julio 18, 2010

Nadie confía en usted, Señor Presidente

Víctor Beltri
Politólogo
contacto@victorbeltri.com
twitter.com/vbeltri
Excélsior

El debate es un ejercicio complicado. Es una prueba de resistencia.

En materia económica, ha ido contra los más débiles, para no enojar a los poderosos; las medidas que hasta hace un año rechazaba, ahora las promueve; la causa de la desconfianza que genera nuestra economía es el propio presidente, y no el país en sí. Debería de renunciar, por el bienestar del país, y convocar a elecciones anticipadas. Nadie confía en usted, señor Presidente.

De este calibre eran las frases que Mariano Rajoy, el líder del Partido Popular, profería en contra del Presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, en cada una de sus intervenciones durante el Debate sobre el Estado de la Nación, llevado a cabo en días pasados en el Congreso de los Diputados, en Madrid.

El debate es un ejercicio complicado. Es una prueba de resistencia. Los representantes de las diferentes fuerzas políticas cuestionan al presidente sobre los temas que son del interés de sus electores, sin mayor restricción que la propia mesura. Así, el presidente tiene que responder preguntas muy duras cuestionando tanto su liderazgo como las decisiones que ha tomado a lo largo del último período. Para Zapatero, éste tendría que haber sido un año especialmente complicado: la crisis económica rampante; 20% de desempleo; cortes en el gasto público; incremento en la edad de las pensiones; la sentencia sobre el Estatut Catalán. Todo en su contra. Solo contra el mundo. Sin embargo, el principal jefe de la oposición no supo aprovechar la oportunidad y, a final de cuentas, las encuestas oficiales dieron por ganador al presidente Zapatero. Logró sortear, una vez más, una de las pruebas más complicadas de la democracia española: el cuestionamiento de sus pares, y de frente, a los actos de su gobierno.

Los españoles han entendido, mejor que nosotros, que la democracia no termina con la elección de los representantes públicos. La democracia es un estilo de gobierno, y no una forma electoral. Los gobernantes, tras ser electos, deben de someterse al escrutinio público, y escuchar las demandas de sus gobernados. Deben de escuchar las demandas y los reclamos de sus adversarios, que no sus enemigos; aprender de sus errores, e incorporar las lecciones aprendidas a las políticas públicas y las prácticas cotidianas de gobierno. El gobernante debe de ser un verdadero hombre de vértice, con la capacidad de entender las necesidades de los ciudadanos y de traducirlas, después, en medidas tendientes al bien común de la sociedad ante la que debe de responder. Y hacerlo. La democracia española no es perfecta: está muy lejos de serlo. Los políticos medran, descaradamente, con la división entre autonomías, y juguetean irresponsablemente con los anhelos independentistas de algunas comunidades. Pero continúan dialogando, a pesar de los esfuerzos de grupos radicales para dinamitar, literalmente, las conversaciones.

¿Qué pasaría en México si, en algún momento, el Presidente Calderón tuviera que sujetar sus políticas al escrutinio, y cuestionamiento, de sus adversarios? ¿Qué pasaría si éstos adversarios tuvieran que comprometerse a ser propositivos, y no solamente quejarse escudados en una supuesta dignidad, producto de un fraude que no pudo ser probado, y que a las primeras de cambio trocaron por unas alianzas antinaturales? Y, más importante aún, ¿qué pasaría si los ciudadanos les exigiéramos, a unos, transparencia y diálogo, y a otros, honestidad y trabajo por México?

Actualmente, lo más parecido que tenemos a un debate sería el Informe de Gobierno, mismo que unos han saboteado mientras que los otros, gustosamente, lo han permitido. La sociedad pone, primero, pobres; después, muertos, y al final votos. ¿No cree que, dada la situación actual, nos merecemos al menos una explicación de lo que gobierno y oposición están haciendo?

