agosto 01, 2010

'Tiros y tiras' por Paco Calderón



Pudo haber otros universos

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

¿Hubo un antes del Big Bang con que se originó nuestro universo? ¿Hubo universos anteriores? Las matemáticas del indio Abhay Ashtekar dijeron que sí en 2006. La pregunta no es nueva; las matemáticas, sí.

En 1915, Albert Einstein publicó su teoría general de la relatividad: la gravitación no es una fuerza de atracción, como en Newton, sino la curvatura que la masa produce en el espacio. Va el ejemplo visual más sencillo en dos dimensiones: una pelota sobre un cielo raso lo pandea, y si colocamos una canica, ésta rueda hacia la pelota, no por una extraña atracción que ejerza la pelota (aunque así parece a un observador directamente encima), sino porque el cielo raso está curvado por el peso de la pelota y la canica sigue la curva.

Las ecuaciones de su nueva teoría, le mostraban a Einstein un absurdo: que el universo está en crecimiento. Como eso en 1915 era obviamente falso y el universo estático, el gran Einstein… hizo trampa: introdujo una constante matemática ad hoc, como quien añade a la lista del súper, para ajustar la suma, una compra que no hizo.

Pero, en 1929, el astrónomo estadunidense Edwin Hubble (por quien lleva ese nombre el telescopio espacial) publicó un análisis de la velocidad de las nebulosas y descubrió que la gran mayoría, mostraba corrimientos de su luz hacia el rojo que sólo podían explicarse asumiendo que se alejaban: un efecto Doppler en la luz. Así como las ondas de sonido se comprimen cuando una ambulancia se acerca y se estiran cuando se aleja, con lo que el sonido pasa de agudo a más grave, la luz que se acerca se azulea y la que se aleja se enrojece: el azul tiene ondas más apretadas que el rojo, éste, mayor distancia entre sus picos.

Einstein soltó así una de sus frases célebres, que su constante cosmológica había sido: “el error más grande de mi vida”.

El salto siguiente fue simple: si todo el universo se alejaba sin centro, como los puntos sobre un globo que se infla, entonces, corriendo la película al revés, se podía imaginar el momento en que comenzó la expansión. Apenas dos años después, en 1931, el sacerdote y astrónomo belga Georges Lemaître propuso que el universo se originó en la explosión de un átomo primigenio. Hoy la llamamos Big Bang. La expresión proviene de una burla a cargo de cosmólogos que sostenían la teoría contraria, la del estado estable, entre ellos Fred Hoyle: “Ah, sí, cómo no: la nada hizo pum y aquí estamos... Un gran pum... A big bang.”

Comenzaron los cálculos para determinar si el universo se detendría y… comenzaría a caer hasta un Big Crunch, un gran aplastón. Y si lo había, ¿no le seguiría un rebote? ¿No habría habido ya uno, dos… infinitos rebotes? Eso resolvía el porqué y cómo de nuestro Bang.

Tampoco era difícil plantearse el antes del bang. La primera respuesta fue que la pregunta misma no tenía sentido pues con el Big Bang había comenzado también el tiempo, el espacio-tiempo de la comprobada teoría de la relatividad. Pero los científicos nunca aceptan restricciones.

Fue natural que un natural de la India, cuya filosofía milenaria plantea un constante palpitar del universo, expansiones y contracciones desde la eternidad y por toda la eternidad, encontrara las matemáticas del antes del Big Bang: Abhay Vasant Ashtekar, nacido en 1949, físico teórico y uno de los fundadores de la gravitación cuántica.

En este espacio hemos visto la enemistad congénita entre las dos más formidables teorías que nos explican el universo: la cuántica, exacto modelo del átomo, y la relatividad, exacto modelo de estrellas y galaxias. Desde 1927 los físicos están batallando con las ecuaciones que unifiquen cuántica y relatividad. Ashtekar ha producido una aproximación con sus trabajos en la Pennsylvania State University: la cosmología de lazos cuánticos.

