julio 26, 2010

SME: liderazgo, botín y Cayetano

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Por lo que ya se vio, nunca fue la vida de los ayunantes el precio de la huelga de hambre que alentó la dirigencia de lo que queda del Sindicato Mexicano de Electricistas.

Ni siquiera los dos ex trabajadores que la mantuvieron durante casi tres meses estuvieron “a punto de morir”, como afirmaban sus médicos: el ingeniero Cayetano Cabrera optó por atenderse en una clínica privada sin que requiera ser internado y a Miguel Ángel Ibarra no le hallaron en el Centro Médico Siglo XXI del Seguro Social rastros del “preinfarto” ni de la “angina de pecho” que le inventaron, y permaneció encamado hasta ayer pero por su gusto, ya que se le diagnosticó únicamente “probable desnutrición calórico-proteica” y “deshidratación leve”. Los otros 11 que ayunaron durante algo más de un mes fueron dados de alta enseguida porque, al igual que el casi centenar de quienes los precedieron, ninguno presentó problemas derivados de la inanición y gozan de cabal salud.

Pero si el precio de la huelga de hambre no fue la vida de nadie, el reconocimiento legal de una dirigencia del SME representa (MILENIO de ayer) una fortuna colosal: tan sólo el patrimonio de los ex trabajadores en un par de bienes inmuebles vale más de mil 700 millones de pesos: el Deportivo Coapa (mil 200 millones de pesos) y el nuevo edificio de Insurgentes (como 500 millones).

El SME posee además el edificio de la calle de Antonio Caso (donde hay un mural de Siqueiros) y deportivos en Hidalgo y Morelos; una escuela técnica y una clínica, y locales en 11 subestaciones.

La directiva que reconozcan la Secretaría del Trabajo y la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje podrá acceder a unos cuatro millones de pesos semanales de cuotas que aportan los 22 mil jubilados que en su mayoría, por cierto, estuvieron contra la reelección de Martín Esparza el año pasado.

Todo eso, sin embargo, es una bicoca si se le compara con lo que hay en el Fondo de Reserva para Jubilaciones que establece la cláusula 64 del Contrato Colectivo de Trabajo (constituido en 1934): tan sólo en 2008, las aportaciones rebasaron los 140 millones de pesos, y entre enero y agosto de 2009 poco más de 101 (sin contar la aportación de la empresa): un cofre del tesoro atiborrado a lo largo de 76 años, y cuyo total supera el monto de las liquidaciones disponibles para los 44 mil ex trabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro.

De pilón, la dirigencia que sea reconocida podrá disponer también del Fondo de Vivienda que se constituyó con 14.5 por ciento de los salarios de nómina de todos los miembros del sindicato, así como de las cuotas de jubilación. En 2008 se retuvieron por este concepto más de 359 millones de pesos, y entre enero y agosto de 2009 más de 277 millones.

¿Al alcance de quién pondrá el gobierno calderonista tamaño botín?

Frente a Martín Esparza y Alejandro Muñoz, cuya disputa por el liderazgo dividió al SME, hoy se yergue la figura de Cayetano Cabrera, quien lejos de pedir la toma de nota de nadie, ayunó en demanda de que tengan trabajo sus 44 mil ex compañeros.

Gloriosos esqueletos

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma

Hugo Chávez no pudo contener las lágrimas. Tras abrir el féretro que contenía los huesos de Simón Bolívar, lloró. Chávez no pudo reprimir la emoción al sentir el fulgor de la osamenta. Al contemplar los restos, el presidente venezolano no tuvo la menor duda del origen de los huesos. El esqueleto era "glorioso"; tenía que ser el armazón del libertador. El Presidente ha tenido a bien informar a su pueblo que la exhumación del padre seguirá los más rigurosos pasos de la ciencia. Se trata, ni más ni menos, que de una operación de Estado, dirigida por el vicepresidente, el ministro del Interior y la fiscal general, respaldada por un nutrido equipo de científicos. Las lágrimas del Presidente encontraron respaldo de inmediato en la poesía. Chávez recordó a Neruda y dijo: "Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua y en el aire... Despiertas cada cien años, cuando despierta el pueblo". Chávez no vio huesos inertes, sino una energía palpitante: relámpagos brotando del hueso. Seguía el histriónico mandatario: "¡Dios mío, Dios mío! ¡Cristo mío, Cristo nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en ti! Y cómo hubiese querido, cuanto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: 'Levántate, Simón, que no es tiempo de morir'. ¡De inmediato recordé que Bolívar vive! Bolívar vive, carajo. ¡Somos su llamarada!".

