agosto 05, 2010

Una triste celebración

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

A veces es preferible el misterio de no saber. Florestán

MADRID, España. Hoy estamos a 25 días de septiembre, mes del bicentenario de la Independencia, y la agenda de la efeméride se mueve entre la nada y la decepción.

Los encargados de la conmemoración no han estado a la altura de la fecha y dos presidentes de la República, Vicente Fox y Felipe Calderón, han dejado pasar la oportunidad histórica de un reencuentro con lo mejor de nosotros mismos.

Desde los tiempos del foxismo pareció pesarles más el centenario de la Revolución, que el panismo siempre ha desdeñado, que el de la Independencia, que sería la casa común de todos los mexicanos, y por eso le bajaron el volumen.

Fox designó a Cuauhtémoc Cárdenas al frente del comité de celebraciones, lo que pareció una decisión tan buena, que duró unos cuantos meses, cuando el ingeniero se dio cuenta de que era como el monarca que vestía desnudo. Calderón nombró a Rafael Tovar y de Teresa en su relevo, renunciando cuando no pudo abrir la llave del presupuesto.

Se mencionaron otros nombres y así llegó el historiador José Manuel Villalpando, que ha sido superado por la magnitud de la empresa, el aparato burocrático y el peso de la misma historia que tan bien conoce.

Hoy, insisto, a 25 días del inicio de las celebraciones del Bicentenario, nadie sabe cuáles son porque el aniversario ha quedado en eso, en festejos de una comisión que no da cuentas a nadie, con un presupuesto rebasado que alcanza los tres mil millones de pesos y sin una explicación aceptable de cómo los ha gastado.

Aquí, en Madrid, me preguntaron sobre esas celebraciones en México de los 200 años de la Independencia, en los que la embajada mexicana, capítulo a cargo del ministro Jaime del Arenal, ha tenido un programa que ya hubiéramos querido allá, y no pude ir más de los dos gritos de Independencia, de los imprescindibles fuegos artificiales con el “Huapango” de Moncayo y el tradicional desfile militar, como cada 16 de septiembre.

Lo de siempre.

¡Ah! Y un multimillonario video.

¡Qué modo de desperdiciar un aniversario de esta magnitud!

Retales

1. A VOLAR. La crisis de Mexicana de Aviación es monitoreada por la industria aérea mexicana y extranjera que atisba una posibilidad de negocios a partir de su posible quiebra y liquidación. Buscan sus rutas y spots, que valen decenas de millones de dólares;

2. RELEVO. Desde marzo, Francisco Ramírez Acuña había hecho el cálculo de buscar la presidencia del PAN para la sucesión de noviembre. Los resultados no dan puntos panistas a César Nava, aunque esté mejor posicionado que antes de la jornada electoral; y

3. SUCESIÓN. Donde más tendrá que operar el presidente Felipe Calderón para promover la candidatura panista de Ernesto Cordero es en el mismo PAN, que hoy carece de una figura competitiva para julio de 2012.

Nos vemos mañana pero en privado.

¿Eliminar la prohibición?

David Shirk
Director del Instituto Trans-Fronterizo de la Universidad de San Diego
El Universal

La lucha para combatir el consumo de drogas se inició con la conferencia de 1909 de la Comisión Internacional del Opio, en Shanghai, China, y resultó en el acuerdo de 1912 para controlar y restringir la industria del opio. Desde entonces, la lucha contra las drogas ilícitas se ha ampliado.

Siguiendo el ejemplo de Colombia, que buscó romper la influencia de los cárteles entre 1980 y 1990, México se encuentra en el centro del escenario en la lucha contra las drogas. El gobierno de Felipe Calderón ha aumentado la lucha contra la delincuencia organizada con el despliegue de más de 50 mil elementos del Ejército y de la policía federal en todo el país; la reorganización de agencias de policía, y un esfuerzo por erradicar la corrupción. Mientras tanto, la violencia entre grupos criminales ha dado lugar a mayores niveles de violencia, incluidos más de 28 mil homicidios de alto perfil desde que el Presidente asumió su cargo. Con más de 6 mil asesinatos en lo que va del año, estamos en el camino para superar todos los récords de violencia del país.

