agosto 24, 2010

'Tenedor acá' por Paco Calderón



Los contactos AMLO-Castro

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

Muchos de los seguidores del comandante Fidel Castro consideran que él legitima gobiernos cuando los visita o cuando los recibe en la Isla.

Pero si pensamos un poco veremos que es al revés. Los presidentes surgidos de un proceso democrático lo legitiman a él cuando lo visitan.

Por eso está tan enojado con el presidente Calderón: no ha ido a Cuba, a pesar de los esfuerzos del embajador mexicano en La Habana, Gabriel Jiménez Remus.

¿Qué legitimidad puede dar un mandatario que lleva más de 50 años en el poder sin haber competido en una sola elección? Cuando Barack Obama aún no nacía, Fidel Castro ya estaba en el poder en Cuba.

Cuando los soviéticos aún no ordenaban construir el Muro de Berlín, Fidel Castro ya estaba en el poder.

Cuando se inventó la televisión a colores, Fidel Castro ya tenía sus buenos años en el poder.

Pero él cree que posee el don de obsequiar la legitimidad democrática. Y ahora piensa que legitimó a López Obrador como candidato único de la izquierda.

Adiós a Ebrard, a Navarrete o al que pretenda asumir esa candidatura. El “legitimador” caribeño ya ungió a AMLO.

Por eso, quizá lo más relevante que mostró la publicación de Fidel Castro acerca del tema de los videos de Carlos Ahumada, fue que el Secretario General del Partido Comunista de Cuba mantiene contactos con Andrés Manuel López Obrador.

Así es que no nos venga a decir el adelantado candidato presidencial que no tiene relación con el longevo mandamás de la isla.

Fidel Castro escribió que la deportación de Ahumada, en lugar de la extradición que pedía el gobierno mexicano, dejó complacido al ex jefe de Gobierno capitalino.

Y no se refiere a comunicación sostenida en los días álgidos de la deportación, sino a una comunicación reciente, previa a la aparición de la carta en el periódico Granma.

Dice textualmente Fidel Castro Ruz: “señalándose en un informe del Ministerio del Interior de Cuba, recibido ayer, con fecha 11 de agosto de 2010, que López Obrador estaba satisfecho con esa medida”.

Eso no lo está inventado un insidioso, sino que lo revela el propio Fidel Castro: un día antes de publicar el primer artículo, recibió el mensaje de satisfacción de López Obrador por la manera en que se actuó con el caso Ahumada.

Tal mensaje, dice Fidel, se le entregó a través del Ministerio del Interior de Cuba.

¿No hay relación? El contacto existe. Lo revela Fidel Castro. Exalta a AMLO como el único capaz de sobrevivir con autoridad moral a la debacle política en México.

López Obrador le agradece públicamente el gesto, y lo compara con Churchill, Gandhi, Martin Luther King…

Ese número fue acordado.

Malos compañeros de cama

Francisco Báez Rodríguez
fabaez@gmail.com
La Crónica de Hoy

La religión y la política son malos compañeros de cama. En todas partes hay ejemplos de ello.

Pongamos un caso no muy cercano a nosotros: el debate sobre la instalación de una mezquita a dos cuadras de la llamada “zona cero” de Manhattan. Si bien la mayoría de los neoyorquinos está de acuerdo, la mayor parte de sus compatriotas no piensa lo mismo, y se opone.

Distintos grupos —no todos conservadores— se han opuesto a esa construcción con el argumento emocional de que es una afrenta contra las víctimas del 11 de septiembre de 2001, muertos por un ataque de integristas musulmanes.

Algunos, incluso, han expresado que esa mezquita es una manera en la que los musulmanes celebran “su éxito militar” y la han llegado a comparar con “plantar una bandera japonesa en Pearl Harbor”. La derecha religiosa, que ve en la relación entre Estados Unidos y Oriente Medio una guerra de credos, ha atizado la hoguera… y encuestas recientes muestran que un altísimo 20 por ciento de estadunidenses cree que el presidente Barack Obama es musulmán.