A Chávez no le ha bastado montar la legitimidad de su régimen en la leyenda bolivariana; ha necesitado adueñarse físicamente de sus restos. La macabra apropiación tiene, por supuesto una intención política. Como ha apuntado Rafael Rojas, la exhumación busca aportar otra alegoría al chavismo: Simón Bolívar no murió de tuberculosis, sino que fue envenenado por el imperialismo. El héroe no pudo haber caído por azares de bacterias diminutas, sino por la perversidad de los enemigos de la patria. Revelar un asesinato de hace 180 años es atizar la guerra permanente; poner en guardia a la república contra esos criminales históricos que sólo cambian de traje pero no de propósito.

El respaldo de los cadáveres es una de las formas primigenias de la legitimidad. Los muertos suelen ser más dóciles que los vivos y pueden llegar a decir lo que los poderosos quieren escuchar de ellos. Todo régimen político, sea democrático o autocrático, levanta su prestigio en algún cementerio. Cualquier política pretende instalarse en el tiempo y por eso busca rehacer los recuerdos para usarlos en su beneficio. Pero las autocracias suelen tener mayor obsesión por el pasado. La arrogancia del déspota le impide medirse con sus contemporáneos: sólo los hombres de bronce, los inmortalizados en piedra y en poesía son sus camaradas. El déspota no está sujeto a leyes, no se detiene ante la advertencia de las instituciones, pero se convence de que es fiel a un llamado de la historia. Los muertos lo llaman y lo cuidan.

Se entiende que un régimen como el de Chávez busque cobijo en el féretro de Simón Bolívar. Una épica sentimental alimenta su eficaz teatralidad. Pero, ¿qué sentido tiene que México caiga en idéntica ridiculez? ¿A qué propósito sirve airear los huesos de los héroes y ponerlos a desfilar, ante un Presidente ataviado con los símbolos de la Jefatura de Estado? Vale la pena atender las razones del encargado de los festejos del Bicentenario, quien escribió un texto asombroso. Para don José Manuel Villalpando los restos de los héroes de la independencia merecen nuestro homenaje. Sí: los huesos de los héroes. Eso es lo que dice el profesor de historia de la Escuela Libre de Derecho en un texto conmovedor. Dice Villalpando: "Han esperado pacientemente allí, en sus urnas solitarias que pocos han visto, sin que nadie los visite, sin que nadie se detenga ya no digamos a agradecer lo que hicieron, sino al menos a pensar en ellos. Son los restos mortales de los héroes de nuestra Independencia. Los restos de los hombres que nos dieron patria y libertad. Sólo en contadas ocasiones reciben visitantes apresurados. A veces, durante las ceremonias protocolarias, en los discursos se menciona su nombre y se deposita una ofrenda floral en su honor. En otros momentos, son los turistas los que se detienen con curiosidad pasajera a tratar de adivinar el papel que cada nombre de los allí inscritos jugó en nuestra historia. No hay tiempo para más, porque pocas veces el transeúnte tiene la osadía de cruzar la avenida, con riesgo de su propia vida, arrostrando la marea automovilística para acercarse a ver, a mirar, a sentir, a recordar... Y ellos permanecen olvidados".

El festejador lamenta que nos olvidemos de los huesos de los héroes, no de los héroes. Tiene toda la razón. Debemos venerar el peroné ya polvoriento de Morelos, el húmero quebradizo de Vicente Guerrero y el polvo de vértebras de Guadalupe Victoria. No seamos ingratos. Que el bicentenario logre finalmente la justicia osamentaria.

2012 y la coalición PAN-PRD

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

En la izquierda hay indicios de que López Obrador hará lo que haga falta para aparecer en la boleta, con o sin el sol azteca.

Tras el éxito de la coalición PAN-PRD en tres de los cinco estados donde se formó (y en los otros dos le fue mejor de lo esperado), la estrategia cobra aire y empuje. De haber fracasado el 4 de julio, ahí hubiera quedado el tema, pero al salir avante se ha anunciado su exploración para el Estado de México. El rechazo y la crítica endilgada a la alianza "contra-natura" por parte del PRI, aun antes de las elecciones, reflejaba el temor que le inspiraba esa fórmula, conociendo su potencial electoral que ahora ya ha comprobado. La sistemática descalificación por parte de los priistas, todo el tiempo y en todos los espacios, no sirvió de gran cosa. A quienes estaban hartos del PRI poco les importó la incongruencia del programa, el oportunismo de los aliados, el adefesio ideológico que engendraron y todos los demás calificativos enfilados contra esa alianza.