En este contexto, el Presidente ha tocado un tema tabú. ¿Qué pasa si legalizamos el consumo de algunas drogas, tal como la mariguana? ¿Qué pasa si declaramos que la guerra se ha terminado? Ha habido pocos intentos serios para medir las consecuencias de la legalización de las drogas en EU, México u otros países productores de droga. Quienes favorecen la legalización, suponen que eliminaría la delincuencia y la violencia relacionada con las drogas, ya que robaría las ganancias que crea el mercado negro para la delincuencia organizada y “despenalizaría” a miles de usuarios y distribuidores encarcelados.

Sin embargo, la delincuencia organizada es muy adaptable e incursionaría en otras actividades criminales de alto impacto (como el secuestro o robo de bancos). Por otra parte, al igual que con otras sustancias controladas como el tabaco y el alcohol, las drogas de recreo representan un daño potencialmente grave para los usuarios y para la sociedad. Así que, por un lado, la legalización podría resultar en un aumento significativo de los daños asociados al consumo de drogas, como accidentes de tráfico mortales, sobredosis, y la adicción. Probablemente por esto, las encuestas muestran una resistencia al plebiscito que tomará lugar este noviembre en California sobre la legalización de la mariguana.

Mientras la prohibición del consumo de drogas no parece un elemento muy eficaz para eliminar los problemas, presenta una enorme carga para los sistemas de justicia penal de EU y México. Además, hemos visto daños terribles causados por la lucha antidroga en Colombia, México, Guatemala y otros países centroamericanos. Por esto, para evaluar los méritos de la actual política en comparación con la legalización, se debe llevar a cabo un estudio de contabilidad cuidadosa de los posibles costos y beneficios.

Sin considerar seriamente la opción la legalización, no es posible evaluar los méritos de la política actual. Es poco probable que la legalización mejore la seguridad pública en México; los narcos han demostrado notable adaptabilidad a otras formas del crimen organizado. Sin embargo, en el mercado negro no existen fuentes sostenibles de ingreso tan lucrativas como las drogas. Legalizar la droga le quitaría un importante ingreso y debilitaría la capacidad del hampa para intimidar a la ciudadanía, sobornar al Estado, y operar con la impunidad que disfruta.

A pesar de que se necesita más estudio y un diálogo franco, las autoridades y los expertos en EU y México siempre se han mostrado reacios para hablar de la legalización de las drogas. Es un tabú y hay intereses institucionales y económicos muy establecidos en esta “guerra contra la droga”. Por esto, la repentina decisión de Calderón de entrarle a este tema es importante y puede cambiar el juego. Después de cien años de esta lucha, finalmente la hora para dialogar.

PAN: paradojas democristianas

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

Sin ser un partido democristiano, el PAN encabeza la organización de esa familia ideológica en América, debilitada por recientes y lejanas derrotas políticas relevantes

Debido a problemas internos del PAN, ese partido que no es demócrata cristiano porque esa definición no está contenida en sus documentos definitorios, paradójicamente encabeza por segunda vez a la agrupación de alcance continental que reúne a los partidos de esa familia ideológica, que en general ha venido a menos.

Después de Manuel Espino, que concluyó su mandato, el senador Jorge Ocejo se convirtió en el segundo panista en presidir la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). Su antecesor, empujado cada vez con más insistencia a las márgenes del partido que encabezó, y en riesgo de expulsión, se transformó -en una nueva paradoja- en apóstol de la democracia cristiana, en horas en que ya no puede influir ni en la ODCA ni en el PAN.