'Cártel taurino' por Paco Calderón



Narcomensajes: tomar la medida a los medios

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

Los medios no son simples intermediarios entre los hechos y el público, sino mediadores, como ha definido Javier Darío Restrepo.

A la memoria del doctor Guillermo Ortiz Collazo.

Los medios de comunicación que aún difunden narcomensajes suelen argumentar en su defensa que éstos forman parte de “la realidad” y que ellos no tienen por qué ocultárselos a lectores, televidentes o internautas.

Sostienen, falsamente, que ellos no discriminan a la hora de informar, como si nada tuvieran que ver en la jerarquización de las noticias que dan a conocer o como si todos los datos e imágenes que recogen sus reporteros cupieran en el noticiario o la edición.

Pasan por alto que los medios no son simples intermediarios entre los hechos y el público, sino mediadores, como ha definido atinadamente el especialista colombiano Javier Darío Restrepo.

Olvidan que los narcomensajes se publican casi siempre sin el menor contexto, sin datos de quién lo colocó en la vía pública y por qué; y que serían invisibles para la mayoría de la población si no llegaran a las pantallas o a las páginas de diarios y revistas.

Al difundir estos mensajes, los medios dan un espacio gratuito a la delincuencia organizada, y un trato que probablemente no dispensarían al comunicado de una oficina gubernamental porque quien publica uno de éstos sin valor agregado se lleva la ignominiosa etiqueta de “boletinero”.

Pues bien, quienes han negado reiteradamente que hacen el favor a los criminales al publicar sus comunicados y servir de caja de resonancia a sus amenazas y bravuconadas, no tienen más que ver en internet la declaración videograbada de Jesús Armando Acosta Guerrero, alias El 35, presunto miembro del grupo denominado La Línea —cuya detención fue vengada mediante un coche bomba el jueves pasado en Ciudad Juárez— para darse cuenta de que toda su argumentación es un castillo de naipes.

—En Ciudad Juárez hemos visto que han aparecido algunos narcomensajes escritos. ¿Usted sabe algo de eso? –pregunta la mujer que conduce el interrogatorio de El 35 por parte de la Secretaría de Seguridad Pública Federal.

A cuadro, en medium shot, Acosta Guerrero responde: “Sí, a mí me tocó poner dos”.

— ¿Cuál es el fin de esos mensajes?

— Nomás para asustar. Asustar a los agentes o asustar a la gente.

— ¿Cómo eligen dónde poner estos mensajes?

—Buscamos a… Va un chavo, El Cholo, el que pone el graffiti. Le digo que busque una pared blanca o donde se pueda escribir. Y ya él se encarga de decirme “en tales calles ya tengo una”. Yo ya nomás verifico si está bien o no y ya empieza el graffiti a ponerlo El Cholo.

— ¿Tiene que tener cierta ubicación, alguna avenida?

— No importa eso. Es nomás buscar una pared y que los medios de comunicación la encuentren. Siempre hacemos una llamada anónima, “aquí hay una narcopinta”, para que los medios de comunicación se acerquen y tomen fotos.

— ¿A qué tipo de medios le han llamado?

— Pues a los medios de comunicación… a los que son locales.

—¿Usted recuerda algunos?

— El (canal) 44, el 32, el 5…

— ¿Por qué les interesa que los medios las vean?

—Para que las publiquen…

— ¿Con qué fin?

— Para que se dé cuenta todo mundo. Para que se den cuenta todos los federales o la corporación, que se les está amenazando.

— ¿A qué hora ponen estos mensajes?

—Pues cerca de cuando oscurece, 7 u 8 de la noche, 9… Para que alcance a salir en el noticiero de las 10. El chiste es que salga en el momento, que no tarde más tiempo en salir en los medios.

— ¿Y luego está usted pendiente de los noticieros?

— Sí.

— ¿Qué canal ve usted?

— Cuarenta y cuatro.

— ¿Y qué espera ver usted ahí?