Y si tras la elección del superdomingo se esfumó la imagen de la inevitabilidad del triunfo priista, de lograrse otra coalición en el Estado de México y salir victoriosa, el golpe al PRI sería, quizá no letal, pero sí formidable. Esto no es automático, pues exige primero encontrar un candidato popular y aceptable a ambos partidos (con la posibilidad de que el PT vaya con su propio candidato). La idea original es que la táctica aliancista llegue hasta ahí, para después ambos partidos competir por su lado por la Presidencia (habiendo emparejado significativamente el terreno). Ante lo cual, los priistas parecen haber encontrado un antídoto, no contra las coaliciones en general, pero sí contra la del Estado de México en particular; empatar la elección a gobernador con la elección presidencial, es decir, celebrarla en 2012. Con ello, Enrique Peña Nieto habría evitado una posible derrota antes de contender por la candidatura presidencial en su partido y, nombrando un interino a modo, disponer todavía del enorme presupuesto de esa entidad para pavimentar su propio camino a Los Pinos. Corre la versión de que esa será la contra-estrategia priista frente a la posible coalición PAN-PRD, para lo cual se requiere mayoría absoluta en el Congreso estatal (que el PRI alcanza con su aliado Verde).

De concretarse esa posibilidad (y si lo es legalmente, no veo por qué el PRI no se vaya por ahí), el panorama ya resultaría menos preocupante para el tricolor. En la izquierda hay indicios de que Andrés Manuel López Obrador hará lo que haga falta para aparecer en la boleta, con o sin el PRD (aunque sus allegados apuestan a que no lo hará a toda costa). Falta por ver si recupera el voto independiente (sin el cual no se puede ganar) que lo abandonó desde 2006. Y, de no hacerlo, si insiste en ser candidato, pone así al PRD al filo de la ruptura. Si partimos de que, por un lado, probablemente no le alcancen a López Obrador sus partidarios para ganar (tiene los mayores negativos) y, por otro lado, que el PAN tiene cuesta arriba repetir la Presidencia (pues además del fiasco de dos gobiernos, enfrenta escasez de candidatos con potenciales de triunfo), el PRI volverá a presentar elevadas probabilidades de retornar al poder.

En tales condiciones, pensar en una coalición PAN-PRD para la Presidencia no suena ya tan descabellado, si esos partidos se ven muy abajo del PRI en las encuestas (y si éstas logran recuperar su credibilidad a tiempo, claro). Un candidato de coalición -nada fácil de encontrar- podría hacer frente al PRI, aun cuando López Obrador insistiera en ser candidato por alguno de sus registros (el PT y/o PC). Es decir, si el PRI burla la amenaza de la coalición en el Estado de México, trasladando la elección de gobernador a 2012, entonces el nuevo potencial del tricolor podría empujar a los aliancistas a explorar la fórmula, ya no para la desplazada elección mexiquense, obviamente, sino para la Presidencia misma. Escenario que se ve lejano y difícil, pero que podría cobrar visos de concreción si en efecto el PRI desplaza la elección mexiquense a 2012, si López Obrador se impone como candidato por las buenas, las malas o como sea, y si los aspirantes del PAN lo logran remontar sus bajos números. Nada de lo cual es imposible. Más bien, ese panorama aparece como muy probable. Y si en tales condiciones, el PAN y el PRD desean detener al PRI, podrían volver a sentarse en la mesa de negociación, considerando además la prioridad de Felipe Calderón de impedir el retorno del tricolor. Nada ganaría ninguno de los dos partidos con tenderle el tapete rojo al PRI en 2012.

Terrorismo legal

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El terrorismo tiene grados: no siempre es derrumbar las Torres Gemelas de NY con aviones cargados de gasolina y pasajeros. Comienza por terror contra el trabajador electricista que sigue haciendo su trabajo y, tras señalarlo como esquirol, dar permiso para golpizas, voltear camionetas de la CFE, realizar actos de sabotaje contra instalaciones eléctricas en el DF. Todo protegido por el manto de la Suprema Corte de Justicia, en cuanto se autodefinen como “protestas sociales”: terrorismo legal.

