agosto 23, 2010

Drogas...

José Antonio Álvarez Lima
alvalima@yahoo.com
Heterodoxia
Milenio

Droga: sustancia que al ser procesada por el cuerpo altera significativamente las emociones y la conducta. Su uso frecuente puede causar dependencia obsesiva.

Es un debate amañado.

Muchas drogas no necesitan ser legalizadas.

Casi todas las drogas ya están legalizadas en México.

En efecto, quizá la droga más antigua y de uso más extendido es la cafeína. En nuestro país, como en casi todas partes, es de uso cotidiano entre individuos y familias.

Cuándo la cafeína se ingiere con azúcar en las llamadas bebidas de cola, su efecto adictivo y excitante se potencia. Su ingestión, sin embargo, se promociona habitualmente en los medios de comunicación y se recomienda, sobre todo, a niños y jóvenes. Su abuso propicia diabetes, una de las peores epidemias que padecemos.

Aún versiones más adictivas y potentes como las mezclas de cafeína y taurina, en las llamadas bebidas energéticas, se expenden legalmente.

Asimismo, el tabaco y el alcohol, otras potentes drogas, causantes junto con el azúcar y la cafeína de cientos de miles de muertos al año en hospitales y en accidentes, se promocionan y venden en medio de la festiva aceptación social.

Psicotrópicos, ansiolíticos y antidepresivos son drogas adictivas también y se venden en farmacias con receta o sin ella.

Hay pues ya, un mercado libre o ligeramente controlado de drogas que alteran significativamente las emociones y la conducta. La lista de estas sustancias insalubres autorizadas para comercializarse crece, frecuentemente, a solicitud de los fabricantes.

Las preguntas son: ¿que razones determinan que una droga sea susceptible de venta libre o de algún tipo de control? ¿Porqué un Pink Bull sí y un carrujo de mota no? ¿Porqué una caguama con tafil sí y un chanchomón de mariguana no? ¿Cuáles son las razones éticas, estéticas, culturales o de salud para criminalizar, prohibir, reglamentar o permitir el consumo de unas o de otras drogas?

¿Por qué los que producen, promocionan y venden drogas permitidas son ciudadanos prósperos y ejemplares y los que hacen lo mismo con drogas no permitidas, de igual efecto que las anteriores, son criminales? ¿Por qué las cosas son de tal manera, hipócritas y grotescas que los consumidores de drogas permitidas —café, alcohol, tranquilizantes— persiguen, encarcelan y matan a los que consumen drogas no permitidas?

La lógica indica que más pronto que tarde se modificará el abanico de las drogas permitidas para incluir en él algunas hoy prohibidas; y se buscarán maneras imaginativas y realistas de reglamentar este consumo tal como sucede ya en California.

Al mismo tiempo, es de desearse que pronto se realicen campañas educativas para desalentar el uso de todas las sustancias insalubres, desde la cafeína hasta el prozac y el ritalin, pasando por el alcohol, el tabaco y el azúcar.

Hay que decir, sin embargo, que el consumo experimental libre de algunas drogas, como ocurre en Europa, disminuirá el negocio del narco, pero no detendrá la violencia en México.

La delincuencia organizada, ya formada por cientos de miles de delincuentes mexicanos, seguirá matando, secuestrando y extorsionando; porque su existencia no está vinculada sólo al mercado negro de las drogas, sino sobre todo, a la deshonestidad cultural, la corrupción política, la impunidad generalizada y la falta de
oportunidades.

Por tanto, sólo en la medida que disminuya la deshonestidad, la corrupción, la impunidad y se abran oportunidades laborales, educativas y recreativas, disminuirá la violencia.

Enfrentemos la verdad, más nos vale.

A Castro lo engañó un pillo Pablo Hiriart

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

El gobierno cubano podría salir estos días con una respuesta agresiva a los puntuales señalamientos de la cancillería mexicana en torno a la indebida intromisión de Fidel Castro Ruz en los asuntos internos de nuestro país.