Espino trató de impedir que un miembro de Acción Nacional lo sucediera en esa organización panamericana de partidos que se consideran de centro y que escoran hacia la derecha. Pero a su vez el calderonismo se manifestó resuelto a desplazarlo del baluarte en que se había refugiado al concluir su periodo como líder nacional panista. Para ello era imprescindible que a la cabeza de la ODCA, cuya sede fue traída a México desde Santiago de Chile por el propio Espino, no quedara nadie cercano a éste y, mejor aún, que se ubicara allí un adversario suyo. El lance fue ganado por el presidente Felipe Calderón y su hombre en el partido, César Nava.

Ocejo era director de relaciones internacionales del PAN en 1998 y 1999, los años en que bajo el liderazgo de Calderón ese partido dejó de resistir las presiones para que ingresara en la Internacional demócrata cristiana, de modo que Ocejo estableció ligas con la ODCA desde ese momento, y luego como secretario de relaciones en los dos años siguientes las consolidó. Así que no llega a territorio desconocido, pero sí es ajeno a las pulsiones democristianas en el continente. La vigorosa presencia del PDC chileno se agostó hasta declinar, y como ese partido, el de los dos Eduardo Frei, quedó vencido en la reciente elección presidencial, tiene ya poco que decir fuera de sus fronteras. Lo mismo ocurrió a la también en su tiempo poderosa democracia cristiana de Venezuela, prácticamente extinta hoy. De esa suerte, los partidos que llegaron a gobernar esas dos repúblicas y ejercían fuerte influencia en el ámbito latinoamericano, han quedado desplazados y, paradoja de nuevo, ocupa su lugar el PAN.

Acción Nacional fue durante años renuente a vincularse con partidos extranjeros. Rafael Caldera, el dirigente democristiano de Venezuela y uno de los líderes más respetados de esa familia política (hasta antes de su segunda elección como Presidente de su país en 1993) insistió muchas veces en atraer al PAN al seno de las agrupaciones de ese credo, sin éxito. Al contrario, cuando los dirigentes juveniles panistas Hugo Gutiérrez Vega y Manuel Rodríguez Lapuente, así como otros panistas de izquierda como Horacio Guajardo impulsaron en el comienzo de los años sesenta la conversión del partido a la democracia cristiana, sufrieron tal rechazo que resolvieron abandonar la organización a la que habían dado lustre con su ardor combativo.

Durante la mayor parte de la docena de años en que el PAN ha pertenecido a las agrupaciones internacionales democristianas su participación fue tenue, hasta que Espino obtuvo la presidencia de la ODCA y desde allí ganó influencia en la Internacional de partidos del centro (al punto de que pretendió colocar en alguno de sus órganos de gobierno a Vicente Fox, ya ex Presidente, por más que el guanajuatense lo ignore todo acerca del credo de esas agrupaciones).

En cambio Espino se ufana ahora de su militancia en esa familia. El libro Volver a empezar, aparecido hace un año, con el que el ex líder nacional panista busca mantenerse activo ante las esferas de dirección de su partido, se subtitula Un llamado a la perseverancia desde la Democracia Cristiana. Espino reasume la función tercerista que en una época favoreció el auge de la idea y la acción democristianas en América Latina:

"Mucho antes de que existieran los extremos situados en la izquierda o en la derecha, y aun después de que dejaron de tener significado político, el humanismo cristiano ya había forjado un pensamiento de contornos claros y precisos en la cultura occidental. Se había ubicado en el centro político que pugna por los derechos humanos y los defiende, por la economía de mercado con responsabilidad social y por la democracia como forma de convivencia ordenada al bien común. Lo hizo reconociendo a la persona -en lo individual y lo colectivo- como su principio fundamental, como su fin y no como su medio".

El próximo lunes el comité nacional panista iniciará el procedimiento para sancionar a Espino por su activa oposición a las alianzas que enlazó el PAN con otros partidos. Se le reprocha especialmente su combate a la candidatura de Miguel Ángel Yunes en Veracruz, que practicó recordando la pésima opinión que del ex director del ISSSTE tuvo antaño el propio Calderón. Quizá se trata de hostigarlo para empujarlo a salir del partido, pero Espino parece dispuesto a esperar la expulsión pero no a marcharse por voluntad propia. Quizá elija mantenerse panista convertido en conciencia democristiana de su partido. Dice en Volver a empezar que los militantes de esa filiación están "decididos a ser la mejor alternativa progresista y moderna frente a las opciones que no han logrado satisfacer las expectativas de mejor calidad de vida de todos los pueblos".