Estamos abriendo las puertas de un infierno: Si un policía golpea a un manifestante que no acata la orden de retirarse, es represión e interviene Derechos Humanos; si manifestantes en tumulto golpean a un policía por atreverse a solicitar que no afecten el derecho de libre tránsito, es un acto de civismo heroico: “Dad a los pinches chotas las patadas en los güevos que se merecen”.

Terrorismo también es lo que ejerce, contra un ciudadano indefenso, la turba que rodea su auto armada de palos y de caras congestionadas por la furia: destruyeron su empresa que revendía electricidad y quieren mamar de otra hasta secarla.

Ciudadanos que se dirigen a sus trabajos, periodistas de MILENIO TV: cualquiera puede ser objeto de asaltos, autos golpeados por pedir paso, gente agredida por responder de mala manera… Los perfectos idiotas de siempre señalan que los bloqueos afectan a “su majestad el auto”. Pero las calles, para bien y para mal, están diseñadas, proyectadas y construidas para los autos. Cuando se vuelven peatonales se recubren de mosaico o adoquín.

Pero el terrorismo se vuelve legal cuando es escoltado por la policía, como ocurre ya en el DF: no vaya a ser que un automovilista, enloquecido de furia, pierda el control y lance su auto contra un bloqueo, frene, regrese, vuelva a pasar… La policía está para evitar que eso ocurra, pero debería estar para liberar calles antes de que eso siquiera se imagine.

La violencia del Estado también tiene grados: 1) solicitar a los bloqueadores que se retiren: las marchas son legales, pero ninguna ley otorga derecho al bloqueo de vías públicas bajo ningún tipo de enojo.

2) Luego de los avisos, la ley debe imponerse y quien se ponga enfrente sabe que resultará cuando menos apaleado. La privatización de calles por bloqueos y de aceras por vendedores ambulantes es una forma de violencia social, la primera, si se quiere. Al final están los autos bomba y luego los aviones bomba.

¿Por qué es distinta una golpiza a o por policías? Porque la esencia del proceso civilizatorio es el pacto por el que los ciudadanos acordamos con el Estado deponer la espada, con la que nos defendíamos del asaltante en el callejón oscuro, a cambio de que la autoridad se haga cargo de iluminar el callejón y de poner una fuerza pública, armada, a nuestro servicio. Es el famoso “monopolio de la violencia legítima”, según expresión de Max Weber. Sencillo: al que se pone, lo quitan. O así debería ser.

Pero no es así. Estamos en manos de delincuentes, de los comunes, primero; luego de los policías que se exceden porque no han recibido instrucción sobre el cómo y el cuánto, y ahora hasta de los “movimientos sociales”.

Nuestros gobernantes deberían echar sus barbas a remojar en historia maya: el imperio cayó, hacia el siglo X d.C. cuando los reyes-sacerdotes dejaron de cumplir su parte: hacer de puente ante los dioses… y no llovió por decenios a pesar de que la población cumplía la suya: entrega de tributos y hasta de vidas para obtener lluvia. Cuando se cansaron de pagar mataron a sus reyes y se redujeron a poblados miserables de autosubsistencia en la selva. Eso encontraron los españoles. Nuestras autoridades no están haciendo su parte esencial: cuidar nuestras vidas y propiedades.

Huelga de hambre. ¿Cómo tiene un trabajador electricista, Martín Esparza, con licencia sindical, ranchos con caballerizas, casas, autos y fortuna de jeque? Porque en Luz y Fuerza había en nómina 44 mil trabajadores. El trabajo hoy lo realizan 6 mil de la CFE. Cobraban en efectivo, así que lo no cobrado nomás desaparecía: 35 mil millones fue el subsidio el año pasado.

Los “huelguistas de hambre” no mostraron en Urgencias ni siquiera deshidratación luego de 90 días sin comer. Los presos irlandeses, entre ellos Bobby Sands, que se pusieron en huelga de hambre contra Margaret Thatcher, a los 50 días mostraron daño irreversible en visión y otras funciones. Y murieron a los 60. ¿Nos creen estúpidos?

Mi novela contrarrevolucionaria: OLGA (Planeta, 2010).

¿Quién anda ahí?