La respuesta de Relaciones Exteriores tocó donde duele al régimen cubano: hace votos por que el pueblo de Cuba tenga pronto acceso a elecciones libres para elegir a sus autoridades.

Castro en su carta de dos entregas (hasta ahora) pontifica sobre prácticas electorales que desconoce e incurre en un intervencionismo lesivo para los fines de su régimen: abre la puerta para que el gobierno mexicano intervenga en la política doméstica de la isla.

Aquí se ha tratado de atenuar la intervención de Fidel Castro en nuestros asuntos internos con el argumento de que ya no es Presidente de Cuba y por tanto es un simple ciudadano.

No es un simple ciudadano. Es el Secretario General del Partido Comunista de Cuba, cargo que no ha abandonado, y como se sabe es el único partido que existe en ese país y sobre el cual se sostiene la dictadura.

Pero quizá el error más grande del líder cubano es haberse dejado engañar por un pillo: Carlos Ahumada.

Castro le da crédito pleno a los dichos de Ahumada. Y si cree en sus declaraciones, en que habla de que todo —videos, entrevista con Bejarano, etc.— se hizo “para dañar a López Obrador”, también debería creer en la palabra de Carlos Ahumada expresada en el libro.

Ahí Ahumada pone a López Obrador como cualquier cosa menos un líder social: un rencoroso al frente de extorsionadores que sacaban dinero a empresarios para financiar gastos inconfesables.

¿Por qué Castro le cree a Ahumada lo que dijo a los policías cubanos y no lo que escribió después, libremente?

Castro le compra entera la versión de los interrogatorios en La Habana, en que dice que el objetivo fundamental con el tema de los videos “era dañar a López Obrador y al PRD”.

Qué ingenuo se vio el comandante Castro: el objetivo de Ahumada con los videos era quitarse de encima la presión de una acusación por fraude en la delegación Gustavo A. Madero.

Castro le cree a Ahumada que “no le cumplieron” los que lo habrían orillado a soltar los videos.

¿No le cumplieron? Diego Fernández de Cevallos le dio tres millones de dólares.

A su esposa también le entregaron una cantidad similar, por la cual firmó recibos.

Y el gobierno federal no le fincó un solo cargo.

¿No le cumplieron?

Si el comandante cree que Ahumada es un pillo, pues sí, se dejó engañar por un pillo.

El infierno

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

La traición es deleznable. En la historia son recordados con un especial espanto esos personajes que mataron o entregaron a sus enemigos al amigo, al padre, al hermano. El que traiciona no sólo prepara su crimen alevosamente, lo hace sin odio, desde la frialdad que se necesita para acercarse lo suficiente sin generar sospechas. El que traiciona convive con su víctima y le conoce por fuerza su lado humano: sus afectos, debilidades y miedos. El que traiciona tiene que franquear un umbral moral distinto al del asesino: no se trata de disparar a lo loco o drogado armas de alto calibre en contra de desconocidos o de enemigos distantes y supuestamente temibles, no, el que traiciona sabe que el otro es tan humano como él, padre como él, esposo como él, hijo como él.

El viernes supimos cuando se dieron a conocer los nombres de quienes presuntamente participaron en el secuestro y asesinato del alcalde de Santiago, que todos eran policías. Una mala noticia, sin duda, pero no una gran sorpresa. Llevamos muchos meses siendo testigos de la putrefacción en la que se encuentran nuestros cuerpos policiacos. No podemos espantarnos porque unos policías municipales hayan aceptado vigilar una carretera para que los sicarios pudieran sin estorbos secuestrar al alcalde. Ellos como otros miles de mexicanos aceptaron ese dinerito extra porque no se es narco sólo por echar aguas, informar nimiedades o prestar patrullas. Esa es al menos la explicación que a muchos les permite dar el paso sin asumir responsabilidad ni torturarse con malestares y culpas.

