agosto 12, 2010

Las razones de Fox, los errores de Ortega

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Apenas ayer decíamos que el presidente Fox debía explicarnos por qué durante su gestión no impulsó las medidas que ahora propone en términos de legalización de drogas. El ex mandatario, en una entrevista con Carlos Loret de Mola, dijo que no lo había hecho porque durante su gobierno no había ni los niveles de consumo ni de violencia que hay ahora. No es verdad: el consumo de drogas en México viene elevándose de forma sistemática desde 1994, y la violencia como ahora la conocemos comenzó en 2005. Y por lo menos en los dos últimos años de la administración de Fox el tema salió de la agenda central del Presidente, pese a que fue cuando comenzaron las decapitaciones y la guerra abierta entre los cárteles. Es un dato cierto, como lo recordó Genaro García Luna en la reunión con líderes partidarios, que durante el sexenio pasado la Policía Federal no detuvo un solo capo importante del narcotráfico. Sí hubo detenciones pero éstas se dieron, sobre todo, en las áreas que controlaban entonces la PGR, vía José Luis Santiago Vasconcelos (y con García Luna como director de la AFI), con el apoyo y la operación de cuerpos especializados del Ejército Mexicano. Pero en esos años, la PF no apareció en la lucha contra el narcotráfico.

La explicación de por qué no aplicó Fox esas medidas que ahora propone puede provenir de otros ámbitos. Recordemos que el presidente Fox envió al Congreso una iniciativa para determinar los máximos permisibles, la cantidad de droga que un eventual consumidor podría poseer sin caer en el delito de tráfico de estupefacientes. Esa reforma la cabildeó el Ejecutivo federal en ambas cámaras, particularmente en el Senado y directamente con quien era entonces su líder (y también un precandidato presidencial con el cual el PRI hubiera podido tener otra suerte en 2006), Enrique Jackson. El sinaloense se comprometió con Fox a sacar adelante la iniciativa y logró que se aprobara, no sin presiones en ambas cámaras y se envió a Los Pinos para que se publicara. Pasados algunos meses, extrañado por la falta de publicación de la reforma, Jackson pidió una cita con el presidente Fox y le preguntó qué estaba pasando. Dice Jackson que Fox le contestó con una sonrisa: "Querido senador, fíjate que me habló Bush, molesto y contrariado porque le habían informado que el gobierno mexicano pretendía legalizar las drogas en su territorio" y, evidentemente, Fox se comprometió a que esa iniciativa, que él mismo había enviado, no pasara. La ley, con cantidades máximas para el consumo diferentes a la aprobada en el sexenio anterior, fue aprobada y promulgada en éste.

O sea que no es verdad que en la administración de Fox no se avanzó en la propuesta de legalización porque "no había los índices de consumo y de violencia actuales", sino porque el gobierno estadunidense se oponía y si no hay una acción concertada entre los dos países, por lo menos, la legalización de la marihuana, que es de lo que en realidad se está hablando, no es viable. Por eso habrá que estar muy atentos a ver cómo se vota el referéndum sobre la legalización que se someterá a votación el 2 de noviembre en California.

Pero lo que resulta indiscutible es que la legalización no derrota al crimen organizado. En la reunión con el presidente Calderón, Jesús Ortega, defendiendo la legalización, equivocó por completo su argumentación. Aseguró Jesús que no fue Eliot Ness el que derrotó a la mafia en los años 30 sino el fin de la ley seca, de la prohibición de la venta de alcohol. Son demasiados errores en una sola línea: primero, Eliot Ness y su grupo hicieron su parte al detener a algunos de los principales capos de ese entonces (nada menos que Al Capone y otros) y romper la corrupción policial en Chicago. Segundo, el fin de la ley seca no derrotó a la mafia. Hasta el día de hoy la mafia sigue operando. Es más, su época de esplendor fue entre los años 50 y principios de los 60. Si no se quiere hacer un estudio bibliográfico más extenso, el dirigente del PRD simplemente tendría que ver El Padrino. La mafia no desapareció, cambió de giro: prostitución, apuestas, venta de protección, venta de drogas, robos, contrabando. Lo hacía entonces, lo hace ahora. Lo mismo sucederá en México: ¿o alguien cree que la lucha entre las pandillas de Los Aztecas y Los Artistas Asesinos concluirá en Juárez con la legalización de la mariguana?