El equipo de Ashtekar se asoma al pre Big Bang en nota del 15 de mayo del 2006, publicada en Physical Review Letters. “Los cálculos de la relatividad general pueden usarse para describir el universo hacia atrás hasta el punto en que la materia se vuelve tan densa que las ecuaciones dejan de funcionar, para ir más allá de ese punto, debimos aplicar herramientas cuánticas que no tuvo Einstein”, dice Ashtekar. Él y dos investigadores, Tomasz Pawlowski y Parmpreet Singh, lograron desarrollar un modelo matemático que pasa a través del Big Bang.

“Con modificaciones cuánticas de las ecuaciones cosmológicas de Einstein, hemos mostrado que en vez del clásico Big Bang hay de hecho un Rebote cuántico.” Fue la primera descripción matemática de un universo anterior al nuestro.

Martin Bojowald, también de Penn State, publicó en Nature Physics de agosto de 2007, un nuevo modelo matemático del Gran Rebote.

…Y se me acabó el espacio. Léalo en www.science.psu.edu/news-and-events/2007-news/Bojowald6-2007.htm Y mi nota del 19 de abril de 2009: http://impreso.milenio.com/node/8562317

Contacto: Abhay Ashtekar, ashtekar@gravity.psu.edu

Otros: Tomasz Pawlowski, Parmpreet Singh: science@psu.edu

Mi novela con una Revolución mal parada: OLGA, (Planeta, 2010).

La muerte de Coronel

Raymundo Riva Palacio
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
www.twitter.com/rivapa
Estrictamente Personal
El Financiero

Lo más sorprendente del operativo quirúrgico donde murió la tarde del jueves Ignacio Coronel, cuyas redes de narcotráfico se extendían por tres continentes, es que fuera hasta ahora. Para nadie era un secreto en Guadalajara que Coronel vivía en el fraccionamiento Colinas de San Javier, a donde se había mudado de otro fraccionamiento, a dos kilómetros de ahí, llamado Puerta de Hierro, ambos en el municipio de Zapopan. Desde la capital de Jalisco, Coronel manejaba el imperio de las metanfetaminas en tres continentes, y tenía en su nómina a policías, generales en activo y cuando menos al hermano de un exgobernador del sur del país.

Coronel no podía ser arrestado en México porque no había denuncia en su contra. Por esa razón no se ocultaba, más que de sus enemigos, en Guadalajara y Durango, donde vivió previamente. En la capital de Jalisco, inclusive, su equipo de contrainteligencia reportaba informalmente a la policía estatal sobre la llegada de narcotraficantes de cárteles adversarios, con lo cual contribuía a que Guadalajara no fuera un foco de violencia. Ahí estaban algunos de los laboratorios más importantes para la fabricación de metanfetaminas, después de haber cerrado sus megalaboratorios en Texas, Oklahoma y Kansas, en 2003, a fin de mejorar el control sobre la venta al mayoreo, los precios y la calidad de su producto.

Para que cayera Coronel, tenía que cometer un delito y ser sorprendido in fraganti -muy difícil que lo hiciera por su sofisticación- o que lo mataran. Eso sucedió este jueves. Una operación focalizada sobre sus dos casas de seguridad en Colinas de San Javier, con comandos del Ejército y la Fuerza Aérea, provocó un enfrentamiento de cuatro horas y en su huida, según la versión de la Secretaría de la Defensa, cayó en combate tras dar muerte a un soldado. La operación respondió a un pedimento de extradición de Estados Unidos, que veía en Coronel al capo mexicano que más deseaban tener tras las rejas y sujeto a juicio en su territorio.

Coronel tenía varios juicios abiertos en Estados Unidos. El 17 de diciembre de 2003, un Gran Jurado en la Corte de Distrito Occidental de Texas lo encontró culpable de delitos que no han sido revelados. El 19 de diciembre de 2003 un juez de Texas, actuando por petición de la DEA en El Paso, giró una orden de arresto en su contra, por el delito de conspiración para poseer drogas y para importar sustancias prohibidas. Y el 27 de octubre de 2004, la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York lo acusó de conspirar para la importación de "decenas de miles de toneladas de kilos de cocaína", que le habían generado ganancias de mil 500 millones de dólares.

Ignacio Coronel nació en Veracruz el primero de febrero de 1954, de acuerdo con un informe confidencial de la CIA que cita pasaportes expedidos por el gobierno mexicano, pero solía decirse nacido en Canelas, Durango, y en Culiacán, Sinaloa, donde vivió su juventud. Según el expediente de la inteligencia estadounidense, tenía 17 alias y existe la sospecha de que transacciones financieras descubiertas en Colombia pertenecían a él bajo otro alias, Dagoberto Rodríguez Jiménez.

