agosto 18, 2010

Paco Calderón



Los merolicos

Sergio Aguayo Quezada
twitter.com/sergioaguayo
Reforma

Parecemos gansos franceses. En la escuela nos ceban con alimentos chatarra y de adultos nos engañan vendiéndonos por televisión y radio productos milagrosos que curan las dolencias causadas por el sobrepeso.

En Francia se tortura cada año a unos 30 millones de gansos y patos. Los inmovilizan y con un tubo los van retacando de alimento para que su hígado enferme y crezca hasta casi 10 veces el tamaño normal; de ahí viene el foie gras. Cada año en México unos 25 millones de estudiantes de preescolar a secundaria son alimentados con comida chatarra. Los secretarios de Educación Pública y Salud, Alonso Lujambio y José Ángel Córdova, se propusieron emancipar a la niñez del nocivo bolo alimenticio pero doblaron la cerviz ante los empresarios. Estamos ante un patrón.

Los adultos de este país padecen sobrepeso, diabetes y traumas asociados. Para "rescatarlos" han proliferado las curas y mercancías que se promueven masivamente por radio y televisión. La representación del Colegio Médico de México en el Distrito Federal envió una carta al secretario de Salud, el 20 de marzo de este año, para inconformarse por esas campañas orientadas a la venta de "productos milagro". Por eso, dicen los galenos, aumentan la autoprescripción y las complicaciones secundarias. Ante la "clara ausencia de vigilancia sanitaria" preguntaron a Córdova Villalobos: "¿En dónde está la autoridad responsable de vigilar la publicidad de los insumos de la salud?".

El destinatario es el correcto. La Comi- sión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) es un órgano desconcentrado supervisado por la Secretaría de Salud. El 12 de julio la Cofepris respondió a los quejosos. Reconoce de entrada que le corresponde "autorizar y vigilar la publicidad de los productos o servicios que se difundan en los medios de comunicación, a fin de evitar que lleguen a la población mensajes que puedan inducir a conductas, prácticas o hábitos nocivos para la salud". Después saca el pecho y se compromete con esas palabras que las novias embarazadas esperan del amado al cual le dieron una prueba de su amor: "la Cofepris, sí cumple".

Más tarde se les diluye la enjundia y les dan la siguiente explicación a los médicos. "Por diversos factores externos (entre ellos no contar con datos de localización del anunciante, falta de cooperación oportuna por parte de los diferentes medios de comunicación, páginas web sitiadas [sic] en otros países, etc.) no imputables a esta Autoridad, dificultan y en muchos de los casos, imposibilitan para que esta Autoridad dicte medidas de seguridad y en su caso sancione a los presuntos infractores". Traduciendo a un lenguaje coloquial lo que quieren decir es: o sea, lo hubiéramos hecho pero, psss, a veces no se puede porque, no están ustedes para saberlo, pero fíjense que...

Los titubeos duran poco y la Cofepris recupera la solemnidad e insiste en escribir con mayúscula autoridad, e insta a los médicos quejosos a "que en lo sucesivo y en correlación a su obligación de auxiliar a la administración pública, coadyuven con esta Autoridad sanitaria en el sentido de proporcionar en sus posteriores escritos mayores datos". ¡Que las víctimas y los quejosos se empeñen más y mejor! Esta "autoridad" patito nos costará este año 744 millones de pesos y se comporta como los funcionarios que combaten la inseguridad recomendándonos que mejor no salgamos a la calle ni vayamos al banco.

El comisionado de la Cofepris, Miguel Ángel Toscano, se embolsa más de 3 millones de pesos al año. No es médico pero sí panista y amigo de Felipe Calderón. Tuvo su momento de gloria cuando, como diputado federal, denunció, en 2005, a otros legisladores por recibir sobornos de tabacaleras para que rechazaran el impuesto al tabaco. No cuida la salud del teleauditorio, pero sí rescata la mexicana tradición de los merolicos que vendían con gran ingenio, en plazas y mercados, productos como el fósforo vitacal que, según el pregón, servía para expulsar lombrices, cicatrizar almorranas y aliviar el mal de amores. Mexicanidad rima con obesidad e impunidad.