— Espero que salga la pinta. Y siempre ha salido.

Después de ver este video, ¿a alguien le queda duda que el propósito de quienes colocan narcomensajes es que éstos alcancen difusión a través de los medios? ¿Podrán todavía sostener, quienes los publican, que están haciendo periodismo, que ejercen su libertad de informar?

A mí me parece que no. Creo que quienes publican sin contexto alguno estos mensajes, así como las imágenes de ejecutados que el crimen organizado deja en la vía pública para servir de escarmiento, hacen un invaluable servicio a los delincuentes y se convierten en sus rehenes.

Cuando los integrantes del llamado Cártel del Pacífico Sur comenzaron a colgar a sus enemigos en los puentes del libramiento de Cuernavaca, probablemente fueron ellos mismos los primeros en comprar ejemplares de los diarios de la Ciudad de México que publicaron las fotos en su primera plana. Como la estrategia propagandística funcionó una vez, hace unos días colgaron ahí mismo a tres de los fugados del penal de Atlachaloaya.

Hay ciudades del país donde los medios trabajan bajo amenaza. En Ciudad Victoria, por ejemplo, los Zetas tienen un “jefe de prensa” que se comunica a las redacciones para dar línea a los editores, quienes saben que se enfrentan a un peligro mortal si no cumplen con las instrucciones.

Sin embargo, en el caso de la Ciudad de México e incluso de la violenta Ciudad Juárez, los medios no necesitan ser amenazados: Los criminales ya encontraron la manera de aprovechar su adicción al morbo.

Otra víctima colateral, otro de “los menos”

Cuando supo que había un herido en la vía pública, cerca de su consultorio, el doctor Guillermo Ortiz Collazo tomó su maletín y salió corriendo a la esquina de Bolivia y 16 de Septiembre, en Ciudad Juárez.

Antes, había ordenado a su hijo mayor, de 16 años de edad, que se quedara, que no lo acompañara.

Cuando llegó al lugar, los paramédicos daban atención a un hombre tendido en el piso, vestido con el uniforme de la policía local. No hubo tiempo suficiente para darse cuenta que no se trataba de un agente, sino de un hombre baleado que había sido vestido de policía para servir de señuelo. A unos metros de Ortiz Collazo estaba estacionado un automóvil Focus verde, cargado de explosivos.

Alguien, probablemente a pocos metros de ahí, que podía ver lo que estaba pasando, hizo estallar el coche bomba a control remoto cuando un convoy de la Policía Federal llegó al lugar para tomar conocimiento del presunto ataque a un agente municipal.

Herido gravemente, su ropa hecha jirones, Ortiz Collazo fue trasladado al Hospital General, donde falleció.

Con qué impotencia y coraje nos deja la muerte de este médico y aficionado a la música, trompetista del grupo Los Silver’s. Este padre de familia murió en el servicio desinteresado a los demás, en una ciudad que uno creería deshumanizada por completo.

¿Dónde está el homenaje a este héroe? Olvidémonos de cualquier homenaje oficial, que, ya sabemos, sería oportunista. Me refiero al homenaje de la sociedad.

Cuando en 1995 el niño quebequense Daniel Desrochers, de 11 años de edad, murió a consecuencia del estallido de un coche bomba en Montreal, en el marco de una guerra entre pandillas del narcotráfico, la sociedad de aquella parte de Canadá se dio cuenta de que tenía que actuar.

La madre de Desrochers, Josée-Anne, fundó la Organización de Víctimas Inocentes del Crimen Organizado, que fue fundamental en presionar a las autoridades para que otorgaran la seguridad que éstas están obligadas a proveer en democracia.

¿Habrá muerto en vano el doctor Ortiz Collazo?