Quienes se muestran a favor, señalan que la Constitución de Estados Unidos permite la libertad religiosa y se preguntan (el caso del alcalde Bloomberg) si el gobierno debe negar a los ciudadanos el derecho de construir un templo de su religión, en propiedad privada.

Recuerdan que en Estados Unidos, a diferencia de otras naciones, la libertad tiene preeminencia sobre la religión, y que no se puede discriminar basados en doctrinas religiosas. La idea de “plantar una bandera en un campo de batalla” pone a mil millones de musulmanes en el mismo paquete, como si el Islam y Al Qaeda fueran la misma cosa (en ese sentido, las reacciones paranoicas le estarían dando a Bin Laden una suerte de “victoria cultural”). Y una mezquita más —como otras decenas que hay en la ciudad de Nueva York— no va a cambiar nada.

En la medida en que triunfa la ideología neo-conservadora, que pretende —para sus propios fines— igualar “terrorismo” con “Islam”, se abre espacio una mayor intervención de la religión (cristiana, en este caso) en la política… y se difuminan las diferencias entre una democracia que permite la libertad de religión y un Estado confesional… como algunas teocracias musulmanas.

Lo más absurdo del caso es que varios políticos ya se subieron al carro del oportunismo, basados en que una mayoría de la opinión pública los apoya. En ese sentido, es muy válida la reflexión de Ron Paul, ex precandidato presidencial por el Partido Republicano (para que veamos que no todos ellos son iguales): “se afirma repetidamente que 64 por ciento de la gente, después de escuchar a los demagogos, no quiere que se construya la mezquita. ¿Qué haríamos si el 75 por ciento de la gente insiste en que ya no se construyan iglesias católicas en Nueva York? El punto es que las mayorías pueden ser opresoras de las minorías, así como dictadores individuales. Las estadísticas de apoyo son irrelevantes al propósito de un gobierno en una sociedad libre: proteger las libertades”.

Algo muy similar sucede con la reacción, en México, de la jerarquía católica, ante la decisión de la Suprema Corte de declarar constitucionales los matrimonios entre las personas del mismo sexo, así como las adopciones.

A los prelados, encabezados por el cardenal Sandoval Íñiguez y el vocero de la CEM, Hugo Valdemar, les parece que esa declaratoria de constitucionalidad es “una traición a México”, “más peligrosa que el narco” y resultado del “maiceo” a ministros corruptos. Con sus declaraciones, buscan el apoyo de la feligresía contra la SCJN, y ya hubo una manifestación a favor del cardenal en Guadalajara.

En este caso, los ministros de culto —muy a la mexicana— no están respetando las decisiones de Estado cuando no les gustan y, en vez de educar a sus feligreses a honrar las decisiones en el ámbito civil, los llaman a despreciarlas, así como lo hacen ellos, en medio de insultos.

Llama la atención que, a pesar de que ha sido un jerarca conocido por su conservadurismo y propensión a la confrontación quien inició la pugna, la respuesta del Episcopado haya sido de espíritu de cuerpo: están como un solo hombre detrás de Sandoval… y al diablo las instituciones.

Sandoval evidentemente acusó sin pruebas. ¿Por qué la Iglesia Católica se sube al bote de su defensa? ¿Por qué lanza esta ofensiva? Sólo me cabe una hipótesis: porque considera que en el gobierno federal no hay voluntad política para ponerle coto y se siente en la capacidad de avanzar en la erosión de la línea que separa a la Iglesia del Estado.

Ya lo ha hecho en algunas entidades de la República. En Guanajuato, donde la ofensiva contra el aborto ha llegado a enviar a la cárcel a jóvenes que sufrieron abortos espontáneos, o en Jalisco, donde el cardenal actúa como consejero áulico del góber piadoso y el dinero público se dedica a santuarios.

El embate, hay que hacerlo notar, no es sólo contra el Estado laico. Es también contra las leyes y contra los encargados de interpretarlas y de hacerlas valer. Es contra el concepto de igualdad que salvaguarda la Constitución (los católicos practicantes son más iguales que los demás, diríamos, parafraseando a Orwell) y contra la cultura de respetar las normas. No es casual ese lenguaje que compara desfavorablemente a los ministros de la Suprema Corte con los narcotraficantes. Nada casual y sí muy peligroso.