LA MISCELÁNEA

La Supervía Poniente ha cercenado el compromiso con la transparencia del gobierno de Marcelo Ebrard. Mientras los buldóceres tumban árboles y los camiones materialistas escupen columnas de humo negro, se desgranan las promesas y los discursos oficiales y se difunden "encuestas" ¡pagadas por vecinos! deseosos de que el mundo sepa del desbordante entusiasmo chilango por ese camino de cuota. Ésos y otros portentos se suceden mientras los vecinos de San Jerónimo seguimos sin conocer el proyecto ejecutivo que nos permita saber por dónde demonios van a pasar los 79 mil 220 coches que, según la empresa, se sumarán cada día al tráfico de la avenida Luis Cabrera.


Las cartas de médicos, de Cofepris y comentarios en www.sergioaguayo.org. Esta columna nace de una nota publicada por Sara Cantera (Reforma, 10 de agosto de 2010), agradezco su colaboración y la de Rodrigo Peña González en la localización de datos.

El 2012 y Cuba

Rubén Aguilar
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
raguilar@eleconomista.com.mx
Lo que quiso decir...
El Economista

La historia vuelve a repetirse. El gobierno cubano una vez más busca intervenir en la elección presidencial de México como lo intentó en el 2006.

El gobierno de Cuba una vez más pretende intervenir en la elección presidencial del 2012 como lo intentó en la del 2006, tal como queda registrado puntualmente en La Diferencia (Grijalbo, 2007), el libro que escribimos Jorge Castañeda y yo. La historia se vuelve a repetir.

Los artículos publicados por Fidel Castro la semana pasada desconocen el triunfo presidencial de Calderón y sin ningún dato, no lo hay, declara triunfador a López Obrador, para después, siguiendo las afirmaciones de éste -no es una idea original de Castro-, asegurar que fue víctima de un complot con objeto de impedirle llegar a ser candidato presidencial.

Los textos del comandante Castro no son accidentales y tampoco ingenuos y se proponen, por un lado, tensionar la relación con México y, por otro, apoyar la candidatura del ahora más petista que perredista. La reacción de los perredistas no ha sido unánime; Jesús Zambrano, que fue guerrillero, acusa a Castro de no haber denunciado el fraude electoral de Salinas contra Cárdenas.

En cambio, Marcelo Ebrard se sumó a las afirmaciones de Castro, al que califica como una fuente veraz que “tienen toda la información”, y López Obrador, en agradecimiento lo reconoce como uno de los “más importantes dirigentes del mundo”. Ninguno de los dos, que militaron en el PRI y nunca en la izquierda, hace referencia a la violación de los derechos humanos y al fracaso del socialismo cubano. Eso no.

El gobierno de Calderón desde que llegó pensó, de manera ingenua, que podría llevar buenas relaciones con el gobierno de Cuba y para eso concedió no hablar de la violación sistemática de los derechos humanos en la Isla, no relacionarse con los disidentes y tampoco pronunciarse sobre las elecciones de partido único.

La posición de Calderón, que volvió a los tiempos del PRI, no funcionó y ahora la cancillería ha tenido que salir a rechazar las declaraciones, estaba obligado a ello, y pronunciarse por la necesidad de que en Cuba ocurran elecciones libres, nunca las ha habido, y se respeten los derechos humanos, lo que ha estado en cuestión desde el mismo triunfo de la Revolución.

La cancillería, en lenguaje diplomático y a pesar del golpe asestado por Castro, reitera su voluntad de seguir estrechando sus relaciones con Cuba y se congratula de la recuperación de la salud del comandante, a quien felicita por su 84 cumpleaños. El gobierno de México debe solicitar al cubano si ratifica o no las declaraciones.

El apoyo de Castro a la candidatura de López Obrador tiene eco, en el mejor de los casos, en los suyos, pero no en el conjunto de la sociedad mexicana que rechaza los intervencionismos. En el intento cubano de “meterse” en la elección pasada, fue rechazado por la gran mayoría de los mexicanos. Es probable, con todo, que Cuba continúe en el mismo camino. El ser humano es el único animal que cae dos veces en la misma piedra.

Cínicos

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

Ante los exabruptos y posibles ilegalidades del cardenal Juan Sandoval y otros clérigos, el PRD y buena parte de la izquierda en medios de comunicación no defienden al Estado laico, sino a su partido.

Defienden al PRD. Y en segundo lugar defienden a Marcelo Ebrard. Fingen cuando se dicen alarmados por la invasión de la Iglesia en los terrenos de los laicos.