Cajón de Sastre

El 21 de julio murió la doctora Carmen Viqueira Landa, nacida en Badajoz en 1923 y llegada a México con el exilio español. Se graduó en sicología en la UNAM y se doctoró en ciencias sociales en la Universidad Iberoamericana con una tesis sobre etnosicología. Allí fue primero alumna y luego esposa del doctor Ángel Palerm Vich y juntos o cada uno por su parte dinamizaron las investigaciones antropológicas en esa universidad de los jesuitas. Dirigió en la UIA el Departamento de Antropología, y de esa institución recibió en 1999 la medalla de oro José Sánchez Villaseñor por sus aportaciones. Fue miembro del Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales. Amén de su propia obra de investigación -por ejemplo sobre los sistemas hidráulicos prehispánicos- se le tendrá presente por la multitud de profesionales de las ciencias sociales a los que formó.

La despenalización y la seguridad

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Mientras en EU se condena la utilización de la mariguana, en los hechos esa droga cada día se usa más en forma legal en 15 de sus estados.

El debate que se ha suscitado en torno a la despenalización de la mariguana (algunos hablaron de las drogas en general) a partir de algunas opiniones vertidas en la reunión de los Diálogos por la Seguridad, del lunes y el martes pasados, y de la declaración presidencial de que, independientemente de su opinión, contraria a esa medida, sí está a favor de ese debate, sin duda es un ejemplo de pluralidad y resulta útil, porque el tema está en el ambiente académico y de salud en buena parte del mundo, incluido, por supuesto, Estados Unidos.

Lo preocupante es que ese debate resulte, como aparentemente ha ocurrido, un distractor de los graves problemas que existen en las políticas de seguridad en el país.

El tema que nos debe ocupar, y que luego de esas declaraciones desapareció prácticamente de los medios, es la estrategia de seguridad en sí, los problemas operacionales de la misma en el gobierno federal y la falta de colaboración de la mayoría de los estados y de los municipios; los fenómenos de violencia asociados a la delincuencia organizada, como la extorsión, el secuestro y el robo; la necesidad de centralizar las fuerzas policiales, de transformar al Ministerio Público, de lograr que el Poder Judicial sea mucho más estricto en sus procesos contra la delincuencia organizada; reducir los cada vez más altos índices de consumo de drogas, sobre todo entre adolescentes; incluso buscar soluciones de corto y largo plazos para los millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. Ésos y varios otros, son nuestros actuales problemas de seguridad, no la despenalización de la mariguana.

El 25 de marzo pasado decíamos en este espacio que el tema de la legalización de la mariguana había sido abordado, fuera de agenda y a puerta cerrada, en la reunión del grupo de alto nivel México-Estados Unidos.

Anotábamos entonces que, mientras el gobierno de Estados Unidos condena la utilización de la mariguana, en los hechos esa droga cada día se usa más en forma legal en por lo menos 15 estados de la Unión Americana, mientras que en la mayoría de los otros se le tolera. Según diversas encuestas del gobierno estadunidense, por primera vez son más los que están a favor de legalizar la mariguana que quienes están por su penalización: poco más de 52% aprueban esa legalización.

De acuerdo a cifras oficiales, aunque son muy conservadoras, el narcotráfico, según acaba de asegurar el gobierno estadunidense, genera en ese país unos 61 mil millones de dólares anuales, de los que dos tercios provienen del comercio de mariguana.

Y no olvidemos que Estados Unidos produce más de 50% de la mariguana que consume.

Es una producción tan importante que en realidad en algunos estados sus utilidades son más altas que las de tabaco, maíz o trigo. Incluso el año pasado, en plena crisis económica, un grupo de legisladores presentó una propuesta en el Capitolio para legalizar la mariguana sólo por razones fiscales: estimaron que la recaudación por la venta legal de mariguana alcanzaría los 14 mil millones de dólares al año. No fue aprobada pero tampoco la rechazaron.

