agosto 25, 2010

Paco Calderón



Los mezquinos y el Bicentenario

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Analista
Excélsior

El titular de la SEP dijo que vamos a "festejar nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura".

Hace unos días, el secretario de Educación, Alonso Lujambio, dijo que son mezquinos quienes, con relación al Bicentenario, aseguran que "no hay nada que festejar". Agregó que vamos a "festejar nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura". Asimismo, enfatizó que, si no celebramos, las nuevas generaciones nos lo reclamarán.

Me parece que quienes dicen que no hay nada por celebrar se equivocan: celebraremos el comienzo de nuestra vida independiente, nuestra libertad del país que nos colonizó por siglos, el nacimiento de México como Estado-nación. La cuestión no es, entonces, qué celebramos. Pero también el señor Lujambio está en el error: no es mezquino cuestionar las celebraciones del Bicentenario; es perfectamente legítimo y hasta necesario.

Y es que una cosa es celebrar "nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura" y otra muy diferente preguntarnos para qué nos ha servido todo eso: ¿qué hemos hecho de la libertad, de la independencia y, por supuesto, de México? En este terreno, claro que se vale mostrar inconformidad ante una agenda de celebraciones que mira al otro lado con relación a los millones de pobres que hay, los miles de niños de muy pocos recursos que fallecen cada año por enfermedades que no deberían matar a nadie, las madres y los padres de dichos niños, las personas secuestradas, mutiladas y/o asesinadas, los individuos que han resultado muertos en enfrentamientos entre las autoridades y las mafias, los más de 100 mil niños que son robados en el país anualmente y un largo, dolorosamente largo, etcétera.

No, no es mezquino quien señala lo anterior y, con eso en la mano, cuestiona a un país que se apresta a celebrar su Bicentenario. Sí es mezquino minimizar lo indicado, argumentar que México es un gran país cuando aquí ocurre lo que ocurre, gritar "como México no hay dos" o "Viva México, cabrones", porque eso aprendimos del PRI y el PAN lo repite. Eso es ser mezquino porque evidencia una total incapacidad de quienes ello sostienen para mirar más allá de sus narices, para ponerse en los zapatos del prójimo, para mostrar empatía con quienes México les ha quedado mal, muy mal.

Es igualmente mezquino justificar las celebraciones del Bicentenario argumentando que, si no celebramos, las nuevas generaciones nos lo reclamarán. Y es que esa justificación exhibe que, quien la usa, no se ha dado cuenta de lo que es importante para un país y su gente: sí es relevante celebrar nuestra existencia, pero, más lo es que nuestros niños se eduquen bien, no padezcan hambre, no pasen frío, no sean abusados sexualmente, no se les explote laboralmente, etcétera. De hecho, así como vamos, las nuevas generaciones no nos reclamarán que no celebramos el Bicentenario, de acuerdo, pero sí nos echarán en cara que no hayamos sabido prepararlas para el futuro que les esperaba, por habernos dedicado a destruir, tanto física como socialmente, el país que sería de ellos.

No cuestionemos, entonces, qué celebramos; preguntémonos qué hemos hecho con lo que ganamos en 1810. Igualmente, celebremos lo que haya que celebrar, sí, pero nunca nos olvidemos, ni por un segundo, de todos nuestros pendientes y trabajemos, todos, para resolverlos: sólo así seremos, de verdad, un gran país. A ver, pues, mexicanos, para cuándo.

¿Qué hacemos con Pemex?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

La ultraderecha estadounidense me pone los pelos de punta. Sus emisarios rechazan tajantemente cualquier ayuda oficial a las corporaciones en dificultades. Ya el rescate al sector financiero del Hijo de Bush les parecía una forma de socialismo. Y, ahora, ni qué decir de los apoyos que Obama ha brindado a Detroit. Pero ¿qué esperaban, que cerrara sus puertas General Motors y que cientos de miles de trabajadores se quedaran en las calle? Pues sí, eso mismo. Si una empresa no genera ganancias no merece existir. Punto. Y el peso del Estado en la vida pública debe estar reducido al mínimo. El hecho de que las instituciones financieras y las armadoras de coches vayan a devolver cada centavo que el Gobierno les prestó —y, encima, con intereses— no les hace cambiar de opinión ni mirar con mejores ojos la intervención de las autoridades. Los dogmas no se discuten.