No dicen la verdad cuando se asumen como defensores de la legalidad, pues esa no ha sido su batalla.

Les dolió que Juan Sandoval dijera que Marcelo Ebrard entregó dádivas a los ministros de la Corte para imponer las adopciones por parte de parejas de un mismo sexo.

No soportaron que otros sacerdotes dijeran que los católicos no deberían votar por el PRD.

Juan Sandoval Íñiguez es un boquiflojo y todo lo que los perredistas dicen que es. Pero lo ha sido siempre, no nada más ahora que los ataca a ellos. Cuando Sandoval acusó de asesinato a funcionarios federales en el caso Posadas, pagó a un testigo (según acta circunstanciada de la PGR) para que inventara una reunión de políticos que maquinaban el asesinato del cardenal, también mintió y también violó la ley.

Pero el PRD, con su líder López Obrador, salieron a darle un respaldo público a Juan Sandoval.

Fue el propio López Obrador, como Jefe de Gobierno del DF, es decir, la máxima autoridad laica de la capital, quien le regaló a la Arquidiócesis capitalina tres hectáreas propiedad de la ciudad, junto a la Basílica de Guadalupe, para construir la Plaza Mariana.

Les regaló lo que no era suyo, además de pagar con dinero de los contribuyentes las escrituras e impuestos de esas tres hectáreas en el corazón de la capital.

La izquierda y su prensa callaron ante esa indebida connivencia entre autoridades y la jerarquía eclesiástica.

¿Cuál defensa del Estado laico? Les importan su partido y sus líderes. El ex obispo de San Cristóbal de la Casas, Samuel Ruiz, contó con el apoyo incondicional del PRD y de la prensa de izquierda, cuando estaba metido hasta el alzacuello con la guerrilla chiapaneca.

El obispo de Saltillo, Raúl Vera, despotrica cada vez que quiere en contra del Presidente de la República por la estrategia de combate al narcotráfico. Nadie de la izquierda levanta la voz para denunciar esa ilegalidad en que incurre el obispo, ni salen a defender al “Estado laico”, porque cuando se habla mal de Calderón no hay problema.

Apoyaron a los obispos de Tehuantepec cuando llamaban a votar contra el PRI, porque si es contra el PRI no pasa nada. Lo que estamos viendo es un nuevo desplante de Juan Sandoval Íñiguez. Y un acto teatral del PRD y sus aliados en los medios, que simulan defender el Estado laico.

Antigua grandeza mexicana

René Avilés Fabila
www.recordanzas.blogspot.com
La Crónica de Hoy

La semana pasada fui al Centro Histórico, al Zócalo, a la legendaria librería de los Hermanos Porrúa, donde han publicado algunos de los más destacados libros de México y editorial fundamental del desarrollo educativo y cultural del país. Llevaba las pruebas de un nuevo libro mío: Antigua grandeza mexicana, una obra surgida de una petición, que en breve publicará esa notable empresa. Cuando Silvia Molina estaba en Literatura del INBA, me pidió que cada tanto, en domingo, hiciera un recorrido literario de lo que llamamos el Centro Histórico. Por varios años, fui al frente de un grupo de personas interesadas en conocer los secretos de esa vieja y soberbia zona y juntos visitábamos lugares como la SEP, el Palacio de Minería, la Sociedad de Geografía y Estadística, el hoy Palacio de la Autonomía, donde estudié la preparatoria y arrancó lo que muchos llaman la generación de la Onda, el Palacio Nacional, el de Bellas Artes, la vieja edificación que albergó, entre otras cosas, la Escuela de Medicina, donde se suicidó el poeta Manuel Acuña, cantinas que fueron el eje social de nuestra pasada vida cultural, librerías que aún persisten, El Colegio Nacional, en fin, el recorrido estaba planeado para dos horas y media y en ocasiones se iba hasta las cuatro horas.

