agosto 21, 2010

El Bicentenario de la lucha de Independencia en América Latina

Oscar Maúrtua de Romaña
Representante de la OEA en México y ex Canciller del Perú
OMaurtua@oas.org
La Crónica de Hoy

Sin duda, el 2010 es un año especial para países como México y Chile ya que conmemoran 200 años del inicio de la lucha por su independencia así como la abolición de la esclavitud. Al mismo tiempo, México celebra el centenario de la Revolución Mexicana, evento que dio origen a un nuevo régimen político y estructura social. En 2011 se unirán a la celebración por su emancipación Venezuela y Paraguay, tal como el 2009 también conmemoró su independencia Ecuador.

Tales efemérides son el momento idóneo para reflexionar sobre el pasado, presente y futuro de las Américas. Resulta conveniente recordar que el proceso de independencia tuvo causas internas y externas. Entre las causas internas cabe mencionar: la desigualdad entre criollos y españoles; la expulsión de los jesuitas y la existencia de monopolios que impedían el crecimiento económico y la corrupción administrativa, entre otras. Asimismo, entre los factores externos que influenciaron los movimientos independentistas se encuentran los ideales de libertad promovidos por la Ilustración, la Declaración de Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa.

El contexto histórico por el que atravesaban los países del hemisferio al iniciar la lucha por su libertad era muy distinto al actual. Sin embargo, sigue vigente la pregunta sobre qué tanto ha cambiado América Latina desde entonces. Uno de los grandes avances fue la abolición de la esclavitud, en Haití se dio en 1803, en México en 1810 y en Estados Unidos hasta 1863. No obstante que abolición de la esclavitud está incluida en la Declaración de los Derechos del Hombre, en nuestros días –desafortunadamente- siguen presentándose casos de explotación y opresión en el continente.

A pesar de que hace 200 años los pueblos latinoamericanos obtuvieron su libertad, hoy en día existen problemas y desafíos que todas las naciones deben enfrentar para que los habitantes de la región vivan libre y plenamente. Grandes capas de la población aún no tienen acceso a la educación, ni a servicios de salud y viven marcados por la marginación y discriminación, a pesar de los esfuerzos de sus gobiernos.

El problema de la inseguridad es otro asunto que merma el desarrollo de todos los países, además de que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los ciudadanos. Por ello, la Organización de los Estados Americanos (OEA) considera esencial la preservación sobre la seguridad multidimensional, la cual consiste en garantizar seguridad a todos los pueblos latinoamericanos a través de la cooperación y desarrollo de distintas políticas regionales para abordar las amenazas en el hemisferio. Diversas instituciones como la Comisión de Seguridad Hemisférica y las Fuerzas Armadas trabajan para alcanzar dicho objetivo. También existen diversos documentos que los estados han adoptado a lo largo de los años y que son la base de la preservación de la seguridad en la región, tales como la declaración sobre seguridad en las Américas, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y el Catálogo de Informes de los Estados Miembros en Seguridad Hemisférica.

En tal contexto, una de las dificultades por las que atraviesa América Latina es el problema de las drogas. En los últimos años ha aumentado el consumo y producción por lo que el comercio de drogas ilícitas es considerado una amenaza para la estabilidad de la fuerza pública ya que ocasiona violencia y destrucción. Los festejos por el Bicentenario de la independencia y el centenario de la Revolución en México se desarrollarán en una situación de violencia que va en aumento y que ha motivado que el Ejecutivo –con sensatez y espíritu democrático- convoque a los líderes de la oposición y eleve a debate la legalización de las drogas aunque haya anticipado su opinión contraria.

En todo el hemisferio existen distintas estrategias para combatir este problema tales como el fortalecimiento institucional y la reducción de demanda y de oferta; además, se cuenta con el apoyo del Observatorio Interamericano sobre Drogas. Es una problemática en la que todo el continente debe participar para encontrar soluciones prontas ya que pone en riesgo la salud de la juventud, además de distorsionar las economías regionales.