No nos engañemos ni engañemos a la gente. El debate de la legalización de la mariguana debe darse con todos los grises del tema, creo que tiene aspectos muy benéficos y otros cuestionables. Pero no tiene nada que ver con la crisis de seguridad: que se definirá actuando sobre el modelo policial, sobre la reforma a los ministerios públicos y el sistema de justicia. Nada más, nada menos.

Los del olé somos nosotros

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Juega la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) contra La Roja (ya no es “La Furia”, como antaño, porque ya no se lanza frenéticamente hacia al frente sino que utiliza neuronas, estilo, refinamientos y maneras de artista) del Reino de España y, miren ustedes, resulta que los aficionados estadunimexicanos festejan con un muy ibérico olé cada pase que logran hilar nuestros futbolistas en el Estadio Azteca.

Olé no es interjección del náhuatl sino un término castizo de allá y tan odiosamente español que los catalanes —pobladores de una nación sin Estado que, a falta de obtener dispensas constitucionales y poder constituir un país con todas las de la ley, deben aún rendir pleitesía a Su Majestad el Rey Juan Carlos— han decidido, a manera de revancha histórica y para mostrar músculo, que las corridas de toros no se celebren ya en Catalunyia a partir de 2012.

Aquí, sin embargo, somos más flexibles y, con alevosía y ventaja, nos apropiamos alegremente de usos y costumbres ajenos a nuestra idiosincrasia: decimos oquei (o sea, okay), pegamos grititos de yanquis histéricos para ovacionar a los artistas en el escenario, gruñimos “guau” (no digo ladramos porque no es onomatopeya que imite el habla perruna sino locución que proviene, nuevamente, de ese wow! admirativo que profieren los denostados “americanos”), nos atiborramos de hamburguesas en hamburgueserías que no son de Hamburgo sino de Waco, Texas y, finalmente (aunque esta lista no es en modo alguno exhaustiva), nos acomodamos perfectamente a un patético sucedáneo del american way of life en vez de cultivar fórmulas europeizantes que no por distantes dejan de ser, en mi opinión, mucho más cercanas a nosotros que los modos del vecino del norte.

Por eso, porque los siento más propios que el guau, por eso celebro los olés de ayer. Eso sí, no deja de parecerme vagamente esperpéntico que en un México contra España usemos los giros de ellos para aplaudir las habilidades de los nuestros. Exotismo puro, en un país que, paradójicamente, todavía no se reconcilia plenamente con la gran herencia española.

EU decidirá si legalizamos la mota

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

De manera intermitente, el debate sobre la legalización de la mariguana ha estado presente en México desde hace años. En las últimas dos semanas ha cobrado fuerza a raíz de lo expuesto por académicos conocedores del tema en el marco de los foros de discusión convocados por el gobierno calderonista acerca de la estrategia de seguridad y combate al crimen organizado.

A este debate, nuestro país llega tarde: el próximo 2 de noviembre, mientras aquí estemos festejando a los muertos, los californianos votarán en un referéndum, la llamada Propuesta 19, que plantea legalizar la posesión, cultivo y transporte de mariguana. Según las encuestas, 52% de la gente está a favor, 36% en contra y 12% de indecisos.

De aprobarse, será perfectamente legal para cualquier persona mayor de 21 años que habite o se encuentre en California— estado de la Unión Americana que por sí mismo es la sexta economía del mundo—, posea, comparta o transporte hasta una onza de la droga para su consumo personal, y que se cultive en un área de hasta 25 metros cuadrados por cada vivienda o parcela. Y hasta le van a poner impuestos a su comercialización y venta. Uno de sus municipios, Oakland, aprobó este año, un plan que permitirá el cultivo, comercialización y procesamiento de mota a escala industrial. Además, en 14 de los 50 estados del país vecino está permitida la circulación de mariguana con fines terapéuticos.