En esas pláticas fui madurando un libro: la base era el centro que conocí de niño, aquel que mis abuelos me platicaron, el que vivieron Andrés Henestrosa, Jaime Torre Bodet, Agustín Yáñez, Rafael F. Muñoz, Frida Kahlo, Miguel N. Lira, José Vasconcelos. Pude comparar el viejo ombligo del mundo, según la versión azteca, con lo que hoy resta, pasado de una espléndida grandeza. Descrita por Balbuena y más adelante por Novo, que hoy languidece. Lo que escribí no es una obra erudita, aunque sí hay mucha información, es más bien un tratado de recuerdos, una antología de nostalgias por esas calles que recorrí en la niñez, primero acompañando a mis padres a la Secretaría de Educación Pública y luego como estudiante de la Secundaria 1, en Regina, y en la Prepa 7, entonces en Licenciado Verdad y Guatemala. En esos años visité todos los rincones posibles, admiré los murales de Orozco, Rivera, Fermín Revueltas y Siqueiros. Recuerdo todavía el Zócalo de enorme belleza, con plantas, palmeras y fuentes. Todo eso escribí y lo puse en manos de la editorial Porrúa, donde compraba mis libros escolares y la que hoy luce modernizada y siempre fundamental.

Casi me fue imposible llegar a Porrúa a causa de la multitud de vendedores ambulantes, de bardas, de calles en aparente reparación, de una especie de feria en la plancha del Zócalo, en medio de charlatanes que hacen limpias disfrazados de lo que ellos suponen eran los aztecas, suciedad, limosneros. Todo eso y más en lo que AMLO llamaba la “ciudad de la esperanza” y que Ebrard denomina “capital en movimiento”. Carecemos de banquetas y calles, todo es para el automóvil y los ambulantes. Un auténtico asco que los turistas miran con desconcierto. Las bellezas del Zócalo son imposibles de apreciar, tampoco es fácil transitar, la gritería de los vendedores callejeros es inmensa y si uno se distrae tropieza con un bache o lo puede arrollar un vehículo que busca la manera de escaparse del laberinto infernal. No hay por dónde caminar, menos si, como fue mi caso, nos topamos con manifestaciones, plantones y todo tipo de protestas.

Anteayer, Alejandro Cedillo Cano hizo un espléndido reportaje sobre el tema: Marchas, 500 obras y encharcamientos ponen freno a la ciudad de México. Según la información proporcionada por el reportero, la agobiada capital en manos del PRD, tiene casi 9 marchas diarias, las obras están hechas con premura e improvisación, fueron concebidas para conseguir popularidad y votos, no para favorecer los movimientos. Para colmo, la plancha del Zócalo sirve para toda clase de actividades circenses y algunas serias que podrían ser llevadas a otros puntos de la ciudad menos sufrida. Es imposible disfrutar el Centro Histórico. Hay calles donde la piratería y la corrupción son visibles, policías y rufianes conversan mientras que ofrecen toda clase de productos ilegales. El costado de la Alameda, donde estuvo la hermosa librería La Pérgola y subsiste aterrorizado un busto de Beethoven, es un basurero y está repleta, como el resto de la Alameda, de vendedores de chatarra, de alimentos sucios e insanos y de mercadería proveniente de oriente. Nada resta de la pasada grandeza.

Marcelo Ebrard no ganará la Presidencia de la república, ni siquiera será candidato del PRD (menos AMLO, aunque él sí estará por segunda vez como aspirante presidencial y no triunfará por su enorme desprestigio y porque Fidel Castro acaba de hundirlo). De este modo no podrá arruinar otras ciudades del país. Espero con impaciencia el día que la capital se libere de quienes la han corrompido más y más y han destruido su dignidad en aras de la demagogia. Hay que luchar para que el DF recupere la grandeza que le vieron cronistas como Bernardo de Balbuena, Luis González Obregón, Artemio de Valle Arizpe, Salvador Novo y José Rogelio Álvarez.

Calzón de bruja

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

Para el burócrata, el mundo es simplemente un objeto que manipular. Karl Marx

Es una de esas medidas que no sirven realmente para nada, pero sí para que los políticos se levanten el cuello. Mañana se empezará a aplicar en la Ciudad de México una ley que prohíbe a las tiendas regalar bolsas de plástico para que sus clientes transporten sus mercancías. Los impulsores de la ley dicen que con ella se reducirá la contaminación. Lo único que lograrán, sin embargo, es hacerle la vida más difícil a la gente y golpear el presupuesto de los más pobres.

Las bolsas de plástico son un símbolo visual más que un verdadero problema de contaminación. Los estadounidenses les han dado el muy distintivo nombre de witches' britches, calzones de bruja, sobre todo cuando vuelan por las calles impulsadas por el viento. Por eso en México y en otros países del mundo se han tomado medidas para tratar de reducir su uso.

