agosto 13, 2010

Campus Party ¿Qué diablos es?


¿WTH is Campus Party? from Alex Simon on Vimeo.


Todos nos apellidamos Gordillo

Francisco Martín Moreno
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Insisto: quien secuestra la educación de una nación, secuestra su futuro y quien secuestra el futuro de un pueblo se hace acreedor al peor de los calificativos.

A mi querido amigo Pablo Hiriart.

La educación en México se encuentra secuestrada por una siniestra líder sindical, quien todavía tiene la osadía de llamarse maestra. ¿Maestra.? ¿Maestra de quién o de qué.? Millones y más millones de niños dependen de los estados de ánimo, de la "estructura ética", del "profesionalismo" y de las "convicciones patrióticas" de este insaciable e incontrolable personaje de la política mexicana, un claro subproducto de la putrefacción priista que ha acabado con lo mejor de nuestro país. Como muy bien decía Karl Popper: ya sé que me repito, lo único malo es no hacerlo con las mismas palabras. Insisto: quien secuestra la educación de una nación, secuestra su futuro y quien secuestra el futuro de un pueblo se hace acreedor al peor de los calificativos.

Sólo que nunca he creído en las culpas absolutas, por lo que me pregunto: ¿dónde acaba la culpa de la peor secuestradora conocida en la historia de México y comienza la del gobierno o la de la sociedad que lo consiente? ¿Dónde comienza la culpa de Salinas, el creador del monstruo y uno de los indudables responsables de su existencia? Salinas y sólo Salinas tuvo en su mano la posibilidad política de desmantelar el sindicato de maestros, tal y como lo hizo con el de petroleros. ¿Resultado? Una vez decapitados ambos sindicatos Salinas ya había cumplido patrióticamente con la histórica encomienda, sólo que sustituyó a Jonguitud por la señora Gordillo y a La Quina por Dechamps, dos incondicionales suyos útiles para consolidar su gobierno adecuándolo a sus intereses personales, por lo que sólo se cambió de nombre el problema sin aportar finalmente solución alguna. Todo permaneció igual o peor. ¿Qué haría Salinas si fuera factible su regreso a la presidencia?

En el caso anterior, Salinas se sumó al secuestro de la educación, como lo hicieron, en su momento, Zedillo, Fox y lo ejecuta a la perfección, como cómplice indudable, el propio Calderón. Ningún presidente de la República, a pesar de la trillada y sobada expresión, tan inútil como cualquier otra, de que se apoyará con todos los poderes del Estado mexicano, para resolver los problemas nacionales, ha podido por conveniencia, incapacidad o cobardía, o todo junto, democratizar al sindicato de maestros para poder dar una instrucción de calidad a la altura, cuando menos, de nuestros socios del TLC. Pero hay más, mucho más: Peña Nieto o quien resulte candidato de la extrema izquierda y al mismo tiempo de la extrema derecha, uno solo en ambos espectros del horizonte político, un fenómeno únicamente visible y posible en nuestro país, además de López Obrador, encasillable en el fascismo de viejo cuño, cualquiera de los tres, ¿será capaz de declararle la guerra a la señora Gordillo, por ejemplo, modificando la ley de modo que el gobierno ya no entregue cheques mensuales al sindicato por concepto de las cuotas obrero sindicales retenidas, sino que los propios maestros o petroleros o electricistas se las entreguen al sindicato de su preferencia? ¿Alguno de ellos hará algo para rescatar a la niñez mexicana de su secuestradora o suscribirá pactos secretos para garantizar su acceso y estancia en el poder? ¿Llegarán maniatados a la presidencia después de suscribir acuerdos inconfesables sólo para aumentar las cifras de marginados, de inútiles e ignorantes, el caldo de cultivo ideal para la dramática proliferación del populismo con todas sus terribles consecuencias?

¿Qué hacen los diputados y los senadores, los supuestos representantes del pueblo de México, para liberar a esta macabra sanguijuela que permanece enredada alrededor de la garganta de la nación? ¿Qué estrategia tienen diseñada los partidos políticos para atacar a la fuente principal de atraso y de miseria en nuestro país? ¿Qué, a ver qué, además de devorar los escasos recursos del erario en el sostenimiento de una seudo democracia parasitada y paralizada? ¿Y el ciudadano de a pie? Sí, sí, ¿qué hace el ciudadano de a pie? ¿Qué hace el padre de familia, que hacen las asociaciones de padres de familia que supuestamente velan por la buena educación de sus hijos? ¿Qué hacen los maestros que sólo cobran su sueldo a sabiendas que no enseñan o lo hacen de manera insuficiente por falta de capacitación. ¿Dónde ha quedado el honor y el profesionalismo?