La foto (comentada) de la semana (pasada)

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Han sentido alguna vez que se le erizaban los cabellos de la nuca, como si un espectro estuviera acechando por la espalda y casi sintieran su aliento? Pues bien, eso parece estarle ocurriendo a la secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton.

Su rostro la traiciona: trata de mostrar interés a los comentarios de su anfitrión surcoreano, pero sus facciones están tensas y su mirada parece perdida en otro pensamiento, como si quisiera reprimir un escalofrío.

Si, además de sentir la presencia del imponente soldado norcoreano, detrás suya, tuvo ocasión de verlo con sus propios ojos, es probable que en ese instante haya pensado que nunca había estado tan cerca de un enemigo. Entre ambos median escasos centímetros, los que separan la caseta prefabricada de la ONU, en la llamada “zona desmilitarizada”, del terreno que hay justo detrás del vidrio, que no es otra cosa que Corea del Norte, el régimen estalinista que sigue oficialmente en guerra con sus hermanos de Corea del Sur.

Más difícil es imaginar lo que se le habrá cruzado por la mente al soldado a las órdenes del régimen más hermético del planeta. En cualquier caso, por muy cerrado que sea su país, es probable que el militar ya supiera que ella es una alta dignataria del “enemigo”; puede que incluso supiera que es esposa de un ex presidente de EU, con un pasado de adúltero. Sólo él sabrá qué pensamiento tuvo en ese encuentro: quizá matarla en un ataque de locura, quizá un repentino deseo de desertar y pedir que le ayude a huir a la libertad, quizá simple morbo de saber que estaba tan cerca de la jefa de la diplomacia estadunidense, o quizá no sabía quién era y tuvo curiosidad por ver (a lo mejor por primera vez en su vida) a una rubia occidental. Quizá no sepa ni nunca sabrá que su rostro casi fantasmal dio la vuelta al mundo.

Chamberlainistas

Denise Dresser
Reforma

Sorprendente que haya tan pocos preocupados ante el posible retorno del PRI a Los Pinos. Curioso que sólo a una minoría de mexicanos les quite el sueño esa posibilidad. Más bien predominan los argumentos justificando un desenlace así como producto de la normalidad democrática. Como testimonio de la alternancia deseable. Como señal de una maduración política que el país debe aplaudir. Pero hay algo en estas posturas que se parece al acomodamiento, a la resignación, a la claudicación. A la política del "appeasement", instrumentada por el primer ministro inglés Neville Chamberlain cuando firmó el Pacto de Munich con Adolf Hitler. Y no es que la intención de esta columna sea equiparar al priismo con el fascismo. Pero el objetivo explícito que la anima es señalar la aceptación extendida al regreso priista y cuántos posicionamientos surgen para justificar su restauración.

México no es el mismo, ni el país es el mismo, dicen. Las instituciones son un contrapeso real al poder presidencial del pasado, argumentan. Las instituciones hacen imposible el fraude de antes, insisten. La voz de los ciudadanos ahora sí cuenta, reiteran. En pocas palabras, la democracia en México funciona y una regresión es impensable. Tenemos prácticas y leyes que pueden perdurar; elecciones y autoridades electorales que pueden aguantar; una Suprema Corte y un IFAI que pueden resistir; una libertad de expresión y una participación ciudadana que nadie podrá coartar. La monarquía embozada se ha convertido en una democracia consolidada.

El problema con esta visión es que asume un funcionamiento institucional que francamente no existe, o sólo lo hace de manera parcial. México es un democracia electoral, pero las elecciones recientes demuestran un deterioro importante en cuanto a limpieza, equidad e imparcialidad de los árbitros a nivel local. México es una democracia plural, pero la pluralidad se da en la oferta ideológica más no en el comportamiento gubernamental, donde prevalece la lógica de "reparto del botín" entre los partidos. México cuenta con el IFAI, pero sirve de poco cuando todas las instancias gubernamentales a las cuales se les exige información se amparan para evitar otorgarla. México cuenta con un grado aceptable de participación, pero en la medida en la que no hay otros instrumentos -como las candidaturas ciudadanas, las iniciativas ciudadanas, el referéndum, el plebiscito- la participación ciudadana se vuelve muy limitada y con poca incidencia más allá del ámbito electoral. México puede ser visto como una democracia formal, pero en la cual los poderes fácticos e informales tienen más peso que los poderes electos e institucionales.