Otros problemas que persisten en las Américas son el desempleo y la pobreza. No debemos olvidar que la pobreza, el desempleo y los bajos niveles de desarrollo humano son factores que inciden negativamente en la consolidación de la democracia, que constituye en la actualidad un tema central para los pueblos y los países de América Latina y el Caribe. Se aspira que bajo este régimen de gobierno, los habitantes del continente consoliden las vías para superar los más agudos y profundos problemas socioeconómicos que afectan a millones de ciudadanos que viven en condiciones de pobreza, miseria y exclusión social y cultural. De ahí la necesidad de hacer reformas estructurales para atender dichos problemas e impulsar el desarrollo en la región.

Como se puede ver, en las Américas aún existen problemas que recuerdan al colonialismo. Por ejemplo, el crecimiento económico de la región –en algunas ocasiones- se ve limitado por la presencia de monopolios o grupos de interés. La sociedad continúa jerarquizada y la desigualdad entre distintos grupos sociales sigue existiendo. Asimismo el problema de la corrupción y abuso de poder está presente, además del pleno respeto a los derechos humanos, migrantes, discriminación, legalidad, Estado de derecho, exclusión, trata de personas, educación, empleo, libertad de expresión, entre otros.

De esta manera, conviene hacer una reflexión sobre qué dirección va a tomar América Latina y recordar las razones por las cuales se dio la lucha de la independencia. Todos debemos buscar el bienestar de la región, y debemos contribuir a construir una América Latina unida, libre, fuerte, próspera y pacífica. Aspiraciones por las que hace dos siglos lucharon miles de hombres y mujeres ofrendando sus vidas por causas justicieras, pero que, en algunos casos, aún se encuentran pendientes de ser atendidas, a pesar de que vivimos en democracia.

El infierno que viene

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

La nueva película de Luis Estrada, programada para estrenarse el 3 de septiembre, de seguro cimbrará al mundo político y a la opinión pública por su guión directo y descarnado sobre lo que vive en este momento buena parte del país respecto a la lucha contra el narco.

Si en el año 2000, con su película La Ley de Herodes, el cineasta Luis Estrada contribuyó desde el cine a la histórica caída del PRI del poder presidencial, en este año del Bicentenario y de la violencia del narco, el director mexicano estrenará otra obra magistral que bien puede considerarse, desde ahora, como la versión “no oficial” del 2010.

El Infierno, programada para estrenarse el 3 de septiembre, será una película que cimbrará al mundo político y a la opinión pública por su guión directo y descarnado sobre lo que vive en este momento buena parte del país. Con una realización y una narrativa impecables, Estrada retrata y cuestiona la llamada “guerra contra el crimen organizado”, la descomposición social que le acompaña, y la degradación y penetración de todas las instituciones —tanto las de la sociedad como del Estado— que ha hecho de varios estados y regiones de México auténticos “infiernos”.

“El infierno es aquí y ahora”, dice un personaje de la cinta, en un imaginario “San Miguel (N)Arcangel”, Estrada muestra una realidad que bien podría ser la de Ciudad Juárez, Monterrey, Tepic, Veracruz, Torreón o cualquier otro municipio de México.

Desnuda y exhibe, lo mismo la simulación y corrupción de los gobiernos y cuerpos de seguridad federales, estatales o municipales en la lucha contra el narco, que la burda ignorancia y desmedida violencia de capos y sicaros sanguinarios que se asesinan salvajemente entre ellos, sin respetar ningún tipo de códigos, ni siquiera los familiares, o la ambición por el dinero que ha corrompido a toda una sociedad en crisis total de valores: hermanos que se asesinan y traicionan entre sí, madres que se hacen de la vista gorda ante hijos criminales a cambio de dinero para comer y algún electrodoméstico, y niños y jóvenes que sueñan con ganar dinero fácil y convertirse en un sicario “bien chingón”.