Pero el viernes presentaron como culpable a un escolta del alcalde, concretamente al encargado de la seguridad de su casa. Su caso provocó una reacción diferente, los periodistas se arremolinaron a su alrededor, le hacían preguntas, querían entender: ¿qué sabía?, ¿por qué lo hizo? Todos sabemos intuitivamente, sin necesidad de pensarlo mucho, que la explicación de la mala paga y las pocas oportunidades no explican un acto así.

Luis Estrada, extraordinario director de cine (La Ley de Herodes), está por estrenar El infierno, una película en la que nos muestra el recorrido de los hombres y mujeres que en el camino van dejando parte de su humanidad. Y Luis no sólo exhibe a políticos de ayer y de hoy, tampoco se limita a retratar a los malísimos, sicarios o narcos millonarios, no, también retrata a la madre ávida de dinero que no sólo acepta sin chistar el dinero del hijo narco sino que le arranca el reloj antes de que se vaya, o al tío que feliz guarda sus principios en un cajón para hacer negocios y lavar dinero, o al joven cuya máxima aspiración es ser un buen narco y a la de la tiendita que lo mismo vende estampitas que drogas. El mundo que retrata Luis está lleno de traidores porque está lleno de muertos vivientes. Es un espejo cruel y sin concesiones de un México que existe, el pasado viernes lo confirmamos.

Síndrome Slim

Denise Dresser
Reforma

México atrofiado. México con síntomas preocupantes. México con características alarmantes. Presa de aquello que la revista Newsweek -en un número especial sobre los mejores países del mundo y las razones de su éxito- llama el "Síndrome Slim". Y no acuña el término para celebrar su existencia sino para criticarla. No elabora el diagnóstico para aplaudir la salud del paciente sino para subrayar cuán mal está. En el ámbito de la medicina, un "síndrome" es la asociación de varios rasgos clínicamente reconocibles que ocurren de manera conjunta. Fuera de la medicina, el término se aplica a una combinación de fenómenos que se asocian entre sí. Y para muchos economistas, el "Síndrome Slim" es aquel que describe la relación causal entre economías oligopolizadas y bajo crecimiento. Es aquel que caracteriza al "capitalismo chueco" (crooked capitalism) y los peligros que produce para economías emergentes como la de nuestro país.

Ese tipo de capitalismo sub-óptimo, donde el éxito de empresarios selectos se da a costa del dinamismo económico. Ese tipo de capitalismo disfuncional donde no necesariamente ocurren transacciones ilegales, pero donde la concentración de poder y la riqueza lleva a que muchos hablen de México como un lugar "dispuesto a perder un par de puntos de crecimiento del PIB", en palabras de Raghuram Rajan, coautor de Saving Capitalism From the Capitalists. El "Síndrome Slim" describe contextos en los cuales hay empresas con ganancias descomunales y consumidores obligados a pagar precios exorbitantes; sitios con ventajas insostenibles para algunos y altas barreras de entrada para todos los demás; países como México, Rusia e Indonesia con economías cada vez más pesadas en la punta, con corporaciones cada vez más políticamente influyentes, con oligarcas cada vez más atrincherados.

Aquí, ante los efectos crecientemente perniciosos del "Síndrome Slim", ha surgido lo que ciertos sectores del gobierno y algunas voces dentro de la Comisión Federal de Competencia consideran un antídoto eficaz. Un tratamiento milagroso. Una forma de encarar la enfermedad y aliviar sus efectos. La terapia idónea -argumentan- es fortalecer a otro conglomerado para que tenga el peso y la fuerza suficiente para competir contra el señor Slim. El remedio ideal -insisten- es darle ventajas a otro grupo para que logre subirse al "ring" y enfrentar al hombre que controla el 70 por ciento del mercado de telefonía celular. Ésa es la lógica detrás de todos los favores que se le han hecho a Televisa en los últimos tiempos. El visto bueno de la Cofeco para su compra de compañías cableras a lo largo del país. La exención de impuestos -avalada por el Congreso- para nuevas compañías de telecomunicaciones cuyo beneficiario obvio es la televisora. Y ahora, la venta de espectro radioeléctrico a precios increíblemente bajos. De lo que se trata es de engendrar otro monstruo capaz de contener al que el gobierno lleva 20 años -desde la privatización de Telmex- engordando.