Su muerte es el golpe más importante del gobierno de Felipe Calderón en sus 44 meses de lucha contra el narcotráfico. Quizá menos espectacular que el operativo de diciembre donde murió Arturo Beltrán Leyva, pero que se encuentra entre los más relevantes, por la extensión de sus negocios, en la categoría de Miguel Ángel Félix Gallardo, hace casi 30 años, el último barón del narcotráfico en México, y de la caída de Amado Carrillo, El Señor de los Cielos, hace poco más de una década, así como la detención de Humberto y Juan García Ábrego, jefes del cártel del Golfo; Osiel Cárdenas, su sucesor, y El Chapo Guzmán, que se escapó de la cárcel en 2001.

Ignacio Coronel había tejido, a lo largo de los años, una extensa red de protección. En su nómina figuran militares, entre ellos un general que tuvo bajo su mando a tropa y trabajó en la PGR, así como también policías federales y presuntos agentes de la inteligencia cubana en Quintana Roo, y el hermano de un exgobernador de Yucatán. En la estructura directa de su organización se encontraban uno de los narcotraficantes legendarios, Héctor El Güero Palma, y Albino Quintero Meraz, quien fue el principal responsable de la plaza de Cancún durante la era de Carrillo. Las conexiones directas con los cárteles colombianos, que le vendían la cocaína al cártel de Sinaloa, las realizaban los colombianos Mauricio Harold Poveda y Jorge Eliecer Aspirilla, el guatemalteco Otto Herrera, responsable de las operaciones marítimas en América Central y el Caribe, y Vicente Zambada Niebla, hermano de El Mayo.

La caída de Coronel es un golpe al corazón del cártel de Sinaloa, a cuyo triunvirato pertenecía. Era entre sus líderes, Ismael El Mayo Zambada y Guzmán, el más educado (obtuvo su licenciatura en ingeniería) y se manejaba con un muy bajo perfil, aunque su silenciosa violencia era devastadora. A su cargo se encontraba toda la operación del sur del Pacífico en materia de cocaína y metanfetamina, los dos productos que son los que le generan los monumentales excedentes de recursos a esa organización criminal, con la cual financian sus operaciones logísticas, de producción y sus ejércitos de sicarios.

Su inesperada muerte desarticula la jefatura del cártel de Sinaloa y daña profundamente la ruta de la cocaína, que atraviesa por Gómez Palacio y Torreón, y termina en Ciudad Juárez. La pérdida es enorme para ese cártel, pero de enorme satisfacción debía ser para el gobierno y para Estados Unidos, sobre todo, que sin mancharse las manos han eliminado al principal exportador de metanfetaminas a ese país, que los venía devorando aceleradamente.

¿Así o más claro?

Manuel J. Jáuregui
Reforma

Nuestras instituciones de justicia se están desmoronando abrumadas por la intimidación y corrupción de las organizaciones delictivas

El Presidente del Comité Parlamentario Para la Seguridad de la República italiana, Massimo D'Alema, también ex Primer Ministro de Italia y ex Ministro de Asuntos Exteriores, en entrevista concedida a Grupo REFORMA, en Roma, consideró que lo que actualmente vivimos en México es una "guerra armada".

Dijo el experimentado político italiano de izquierda: "Nosotros en Italia también hemos vivido momentos de fuertes tensiones con el crimen organizado, pero no se ha llegado a la violencia extrema que se ha vivido estos últimos años en México o Guatemala. Allí hay una guerra armada".

Parece increíble que en Europa exista una mayor conciencia respecto a la gravedad, seriedad y posibles repercusiones del problema de violencia e inseguridad que padece México, que la que hay -por ejemplo- entre los políticos norteamericanos.

Con esta percepción manifestada por este estadista de 61 años, ¿ustedes creen que él hubiera votado a favor de presupuestar míseros 175 millones de dólares para la Iniciativa Mérida?