La cinta, crudo retrato del México 2010 que arriba a este Bicentenario que está por celebrarse, se encuentra en manos de la Secretaría de Gobernación, en espera de que RTC defina qué clasificación le otorga. Ahí se verá un primer indicio de cómo toma el régimen y el gobierno de Felipe Calderón una película en la que, directamente, a través de una fotografía oficial del presidente que aparece por segundos en pantalla, cuestiona y destroza la versión oficial de la lucha anticrimen y el lugar común de que “vamos ganando la guerra, aunque no lo parezca”

Si RTC le da clasificación “C” a la cinta de Luis Estrada, será un primer aviso de que El Infierno causará indigestión y malestar en el gobierno, aun antes de su salida. Una clasificación de ese tipo, que impediría la entrada a las salas a adolescentes y menores de 18 años, desataría la polémica y denuncias de la producción, sobre todo cuando películas extranjeras mucho más violentas, actualmente en cartelera, recibieron clasificación “B”.

¿Habrá intento de censura ante una cinta que, con gran narrativa, grandes actores y una gran producción, puede verse como una dura crítica al México convulsionado y violento que han dejado cuatro años de calderonismo? Sería un error político grave. Porqué, aunque dura y crítica al actual gobierno y con un lenguaje que no disimula ni hace concesiones en los cuestionamientos, la nueva película de Luis Estrada dista mucho de ser sólo una crítica al gobierno de Calderón. Su argumento y su crítica son mucho más amplias: igual que Calderón aparecen fotografías y alusiones a la corrupción en el sexenio de Vicente Fox, de Ernesto Zedillo, de Carlos Salinas y hasta de Miguel de la Madrid, como gobiernos que tuvieron connivencia y convivencia con los narcotraficantes.

Pero la demoledora visión del México actual que se aprecia en “Infierno” no sólo cuestiona al gobierno, sino a la familia, a la Iglesia, al Ejército, a la ambición desmedida por el dinero en los mexicanos, a la descomposición que vivimos como país y como sociedad que tolera, padece y termina por aceptar el dinero del narco como lubricante que aceita la economía nacional.

Pronto llegará a las pantallas, si a alguna mente pequeña no se le ocurre otra cosa. Y Luis Estrada, quien en 2000 fue aclamado por muchos, entre ellos los panistas, por su demoledora crítica y retrato del régimen priísta de 70 años en su “Ley de Herodes”, volverá a ser aclamado por muchos —quien sabe si por los panistas— por una cinta que, aunque entretiene, emociona y por momentos hace reír con genial humor negro, al final es un golpe seco de realidad, incomoda realidad, que sacudirá conciencias.

¿LOS 10 GRANDES AL RESCATE?

Y hablando de “infiernos”, en Monterrey y buena parte de Nuevo León, donde el desánimo social y la desesperación campean ante la violencia desbordada, no pocos se preguntan, ¿dónde están los grandes capitanes de la industria regia que por décadas se preciaron de la seguridad invulnerable en su Estado?

No es que la seguridad sea responsabilidad del empresariado, pero ante la incapacidad manifiesta que le reclaman los regios al gobernador y al gobierno federal, que apenas responde tímidamente con el envío de refuerzos policiales y militares, muchos quisieran ver una respuesta de los magnates que históricamente se han involucrado en la estabilidad y el orden en las tierras donde nacieron sus emporios.

Una explicación que dan allegados al “club de los capitanes regios” es que varios de ellos sí se metieron al tema de la inseguridad y la violencia del narco pero lo han hecho hasta ahora de manera individual y aislada. Algún empresario contrató seguridad israelí para cuidar sus empresas y las zonas aledañas, otro creó su propio cuerpo de seguridad, y así el efecto de esas acciones se diluyó en la fragmentación.

En Monterrey, donde aún no se sienten los efectos del envío de fuerzas federales y la presencia del secretario de Gobernación, Francisco Blake, corre una fuerte versión que dice que después de lo ocurrido con el secuestro y asesinato del alcalde de Santiago, Edelmiro Cavazos, los 10 principales empresarios regios, cansados de la ineficacia de las autoridades, han decidido actuar y que recientemente se reunieron para trazar, ahora sí de manera conjunta, una estrategia de seguridad con la que pretenden sacar al estado del caos y la incertidumbre en que lo han sumido los narcos y la ineptitud oficial. ¿Será que los capitanes regios piensan traer grupos de “limpieza” como los que tenía el alcalde de San Pedro, Mauricio Fernández, o van por una estrategia coordinada con las autoridades?