Hay síndrome de abstinencia... amorosa

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Al menos en cine, al heroinómano que decide curarse lo encierren bajo llave en una habitación previamente acolchonada, desprovista de vidrios, sin ventana por donde arrojarse al aire… y luego de dos días acaba dándose de cabezazos contra la pared que ha desnudado de colchonetas protectoras, la llena de sangre, entran los amigos y lo atan. Se llama “síndrome de abstinencia” y puede causar la muerte, no sólo por suicidio, sino por la abstinencia misma.

¿Recuerdan a Anthony Perkins, adolescente, de traje oscuro, esperando bajo un chubasco parisino a que salga Ingrid Bergman de Maxim’s a donde fue acompañada de un cuarentón a su medida? Las lágrimas se le confunden con la lluvia (como dijo una buena amiga que le ocurrió hace muuchos años). Es la imagen viva de la desolación. Aimez-vous Brahms?, se llamó la cinta. Yo tenía unos 16 años y llegué a casa directo a poner la Tercera de Brahms, cuyo tercer movimiento: re-mi faaaa, lá-sol-miiii… (si es que le atiné a la tonalidad) es el tema, y ponerme a llorar como Perkins… aunque no tenía por quién… todavía.

Pues resulta que ese joven, Fedra enamorada de su hijastro (que también hizo Perkins jovencito, con Melina Mercuri madurona, y Ralph Valone en versión modernizada de Eurípides) y cuantos amores rechazados conocemos, y sólo conocemos los de final trágico porque son los que hacen literatura, tienen respuesta cerebral idéntica a la falta de cocaína, heroína y cualquier droga dura.

Eso dicen investigadores de Bethesda, Maryland: “El dolor y la angustia por el rechazo de una pareja romántica puede ser el resultado de actividad en partes del cerebro asociadas con la motivación, la recompensa y el hambre extrema (craving) por una adicción, según un estudio publicado en el número de julio del Journal of Neurophysiology” . (http://jn.physiology.org/).

Los investigadores reunieron estudiantes universitarios, heterosexuales, hombres y mujeres, que hubieran sido rechazados recientemente por sus parejas afectivas y, lo más importante, reportaran sentirse todavía “intensamente enamorados”. El tiempo promedio entre el rechazo y su inscripción al estudio fue de 63 días. “Todos los participantes dijeron que gastaban más del 85 por ciento de sus horas de caminata pensando en la persona que los había dejado y aún amaban, anhelaban que la persona volviera y querían volver a seguir juntos”.

Luego los sometieron a revisión con resonancia magnética funcional (fMRI) para estudiarles la actividad cerebral. Con inmensa crueldad les presentaron una fotografía de su ex pareja. También completaron un sencillo ejercicio: contar hacia atrás desde un número al azar, con cuatro dígitos, de 7 en 7: por ejemplo, desde 2831… 2824, 2817, 2810, 2803…, con el fin de distraer la atención antes puesta en pensamientos románticos. Por último, les presentaron una foto de una persona conocida “neutral”, como un amigo o compañero de cuarto.

Cuando los abandonados vieron las fotografías de sus ex, se les estimularon áreas clave:

-el área ventro-tegmental del cerebro medio, que controla motivación y recompensa y se conoce que está involucrada en los sentimientos de amor romántico,

-el nucleus accumbens y la corteza órbito-frontal/prefrontal, que están asociados a la adicción y al deseo insoportable, en especial al sistema de recompensa activado por dopamina (un neurotransmisor que nos da el término “doparse”), básico en la adicción a cocaína, y

-la ínsula y el cíngulo anterior, que se asocian a dolor físico y estrés.

Los investigadores señalan que sus hallazgos son evidencia de que la pasión, el amor romántico, es un estado de motivación orientada a una meta, más que una emoción específica, y que sus resultados son “consistentes con la hipótesis de que el rechazo romántico es una forma de adicción”… ¿Explicaría eso el vaivén de quienes truenan y vuelven, vuelven y truenan, y parecen hallarse muy a gusto en ese estado ya permanente?