Lo paradójico de todo esto es que el gran beneficiado por el debate, Marcelo Ebrard, haya usado en su momento argumentos similares a los de Sandoval Íñiguez para descalificar resultados electorales que no le gustaron a su jefe López Obrador (recordemos que el de AMLO, de movimiento político pasó a congregación de creyentes). Sólo ahora que están con él, Marcelo no manda al diablo las instituciones. A ver si un día aprende a respetarlas tanto en las duras como en las maduras.

El ejército de AMLO

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

Quien piense que López Obrador se va a hacer a un lado en la búsqueda de la candidatura presidencial en 2012, se puede llevar una amarga sorpresa. El tabasqueño está tan seguro de que él será el candidato de las izquierdas, que ya echó a andar toda una maquinaria, un ejército de seguidores a los que mandó a recorrer todo el país con un manual de ingeniería electoral en la mano y un objetivo más que ambicioso: asegurar 21 millones de simpatizantes que se traduzcan en igual número de votos a su favor en los próximos comicios presidenciales.

Este fin de semana, entre sábado y domingo, López Obrador recibió en sus oficinas de la colonia Roma, sede del autonombrado “gobierno legítimo”, a todos los representantes estatales y distritales de su movimiento. 332 promotores acudieron a las reuniones encabezadas por el tabasqueño y a cada representante se le pidió hacer una presentación con mapas electorales de su distrito y estados con metas específicas de promoción del voto.

A todos, Andrés Manuel les entregó, personalmente, una copia del padrón de 2 millones 500 mil seguidores a nivel nacional, a los que pidió en adelante llamar “protagonistas del cambio”, y trazó una meta nacional para sus promotores: afiliar, registrar y credencializar a nuevos simpatizantes para llegar a la cifra de 4 millones de empadronados en su movimiento en 2011, que a su vez sumen a cinco votantes cada uno, para un total —según las cuentas que ahí hicieron— de 20 ó 21 millones de votos, seis millones más que los que obtuvo en la elección de 2006.

La apuesta, dijo AMLO a sus dirigentes, es a una elección que se defina a tres tercios en 2012 y obtener el tercio mayor. Les presentó una encuesta nacional en la que el PRI, con Peña Nieto como candidato, está adelante con 31%, AMLO como candidato del DIA aparece con 21%, y en tercer lugar está Santiago Creel Miranda, como candidato del PAN, con 12%. Es previsible, comentó el propio Andrés Manuel, “que seamos esos los tres candidatos”.

Sobre su estrategia para llegar al próximo año con 20 o 21 millones de “protagonistas del cambio” registrados, empadronados y plenamente identificados, el precandidato dijo textualmente, según asistentes al encuentro: “Ingeniería electoral y campaña de tierra; olvídense de los medios, los medios no están con nosotros, al diablo con la televisión, vamos a apostarle a medios alternos como internet o los mensajes de celular”.

¿Estrategia realista o sueños guajiros los de AMLO? Lo cierto es que se siente llamado a su segunda candidatura y con el ejército de fieles seguidores que ya puso a marchar difícilmente cederá por nadie sus aspiraciones.

NOTAS INDISCRETAS… A 100 días del secuestro y cautiverio de Diego Fernández, surgen nuevas pistas que están rastreando las áreas de inteligencia del gobierno y que, de confirmarse, serían una bomba con repercusiones internacionales. Y es que hay datos que apuntan a que en el secuestro de Diego pudieron participar agentes extranjeros de un gobierno latinoamericano, aunque son apenas una línea de investigación que comenzó a seguirse. Si algo se confirma, nos enteraremos porque sería un escándalo continental… Tras el descarte de Nava para la reelección, varios panistas arrecian sus cabildeos internos con consejeros en busca de la presidencia de su partido. El jalisciense Ramírez Acuña es de los más activos y, en cuanto deje la presidencia de la Cámara de Diputados, abrirá su proyecto… Los dados se lanzan. Serpiente. Mal tiro.