El problema de contaminación producido por estos calzones de bruja, sin embargo, es bastante pequeño. De las más de 12 mil toneladas de residuos sólidos que se producen en la Ciudad de México todos los días, las bolsas de polietileno son sólo una minúscula parte. Por otro lado, el plástico del que se fabrican es inerte, es decir, no agrede el ambiente. Muchos otros productos realmente agresivos no han sido objeto de las mismas restricciones.

Las bolsas, por otra parte, son uno de los pocos productos que se reciclan de manera sistemática. Las familias las usan para propósitos tan diversos como guardar el almuerzo de los hijos o separar y disponer de la basura.

Cobrar por las bolsas no resolverá el problema ecológico que éstas pudieran representar. Una bolsa contamina igual si se pagó o se regaló. Cobrar por ellas tampoco elimina la necesidad de tener una bolsa para la basura. En el mejor de los casos, si la gente realmente empieza a cargar su bolsa de tela o su canasta todo el día, será necesario de todas maneras comprar bolsas de plástico para la basura. En el peor de los casos simplemente se obligará a las personas a pagar por una bolsa indispensable que antes recibía de cortesía.

Según Eduardo Martínez Hernández, de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico, la restricción al uso de las bolsas en otros lugares ha propiciado un incremento de 20 a 30 por ciento en el uso del polietileno ya que las bolsas que se compran para la basura tienen más plástico que las del súper.

Los castigos que los diputados decretaron para los criminales que se atrevan a regalar una bolsa de plástico a un cliente son draconianos. Las multas van de 57 mil a más de un millón de pesos, una verdadera sentencia de muerte para un comercio pequeño. Además se estableció un arresto de 36 horas de cárcel para el dueño, que los diputados estaban tratando de cambiar ayer de último momento. El castigo por regalar una bolsa de plástico es peor que por tirar basura directamente a la calle o que por conducir un auto en estado de ebriedad.

Ya sabemos, por otra parte, que estas multas se aplicarán al comercio organizado. Los ambulantes, tianguis y mercados sobre ruedas, que siempre dejan sus residuos en las calles, seguirán haciendo lo que se les antoje. Una vez más la autoridad está creando medidas para favorecer la informalidad.

La nueva Ley de Residuos Sólidos es una tontería más en una larga serie impulsada por nuestros políticos y burócratas. Obligar al cobro de las bolsas de plástico no sólo no ayuda al ambiente sino que lo afecta negativamente, golpea a los más pobres y genera un nuevo incentivo para la informalización de la economía. Con estos amigos en la Asamblea Legislativa, para qué queremos enemigos.

Menos trámites

La mejor manera de hacer competitiva la economía, sin tener que pasar por un Congreso que con su trabajo suele empeorar las cosas antes que mejorarlas, es eliminar trámites burocráticos. Por eso es positivo que el gobierno federal haya anunciado 12 nuevas medidas para simplificar procedimientos.

Las cinco variables y los siete modelos básicos

José Elías Romero Apis
Excélsior

La lucha contra los narcóticos no ha sido fácil para ningún pueblo. Muy particularmente ha sido una lucha difícil para México

La esperanza de la ciencia.

Hace muchos años el problema mexicano de narcóticos se centraba en el hecho de que México era un productor de mariguana y de algunos opiáceos derivados de la amapola, principalmente la heroína.

La goma de opio era transportada hacia los Estados Unidos en cuyos laboratorios se producía domésticamente, en competencia con la heroína proveniente de Asia, tanto por las rutas europeas y como por las de la costa californiana.

A su vez, la mariguana era consumida preferentemente por sectores juveniles y populares, en cuanto al destino doméstico y una importante proporción, exportada hacia el mercado norteamericano. Así, hasta que la capacidad tecnológica y productiva de Estados Unidos logró instalarlos en la plena autosuficiencia, resolviéndose el problema de la exportación mexicana.

Más tarde, el consumo masivo de cocaína, combinado con el monopolio productivo sudamericano, impuesto por la naturaleza geográfica, instaló a México en una incómoda posición de "lugar de paso" en las narcorutas que van del sur al norte del continente americano.

Es cierto que la mayor parte de este abasto se surte sin pasar por México, pero lo que de ello transita por vía mexicana ha sido una calamidad con visos de catástrofe.