Y si bien el presidente Obama ha dicho públicamente que no apoyará la legalización total de la mariguana, realizó un cambio fundamental. Hasta el inicio de la actual administración, el gobierno federal mantenía la prohibición en sus leyes y se daba la paradoja de que, mientras en un estado en el que la mariguana era legal, allí no era perseguida por la policía de la localidad, pero sí podía ser perseguida por la federal.

Ahora, a través de distintas órdenes ejecutivas, el gobierno de Obama ordenó a sus agencias federales que sólo persiguieran en esos estados a personas que tuvieran cargamentos ilegales mayores de 500 kilos. En los hechos se acabó con ello la persecución de cualquier consumidor o productor pequeño.

El consumo de mariguana es el que aceita a los cárteles mexicanos. La lucha por el control territorial y el dinero cotidiano proviene sobre todo de la mariguana, y si EU decide no combatirla, entonces quizás habría que adoptar otras estrategias. El problema es que México no puede aisladamente legalizar ésa u otra droga, el costo interno e internacional sería altísimo. Si esa acción se concertara con Estados Unidos y Canadá las cosas podrían ser diferentes. Pero, independientemente de ello, el punto es que esa medida que, incluso si fuera adoptada, llevaría algunos años en implementarse, no cambiará en nada los principales desafíos de la seguridad en México ni mucho menos acabará con el crimen organizado que trasciende, en mucho, la venta, legal o no, de mariguana.

Legalizar

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Una de las mayores restricciones mentales del problema del narcotráfico es que apenas puede pensarse por fuera de la lógica del consenso punitivo que rige en esa materia la actuación de los gobiernos.

La noción central del consenso es que las drogas deben ser prohibidas y, en consecuencia, perseguidas. En ambas cuestiones rige un acuerdo político mundial, que no deja espacio a otros enfoques.

Gobiernos, prensa y ciudadanos viven atrapados en el mundo de la persecución, en las premisas del consenso punitivo.

Hay que dar un paso fuera del círculo del consenso punitivo para poder pensar el tema de las drogas en sus otras dimensiones: de moral y costumbres, de consumo y mercado, de salud pública, de libertad y responsabilidad personal.

La reflexión sobre estas dimensiones está lejos de ser una novedad en el mundo, pero no tiene espacio en la discusión mexicana sobre el narcotráfico.

México vive absorbido en el círculo infernal de la persecución y del crimen, a la sombra del consenso impuesto hace medio siglo por Estados Unidos.

Medio siglo después de asumido ese consenso, en Estados Unidos el consumo de drogas no desciende y, en cambio, prosperan corrientes de legalización de la mariguana, que desafían los axiomas de la persecución como única salida.

Al igual que Colombia, México ha pagado un alto precio por perseguir las drogas. México tiene derecho, diría que también tiene el deber, de asomarse, en defensa propia, a la opción de legalizar las drogas.

Lo menos que México debe hacer al respecto es abrir su propio espacio de análisis sobre la conveniencia de la legalización y sus efectos frente a los costos de la persecución y sus efectos.

Apenas se da un paso fuera del consenso punitivo, se hace evidente el absurdo de que alguien deba ser perseguido, encarcelado o muerto por sembrar o comerciar mariguana, cocaína o cualquier otro estupefaciente.

Cada variedad de lo que llamamos drogas requiere análisis aparte. Todas deben ser reguladas según su peculiaridad, qué duda cabe, y sometidas a reglas en su elaboración y su consumo, como sucede con otras sustancias adictivas de comprobadas consecuencias catastróficas para la salud pública, como el alcohol o el tabaco.

Pero poner a países enteros en pie de guerra para que no puedan producirse o venderse sustancias cuyos equivalentes, regulados y no regulados, existen en el mercado legal, es una aberración lógica y moral: un capricho punitivo de la historia reciente del mundo.