NOTAS INDISCRETAS… En una jugada estratégica, Manlio Fabio Beltrones decidió mover la reunión plenaria de la bancada del PRI en el Senado a Guerrero, en lugar de Tijuana donde la habían programado sin consultarle. “En Tijuana ya ganamos, en Guerrero es donde ahora tenemos que ganar”, dijo el líder senatorial que decidió llevar toda la fuerza de su bancada a Acapulco, el 23 y 24 de agosto, para darle un abierto “espaldarazo” a su amigo, el precandidato del PRI, Manuel Añorve. Entre los temas que debatirán los senadores priistas en su agenda parlamentaria está la Reforma laboral que quieren impulsar en el próximo periodo, además de leyes para reformar a los órganos reguladores –léase Cofetel y Cofeco— y mejorar así la competencia económica… Dados enrachados. Escalera.

Alguien tiene que ceder

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Si votaran en bloque los legisladores panistas y perredistas serían insuficientes los votos para avalar un presupuesto que en 2011 cubra las expectativas de Calderón.

El desaire de los coordinadores parlamentarios del PRI, el senador Manlio Fabio Beltrones y el diputado Francisco Rojas Gutiérrez, marcó el cierre de los diálogos por la seguridad.

Beatriz Paredes, la lideresa del tricolor, se salió con la suya. La representación legislativa mayoritaria en el Congreso dejó plantado a Felipe Calderón en el séptimo encuentro público destinado a fortalecer la estrategia gubernamental anticrimen.

El sábado anterior señalamos que ella le ganaría la batalla a Los Pinos si esta semana no se realizaba la sesión pendiente con los jefes de las bancadas, misma que se pospuso en dos ocasiones por la negativa de la también diputada.

El Presidente optó sin embargo por concretar el séptimo diálogo con las dos sillas vacías de los priistas y asumir materialmente la ausencia de los representantes de 33 senadores y 237 diputados.

¿Podemos hablar de un empate entre Beatriz y Calderón? Acaso en la resonancia mediática.

Con el cierre de filas por parte del senador Beltrones, ella demostró que el escepticismo en torno a los diálogos no era una terquedad personal y que la suspicacia hacia éstos es compartida por el poder legislativo tricolor, generando así la percepción de que la asistencia de los gobernadores de su partido respondió más a la simulación del protocolo que a una auténtica corresponsabilidad.

Para reforzar esta visión monolítica de la cúpula del PRI en contra del Presidente, el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto declaró que la de Beltrones y Rojas no era una posición personal, sino partidista.

Calderón consiguió escenificar que su margen de maniobra no empieza ni termina con los tricolores, sus anteriores aliados. Y representar la convivencia civilizada de los poderes Ejecutivo y Legislativo con sus nuevos compañeros de viaje, los perredistas.

Porque en el séptimo diálogo, la interlocución estelar correspondió al senador Carlos Navarrete y al diputado José Guadalupe Acosta Naranjo, quienes retomaron la agenda expuesta, en sus respectivos encuentros, por Jesús Ortega, dirigente del PRD, y el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard: impugnaciones a la participación de las fuerzas armadas en la estrategia; una política para los jóvenes, vulnerables al reclutamiento de la delincuencia, y ataque contra el lavado de dinero.

"La izquierda mexicana no va a ser útil al país, si no piensa primero en el país, a pesar de nuestras diferencias, y eso es lo que venimos a expresar el día de hoy a este lugar", concluyó Acosta Naranjo que, en su calidad de vicecoordinador de los diputados perredistas, acudió a la cita de los parlamentarios para no dejar vacío el lugar de Alejandro Encinas, jefe de la bancada y leal al principio de los fieles de Andrés Manuel López Obrador de no reconocer al gobierno.