Una sociedad que no protesta es una sociedad enferma. Tú, respetado, respetadísimo lector que pasas la mirada por esta breves líneas, ¿tú sí protestas? ¿Cómo lo haces? Resulta imposible seguir tolerando, ni un día más, que alguien continúe secuestrando el futuro de nuestros hijos y exponiéndonos a todo género de cataclismos sociales derivados de las insatisfacciones materiales y educativas. ¡Basta! Si los diferentes gobiernos han permanecidos paralizados y parasitados, y tal parece ser que así continuarán mientras los dramas sociales avanzan temerariamente, ¿en dónde está la sociedad inconforme que protesta y no cede y demanda y denuncia y exige en el nombre de nuestra niñez condenada al fracaso y al hambre por falta de educación, en fin, al círculo vicioso que nos tiene atrapados?

Todos nos apellidamos Gordillo, por esa razón no hacemos nada por rescatar el futuro de nuestros hijos. ¿Tú también eres Gordillo?

Problema equivocado

Macario Schettino
schettino@eluniversal.com.mx
Twitter: @mschetti
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Uno de los más grandes errores que puede uno cometer es resolver el problema equivocado. Dedicar tiempo y recursos a resolver lo que no se necesitaba, mientras el verdadero problema queda sin atención, es un error doble. El debate sobre la legalización de las drogas es este tipo de error.

Permitir, bajo ciertas condiciones, que sean los ciudadanos los que deciden qué van a consumir, me parece muy buena idea. Lo importante son esas condiciones. Cuando ese consumo daña, o puede dañar, a otras personas, es importante limitarlo. Así ocurre con el alcohol y el tabaco, y así debe ser con otras sustancias. Determinar su riesgo y, con ello, establecer las limitantes al consumo, es prerrogativa de la sociedad.

Sin embargo, confundir el tema de la prohibición del consumo de drogas con la inseguridad y la violencia nos lleva a dedicar tiempo y recursos al problema equivocado. El problema en México no es, estrictamente hablando, el narcotráfico, sino la delincuencia organizada. Sin lugar a dudas, el negocio más rentable, por mucho, de esa delincuencia, es el tráfico de estupefacientes, pero no son sinónimos.

Lo primero que debe quedar claro es que ese negocio de tráfico depende del mercado estadounidense y no del mexicano. En consecuencia, la legalización tendrá un efecto relevante cuando ocurra en Estados Unidos, no en México. Si el país vecino decide que la mariguana puede consumirse y producirse con tanta libertad como el tabaco, su precio se desplomará, haciendo inviable el negocio criminal. Es muy probable que incluso Estados Unidos pueda ser autosuficiente en esa yerba. En cambio, si en México se legaliza el consumo y producción de mariguana, el impacto sobre la delincuencia organizada sería muy pequeño. Éste no es su mercado relevante.

Sin embargo, además de la mariguana existen otras drogas que pasan por México: cocaína, anfetaminas y derivados del opio. Es sumamente improbable que estas drogas puedan ser legalizadas para consumo general, y en varios casos, con justa razón. Estas drogas aportan menos efectivo a los cárteles, pero son de grandes márgenes, por lo que el incentivo para la delincuencia organizada no desaparecerá.

Discutir, entonces, la legalización, pensando que con ello se puede reducir la inseguridad y la violencia ,es un error doble, es resolver el problema equivocado. La inseguridad y la violencia en México tienen su origen en el gran mercado estadounidense, pero también en un Estado profundamente corrompido e incapaz. Y si bien la primera causa escapa a nuestro control, la segunda es responsabilidad sólo de nosotros.

No hemos querido reconocer y enfrentar el verdadero problema: el régimen corrupto y corruptor que gobernó México durante el siglo XX no sólo promovió el agotamiento del país para mantenerse en el poder, sino que construyó un tramado de relaciones para hacerse de los recursos de la ciudadanía. Empresarios, líderes sindicales, centrales campesinas, medios de comunicación y académicos, aceptaron formar parte de esas relaciones corruptas, sosteniendo el régimen a cambio de canonjías. La complicidad, sin embargo, no fue gratuita. Hoy, que los remanentes de ese viejo régimen, los gobernadores, resultan totalmente incapaces para darle a la ciudadanía el bien primordial del Estado, la seguridad, los cómplices no pueden exigir nada. ¿Cómo exigirle a quien nos dio contratos, espacios, recursos?