Aquí tampoco cuestionamos siquiera la posibilidad de que la inversión privada participe abiertamente en Pemex. El petróleo es de todos los mexicanos. Punto. Y, nuevamente, el hecho de que Petrobras se haya asociado con capitalistas de diversas proveniencias y de que este maridaje haya provocado un espectacular crecimiento económico en Brasil no nos impresiona ni nos convence. La “soberanía nacional” no se negocia.

Por cierto, Pemex acaba de dar a conocer sus colosales pérdidas económicas. Es más, va a comenzar a importar… petróleo crudo. Ahora bien, por lo menos la corporación paraestatal le sirve a papá Gobierno para redondear sus finanzas. Algo es algo. O, más bien, es mucho: nuestra Administración nunca ha aprendido a recaudar impuestos…

Ahora entiendo.

Marihuana

Rubén Aguilar
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
raguilar@eleconomista.com.mx
El Economista

Hace ya 20 años Milton Friedman planteó desde la racionalidad de la economía que la prohibición de las drogas distorsionaba el mercado.

De todas las drogas que se consumen en el mundo, 70% es marihuana. La historia de la medicina no registra un caso de alguien que haya muerto por el consumo de esta droga blanda que, por otro lado, según muchos estudios, no genera adicción física.

En Estados Unidos, antes de la década de los años 30 era legal y se cultivaba en amplias extensiones para abastecer a la industria farmacéutica, que la utilizaba como componente de buena parte de sus medicamentos.

La prohibición inicia en la mitad de los años 30 como producto, eso registra la historia, de los intereses de la industria del alcohol recién legalizada, que no quería ser competida por la marihuana que funcionaba como un sustituto del alcohol.

Y de la industria del papel que veían en la producción del papel de cáñamo, la marihuana, un fuerte competidor. Al inicio de los años 30 este papel, aunque un poco más caro, mostraba ventajas: ser más resistente, no necesitar de químicos contaminantes y, sobre todo, no destruir los bosques.

Hoy la marihuana médica está legalizada en 14 estados de la Unión Americana: Alaska, California, Colorado, Hawaii, Maine, Michigan Montana, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington.

Hay ya -pues- productores y vendedores legales. Sólo en California hay 3,500 productores registrados y miles de expendios. En Los Ángeles más de 1,000. El próximo mes de noviembre en este mismo estado se vota si se legaliza la marihuana en forma total.

Las encuestas dicen que será aprobada por más de 60 por ciento. El negocio anual de la marihuana en California es de 28,000 millones de dólares y al legalizarse el estado obtendría, vía impuestos, 2,000 millones de dólares anuales.

Hace ya 20 años el premio Nobel de Economía, Milton Friedman, planteó, desde la racionalidad económica, que la prohibición de las drogas distorsionaba el mercado y sólo favorecía a los narcotraficantes, y por eso su venta y consumo deberían legalizarse.

Ante el evidente fracaso de la política prohibicionista (ver la reciente Declaración de Viena) la sociedad mundial debe caminar hacia la legalización de la producción, distribución y consumo de las drogas. Se debe iniciar con la marihuana que es la de máximo consumo y la que menos problemas de salud causa.

Si realmente se quiere golpear al crimen organizado no habría, pues, más que legalizar la venta y consumo de la marihuana a nivel mundial que representa 70% del total de las ventas de las drogas en el mundo.

En ese mismo porcentaje se harían transparentes los ingresos del narcotráfico y se reglamentaría la producción y distribución; a seguir, las transacciones financieras y los gobiernos obtendrían cuantiosos impuestos, pero sobre todo se reduciría de manera radical la violencia.

Un candidato de vergüenza

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

Para vergüenza de lo que alguna vez fue la izquierda mexicana, el Partido de la Revolución Democrática torció su convocatoria para elegir candidato a gobernador de Guerrero a fin de ungir como su abanderado al todavía priista Ángel Heladio Aguirre Rivero.

Como no hay gobernador priista al que vencer con el argumento de echar fuera a los caciques, los perredistas construyeron uno: vamos a evitar que regresen los caciques, y para ello buscan la alianza con el PAN y llevar al ex priista.

Como se sabe, Heladio Aguirre Rivero ya fue gobernador de Guerrero, lo hizo en forma interina al sustituir a su amigo, el gobernador constitucional Rubén Figueroa Alcocer, defenestrado por la matanza de Aguas Blancas. Es difícil recordar un gobierno más caciquil que el de Aguirre Rivero en los últimos tiempos. Pero dejemos de lado los juicios, siempre subjetivos, y vamos a los hechos.