Si sucede, por sí misma, la entrada en vigor de esa medida en California obligaría a replantear el enfoque del Estado mexicano. De golpe, perdería sentido destinar recursos monetarios y humanos, además de vidas, al decomiso de pacas y destrucción de cultivos cuyos dueños, cruzando el puente, estarán realizando una actividad perfectamente legal. Los narcotraficantes serían peligrosos delincuentes aquí y empresarios de la salud allá.

Legalizar la mariguana no será la solución para la encrucijada del gobierno calderonista frente a la crisis de seguridad ni va a terminar con la criminalidad del negocio de los narcotraficantes y sus múltiples giros —robo de autos, tráfico de armas, extorsiones, secuestros, y el comercio de otras drogas no reguladas. Lograría, eso sí, previsiblemente, reducir la violencia asociada al tráfico de drogas y bajar el precio de la mota, derrumbando los ingresos de los cárteles que, hoy por hoy, se estima que obtienen dos terceras partes de sus ganancias de la hierba verde. Y luego está el tema de salud pública.

El peor escenario es el que parecen adoptar los dirigentes de los partidos políticos: coquetear con el tema sin discutirlo con seriedad. Si siguen así, el resultado final se decidirá no en el Congreso ni en el gobierno de México, sino en California. Y nosotros seremos, una vez más, arrastrados por el poderoso tren de nuestro vecino del norte, sin capacidad de definir el destino propio.

SACIAMORBOS

Parece que en Washington les llegan las mismas encuestas.

Drogas, política y legalización reglamentada

Humberto Musacchio
Periodista y autor de Milenios de México
Excélsior

No escuchar las denuncias de los policías federales amotinados en Ciudad Juárez es una actitud política.

Para Felipe Calderón (ver Excélsior 11/VIII/2010), la lucha antinarco se politizó. Él se refiere a que los temas relacionados con el combate al crimen "son materia de disputa electoral de todos los actores", lo que es cierto y comprensible, pero más cierto es que la llamada guerra contra el crimen organizado se politizó al momento de decidirse, porque se trata de una acción de gobierno y toda actividad gubernamental tiene carácter político.

No escuchar las denuncias de los policías federales amotinados en Ciudad Juárez es una actitud política. Lo es dejar en libertad a los comandantes acusados de corruptos y lo es también proceder al virtual encarcelamiento de los acusadores. Actuar de esa manera implica que el gobierno federal se mantiene sordo ante las acusaciones que involucran al secretario de Seguridad Pública federal y lo protege por extrañas y desconocidas razones.

Estar en favor o en contra de la legalización reglamentada de ciertas drogas es también una posición y una actitud políticas. Por ejemplo, los jefes policiacos, procuradores de justicia y otros funcionarios del área de seguridad abogan porque continúe la carnicería, pues eso les representa jugosos presupuestos, confiscaciones y otros beneficios que nunca se sabe bien a bien dónde ni cómo terminan.

Que el lamentable César Nava diga que está por mantener la actitud prohibicionista frente a las drogas es también una posición política, pues su cargo depende de que apoye cabalmente a quien lo impuso al frente del PAN. Beatriz Paredes, más inteligente, señaló que la estrategia gubernamental contra la delincuencia se aplica con fines políticos, lo que es una verdad de a kilo.

Demandar la despenalización de las drogas, por lo menos de algunas, es una vieja propuesta de la izquierda pensante desde hace 30 años y posteriormente de numerosos intelectuales, quienes de ese modo defienden la libertad de todo adulto para intoxicarse con coca, mariguana, alcohol, mejorales o programas de entretenimiento de la televisión mercantil.

Lo cierto es que en forma contradictoria, con muchos titubeos, pero la despenalización gana terreno y se va convirtiendo en inevitable. Es una demanda social que se expresa indirectamente como resultado del auge criminal y de la nula eficacia de la acción gubernamental, pero es también el resultado de lo que ocurre en Estados Unidos, donde son ya 14 los estados que autorizan el empleo de la cannabis con fines terapéuticos, lo que ha dado cobertura legal al consumo.

Para hacer frente a la ignorancia de muchos de nuestros políticos sobre las implicaciones de la despenalización, conviene pasar ya a la etapa de las propuestas. Se trata de proceder a una legalización rigurosamente reglamentada de sustancias adictivas como la mariguana y la cocaína, lo que implicaría crear un monopolio estatal de la producción en el caso de la primera, de la importación tratándose de la segunda, y en ambos casos de la comercialización. Igualmente, tendrá que establecerse como obligación del Estado dotar a los adictos a las drogas duras de dosis o tratamiento médico, según escojan.