Quienes pasan por un rechazo romántico podrían estar peleando contra un fuerte sistema de sobrevivencia que parece estar en la base de muchas adicciones. Eso explica por qué es tan difícil renunciar a la persona amada.

Contacto: Donna Krupa, DKrupa@the-aps.org

Y para ilustrar lo dicho, aquí tienen al rey de los zeibékikos (baile griego de taberna para un hombre solo después de varios ouzos:

O Paliatzís (El ropavejero)

http://www.youtube.com/watch?v=8_E0hhCFY2c

Mi página web: www.luisgonzalezdealba.com

Presidentes

Luis Rubio
Reforma

Todos los presidentes se creen destinados a cambiar el futuro y dejar un legado de dimensiones históricas. Sin embargo, muy pocos, en el mundo entero, lo logran. La contradicción entre los grandes planes y ambiciones con que comienza un periodo gubernamental y la pobreza con que suelen terminar es patente. Pero la causa de la contradicción es menos clara.

Inevitablemente, los planes iniciales rápido chocan con la terca realidad y el periodo gubernamental, que parece largo al inicio, pronto se convierte en una vorágine de problemas cotidianos que absorben a los gobernantes de una manera casi fatal, al punto el tiempo se evapora y la perspectiva se torna confusa. De pronto, el presidente comienza a preocuparse por el legado que dejará y, cada vez más, por la forma en que concluirá su periodo. Ese momento se torna crucial: atrás quedaron los grandes objetivos y lo único importante es cerrar bien. Lamentablemente, para entonces es difícil comprender la diferencia entre lo deseable y lo posible. Lo necesario es recapacitar para construir lo mejor que se pueda en el poco tiempo que queda, pero eso no siempre es fácil y los riesgos se comienzan a apilar.

El problema es generalizado. Nadie puede imaginar que presidentes tan ambiciosos y grandilocuentes como Echeverría, Menem, Bush (W) o Salinas planearon acabar tan mal como lo hicieron. Terminaron mal porque sus planes no eran realistas o porque perdieron contacto con la realidad. Todos estaban seguros de que tendrían un final feliz y no vieron más allá de su retórica. La realidad acabó siendo otra. Lo más increíble es que ni siquiera tuvieron la capacidad para comprender el efecto que las circunstancias tendrían sobre su propio futuro personal.

La realidad acaba mal por muchas razones, pero la principal es el dogmatismo. Los presidentes se aferran a sus planes y convicciones y se rodean de gente que no hace sino empinarlos. Adrián Lajous, ese gran funcionario de otros tiempos, capturó la esencia: "El presidente vive aislado detrás de un muro de cinco metros de altura. Los escogidos que entran a Los Pinos suelen llegar con el pulso alterado y el aliento entrecortado. Muchos se acercan al presidente encorvando los hombros y secándose el sudor de las manos. La mayoría trata de adivinarle el pensamiento para decirle lo que quiere oír. Lee en la prensa que es un genio. Cuando sale de Los Pinos, le sueltan palomas, le avientan confeti, le tocan el Himno Nacional y hasta disparan veintiún cañonazos en su honor. Este grado de obsecuencia le llega a distorsionar un poco la visión hasta al más realista".

Lo interesante es que hay presidentes que acaban bien, o razonablemente bien, circunstancia que lleva a preguntar qué es lo que hicieron distinto. Parte de la respuesta sin duda tiene que ver con la personalidad de cada individuo. En Brasil, por ejemplo, Collor de Mello acabó muy mal en tanto que Cardoso se dedicó a transformar estructuras con ánimo de construir un mejor país en el largo plazo. Un poco como Zedillo en México, Cardoso acabó bien pero sin pena ni gloria. Sin embargo, ambos han crecido en estatura en el curso del tiempo porque se preocuparon más por el futuro de su país que por el propio. Ambos le entregaron el gobierno a un partido distinto al suyo sin necesariamente proponérselo. Independientemente de la grandeza o pequeñez de sus logros, sus gobiernos terminaron bien por una sola razón: porque no se aferraron a lo que existía o a sus propios dogmas personales o partidistas. En el caso de Brasil, Lula continuó la estrategia iniciada por Cardoso, dándole las enormes oportunidades que ahora está cosechando.