Si México fuera vecino de Italia, políticos como D'Alema, con plena conciencia, estamos seguros, hubieran realizado un mayor esfuerzo por FONDEAR adecuadamente una iniciativa tan importante en la lucha contra el narcotráfico como la Iniciativa Mérida, la cual hasta el momento y de acuerdo con un organismo del mismo gobierno norteamericano, la Oficina de Auditoría del Gobierno (GAO por sus siglas en inglés), no ha fijado, y menos difundido, "metas concretas", de tal manera que es imposible determinar su éxito o fracaso.

En suma, no saben si el dinero que están gastando, aun siendo tan poquito en términos absolutos y comparativos vista la magnitud del problema, ha rendido frutos.

Nos queda claro que dentro del Departamento de Estado no tiene la importancia que merece este programa, por lo tanto, no lo administran, impulsan y promueven de manera adecuada.

Si lo que tenemos en México, como afirma D'Alema, quien preside la comisión que vigila los servicios de inteligencia italianos ante el Parlamento, es una "guerra armada" que pone en peligro la seguridad de nuestra frontera compartida y que como agente desestabilizador pue- de servir para encubrir las actividades terroristas de las organizaciones extremistas de Medio Oriente dirigidas contra Estados Unidos, ¿cómo es posible que le otorguen tan baja prioridad presupuestal?

No hay para nosotros otra explicación que la llamada "ceguera de taller".

Los traen embobados a los políticos vecinos sus divisiones internas, el pleito por la Presidencia del 2012, el odio al Presidente Obama de los radicales republicanos, la fallidas guerras en Iraq y Afganistán, la crisis económica y otros temas que los ocupan de tal forma que ya no les quedan neuronas para dimensionar el enorme peligro que para ellos significa el desmoronamiento de la paz y el orden público en México.

En forma individual existen, sobre todo en los estados fronterizos, legisladores norteamericanos que comienzan a dimensionar el problema y externan preocupación.

Mas colectivamente, como congreso, los vecinos están perdidos en sus propios rollos y no atinan a percatarse de algo tan obvio que desde EUROPA lo divisan: en su zaguán se está librando una "guerra armada", cruenta, que está tasando al Estado mexicano con un costo enorme.

Nuestras instituciones de justicia se están desmoronando abrumadas por la intimidación y corrupción de las organizaciones delictivas, ello ha generado una impunidad generalizada que a su vez ha gestado aun más violencia y el colapso del orden público en muchas regiones de México.

Coincidentalmente, las más cercanas a la frontera con Estados Unidos son las más afectadas... ¡y aún así los vecinos muestran una pasmosa ignorancia!

D'Alema llevaba excelentes relaciones con la Dra. Condoleezza Rice, Secretaria de Estado con Jorgito Arbusto Pequeño, mas no sabemos si Hillary Rodham Clinton, su sucesora, dispone de tiempo más allá de haber planeado la insultantemente onerosa boda de su hija como para escuchar a sus colegas europeos cuando señalan lo obvio: ¡eso es guerra!

¡Ojalá y les pusiera más atención a ellos para escucharlos que la que nos dispensa a nosotros los mexicanos!

Noticia de un secuestro

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
Excélsior

Los plagiarios quizá no se esperaban que la respuesta fuera una muestra de solidaridad de prácticamente todo el gremio periodístico.

Ha sido una semana trepidante para el periodismo mexicano.

El secuestro de varios colegas en La Laguna, mientras recababan información a las afueras del penal de Gómez Palacio, se había convertido en una inusitada demostración de fuerza del crimen organizado, dispuesto a llegar muy lejos para manipular a su antojo a los medios de comunicación.

Los secuestradores quizá no se esperaban que la respuesta fuera una muestra, no menos desusada, de solidaridad de prácticamente todo el gremio periodístico; el temple de informadores como Denise Maerker, quien tuvo la encomiable reacción de poner en negros la pantalla de su programa semanal en Televisa, mientras se hacían esfuerzos por conseguir la liberación de los colegas, y un eficaz operativo de la autoridad, que logró poner a salvo a los dos camarógrafos que permanecían retenidos.

Lo que el lunes 26 era un signo ominoso para el trabajo de quienes nos dedicamos a informar -incluso considerando lo difícil que se ha vuelto el ejercicio de esta profesión en diversas partes del país-, terminó ayer a mediodía cuando se informó que Javier Canales (de Multimedios Laguna) y Alejandro Hernández (de Televisa Laguna) estaban libres y esta espantosa crisis de los rehenes se había terminado.