Si fumar mariguana o aspirar coca en lugares y condiciones previamente establecidos se convierte en algo legal, si las drogas duras las proporciona gratuitamente el Estado, se acaba con el negocio de los capos, a quienes habría que incluir en una amnistía a cambio de que acepten dedicarse a negocios legales, para lo que cuentan con capital suficiente para crear los empleos que México tanto necesita. ¿Lo entenderán nuestros políticos?

No temas...

Rafael Cardona
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

Antes de desinflarse como un globo pinchado, la serie de monólogos de la inseguridad, oficialmente conocidos como “Diálogos por la seguridad”, los medios registraron la declaración con la cual el propio presidente Felipe Calderón reventó la posibilidad de tomar en serio tan concurridos afanes.

Mientras en la primera fase del masivo coloquio, cuyo término se anuncia para hoy, el dato estremecedor de los 28 mil cadáveres en las calles fue lo único realmente novedoso y dramático en medio del carrusel de la palabrería, afuera se conocían también las evidencias algunas encuestas sobre la percepción generalizada de peligro e inseguridad como una constante inevitable en la sociedad mexicana.

En ese sentido el Presidente fue interrogado por la influyente y bien informada cadena “Radio Caracol” de Colombia durante los festejos por la llegada al poder de Juan Manuel Santos. Así lo divulgó “Eje central”:

“En declaraciones a Radio Caracol, el mandatario (mexicano) afirmó que desde que el Congreso de EU decidió no renovar la prohibición del uso de rifles de asalto en 2004, la violencia en México “se incrementó notablemente”.

“Aseguró también que es necesario “tomar riesgos” para combatir “la amenaza para nuestros pueblos” que representa el crimen organizado.

“El Presidente apuntó que las amenazas que ha lanzado el narcotráfico no lo afectan. “A mí básicamente me quita el sueño el café y algunos temas de gobierno. Tengo muy buena protección del Estado Mayor Presidencial”, dijo.

“El presidente Felipe Calderón aseguró, en Colombia, que es necesario “tomar riesgos” para combatir al narcotráfico y el crimen organizado”.

Después de eso, quien sabe si por cortesía diplomática, confirmó su intención de aplicar aquí algunas de las experiencias curativas del mismo mal en Colombia.

Sin embargo para muchos fue verdaderamente inoportuno el desliz de la seguridad presidencial. Ya lo sabemos todos, él tiene mil quinientos elementos del Estado Mayor Presidencial para cuidar su seguridad y la de sus familiares y colaboradores.

Pero ningún otro mexicano, ni siquiera el más rico entre otros posee tal ejército para hacerlo el único mexicano seguro de toda seguridad.

En estas condiciones se produce un nuevo error de tacto: el presidente se regodea de la capacidad de fuego del Ejército frente a las bandas de malhechores a quienes —nótese el talante deportivo—, les vence en cada entrenamiento con un marcador de 8 a 1.

Pero finalmente, cuando todo en México se convierte en un asunto de política, el curso de los diálogos se mira interrumpido en su utilidad cuando las cosas se vuelven un tiroteo entre el PAN DE Fox y el de Calderón.

Por primera vez el Ejecutivo no lanza las culpas de la historia al Partido Revolucionario Institucional sino al adalid de la alternancia, el panista Vicente Fox a quien le dice severo:

“Si la lucha contra la delincuencia organizada hubiera iniciado cuatro o cinco años antes, el país estaría hoy en una mejor situación.

“Una ventaja es que empezamos a atacar el problema antes de lo que lo hicieron otros países, quizá mucho después de lo que a mí me hubiera gustado, la verdad. [Pero] si este problema se hubiera tocado cuatro o cinco años antes, estaríamos en una situación mucho mejor”.