Pero el debate público sobre este tema no debería centrarse en si Televisa recibió otro privilegio, ya que es obvio que así fue. La pregunta central es si la política gubernamental para fomentar la competencia es la correcta o no. Si la estrategia Televisa vs. Telmex -o sea Alien vs. Terminator- va a ser la mejor para los consumidores y para el crecimiento o no. Y lamentablemente parecería que la respuesta es negativa. A pesar de que estaba abierta a ellos, inversionistas internacionales no quisieron participar en la licitación del espectro porque saben algo que es evidente. El juego está amañado, el mercado no está bien regulado, el gobierno no hace lo que debería para asegurar la competencia real entre múltiples jugadores. Al contrario, la decisión de darle todo a manos llenas a Televisa revela la persistencia de una mentalidad estatista/corporativista en la SCT, en la Cofeco, en la Cofetel. En vez de crear las condiciones para la competencia verdadera, el Estado determina quiénes serán los ganadores. En vez de generar un ambiente regulatorio que provea certidumbre para la inversión, el Estado nuevamente concentra bienes públicos en un par de manos privadas.

La mejor manera de lidiar con el "Síndrome Slim" no es creando otros como él, sino cambiando las condiciones que permitieron su surgimiento. Y eso entrañaría tomar las decisiones correctas y difíciles con respecto a Carlos Slim y Televisa: romper el control monopólico de Telmex sobre la red, imponer sanciones multimillonarias y penales a prácticas anti-competitivas, obligar a Televisa a compartir sus contenidos, permitir la competencia en la televisión abierta mediante una tercera cadena a nivel nacional, y aprobar una nueva ley de radio y televisión para mejorar la regulación. De lo que se trata es de abrir, nivelar, innovar, competir, con el objetivo de impulsar el dinamismo económico. Pero lo que ha hecho el gobierno en tiempos recientes es totalmente lo contrario: regalar, subsidiar, apuntalar y proteger, con el objetivo de mantener los cimientos del "capitalismo chueco".

César no va...

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

A Carlos y Rocío, por su felicidad.

Como resultado de una imposición, dijimos ayer en este mismo espacio, "llegó al cargo que ahora ocupa." y (presumiblemente) como resultado de la nueva decisión de un tercero, "deberá irse."

En las próximas horas o días, efectivamente, en el supuesto de que nada haya cambiado durante el fin de semana, César Nava Vázquez deberá formalizar el anuncio de que no buscará reelegirse en la dirigencia del partido del gobierno en diciembre próximo -a lo que, estatutariamente, tendría derecho, habría que decir- y que dejará la posición en esa misma fecha, o antes, abriendo las puertas con ello a un proceso de sucesión que, al menos entre los azules más optimistas, mueve a esperanza.

.esperanza, explicaría alguno de estos últimos, "de renovar la jefatura nacional en un entorno de independencia de los consejeros (al momento de emitir su voto por uno u otro de los ya apuntados para el cargo) y, más importante aún, de oportunidad para reasumir principios y valores que, parte de la naturaleza de Acción Nacional desde su fundación, hace más de 70 años, parecen haber sido olvidados o, cuando menos, dejados de lado en los últimos años".