Lo que coincide en quienes han terminado con saldos positivos es que siguieron una lógica constructiva y abandonaron el propósito de que su partido o delfín preserve el poder; su lógica fue la de avanzar objetivos sustantivos que a la distancia acrecientan su valía. Vencieron la tentación de ser presidente del país para servir objetivos partidistas y superaron rencores y agravios históricos frente a adversarios políticos: tomaron decisiones clave para los ciudadanos. Es decir, los exitosos son aquellos que procuran un liderazgo capaz de inspirar, pero también de escuchar y brindar confianza a sus interlocutores.

Acaban bien quienes construyen apoyos y consensos en torno a sus proyectos, a la vez que saben adaptarse y cambiar de dirección cuando se atora la carreta. Ninguna de las dos cosas es fácil y menos cuando las circunstancias son difíciles. Clinton inició su gobierno con grandes proyectos pero, cuando fue reprobado en las elecciones intermedias, de inmediato dio la vuelta: de haberse aferrado a su estrategia inicial, lo más probable es que habría terminado siendo un presidente de un solo periodo. Maestro del pragmatismo, Clinton comprendió que había que virar y acabó robándole la agenda a sus contrincantes, logrando un excepcional éxito económico y político. Su secreto fue ver hacia el futuro en vez de a la siguiente elección.

Estamos ante el umbral del último tercio del gobierno del presidente Calderón. La tesitura, luego del más reciente resultado electoral, no podía ser más clara y ominosa. Los dos años que restan del sexenio podrían igual ser el comienzo de una nueva era de transformación que dos laaaaargos años de parálisis, rijosidad y conflicto. Como alguna vez dijo Einstein, es demencial esperar resultados distintos si se insiste en hacer lo que no ha funcionado. El presidente Calderón tiene que decidir si va a intentar algo distinto (me refiero a la política, no a las drogas), susceptible de arrojar mejores resultados en lo que le queda del sexenio o aferrarse al mismo equipo de personas y a las mismas políticas que no han tenido efectos positivos para sus programas, para su partido o para sí mismo. Evitar que gane el PRI no puede ser una estrategia de gobierno y su costo sería inconmensurable.

Dos años parecen pocos, sobre todo porque incluyen toda la parafernalia de la contienda presidencial. Sin embargo, hay muchos países, como Australia, donde el periodo de gobierno es casi tan corto. Desperdiciar este tiempo en más de lo mismo constituiría un verdadero crimen, además de harakiri para el propio presidente. Los próximos dos años en nuestro país son la última oportunidad para construir una institucionalidad que permita ir acercándonos más a naciones como Chile, donde la alternancia de partidos en el gobierno no se traduce en caos o venganzas interminables. Mejor forzar al PRI a un régimen institucional que tratar de impedir su retorno, mejor acabar con la perversa lógica de reinventar al país cada seis años y heredarle el gobierno a los cuates.

Carta pública al PAN

René Avilés Fabila
Escritor y periodista
Excélsior

No queremos más discursos demagógicos y sí ponerle un alto al populismo y a la charlatanería.

Como he podido ver que carecen de una ideología clara y bien definida, que olvidaron la idea fundacional de su partido, la cual, según Gómez Morín, era una organización al servicio de los mejores valores ciudadanos, la democracia y con principios morales, me atrevo a sugerirles una alianza con el PRI para echar del DF a los corruptos "caciques" del PRD.