Y es que esas redes de complicidad también abarcaron el crimen organizado. El pago por “servicios a la patria” a quienes formaron parte de la Brigada Blanca que enfrentó a la subversión en la década de los 70, fue el control del crimen organizado. Con el cobijo del Estado creció la relación entre criminales y cuerpos de seguridad hasta perderse toda diferencia.

Lo que hoy vivimos no surgió de la nada. La inseguridad y violencia no es resultado de la decisión presidencial de enfrentar la delincuencia, sino del profundo deterioro del sistema político. Del país, si prefiere. Cuando el régimen de la Revolución se vino abajo en la segunda mitad de los 90, fuimos incapaces de construir un nuevo régimen. En parte, porque no hemos podido enfrentar el gran fracaso que fue México durante el siglo XX. Y sin reconocer el problema, es imposible resolverlo.

Hoy queremos nuevamente buscar una mágica solución: la legalización de las drogas. No perdamos el tiempo, y hagamos ya el balance, en serio, de lo que fueron los gobiernos de la Revolución y de lo que son hoy los gobernadores. Enfrentemos nuestros problemas y dejemos de culpar a los demás por nuestros errores.

¿Absolverá la historia a Uribe?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Ya que la historia parece que tendrá que esperar un poco más para decidir si absuelve o no a Fidel Castro, el autor de la frase, me tomo la licencia para aplicársela a uno de sus enemigos declarados: Álvaro Uribe.

¿Qué legado deja el presidente colombiano tras ocho años de mandato? ¿Cómo lo juzgará la historia? Su último logro le costó trabajo, pero será un elemento muy importante en la balanza a su favor; me refiero a la decisión de aceptar finalmente dejar intacto el candado democrático que le impedía presentarse para un tercer mandato consecutivo. Uribe luchó (a veces con artimañas oscuras) para que se reformara en este punto la Constitución, pero no pudo ser y entregó el poder a sabiendas de que habría arrasado en las elecciones y de que se iba con más de un 70 por ciento de popularidad, lo nunca visto en un gobernante demócrata latinoamericano.

En un análisis histórico comparativo con Fidel, esta podría ser la gran diferencia entre lo que hizo el colombiano y lo que no hizo quien prometió que iba a hacerlo cuando fue juzgado por el asalto al cuartel Moncada y en su defensa dijo que luchaba contra la tiranía de Batista para devolver la libertad y la democracia a los cubanos (¡Ja!).

En un análisis político inmediato, esta será también la gran diferencia entre el colombiano y Chávez, quien no oculta a nadie su empeño de gobernar a perpetuidad, aunque sea pisoteando a la oposición y a la libertad de prensa.

Pero las comparaciones no dan para más, aunque la política de Uribe se haya basado muy principalmente en su enfrentamiento con Chávez (y por extensión con Castro).

No se trata aquí de hacer un repaso exhaustivo de lo que fue su mandato, sino de las consecuencias que ha tenido, y hay una que ha cambiado definitivamente a la nación: Uribe ha conseguido reducir el poder de la guerrilla a su mínima expresión. Las FARC eran un ejército guerrillero que desafiaba directamente al Estado, que controlaba territorios enormes y que tenía incluso “embajadas” en muchos países (entre ellos en México), donde eran considerados por muchos como rebeldes con causa. El mandatario saliente les quitó la máscara y los llamó por su verdadero nombre: terroristas que se aliaron con los narcotraficantes para incrementar su poder y atentar con más virulencia contra la población. Las FARC son ahora un guerrilla en desbandada, acorralada por las tropas regulares, desprestigiada internacionalmente y que mantiene aún rehenes encadenados en la selva no ya para negociar con el gobierno un cambio de modelo de Estado (marxista) sino para evitar ser capturados o bombardeados. Pero con capacidad aún de dar zarpazos y con un santuario donde protegerse: Venezuela; de ahí que Uribe no dude en denunciar a Chávez ante la Corte de La Haya y que el venezolano lo insulte ferozmente.

Algo parecido ha sucedido con el narcotráfico. Si los años anteriores a su llegada, en 2002, fueron un infierno de narcoterrorismo indiscriminado, políticos y policías comprados con narcodólares y una ambiente intolerable de impunidad, Uribe dejó la semana pasada el poder con los cárteles desintegrados y con sus capos abatidos o extraditados a EU. La política de “tolerancia cero” ha acabado con cultivos, laboratorios de cocaína y fortunas amasadas, al punto de que el principal productor de hoja de coca es ahora Perú y los grandes cárteles son mexicanos.