México ha cambiado pero no lo suficiente como para celebrar la solidez de una democracia que es a claras luces intermitente. Capturada. Caciquil en algunos estados y feudal en otros. Una democracia "iliberal" como la calificaría Fareed Zakaria, porque la forma en la cual se usa y se comparte y se administra el poder sigue siendo profundamente corporativa. Y ése es el problema que presenta para el país el retorno del PRI. No es que el priismo pueda resucitar a la Presidencia imperial o controlar al Congreso o reinstituir el fraude electoral o restablecer el sistema de partido hegemónico. Pero lo que sí puede hacer -y sin duda lo intentará- es mantener el sistema de cotos corporativos, repartición de prebendas, extracción de rentas, derechos adquiridos e intereses establecidos que creó. Será tan estatista y tan dirigiste como siempre lo ha sido y basta con escuchar cualquier discurso de Beatriz Paredes o leer cualquier artículo de Enrique Peña Nieto para constatarlo. El PRI no regresa para modernizar a México sino para momificarlo.

Y quienes no entienden eso pecan de una gran ingenuidad que acaba legitimando al PRI que no cambia ni se define. Le reclaman -como lo hace Claudio X. González Guajardo- a Felipe Calderón su "obsesión por evitar que el PRI regrese al poder" que "deja en el limbo las reformas que como Presidente debería encabezar". Sentencian que, ante las alianzas electorales que agreden al PRI y sabotean su colaboración legislativa será necesario esperar al 2012 para ver las reformas indispensables. Pero esas posturas presuponen que el PRI encabezará las reformas; que Enrique Peña Nieto las hará suyas; que el priismo empujará cambios estructurales aunque afecten los intereses que protege. Presupone que los ciudadanos sin representación política real lograrán que a partir del 2012 el sistema funcione para ellos en lugar de hacerlo fundamentalmente para las élites corporativas.

Pero ambas suposiciones son un acto de fe; son un ejemplo de la política de apaciguamiento ante el adversario que llevó a Neville Chamberlain a afirmar que "debemos buscar todas las maneras de evitar la guerra". Pero para México habría pocas cosas peores que allanar -de manera conciliadora- el retorno de la fuerza política responsable de los usos y costumbres que la democracia necesita erradicar. Sería equiparable a dormir con el enemigo y hacerlo voluntariamente.

¿Capacidad de diálogo o señal de debilidad?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Unos días fuera de México nos reciben con una estela de acontecimientos que van desde el carro bomba de Ciudad Juárez, los cambios en el gabinete (que se supone no se han agotado), hasta el supuesto acuerdo del nuevo secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, con el SME para que éstos levantaran la huelga de hambre.

Algunas reflexiones rápidas sobre estos puntos podrían poner dudas sobre el supuesto éxito con que se manejaron esos temas. Primero, el atentado en Ciudad Juárez fue un acto de narcoterrorismo: por razones políticas o diplomáticas se lo querrá llamar de otro modo, pero no hay otra forma de describirlo, lo demás es querer tapar el sol con un dedo. Y lo grave no es eso, sino que no se prepara a la gente ni se le quiere explicar realmente a qué nos estamos enfrentando como sociedad y país. Ahora que estuvo de visita el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos, hubiera podido explicar con mucha claridad los costos en vidas y en años que implicó para su país no asumir de frente esa realidad.

En este sentido, los cambios en el gabinete deberán estar a prueba. La llegada de Alejandra Sota a Comunicación Social de la Presidencia permitirá concentrar labores que estaban dispersas en una de las funcionarias más capaces y eficientes del presidente Calderón, y se entienden de la mano con la remoción de Patricia Flores, que había logrado dividir al equipo calderonista de Los Pinos, y el regreso a esa oficina, después de su paso por el gabinete, de Gerardo Ruiz Mateos. Max Cortázar será un refuerzo notable para el calderonismo en el PAN, cuyas deficiencias en el manejo de medios en los últimos años ha sido notable. Pero la presencia de Cortázar irá más allá de los medios.

Pero el cambio más importante, sin duda, es la salida de Fernando Gómez Mont y la llegada a Gobernación de Blake Mora. Como buena parte de los comunicadores y políticos, no conozco al nuevo secretario de Gobernación. Se ha dicho que coordinó el experimento más exitoso que ha tenido esta administración en la lucha contra el narcotráfico, el que se ha dado en Tijuana en particular y Baja California en general, pero quienes conocen del tema saben que esa tarea la realizó, en forma primordial, el Ejército mexicano y tuvo un papel central la Policía Federal en el proceso de reemplazo de policías locales. Hubo coordinación y mando único, pero ese no estuvo en manos del gobierno estatal.