Nava, pues -y siempre en el entendido de que nada cambió en las últimas 48 horas-, no buscará reelegirse al frente del blanquiazul. como se comenta en Los Pinos, informó al presidente Calderón el viernes. Y no lo hará, diría alguno de sus leales, aun cuando haber ganado con tres de las (antinaturales) alianzas electorales pactadas con los más acérrimos opositores de la actual administración, "le acreditaban para hacerlo."

¿Candidatos para ocupar el cargo?, ahí están los ya autodestapados Francisco Ramírez Acuña y Gustavo Madero, diputado presidente de la Cámara uno y coordinador senatorial el otro; también, los que, en cuanto que figuras -José Luis Coindreau, Carlos Medina y Ernesto Ruffo, entre otros-, son promovidos por terceros y, obvio, los de siempre en los últimos años: Jordi Herrera, José González Morfín o, ¡en el extremo del absurdo!, hasta El Fontanero Jorge Manzanera.

A poco más de un año del arranque formal del proceso de sucesión y, antes, de la selección de quien habrá de abanderar el esfuerzo de Acción Nacional por mantener el poder, el asunto suena más que significativo.

Asteriscos

* Ya en Italia, por cierto, en Castelgandolfo, para participar en la constitución de la Red Internacional de Legisladores Católicos que al cierre de la semana encabezará el papa Benedicto XVI, los diputados panistas Paz Gutiérrez Cortina y Francisco Salazar, ex titular en la secretaría de Trabajo y actual vicepresidente de la Mesa Directiva en San Lázaro este último, y el responsable de la cartera de Acción Internacional del blanquiazul, Rodrigo Iván Cortés.

Veámonos el miércoles, con otro asunto De naturaleza política.

Seguridad y gobierno

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Fui invitado a la reunión de los senadores del PAN que tuvo lugar la semana pasada en la Ciudad de México. De su agenda legislativa de 11 puntos, que incluye cosas enigmáticas para mí, como la Ley de Consulta Indígena, abordé sólo dos asuntos: el problema de la seguridad y el problema del gobierno débil, al que nos referimos usualmente como “reforma política”.

Respecto de la seguridad, luego de un viaje de dos días de presentaciones y conferencias en Tamaulipas, en compañía de Jorge Castañeda, volví más convencido que nunca de que una solución posible al problema es la que Jorge y yo planteamos en nuestro ensayo Un futuro para México, publicado en noviembre de 2009 en la revista Nexos y vuelto hoy un libro del mismo nombre, que circula bajo el sello de Santillana.

El camino propuesto en ese libro es crear una policía nacional única, convertir la Secretaría de Gobernación en una Secretaría de Seguridad Nacional, separada de la negociación política; no perseguir el tráfico de drogas sino sus efectos criminales en la vida diaria —homicidio, secuestro, extorsión— y legalizar las drogas, acompasadamente con Estados Unidos.

El segundo tema que abordé con los senadores panistas fue el de la eficacia del gobierno, es decir, el hecho paradójico y desmoralizador de que tenemos un Estado nacional de incuestionable fondo democrático pero de inaceptable debilidad gubernativa. Hemos creado una democracia poco eficaz, que produce empates más que decisiones de gobierno.

Para mejorar la eficacia del Estado y del gobierno hay distintas recetas de reforma política, a menudo provenientes de intenciones dispares.

El debate sobre la reforma política suele empantanarse en la discusión de los ingredientes, perdiendo de vista a veces lo que cada propuesta quiere lograr.

Lo que busca la propuesta incluida en Un futuro para México es “fortalecer al Estado para que no sólo administre sino también gobierne y no sólo gobierne, sino también transforme”.

Buscamos un gobierno capaz de administrar, gobernar y transformar el país. Para ello es necesario salir de la lógica institucional de gobierno democrático débil que hemos creado, porque sólo un gobierno democrático fuerte podrá proponerse, con posibilidad de éxito, los cambios estructurales que el país necesita para despegar.

Sobre los detalles de las propuestas de seguridad y la gobernabilidad, abundaré en este espacio durante la semana.