Todo esto fue posible tras su arriesgada apuesta por aliarse con el ejército estadunidense, una vez que comprendió que sus tropas, desmotivadas y pobremente armadas, jamás iban a ganar la guerra. La opinión pública al principio no lo entendió y la izquierda alertó sobre una invasión de la soberanía nacional, pero los resultados ahí están y el agradecimiento del pueblo también. Por eso Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa de Uribe es hoy presidente.

Otro mérito de Uribe ha sido su política de desmovilización, por la que miles de guerrilleros y paramilitares han podido reincorporarse a la sociedad.

Sin embargo, pesará con fuerza en la otra bandeja de la balanza la cantidad intolerable de políticos que se aliaron a los grupos armados de ultraderecha —hay al menos 30 legisladores uribistas encarcelados— así como las graves denuncias contra uniformados por los llamados “falsos positivos”. Poco hizo el mandatario Uribe por evitar —y esta será su gran mancha— que al menos dos millares de campesinos fueran asesinados por militares, que luego los hacían pasar por cadáveres de guerrilleros para obtener recompensas y ascensos.

La balanza de la Historia finalmente sopesará lo bueno y lo malo del legado de Uribe y sentenciará sobre el mandatario que probablemente más haya influido en el destino de Colombia.

La legalización de las drogas

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

La legalización de las drogas -un tema que hasta ahora había sido apoyado principalmente por grupos marginales- está ganando cada vez más adeptos en el centro del espectro político latinoamericano.

La sorprendente declaración del ex Presidente mexicano Vicente Fox en apoyo de la legalización de "la producción, la venta y la distribución" de drogas fue motivo de titulares en todo el mundo.

Fox, que fue un estrecho aliado de Estados Unidos durante su Gobierno y que pertenece al mismo partido político de centroderecha que el actual Presidente Felipe Calderón, sacudió la escena política mexicana al criticar indirectamente los fundamentos de la ofensiva militar de Calderón al narcotráfico, que ha dejado un saldo de 28 mil muertes desde 2006.

Calderón respondió inmediatamente afirmando que "no estoy de acuerdo con la legalización", aunque ha abierto un diálogo con los partidos políticos para debatir el futuro de las políticas antidrogas de su país. El Partido Revolucionario Democrático, de centroizquierda, anunció que apoyará la "legalización fáctica" de las drogas.

La declaración de Fox, publicada el 7 de agosto en su blog, fue mucho más lejos que una declaración conjunta realizada en 2009 por los ex Presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Ernesto Zedillo, de México, y César Gaviria, de Colombia. En esa declaración, los tres ex Presidentes cuestionaban la eficacia de la guerra de Estados Unidos contra las drogas, y proponían la descriminalización de la posesión de marihuana para uso personal.

Mientras que los tres ex Presidentes de centro habían propuesto solamente la descriminalización de la marihuana, que implica no enjuiciar a quienes consumen esa droga, Fox abogó por la legalización de todas las drogas, algo que permitiría que empresas privadas las produjeran, distribuyeran y vendieran de manera legal.

En una extensa entrevista, Fox me dijo que está haciendo su propuesta porque la violencia relacionada con las drogas ha alcanzado niveles intolerables, y porque la experiencia de otros países como Holanda ha demostrado que permitir la venta de drogas no ha producido un aumento significativo del consumo.

"Toda prohibición difícilmente funciona", me dijo Fox. "La prohibición del alcohol en Estados Unidos, en Chicago (en la década de 1920) nunca funcionó. Además, provocó violencia, criminalidad, hasta que se suspendió".

Considerando que la posesión de pequeñas cantidades de marihuana ya ha sido descriminalizada en México, ahora es necesario dar nuevos pasos, como legalizar la producción de drogas y utilizar los impuestos que eso genere para financiar programas de educación y prevención antidrogas, señaló.

"Lo que estoy proponiendo es que se legalice, para que en lugar de que los criminales manejen este negocio, lo manejen empresarios, gente de orden, gente que estará registrada en la Secretaría de Hacienda, que pagará impuestos y que generará empleos", me dijo Fox.

Fox pidió revertir la decisión de Calderón de sacar el Ejército a las calles para combatir los carteles porque "el Ejército no está preparado para hacer labores de policía. Vemos que día a día se está desgastando la imagen del Ejército en México".