Como todos recordamos (en medio de los barruntos de expulsión de Manuel Espino del PAN) Vicente Fox le metió severo estacazo a Calderón:

“El lunes pasado (online), el ex presidente Vicente Fox dijo que durante su sexenio no se vivían los niveles de violencia que se expresan hoy, y propuso legalizar la producción, distribución y venta de drogas como una forma de golpear a los cárteles y abatir los índices de criminalidad.

“También urgió el retiro del Ejército de las labores de seguridad pública, pues dijo que la imagen de las Fuerzas Armadas se está deteriorando y se les está exponiendo a que cometan violaciones a los derechos humanos al realizar una tarea que, según él, no les manda la Constitución”.

Tanto y tanto ruido para acabar los diálogos por la seguridad en un pleito interno de panistas.

VIRGINIA

Humanitaria, comprometida e infatigable Virginia Sendel prosigue su persistente labor en la atención y cuidado de los niños quemados. Hace unas horas fue inaugurado el pabellón especializado en este tipo de terapia y al reconocer el trabajo de la señora Sendel, Marcelo Ebrard dijo:

“Por lo pronto, aquí se podrá atender, quizá, más de dos mil 500 niñas y niños al año. Quizá en algunos casos, todavía vamos a tener que mandarlos al exterior, pero cada vez van a ser menos, por que lo que aquí estamos generando no es sólo la capacidad física, los equipos que necesitas, sino lo que me interesa muchísimo es el personal especializado y el conocimiento para una red hospitalaria, de 30 hospitales y de 220 clínicas en la ciudad, más las unidades móviles que ha puesto en marcha la Secretaría de Salud, a cargo del doctor Ahued”.

Y pronto el presidente Felipe Calderón va a inaugurar el Centro Nacional de Quemados, instalación única en el país edificada a golpes de heroísmo civil por la insistente señora Sendel. ¿Mexicana con iniciativa? No, mexicana con una obra ejemplar; una labor cumplida, pero no concluida.

'Espectro radioeléctrico' por Paco Calderón



¿Cómo sería México?

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

No he tenido la oportunidad de seguir los debates que han tenido lugar a propósito del balance de 200 años de Independencia (en realidad 189 años), ni de un siglo de vigencia o consecuencias de la Revolución Mexicana. Sin duda en los debates las luces y sombras han sido destacadas, y los diversos ejercicios contrafactuales también se habrán llevado a cabo. Esto es mucho más fácil en el caso de la Revolución que en la Independencia, ya que difícilmente podemos imaginar un México que siguiera siendo colonia española (para empezar no hay términos de comparación salvo Puerto Rico, que no viene al caso) pero en cambio para la Revolución Mexicana sí contamos con algunos elementos para un ejercicio contrafactual. En una palabra tratando de resumir el sentido profundo de la extensa, pero espléndida obra de Macario Schettino, Cien años de Confusión, México en el siglo XX, ¿cómo sería el país hoy sin Revolución Mexicana? ¿Sería mejor o peor? ¿Sería igual, peor o mejor que los demás países de América Latina? Que también, por si algunos no se han dado cuenta, ¡tuvieron un siglo XX intenso y de 100 años!

Qué hubiera sucedido si en lugar de sus caprichos de anciano, Porfirio Díaz hubiera aceptado a Bernardo Reyes como vicepresidente en 1910 y hubiera cedido su lugar al militar regiomontano en 1914. ¿Cómo sería México si en lugar de 10 años de guerra, enfermedades y caos, hubiera vivido una transición política de la dictadura a un régimen menos autoritario y democrático? ¿Cómo sería México hoy sin ley agraria de 1915, sin la Constitución de 1917, sin artículo 27 y la expropiación petrolera de 1938, sin PRI, sin Grupo Sonora, sin sindicalismo charro? ¿Qué México sería el de hoy sin la simulaciones del siglo XX (Iglesia, nacionalismo, política social, elecciones fraudulentas, represión simulada) pero también sin las conquistas específicamente atribuibles a la Revolución y sus secuelas? La pregunta es pertinente porque hay algunos puntos de referencia.