El lunes por la tarde, mientras una nueva información sobre el secuestro de Diego Fernández de Cevallos recorría la red social Twitter y en la redacción de Excélsior debatíamos qué tratamiento editorial debíamos darle, recibí una llamada de Denise, quien me puso al tanto del secuestro de Héctor Gordoa, colaborador del programa Punto de partida, y otros tres trabajadores de los medios de comunicación.

Yo había seguido el trabajo puntual de Denise y su equipo sobre la masacre de la madrugada del 18 de julio en el ejido Plan de San Luis, de Torreón, uno de esos horrendos episodios ante los que parte de la sociedad mexicana aparentemente ha dejado de impresionarse. Asimismo, la aparición de un video, al que le dieron difusión algunos medios, en el que un presunto policía del municipio de Lerdo relata, bajo tortura, que la matanza de 17 personas fue realizada por reos del penal de Gómez Palacio, a quienes la directora de ese centro de reclusión permitía salir por las noches para cumplir venganzas por encargo.

Me había llamado la atención que las autoridades encargadas de investigar la masacre hubieran llegado a esa misma conclusión, después de que alguien colgó el video del interrogatorio ilegal en internet, y estaba al tanto de las manifestaciones que familiares de reos llevaban a cabo para pedir la reinstalación de la directora del centro penitenciario, Margarita Rojas Rodríguez, quien había sido arraigada por los hechos.

No soy ajeno a las historias de reporteros que trabajan bajo presión del crimen organizado en diferentes estados de la República, como Tamaulipas, Durango y Michoacán. He participado en reuniones convocadas por la organización no gubernamental Artículo XIX para generar una respuesta informativa concertada de los medios en casos de actos de amenazas, desaparición o, peor todavía, asesinato de periodistas, casos que, lamentablemente, se han multiplicado en meses recientes.

Sin embargo, la información que Denise tenía que comunicar esa tarde me puso los pelos de punta. Sabía que no exageraba cuando me decía que era indispensable que los medios guardáramos silencio para no poner en riesgo la vida de los cuatro colegas.

Siempre he creído en lo que ha dicho el maestro de la ética en el periodismo, el colombiano Javier Darío Restrepo, respecto de la publicación de información sobre secuestros: La cobertura de este tipo de noticias siempre debe servir para ayudar a las víctimas. Asimismo, que los medios deben elegir en estos casos entre informar para servir a la sociedad o prestarse al sensacionalismo. Si optan por esto último, ha escrito Restrepo, los únicos afectados serán el secuestrado y sus familiares.

Por tanto, nunca dudamos en hacer caso de la petición. Nos abstuvimos de publicar cualquier referencia al secuestro de los periodistas en nuestra edición del martes 27.

Incluso, cuando el gobierno de Durango y la Comisión Nacional de Derechos Humanos revelaron la información -algo que sigo sin comprender, sobre todo en el caso de la CNDH-, me comuniqué con Denise para preguntarle si debíamos mantener la misma actitud o cambiarla. "En este caso, creo que es mejor publicar", me dijo.

En el caso del secuestro de Diego Fernández de Cevallos hemos hecho la misma evaluación. La tarde del lunes, no pudimos comprobar la autenticidad de la foto, la carta y el comunicado -que había puesto en circulación el periodista José Cárdenas, quien los recibió por correo electrónico- pese a acudir a las fuentes indicadas. Por ello, y porque nos pareció que esos documentos no hacían mucho más que abundar en la humillación de la víctima, sólo publicamos una breve nota en interiores que daba cuenta del fenómeno mediático suscitado por los documentos.

Las lecciones de estos hechos son claras para mí: no podemos acercarnos a los temas de seguridad pública sin reflexionar respecto de cómo estamos informando a la opinión pública sobre sucesos terribles como ejecuciones, matanzas indiscriminadas, secuestros, actos de extorsión, tráfico de personas, entre otros.

Aunque estoy de acuerdo en que el secuestro de un periodista y el de un político tienen alcances diferentes, los criterios para cubrir uno y otro no debieran diferir. Un secuestro siempre es un secuestro.