Es un hecho que la "izquierda modosita", como le llama el ex candidato presidencial perredista, ha tomado una ruta contraria a la que hace un par de años perfilaban los seguidores de López Obrador, con la tesis de Porfirio Muñoz Ledo de que la administración de Calderón acabaría por descarrilarse sin concluir el sexenio.

Existe un realineamiento político de fuerzas que abona en la gobernabilidad del régimen y que da continuidad a la coyuntura electoral de una alianza partidista manifestada en las candidaturas comunes PAN-PRD del 4 de julio pasado.

Sin embargo, el trato conciliador de Calderón con Ebrard, Ortega, Navarrete y Acosta Naranjo no alcanza para el relanzamiento de la estrategia presidencial.

En el hipotético caso de que votaran en bloque, los legisladores panistas y perredistas son insuficientes para avalar un presupuesto que en 2011 cubra las expectativas de Calderón de ponerle más dinero a la seguridad.

Pero más allá de los números, están las impugnaciones de los perredistas a la preponderancia militar de la estrategia calderonista. "¿Hasta cuándo el Ejército en las calles?", preguntó Carlos Navarrete.

"Si es necesario, hasta el último día de mi mandato", respondió Calderón, quien dejó ir este jueves la oportunidad de escenificar un ánimo de rectificación.

Diplomático, Navarrete se limitó a recordarle: "Le tengo una noticia al Ejecutivo: de las iniciativas que están pendientes y de las que va a enviar, va a tener que multiplicarse el trabajo de sus secretarios; enviarlas, convencer, reunirse, agregar, ceder, aceptar ."

Sí, después de los diálogos, alguien tiene que ceder. ¿O alguien piensa en penalties acaso?

Morir por la Patria no está chido

Hugo García Michel
hgarcia@milenio.com
Cámara Húngara
Milenio

Dijo el presidente Felipe Calderón el domingo pasado, durante el traslado de los restos de 14 héroes de la guerra de Independencia a Palacio Nacional, que “la Patria se defiende con la vida y hasta la muerte”. Así, en primera instancia, la frase suena muy bonita, con su buena dosis de dramatismo y solemnidad. Pero la verdad, a estas alturas de la historia, no estoy muy seguro de que el concepto de Patria signifique lo mismo para las nuevas generaciones de mexicanos que para las que vivieron en los dos siglos pasados.

Hay una frase genial de Mark Twain que viene muy al caso: “¿Morir por mis ideales... y qué tal que estaban equivocados?”. Hoy, la idea de morir por la Patria no sólo suena anticuada, demodé, sino que resulta horrible. En un mundo cada vez más globalizado e integrado, en el que las fronteras se borran y todo apunta, a largo plazo, hacia una gran confederación mundial, sentencias como “La Patria es primero” o, peor aún, “Patria o muerte”, suenan a hueca demagogia reaccionaria cuando no a necrofilia pura.

Pronunciado por el presidente Calderón, en pleno año de falso Bicentenario (que debería celebrarse en 2021, ya que México se hizo independiente a partir de 1821) y en medio de una guerra que oficialmente no es guerra pero que ha costado más de 28 mil víctimas en tres años, eso de “la Patria se defiende con la vida y hasta la muerte” me parece un dicho bastante desafortunado.

En todo caso, hay que vivir por la Patria y eso sería, en estos momentos, luchar por la seguridad, la salud, la educación, el empleo, la integración internacional. Para mí ese vendría a ser el verdadero patriotismo y no el de “va mi espada en prenda, voy por ella” que en un contexto decimonónico estaba muy bien, pero que en pleno siglo XXI y en un país ahogado por la violencia resulta un sinsentido, algo que dice absolutamente nada y que no hace sino echar más gasolina a la hoguera.

La neta, eso de morir por la Patria no está chido. Sobre todo si los representantes de esa Patria son los inefables patricios de la clase política actual.