Nuestros tiempos

Federico Reyes Heroles
Reforma

El tiempo ha sido una de las grandes obsesiones del ser humano. Desentrañar sus misterios pareciera una labor inacabable. No es cosa y sin embargo existe, no lo poseemos pero está en nuestras vidas, puede ser un alivio o un tormento. Somos en el tiempo y en él nos transformamos, somos por el tiempo y por él morimos. Thomas Mann no pudo escapar al intrigante tema. Al cumplir 65 años escribió su interpretación del tema: Mi tiempo. Su tesis es clara, Rob Riemen (Nobleza de Espíritu, Pértiga) lo resumió así: "El tiempo es el espacio en el que uno aspira sin tregua a perfeccionarse con el objeto de convertirse en la persona que debería ser". La versión no niega su carácter germano. El tiempo está allí para ser usado. Me pregunto si las naciones tienen una concepción del tiempo.

Dos décadas son un plazo muy razonable para cambiar muchas cosas. El mundo demuestra que su reloj se ha acelerado. En marzo de 1989 el Exxon Valdez produjo en Alaska el que fue, en ese momento, el peor derrame de crudo registrado por la humanidad. Hoy resulta un juego de niños comparado con la tragedia de BP en el Golfo de México, pero en su momento el accidente del tanquero provocó una seria reflexión sobre la capacidad destructiva del ser humano. El accidente se convirtió en piedra de toque de la conciencia global. Muchos de los movimientos ambientalistas de hoy tuvieron como detonante esa tragedia. El discurso ambientalista nunca volverá a ser lo mismo. La verdad incómoda de Al Gore es impensable sin esta tragedia. Se ha usado el tiempo.

En junio de 1989 miles de estudiantes chinos que marchaban exigiendo libertades y democracia fueron reprimidos en la Plaza de Tiananmen en Beijing. La masacre fue el inicio de una serie de presiones internacionales sobre ese país. Los ojos del mundo cayeron sobre el imperio comunista y si bien China no se ha democratizado y los derechos humanos dejan mucho que desear, hay un antes y un después de Tiananmen. China es hoy la segunda economía del mundo, posición que jamás hubiera imaginado. Las clases de ingresos medios, inexistentes hace dos décadas, conforman hoy uno de los mercados más atractivos del orbe. Haber sido sede de los Juegos Olímpicos llevó una carga simbólica frente al recuerdo de la gran plaza llena de sangre. China ya es el principal consumidor de hidrocarburos. En 20 años China transformó su realidad y su rostro que hoy es de esperanza y también de amenaza. Usaron muy bien su tiempo.

En noviembre 10 de ese mismo año, el inolvidable 1989, en un movimiento sorpresivo, el régimen de Alemania del Este abre en Berlín las fronteras entre los dos países en lo que será el inicio de la simbólica caída del Muro. Decenas de miles de personas se reúnen frente a la Puerta de Brandemburgo. Las libertades reprimidas durante medio siglo aparecen en el horizonte. Las dos Alemanias comenzarían el proceso de unificación con todos los problemas inherentes, económicos, normativos, productivos, de comunicaciones, de medio ambiente, etcétera, para volver ha reconstruir la gran nación alemana. Siguiendo la consigna de Thomas Mann, han utilizado intensamente su tiempo que se plasma en la reconstrucción física de ciudades enteras como el propio Berlín o Dresden que había sido arrasada en la guerra. En poco más de dos décadas los alemanes han financiado con cifras exorbitantes la habilitación económica del desastre heredado de la Alemania del Este. Han trabajado día con día, mes con mes, año tras año, hasta consolidarse como el motor de la Europa Unida. Dos décadas intensas que hoy arrojan los resultados en productividad, en bienestar, en pujanza. Muy buen uso de su tiempo.