El primero que conocemos y contamos es la comparación con el resto de América Latina, o por lo menos con países de algún modo iguales al nuestro: Colombia, Venezuela, Brasil, Argentina, quizás Chile y Perú. Durante muchos años el oficialismo mexicano dijo -y muchos nos lo tragamos- que México era social, cultural, educativa, política y hasta psicológicamente (personalidad o identidad nacional) superior a los países de América Latina que padecieron regímenes oligárquicos -no populares-, golpes de Estado e insurrecciones a lo largo del siglo XX, o bien dominados por el imperio. El pequeño problema, como lo demuestra Schettino y como lo podemos comprobar simplemente leyendo los periódicos hoy, es que prácticamente nada de eso es cierto. México hoy no supera prácticamente a ninguna de las grandes naciones de América Latina en ninguno de los indicadores económicos, sociales, políticos, de derechos humanos, culturales, educativos, de salud, seguridad, etcétera. En algunos a México le va mejor; en otros, peor; en la mayoría, más o menos igual. Hay explicaciones para cada tema. Pero no hay absolutamente nada que demuestre que un país que tuvo una revolución política, social y en alguna medida económica a inicio del siglo XX haya contado con una sociedad menos desigual, con un poder político menos despótico, con menos violaciones de derechos humanos y con una soberanía mayor que los demás.

En todo caso eso es lo que seguramente se está debatiendo en los foros que se han celebrado y celebrarán en torno al centenario de la Revolución. Seguramente también están discutiendo el ejercicio contrafactual desde otra perspectiva: México estaría mejor o peor hoy con o sin el artículo 27; con o sin el régimen de partido único que duró 70 años; con o sin el nacionalismo ficticio y bravucón de más de un siglo; con o sin el inmenso sector económico estatal y los múltiples monopolios privados derivados de él y que han dominado la economía del país durante esos "100 años de Confusión".

Algo (más) sobre la prensa

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El diario chileno La Tercera me pidió una reflexión sobre la prensa y el poder. Esto, diría Borges, perpetré:

La prensa es un poder que no se atreve a decir su nombre. Un poder plural pero poco democrático. Sólo existe a plenitud en un entorno de libertades públicas y gobiernos incapaces de controlarla, es decir, en el seno de una democracia. Pero, a diferencia de esos gobiernos que no sólo no pueden controlarla, sino que deben garantizar su libertad, gobiernos rodeados de contrapesos y elegidos con plazo fijo para ejercer el poder, la prensa sólo tiene el límite del mercado: la eficacia de sus competidores y la lealtad de su audiencia.

Nadie elige a los dueños de los grandes diarios ni de las grandes cadenas de información del mundo, como se elige a los presidentes, a los alcaldes, a los jueces o a los legisladores. La prensa moderna es una red de negocios privados, con extraordinarias consecuencias públicas, que no están sometidos a otra rendición de cuentas que las de sus ganancias y su influencia.

Lo normal hasta bien entrado el siglo XX era que los grandes diarios del mundo fuesen históricos negocios familiares: propiedad de una misma familia durante generaciones. El último medio siglo ha visto el tsunami de las integraciones corporativas mediante las cuales un tycoon financiero se levanta de pronto con la propiedad de una cadena de medios integrados: diarios, revistas, editoriales, cadenas de radio y televisión. La influencia de esas cadenas las vuelve un tribunal obligatorio donde deben comparecer políticos, gobiernos, jueces y autoridades.

El ágora moderna no es la suma de los espacios sociales comunes, sino de los medios privados que forman la opinión pública. Es ahí donde la sociedad asigna el poder, pues en las tendencias de la opinión pública se cocina el reparto de los votos que unge y desunge gobernantes.

Hemos pasado del antiguo reino de la prensa al ubicuo reino de la videocracia. Gobernantes dueños de medios son la excepción en el mundo de hoy, pero ningún gobernante puede acceder al poder si no pasa por la asamblea de intereses públicos y privados de la videocracia.

Giovanni Sartori ha hecho la crítica radical de la videocracia señalando que sus instrumentos son una amenaza no sólo para la deliberación pública que requieren las sociedades abiertas, sino para las condiciones mismas del pensamiento racional. A la vista del mismo fenómeno, Ralph Darendorf incurrió hace algún tiempo en lo que habrá sido su único sacrilegio antiliberal. Sugirió en un famoso artículo que nadie pudiera ejercer como personaje de la televisión sin sujetarse antes a estrictas pruebas de solvencia intelectual y moral, del mismo modo que nadie puede pararse a enseñar en el aula sin haber cumplido con los estudios y las acreditaciones requeridas para ello.