El PAN cuenta ya con tres delegaciones, Cuajimalpa, Miguel Hidalgo y Benito Juárez, el PRI con ninguna, pero ha aumentado su aceptación y es muy posible que el hartazgo que comenzamos a padecer los capitalinos por el PRD, ayude a que, sumadas sus fuerzas, logren derrotar a quienes han saqueado visiblemente al DF. En estas páginas he señalado el escandaloso caso de Tlalpan, por donde han pasado personas siniestras como El Pino, Carlos Ímaz, Guillermo Sánchez Torres y ahora Higinio Chávez que apenas lee y escribe, pero que es célebre por sus negocios hechos al amparo del poder. Sé también que en Coyoacán el saqueo ha sido intenso; para qué hablar de Gustavo A. Madero, donde hasta las autoridades delegacionales han invadido terrenos. Aunque la corrupción comenzó con Rosario Robles, luego del paso de López Obrador y Marcelo Ebrard, el deterioro moral ha aumentado gravemente. Hay obras mal planeadas y con frecuencia inútiles. Sólo hacen tareas espectaculares para obtener recursos ilícitos y tener contentos a quienes "ayudan" para que acudan a votar por el PRD. Los niveles de podredumbre y prepotencia son brutales. Dicho partido ha conseguido crear rápidas y sucesivas camadas de nuevos ricos. Arrancaron sus carreras apropiándose terrenos o golpeando rivales y ahora son ciudadanos de colonias acomodadas, cuentan con aceptables fortunas y, lo que es peor, siguen haciendo de las suyas. Han sabido tejer redes y relaciones que los llevan de un cargo a otro en total complicidad.

Estimados panistas: no cabe duda que las alianzas con el PRD, su enemigo mortal, el que les dijo de todo, les ha permitido en tres estados echar a los caciques del pasado, ¿por qué no sumar fuerzas con el PRI, que no tiene mayor presencia, pero sí algunos millares de tenaces militantes, para acabar con el reinado de la demagogia y la corrupción en el DF? Sabemos que en la política mexicana todo se vale, no hay reglas. De cualquier forma, ustedes tendrán que enfrentarse al PRD en la ciudad capital, no hay de otra, la ciudad es de ellos, y para arrebatársela necesitan los votos que pueda darles el PRI.

Ojalá pudieran hacerlo así, porque cada día somos más los que estamos en desacuerdo con la corrupción y perversión de los perredistas, porque queremos llegar bien a nuestras casas, ver el Centro Histórico limpio y convertido en lo que es, símbolo cívico de la nación, no una feria permanente; porque deseamos la vuelta de la tranquilidad, sin marchas ni bloqueos; no queremos más discursos demagógicos y sí ponerle un alto al populismo y a la charlatanería; porque es inaceptable tener más gobernantes como López Obrador o Ebrard. Es verdad, todavía cuentan con algunas simpatías sobre todo de personas mayores, a quienes convenció AMLO con algunas limosnas en lugar de ofrecerles un sistema de bienestar razonado. En fin, cada vez son menos. Así que, panistas, anímense, hagan un pacto con el PRI en el DF y en las presidenciales frenen, con el apoyo del PRD, a Peña Nieto y su gente. De este modo, Acción Nacional será quien gobierne con sabiduría al país entero. No importa que carezca de experiencia en el manejo del Estado ni sepa para qué sirve la política. Con el poder en las manos aprenderán para no cometer tantos errores como Fox y Calderón.

Gabriela Cuevas anticipó la posibilidad de ser candidata de una alianza PAN-PRI. El inefable Juanito dijo que apoyaría una coalición semejante para echar del DF al PRD. ¿Algún compromiso la impide?

El canal del Presidente

Álvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Ya ni la amuela Felipe Calderón anunciando la ampliación de la cobertura de Once TV México.

Su participación fue tan mala durante la presentación de esta noticia, que no hubo nadie que no sospechara que se estaba apropiando de ese canal de televisión.

La verdad es que estamos ante una de las notas más importantes, delicadas y fascinantes en materia de medios de comunicación de los últimos años.

Once TV México es uno de los pocos canales públicos que sobrevivieron al proyecto privatizador de Carlos Salinas de Gortari.