El 11 de febrero de 1990 Nelson Mandela, líder del Congreso Nacional Africano, caminaba hacia la libertad después de haber permanecido preso durante 27 años. Fue el inicio simbólico de la transformación profunda de ese país. Mandela y su contraparte Frederik de Klerk, tuvieron el gran mérito histórico de controlar las pasiones de los grupos radicales para poder dar paso a un nuevo pacto de unidad nacional que enterró el Apartheid. Mandela llegó a la Presidencia y desde ahí con gran habilidad y sensibilidad trazó el rumbo para un país que hoy, a pesar de sus múltiples problemas, se muestra al mundo con la frente en alto. ¡Cómo han utilizado su tiempo! Lo mismo podríamos decir de otros países con historias de éxito como la hoy opacada España o Portugal o casos menos conocidos como Botswana o Costa Rica. Todos ellos son ejemplo de lo mucho que se puede hacer en poco más de dos décadas cuando se aprecia el tiempo.

El 1o. de septiembre de 1988 el legislador Muñoz Ledo dio el paso definitivo en la destrucción del ritual presidencialista del Informe Presidencial. Desde entonces cada año somos testigos de desfiguros de distintas magnitudes. En 22 años los legisladores mexicanos han sido incapaces de formular un nuevo protocolo, tan sólo eso. Ésos son nuestros tiempos, ésa es nuestra tragedia: el desprecio de la vida misma.

¿La resurrección del Informe?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Hacía ya muchos años que había dejado de ser el día del presidente para convertirse en el día del ridículo legislativo.

Decía Eugene O’Neill que nos olvidáramos del pasado, “aquellos no éramos nosotros”. Parece que a nuestros políticos les ha dado por recordar al dramaturgo estadunidense porque una y otra vez se regresan sobre sí mismos, vuelven a avanzar en círculos y los temas de su agenda reaparecen continuamente, sobre las mismas historias, prejuicios, rencores, como si antes no hubieran estado ahí.

Hace unos años se decidió que el que el Presidente fuera al Congreso a rendir su Informe de Gobierno se había convertido en un sinsentido. En el último de Vicente Fox fueron algunos legisladores los que incluso colocaron cadenas en las puertas del Salón de Plenos de San Lázaro para evitar que el mandatario acudiera a esa cita: lo obligaron a entregar el texto del informe en el vestíbulo de San Lázaro. Desde 1989, todos y cada uno de los informes presidenciales se habían convertido en un circo en el cual los gritos, los insultos, las mantas, los disfraces de todo tipo, convertían a la sede de la Cámara de Diputados en uno de los espectáculos políticos más tristes que se podía contemplar. Y en cada uno de esos informes, la percepción ciudadana de los legisladores caía más abajo, no porque se estuviera necesariamente de acuerdo con el Presidente en turno, sino porque lo que se veía era tan absurdo y en ocasiones grotesco, que no hubiera sido permitido jamás en el más desordenado salón de clases de un kínder, mucho menos en la sala de estar de nuestra casa.

Fue por eso, no por otra razón, que se decidió acabar con la ceremonia del Informe presidencial. Hacía ya muchos años que había dejado de ser el día del presidente para convertirse en el día del ridículo legislativo. Es verdad que se le hacía pasar un muy mal rato al mandatario en turno, pero el desgaste del Congreso ante la opinión pública era ya insostenible. Ahora los legisladores del PRI y del PRD se olvidaron de aquellos años y, como una suerte de repetición de la historia, quieren que el Presidente regrese a dar su Informe al Congreso, incluso con un formato mucho más rígido que el muy rígido del pasado.

Dicen, y suena muy bien, que el mandatario debe ir a dialogar con los legisladores a San Lázaro: se lo propuso a Calderón la semana pasada Carlos Navarrete y lo reiteró este domingo Manlio Fabio Beltrones. No dudo que el Presidente, o cualquier otro político, podría establecer un diálogo civilizado e inteligente con Navarrete o Beltrones: el problema es que ellos saben que no controlan a la mayoría de sus legisladores y que, sobre todo en la Cámara baja, pero no sólo en ella, existen demasiados hooligans a los que el diálogo simplemente no les interesa.