También debe quedarnos claro que los medios de comunicación son sumamente importantes en la estrategia de expansión de los cárteles. Los delincuentes han comprendido que necesitan de la caja de resonancia de los medios para que sus amenazas lleguen a quienes desean, trátese de autoridades o la población en general. Por tanto, no podemos confundir la labor informativa con hacernos eco de mensajes que los criminales envían para intimidar a quienes les estorban.

Algunos, dados al maniqueísmo, creen que la única opción de no prestarse a ser vocero de los delincuentes es no informar. No es verdad, o por lo menos yo no lo veo así. La alternativa real es informar con sentido de servicio a la sociedad y responsabilidad, así como con apego a los hechos, el interés público y la ética periodística; y, sí, informar con valor, prudencia y precaución a la hora de reportear, porque ya se vio que los delincuentes no se detienen ante nada a fin de cumplir sus objetivos.

Los hechos de ayer son materia de celebración, sin duda. Ver a mis colegas Javier Canales y Alejandro Hernández libres da para reafirmar las convicciones de las que está hecho este oficio y, también, para volver a creer en las instituciones y la lucha contra la impunidad (aunque sin olvidar que aún no hay nadie detenido por este plagio).

Celebremos, pero también reflexionemos. ¿Ha servido de algo, informativamente hablando, difundir imágenes de narcomantas, colgados o un secuestrado sin camisa y los ojos vendados? ¿Han ayudado esas fotos, sin mayor apoyo documental, al entendimiento de lo que le está sucediendo al país? ¿No se habrá tratado, más bien, de concesiones al morbo o, peor, de prestarse inconscientemente al juego perverso de la delincuencia?

Un mundo sin Maciel

Luis Petersen Farah
Milenio

Se sabe que el padre Maciel encontró en Monterrey su capital, en los dos sentidos de la palabra. Sobre todo en San Pedro Garza García, halló dinero, apoyos, colaboradores, cómplices y una gran cantidad de aspirantes a estudiar en sus colegios de moda, así tuvieran que hacer filas, pagar mucho o aguantarse como en los antros la humillación del rechazo. Y halló una verdadera legión de defensores, promovida por las más conocidas familias empresariales de esa parte del país.

En San Pedro se hablaba poco de los abusos de Maciel. Porque se daba por hecho su falsedad, porque siempre había alguien capaz de levantarse de la mesa si otro osaba comentar o informar algún avance sobre el tema y porque siempre había cómo anular el comentario con ataques directos y con la fuerza divina: era la envidia, las pruebas que Dios pone a sus santos, o las artes de mal. Simplemente no podía ser cierto todo aquello que se atribuía a Mon Pére. Si venía de las víctimas, no sólo se les descalificaba, sino se les difamaba y culpaba; si venía de la Iglesia, se la acusaba de querer destruir a la Legión y sus éxitos, la Iglesia nunca ha sido perfecta. Se hablaba poco del tema porque Maciel supo situarse en la médula de un numeroso grupo que abogaba por la calidad educativa, pero que carecía de los horizontes necesarios para hacerse preguntas críticas al respecto. Y sobre todo carecía de las ganas de hacerlo.

Se habla poco del tema, aún ahora. Unos se sienten derrotados después de una larga lucha: no es agradable aceptarlo. Otros, engañados no sólo por el padre Maciel, que a fin de cuentas pasa por ser uno de los más interesantes estafadores de la historia de México, sino por la congregación y por los que inevitablemente (en San Pedro, inevitablemente) tenían información confirmada al respecto y se hicieron de la vista gorda durante años. No es tanto lo religioso lo que importa, sino el timo, como si de repente descubrieran que su contador les roba dinero.

Y muchos, que otro tiempo se sentían orgullosos de ser egresados, ahora sólo buscan opciones educativas para sus hijos fuera de los colegios de Legionarios. Aun quienes se levantaban de la mesa, quienes escribían artículos y circulaban las cartas de defensa del padre Maciel, ya no inscriben a sus hijos al Irlandés. Las instituciones legionarias empiezan a batallar. “A mí me han llamado más de diez veces para que meta a mi hijo con los Legionarios”, comenta un ex alumno. “No creo que lo vaya a hacer”.