¿Por qué? Porque, palabras más, palabras menos, no es un canal del gobierno, es el canal de una universidad, del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Por si esto no fuera suficiente, Canal 11 tiene una historia impresionante, un posicionamiento increíble y aunque su programación no es perfecta y jamás le ha metido un susto en cuanto a niveles de audiencia a Televisa o a TV Azteca, mucha gente lo ama.

¡Cómo no se va a amar una señal que lucha por hacer una televisión diferente! ¡Cómo no amar a Cristina Pacheco! ¡Cómo no amar sus programas infantiles! ¡Cómo no amar sus otras propuestas!

El punto es que todo iba muy bien hasta que, el lunes pasado, el Presidente anuncia, entre otras cosas, que poco a poco se va a ir ampliando la cobertura de esta estación.

¿Qué tiene de malo que se amplíe la cobertura de Once TV México si lo que los televidentes de esta nación están pidiendo son opciones?

Sí hay un problema y al rato se lo voy a decir, pero la primera gran bronca no fue ésta, sino cómo se hizo este anuncio.

El equipo de Felipe Calderón tiene una manera tan “especial” de decir y de hacer las cosas que a nadie le quedó claro nada.

Se supone que Once TV México va a seguir siendo el canal del IPN, pero la Secretaría de Gobernación también va a estar presente, lo cual se presta para pensar en manipulación y censura.

Luego resulta que la ampliación de la señal de Canal 11 es a través de unos convenios que se tienen que renovar cada 12 meses como si no fueran de verdad.

Y aparece el fantasma de una cosa muy rara que se llama Organismo Promotor de Medios Audiovisuales que suena como a “voy a tener el control de los medios”.

Si a esto le sumamos que el anuncio se da alrededor de un proceso electoral y que el candidato que se perfila para ser apoyado por las grandes cadenas privadas para las próximas elecciones presidenciales no va a ser del mismo partido de Calderón, el resultado es una bomba:

Canal 11, que ya se convirtió en Once TV México, se va a transformar en TV México, en el canal del Presidente. ¡Cuidado!

A lo mejor es un error de interpretación y en realidad don Felipe y su equipo lo que quieren es hacerle ruido a Televisa y a TV Azteca creando una especie de nueva Imevisión.

Sólo que como ahora el contexto es otro y su experiencia, limitada, pues ahí van resolviendo los procedimientos sobre la marcha. No vaya a ser que los empresarios se den cuenta, se les enojen y reaccionen.

Igual, a lo mejor de lo único que se trata es de llevarle los bonitos programas de Once TV México a los mexicanos que lo único que tienen para ver son programas como Laura de todos y Cien mexicanos dijieron.

Pero aquí es donde aparece el verdadero problema de todo esto, el que le mencionaba el principio de esta columna y que misteriosamente nadie ha sacado a colación: el público.

¿Felipe Calderón le preguntó al público de los estados si querían ver Once TV México?

¿Qué va a sentir una persona de Zacatecas cuando ponga la televisión y le den puras noticias de lugares que ni le importan como Coyoacán, Azcapotzalco y La Villa?

¿Cómo se va a identificar un campesino de Durango, por ejemplo, con el periodismo urbano de Cristina Pacheco? ¿La gente de Los Mochis se va a ir a correr a Los viveros?

Sí, Canal 11 es grande, pero es grande como es, chilango, del Poli.

Si el Presidente quería una cadena nacional, debió haber construido una cadena nacional bien, con todo lo que esto implica, no colgarse de un proyecto que fue diseñado para otros fines.

Y es que más allá de las interpretaciones políticas, el resultado a nivel televisión de este anuncio puede llegar a ser terrible, porque ni vamos a tener la cadena pública nacional que nos merecemos, ni vamos a conservar a nuestro querido Canal 11. Lo podríamos perder.

¡Atrévase a opinar!