Revisemos, simplemente, lo ocurrido en casi todas las comparecencias de miembros del gabinete en los últimos años: carteles, insultos, monedas arrojadas sobre los funcionarios invitados a la casa legislativa, animales muertos en el salón de trabajo, majaderías de todo tipo. No se trata, por supuesto, de que los legisladores estén de acuerdo con sus interlocutores, al contrario: se trata de que, si no existe interés en establecer un diálogo, aunque sea para dejar en claro las diferencias y subrayarlas, esos encuentros no tienen sentido. Alguno, como Fernández Noroña, podrá creer que eso le permite ganar puntos con su electorado, pero en realidad lo que ocurre es que se pierde el respeto por el interlocutor y el de la ciudadanía respecto al Congreso. El Presidente, o el funcionario en turno, es ridiculizado, pero el Congreso se pone a sí mismo en ridículo.

Ese es el verdadero problema que no han logrado superar nuestros legisladores. Se podrá argumentar que quienes caen en esos excesos son una minoría. Es verdad, pero la mayoría no logra imponer su espíritu ni sus reglas, e incluso no recordamos un solo caso en el cual alguno de esos diputados o senadores desmadrosos haya sido reconvenido y sancionado por su respectivo grupo parlamentario.

Hace unos meses, leía cómo Barack Obama había llegado, sorpresivamente, a la plenaria de los congresistas del Partido Republicano, sus opositores, para explicarles su agenda legislativa. Dialogaron con firmeza, expusieron sus diferentes puntos de vista y estuvieron de acuerdo en muy pocas cosas. Y no pasó nada. ¿Se imagina usted qué ocurriría si el presidente Calderón se presenta sorpresivamente, por ejemplo, en la plenaria del PRD u hoy mismo en la del PRI en Ixtapan de la Sal? En última instancia, ¿de qué sirve discutir si no se puede dialogar?

Seguridad y policía única

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

No todo el país vive un estado crónico de inseguridad, pero en las nueve entidades que lo padecen (en orden descendiente: Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Durango, Coahuila, Baja California, Sinaloa, Michoacán y Guerrero) la clave es la pudrición de las policías locales.

Basta pasar un par de días en Tamaulipas, en Nuevo León o en Chihuahua para entender hasta qué punto se han descompuesto los instrumentos de seguridad local de esos estados.

En materia de policía, las autoridades de esos estados duermen con el enemigo, frente al cual la mayor parte de esas autoridades son en el mejor de los casos impotentes y en el peor, cómplices.

Es ilusorio suponer que esas autoridades podrán reconstruir a partir de lo que tienen, policías estatales sólidas y confiables, como es el proyecto en marcha.

Sólo una policía nacional, con mando único, independiente del gobierno local y de los gobiernos municipales, puede garantizar el inicio de otra cosa en esa materia.

Podrán rescatarse, desde luego, elementos de las policías estatales y municipales, pero ha de ser bajo principios y reglas distintas, venidas de fuera del estado, no contaminadas por la situación actual que es, simplemente, irremontable desde adentro.

En Un futuro para México, Jorge Castañeda y yo planteamos que la idea de una policía nacional única, que implica la uniformación de los códigos penales, no se ponga en práctica como un diseño parejo venido desde el centro, sino mediante un mecanismo de entrada voluntaria: el gobernador que quiere entra, el que no se mantiene fuera, pero se hace responsable único de la seguridad en su estado.

La realidad es que sólo una parte de los estados del país están en situación crítica, y la Federación no tiene aún efectivos suficientes para cubrir todo el territorio nacional con una corporación policiaca única.

Puede en cambio concentrar sus efectivos en las entidades y ciudades críticas e ir preparando los efectivos nuevos para extender el modelo.

Un cambio fundamental en la estrategia de esta policía es que no dedicará sus esfuerzos a la persecución del narcotráfico, sino a contener la inseguridad que altera la vida cotidiana de la gente, la inseguridad de los delitos del fuero común que pueden o no estar vinculados al narcotráfico: homicidio, robos, secuestro, extorsión, violencia callejera e impunidad pública de los criminales.

¿Cómo dejar de perseguir el narcotráfico sin dejar de aplicar la ley? Sólo hay una manera cabal: despenalizando el tráfico de drogas.

Mañana, unas palabras sobre esto.