El punto más destacado del inicio de gestión del nuevo titular de la Segob fue el levantamiento de la huelga de hambre del SME a cambio de no se sabe qué: según el impresentable Martín Esparza de la toma de nota a la dirigencia del sindicato, la que le permitiría acceder a bienes por unos siete mil millones de pesos. Según el secretario del Trabajo, Javier Lozano, de establecer sólo una mesa de negociación.

Se ha dicho que fue una demostración de que el diálogo podía superar los enfrentamientos y que se había evitado una tragedia. Ahora podemos confirmar que no es así: que la huelga de hambre fue una tomadura de pelo y que la vida de los supuestos huelguistas nunca estuvo en peligro. Según el parte médico emitido por el Centro Médico del IMSS, todos los huelguistas fueron dados de alta en menos de 48 horas porque no existían evidencias de alteraciones a órganos funcionales, bioquímicamente estaban íntegros e, incluso, no habían perdido masa muscular. Y todos se fueron a sus casas sin ningún problema. No hubo huelga de hambre y mucho menos de más de 80 días. Mintieron el sindicato, los huelguistas y los médicos que supuestamente los atendieron. Y el gobierno aceptó la mentira. ¿Una comparación? El cubano Guillermo Fariñas, que estuvo desde mayo pasado asistido médicamente, con aplicación de sueros, proteínas y medicinas, luego de una huelga de hambre de 135 días, tendrá que estar internado por lo menos seis meses para poder recuperarse de sus daños físicos, sufre secuelas que le pueden llevar a perder un brazo; deberá someterse a ejercicios de rehabilitación para poder caminar nuevamente, ya que tiene los músculos atrofiados y deberá estar tres meses en silla de ruedas antes de poder iniciarlos. Además, sufre de daños renales que pueden ser irreversibles. Los del SME en menos de 48 horas se recuperaron y se fueron a su casa. No perdieron siquiera masa muscular. Fue un engaño.

Se canceló la huelga de hambre, pero, ¿se le otorgará la toma de nota a pesar del engaño como ha dado a entender Gobernación o no se negoció nada como ha afirmado Javier Lozano?, ¿fue una muestra de capacidad de diálogo de la nueva Secretaría de Gobernación o de debilidad gubernamental? En las próximas horas tendremos las respuestas.

¿Por qué el SME salió a decir tantas mentiras?

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Digno de ser destacado lo que ocurrió el viernes en la tarde. El vocero del SME, Fernando Amezcua, declaró, en contra de toda la lógica imperante, que los secretarios Francisco Blake y Javier Lozano les acababan de entregar fabulosos premios a cambio de que se levantaran las 14 huelgas de hambre en el Zócalo.

Amezcua aseguró que en la encerrona del jueves en Bucareli, Blake y Lozano se comprometieron a reconocer oficialmente (dar la toma de nota) a la dirigencia de Martín Esparza. En buen romance, eso significaba que les liberarían un cheque cuyo monto fue calculado ayer por la reportera Mariana Otero en al menos 7 mil millones de pesos. Qué negocio la huelga de hambre.

Igualmente asombrosa fue la seguridad con que Amezcua informó que el gobierno les ofreció una suerte de recontratación de 16 mil de los suyos para que hagan tareas de mantenimiento y reparaciones, por “la probada ineptitud del personal de la Comisión Federal de Electricidad”. Es decir, el gobierno que denuncia a esas personas por presuntos actos de sabotaje y daño a la infraestructura, las trae de vuelta ¡para que arreglen las fallas y no se vaya la luz!

Tronante, Lozano salió en la noche a contestar que, punto por punto, eso era falso. ¿Qué llevó entonces a los líderes del SME a decir mentiras tan fantasiosas? Pensaría que se trató de un discurso para quedar bien con los duros del sindicato y salir de las arenas movedizas en que se metieron con la huelga de hambre. Pero no, no puede ser, porque hoy, a las siete de la noche, se vuelven a encerrar con Blake y Lozano que, supongo, estarán al menos indignados por ese raro descontón.

La otra es que Amezcua haya dicho la verdad y el gobierno haya perdido la cabeza.