De allí que la mejor esperanza para el futuro mexicano, en este sentido, es que la tecnología agropecuaria logre instalar a los países consumidores en su plena autosuficiencia y las rutas que pasan por México se conviertan en leyenda del pasado, tal y como sucedió con la mariguana.

No faltan, desde luego, los suspicaces que piensan que la tecnología ya ha triunfado sobre la naturaleza, pero aún no sobre la ambición y que, aunque ya se pueda producir cocaína en regiones no sudamericanas, ésta se sigue transportando porque es más lucrativo su acarreo que su simple suministro.

Así, prosiguen, cuando la distribución doméstica supere el lucro del tráfico internacional, la tecnología "saldrá del clóset" para avisar que triunfó y México se habrá remediado.

Planteamiento nuevo de un debate viejo.

Pero, mientras tanto, el problema subsiste y la solución tecnológica se antoja lejana, porque México ha dejado de ser solamente un país de tráfico para convertirse, adicionalmente, en un país de consumo de narcóticos.

Las razones son muy diversas. Pero, de nueva cuenta, surge la vieja polémica entre si lo que más nos conviene es la proscripción o la permisión de los narcóticos.

Por eso vale plantearlo con objetividad y, si se puede, con imparcialidad.

La lucha contra los narcóticos no ha sido fácil para ningún pueblo. Muy particularmente ha sido una lucha difícil para México. Ha sido complicada por nuestra posición geográfica. Ha sido cara en presupuestos públicos. Ha sido costosa en vidas humanas.

Ha sido incómoda en la relación con otros pueblos. Ha sido peligrosa para la seguridad pública. En fin, ha sido generatriz de sufrimiento y de conflicto.

Debemos resaltar que existe una fuerte demanda de la sociedad mexicana en favor de que apliquemos nuestros mayores y mejores esfuerzos para restituir los espacios de seguridad y de justicia que hemos perdido desde hace algunos años.

Nos hemos esforzado en ello. No es tan sólo una promesa y una esperanza. Ya se ubica en el campo de las realidades.

En lo que concierne a la procuración, desde muy diversos frentes, los mexicanos saludamos, con beneplácito, el trabajo desplegado y que ha fructificado en el decomiso de alarmantes estancos de droga y en el aseguramiento de una cantidad de criminales importantes, así como también de sicarios que, no por ser de baja estofa, son de menor peligrosidad.

Así, como muchos problemas esenciales, pueden llegar a producirse en un solo escritorio, en una sola decisión y, a veces en un solo discurso, la fractura generalizada de un sistema de justicia, por el contrario, nunca es obra de unos cuantos.

Por eso, la primera obligación que tenemos frente a la cuestión es aceptar, aunque sea sumamente doloroso y hasta traumático, que estamos en presencia de un problema mayor frente al cual tenemos que aplicarnos desde el gobierno y desde la sociedad civil.

En el ámbito gubernamental, la solución implicará acciones de política interior, de seguridad nacional, de presupuesto, de desarrollo económico, de empleo, de salario, de comunicación social, de educación, de culturización, de reorganización, de funcionamiento y de muchas otras cuestiones.

En el ámbito de la sociedad civil, implica acciones muy decididas y, desde luego, muy comprometidas de la familia, de la escuela, de la abogacía, de la comunicación, de los partidos, de la empresa, de las iglesias, de los sindicatos y de todas las formas de organización de la sociedad civil.

Pareciera una alternativa del diablo, diría Frederick Forsyth, los escenarios que se presentan para el porvenir frente a la proscripción o la permisión de los narcóticos, una cuestión que tiene y tendrá alto impacto en la conformación de la civilización contemporánea.

La polémica sobre el tema ha incluido, en uno y en otro bando, la más amplia gama de argumentos que van desde los jurídicos, políticos y sanitarios hasta los de orden económico, diplomático y cultural, pasando, en este largo itinerario, por los de naturaleza histórica, ejemplificativa, estratégica, subliminal, cinematográfica, moral, religiosa, presupuestaria, burocrática, étnica, geográfica, aspiracional y genética, sin descontar las ineludibles referencias comparativas con la ley seca y con las consecuencias gangsteriles de tan malhadada legislación.

Vale reflexionar sobre unos cuantos de los argumentos de cada bando, desde luego aquellos que han sido más recurrentes o que se apoyan en un basamento más sólido.