Argumentos contra la legalización

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

El martes escribí un artículo sobre la legalización de las drogas. Expresé mi opinión a favor de esta medida. Recibí varios comentarios de lectores que están en contra. Con ánimo de incentivar el debate sobre este controversial tema, a continuación presento algunos de estos argumentos:

“Me ha tocado conocer dos casos de adicción. Uno, un amigo de como 55 años que lleva décadas encadenado a la mariguana; hoy ya está consumido y sus reacciones mentales son lentas porque la droga ya le ha cobrado un gran precio. El segundo es el hijo de unos amigos, tiene cerca de 30 años con más de diez como consumidor de cocaína. Aunque hoy aparentemente lleva más de un año sin consumir droga, es como el alcoholismo, porque basta un momento de debilidad para caer nuevamente al abismo y ya le ha pasado varias veces. Son dos vidas desperdiciadas, improductivas, que han cobrado también injustamente un precio altísimo a sus familiares. Así que no se resolverían todos los problemas de salud pública con un impuesto.”

“Hoy vi un error severo en sus informantes. La heroína es sumamente dañina de pies a cabeza, pero no provoca locura. La metanfetamina sí provoca trastorno psicótico muy semejante a la esquizofrenia. Yo soy psiquiatra con 20 años de experiencia y capacitación en tratamiento de adicciones en la institución mexicana Centros de Integración Juvenil (CIJ), y he tenido la triste experiencia profesional de ver que no hay droga inocua, todas hacen daño a corto, mediano y largo plazo. La legalización de cualquier droga ilícita hará que se consuma en mayor cantidad y se causen mayores daños a terceros como siempre se ha visto. El alcohol ha sido la droga legalizada más dañina, también el tabaco. Y si investiga lo que CIJ sabe de la marihuana verá que es más dañina que el tabaco.”

“Es sumamente peligroso que, hoy en día, donde el Estado de derecho está en una profunda crisis, se legalice la droga. Habla de tres acciones que debe hacer el Estado, si éste desea legalizar la droga. Ahora bien, yo le digo que, sin Estado de derecho (o mejor dicho, con el Estado de derecho que hoy prevalece), esas tres acciones jamás se realizarán. Y por tanto continuará el problema pero aumentado.”

“Un fuerte impuesto impulsaría inmediatamente el mercado negro, y entonces ¿qué ganaste con legalizar la droga? ¿El regreso del mercado negro hoy controlado por los cárteles?”

“¿Y qué tal que la legalizan y se vende en los tianguis, los ambulantes, con la piratería, pues? ¿Dónde quedan los impuestos y el control? Si no se puede meter al orden a la economía informal, ¿cómo creen ustedes genios que van a controlar la venta de droga legal?”

“Creo firmemente que la solución no es la legalización de las drogas […] Si no hay valores correctos en casa, por muy humilde que ésta sea, será por demás. Necesitamos vivir bajo principios básicos. ¿Cómo cuales? Un principio es que si dejas caer una moneda, ésta caerá, es decir, ‘instruye al niño en su camino y no se perderá’.”

“Lo considero una pe... regrina idea mercantilista sin sustento alguno ya que el daño que se ocasiona, principalmente a la juventud es irreversible y deteriora toda la estructura social de un país y creo firmemente que nadie quiera se le deshaga en las manos. Salvo aquel que pretenda el mal a la nación.”

“Tus argumentos son muy endebles. Primero que nada, la legalización no asegura que los mafiosos soltarían el negocio, que se enfocaría a ganar consumidores y mercados y por lo tanto continuarían las matanzas entre bandas rivales y por supuesto, en medio de la población civil, si acaso habría menos bajas policiales y militares. En segundo lugar, tampoco es cierto que las empresas legales, siguiendo la relación que apuntas, brincarían presurosas hacia los ‘nuevos’ negocios, por el riesgo ‘ético y moral’ que a muchos todavía nos limita. ¿Cómo verías a tu papá o a tu mamá como gerentes de Zuckermann Drugs LTD?”