¿Por qué no planteó esta propuesta cuando era Presidente?, le pregunté.

Fox respondió que la legalización se discutió en reuniones de gabinete durante su presidencia, pero que la urgencia de esa medida ha aumentado desde entonces debido "al costo extraordinario que estamos pagando en la reducción de turismo, la reducción de inversiones y la falta de atención a la educación y la salud".

¿Qué dice Washington a todo esto? El zar antidrogas de la Casa Blanca, R. Gil Kerlikowske, me dijo en una entrevista separada que la legalización de las drogas es un tema fuera de discusión en el Gobierno del Presidente Obama.

Kerlikowske rebatió la idea de que la prohibición del alcohol aumentó la criminalidad en Estados Unidos en la década de 1920, argumentando que en esa época no existían estadísticas confiables sobre los niveles de criminalidad.

Y rechazó la idea de que no ha habido un aumento del consumo de drogas en Holanda.

"En Holanda, el consumo aumentó. De hecho, Holanda ha estado cerrando cientos de los bares de marihuana que existían, debido a los problemas que generan", dijo.

Mi opinión: no estoy seguro de que una legalización generalizada de las drogas sea una solución, porque dejar que el Estado regule esta megaindustria en países con gran corrupción podría producir una corrupción oficial aún mayor.

Por otra parte, también es cierto que después de cuatro años de la guerra contra el narcotráfico en México, los carteles están exportando más drogas, matando más gente y volviéndose más ricos.

Tal vez sea necesario adoptar una política gradual, que empiece por un debate serio sobre la posibilidad de aprobar leyes que regulen la producción legal de marihuana, simultáneamente con una masiva campaña educativa para desalentar su consumo.

Entonces, podríamos comprobar quién tiene razón, cuál es el resultado de este experimento en Latinoamérica, y decidir qué hacer a continuación.

Relanzando la Presidencia

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Hay quienes al irse, se quedan. Florestán

Cuando está por terminar el segundo tercio de su gobierno, en diciembre, el presidente Felipe Calderón ha tomado la decisión de relanzar su gobierno a partir de una nueva y personal relación con los medios y un reencuentro, también personal, con la sociedad.

Después de reconocer que una de las fallas, no sólo en la lucha contra el crimen organizado, sino en su gestión, ha sido precisamente ésa, la comunicación, el entenderse con los mexicanos sin intermediarios, reimpulsará su gobierno y su Presidencia a partir de ya, diría que a partir de las fiestas del Bicentenario, que son una plataforma tan formidable como desaprovechada hasta ahora. Y desde esa coyuntura y necesidad estaríamos percibiendo una gestión diferente.

El problema de comunicación del presidente Calderón no es diferente al de sus antecesores: José López Portillo (1976-1982) tuvo cinco encargados de prensa y terminó enfrentado a los medios con aquel reproche ante los periodistas: No pago para que me peguen. Otros cuatro encargados de esa oficina de comunicación tendría Ernesto Zedillo (1994-2000) y otros tanto su antecesor más reciente, Vicente Fox, que inició con quien hoy es su esposa, Marta Sahagún, y tras dos relevos acabó con el vocero Rubén Aguilar, recordado por su tarea de traducirlo del español al español: lo que el presidente Fox quiso decir.

Es decir, la comunicación siempre ha sido un conflicto para los presidentes de la República. Algunos lo asumieron como tal, como parte del costo; otros lo ignoraron, como Zedillo; a uno más le valió, como a Fox, y a Calderón ahora le preocupa y está dispuesto a corregir para avanzar.

Y la instrucción de salir es también para sus secretarios del gabinete presidencial.

Ya veremos giro y resultados.

Retales

1. VISITA. Hace unos días llegaron tres camionetas Suburban al hospital en el que se encontraba internado, muy delicado, Luis Echeverría. La sorpresa es que de una de ellas descendió el presidente Calderón, tomó el ascensor, subió y entró al cuarto del ex presidente con quien conversó durante un buen rato;

2. GUERRERO. No vuela la nominación por el DIA para Guerrero del senador priista y ex gobernador de ese estado Ángel Heladio Aguirre Rivero. Jesús Ortega dijo no y César Nava ha dicho que Malova solo hay uno, refiriéndose a Mario López Valdez, hoy gobernador de Sinaloa. Así que Ángel Heladio no vuela; y

3. AHORRO. Carlos Navarrete es un político respetado por todos. Pero no entiendo que se gaste 400 mil pesos para el informe de su gestión como presidente del Senado. Dice que es de su bolsillo, que es dinero de su ahorro. De acuerdo, cada quien se gasta su dinero en lo que quiere, pero es un exceso que para un discurso tire ese dinero de esa forma. Aunque igual es una inversión de cara al gobierno del Distrito Federal.

