos resultados y con esa estrategia, su candidatura por el PRD se aleja cada vez más. Debido a eso amenazó ayer con buscarla en el PT o Convergencia y por eso mismo anunció que no respetará el pacto que tenía con Marcelo Ebrard de definir la candidatura perredista para 2012 con base en las encuestas. Dijo que ya está apuntado para esa elección. En los hechos ha anunciado que dividirá, si no es él el candidato, a las fuerzas de izquierda.

Y lo hace porque percibe dos peligros que pueden ser, en realidad, uno solo. Primero, en las encuestas está mejor Ebrard que él. Segundo, si el PRD y el PAN hacen alianza en el Estado de México y obtienen un buen resultado, no se debería descartar que prolonguen el idilio hasta 2012. Hasta ahora, tanto Jesús Ortega como César Nava (que quién sabe si seguirán al frente de sus partidos hasta esas fechas) han dicho que ambas fuerzas irán por separado en la elección presidencial. Pero ambos saben que, excepto si ocurre algo extraño, o que el PRI se equivoque demasiado en los próximos meses, será muy difícil que, yendo por separado, puedan ganar la elección presidencial. Y la tentación para seguir por la ruta de las alianzas podría imponerse. La pregunta es en torno a quién amalgamar una candidatura común.

En 2000 se planteó el tema, pero ni Vicente Fox ni Cuauhtémoc Cárdenas tenían demasiado interés en llegar a un acuerdo. Ahora el problema será encontrar al hombre o a la mujer que pudiera representar esa alianza. Una opción sería hacerlo con base en encuestas de popularidad (lo que le encantaría a Marcelo Ebrard), pero resultaría mucho más viable si se encuentra a algún personaje más o menos independiente que se pudiera postular. Según fuentes muy confiables en Los Pinos, en el PAN existen varios precandidatos que ya se han apuntado de una u otra forma a esa carrera, pero no se debería descartar, decían, que apareciera alguien independiente ("una suerte de Alejandro Martí que no fuera Alejandro Martí"). Y esa figura podría engarzar con todo un sector del perredismo. El otro sector del PRD, que podría ser muy importante, se lo quedaría, desde ahora, López Obrador, vaya su partido en alianza o no, porque ya ha anunciado su candidatura. Y él mismo sería, ese es su chantaje a la base y a la dirigencia del PRD, el responsable de quitarle los votos suficientes a una hipotética alianza como para que no prospere. Y le haría un enorme favor al PRI: le dejaría el camino libre de regreso a Los Pinos.