Nos vemos el martes, pero en privado.

Fidel y AMLO

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Golpe, seco y duro, a Felipe Calderón: resulta que los yanquis lo instalaron en la silla presidencial.

Lo han "cafeteado" muchas veces pero hoy cumple 84 años. Al parecer ya superó la enfermedad que padecía y que lo tenía postrado. Se trata de Fidel Castro, quien ha regresado con ganas de dar más batallas.

El comandante revolucionario no habla, desde luego, de la terrible situación que vive su país sumido en una permanente crisis económica. Los problemas internos ya se los heredó a su hermano Raúl, su segundón de siempre. Fidel está por arriba de esas "nimiedades". Él está dedicado a reflexionar sobre los grandes temas mundiales. Su nueva obsesión es evitar la guerra nuclear y opinar de otros países. Incluidos México donde, según él, López Obrador en 2006 "se presentó a las elecciones y ganó la mayoría de los votos frente al candidato del PAN. Mas el imperio no le permitió asumir el mando". Golpe, seco y duro, a Felipe Calderón: resulta que los yanquis lo instalaron en la silla presidencial.

Castro publicó ayer en el periódico Granma (órgano oficial del Partido Comunista Cubano) el artículo titulado "El gigante de las siete leguas". Fidel hace una extensa reseña del último libro de AMLO. Dice:

"Andrés Manuel López Obrador, una persona con la que nunca hablé, ni sostuve con él relación de amistad, es el autor de un pequeño volumen que acaba de ser editado, a quien agradezco la brillante exposición que hace de lo que está sucediendo en ese hermano país. Su título es La mafia que se adueñó de méxico y el 2012. Llegó a mis manos hace cuatro días, el 7 de agosto, en horas de la tarde, después de que regresé de mi reunión con los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba. Lo leí con enorme interés. Describe la forma en que Estados Unidos devora a dentelladas un país hermano de este hemisferio, al que ya una vez arrebató más de 50% de su territorio, las mayores minas de oro con altísima ley, y la riqueza petrolera explotada intensamente durante más de un siglo, de la que se extraen todavía casi tres millones de barriles diarios."

Castro cita extensamente la obra de AMLO, sobre todo cuando habla del sexenio de Vicente Fox. Recuerda a Carlos Ahumada y dice que comparte con el tabasqueño la opinión que tiene sobre Carlos Slim quien, confiesa Fidel, le obsequió un televisor: "No lo hizo con intención de sobornarme. No le pedí nunca tampoco favor alguno. A pesar de ser el más rico de todos, con una fortuna que supera los 60 mil millones de dólares, es un hombre inteligente que conoce todos los secretos de las bolsas y mecanismos del sistema capitalista."

Para Castro, el libro de AMLO "es una valiente e irrebatible denuncia contra la mafia que se apoderó de México." Pero también lo critica por tener omisiones: "No se menciona el hecho de que en Estados Unidos se ha creado un colosal mercado de drogas y su industria militar suministra las más sofisticadas armas, que han convertido a México en la primera víctima de una sangrienta guerra en la que están muriendo ya cada año más de 5 mil jóvenes mexicanos [.] No se consigna tampoco el hecho de que el cambio climático se ha convertido en un colosal peligro para la supervivencia de la especie [.] Se omite toda referencia al inminente riesgo de una guerra nuclear que podría hacer desaparecer nuestra especie."

Pero, con todo y estas omisiones, el libro le encantó a Castro. Y considera que López Obrador "será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe y, con él, el imperio". Así celebra Fidel su cumpleaños: votando a favor de AMLO para 2012. Es el gallo de La Habana. Que tome nota la izquierda mexicana que sigue adorando al dictador caribeño.

¿Y qué hará el presidente Calderón al respecto? ¿Le quedarán ganas de ir a Cuba a hacer las paces con sus amigazos? ¿Lo invitarán aunque sea un mandatario espurio impuesto desde Washington? ¿Cómo reaccionará la cancillería a estas declaraciones? ¿Se quedará otra vez calladita para no disgustar al comandante y sus fans mexicanos?

¡Ah, qué Fidel! A sus 84 años sigue vivito y coleando.