En el primer número de La Crónica de Hoy, del lunes 17 de junio de 1996, se publicó esta cabeza principal de la primera plana: “Indígenas torturados por un robo al hermano del gobernador de Guerrero”.

La nota del entonces corresponsal de Crónica en Guerrero, Misael Habana de los Santos: arrancó así en la portada del diario:

“El 5 de junio pasado, en la comunidad de Coachapa, municipio de Ometepec, en la Costa Chica, 25 indígenas amuzgos fueron torturados bajo la acusación de haberse ‘robado y comido’ un becerro de un año de nacido, propiedad de Delfino Aguirre Rivero, hermano del gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero. Cuatro indígenas fueron colgados del cuello y sumergidos en una pila de agua”.

Torturados por haberse robado y comido un becerro de un año, propiedad del hermano del señor gobernador.

Ahora, para evitar “que vuelvan los caciques a gobernar Guerrero”, el PRD llevará como su candidato a Ángel Heladio Aguirre Rivero.

En tan edificante afán —evitar el regreso de los caciques—, el Partido Acción Nacional se apresta a sumarse a esa candidatura y, en los hechos, a fungir como el vagón de cola de los perredistas.

Bueno, el partido que despotrica contra el Ejército Mexicano por los excesos (mínimos) de algunos de sus miembros en el combate contra las bandas del crimen organizado, va a llevar como candidato a un torturador (o solapador) de 25 indígenas amuzgos por supuestamente comerse un becerro ajeno por hambre.

Ese “ajeno”, era del hermano del gobernador. A colgarlos del cuello, golpearlos y sumergirlos en agua, indios hambrientos.

No es la única muestra del gobierno caciquil de Aguirre Rivero. Tampoco viene al caso relatar otras, por ahora.

El hecho está ahí. Y el hecho es el oportunismo de una izquierda que en ocasiones como ésta, da vergüenza.

Busca Acción Nacional alianza con…¡El PRI!

José Contreras
expedientepolitico@yahoo.com.mx
Expediente político
La Crónica de Hoy


El PAN busca quitarle al PRD el poder que detenta desde hace 11 años en Baja California Sur y para ello Acción Nacional busca una alianza con el partido que en este momento es su principal adversario: el PRI. El asunto va en serio; tanto, que el precandidato más destacado del PAN para la gubernatura de ese estado, Luis Alberto Coppola Joffroy, suspendió su precampaña como una señal de su disposición a la alianza.

El pasado viernes, el senador Coppola viajó al Distrito Federal y entregó al dirigente nacional del PAN, César Nava, una carta en la que le informa de su decisión de suspender su precampaña a fin de facilitar las negociaciones con el PRI y con otros partidos de oposición.

Las preguntas no son para el PAN, sino para el PRI.

¿Se atreverá el Revolucionario Institucional a coaligarse con el partido al que acusó apenas hace unos meses de establecer alianzas antinaturales y promiscuas con el PRD? ¿Hará el PRI una alianza con el partido que se alió con el PRD sólo para frenar el avance electoral priista?

El PAN se fijó como un objetivo primordial detener el avance que el PRI había observado desde las elecciones estatales posteriores al 2006 y que se reflejó de manera contundente en los comicios federales del 2009.

El último recurso que tenía a la mano Acción Nacional era establecer alianzas inconfesables con el PRD en varios estados, y en tres de ellos, Puebla, Sinaloa y Oaxaca, logró su objetivo.

Pero ahora resulta que en Baja California Sur, su aliado de pasados procesos electorales, el PRD, es el partido al que debe derrotar con lo que tenga a la mano. Y lo que el PAN tiene a la mano en ese estado es…el PRI.

Ciertamente, los sudcalifornianos han sufrido casi dos sexenios de controvertidos gobiernos perredistas, encabezados por ex priistas.

Con su llegada al poder, en 1999, Leonel Cota Montaño se llevó al PRD toda la estructura clientelar que antes tenía el PRI y con eso, de hecho fundó una especie de perredismo local, pues antes la presencia del PRD era sólo testimonial.

En el 2005, Leonel Cota heredó el cargo a quien supuestamente es su primo –aunque ambos niegan tener parentesco alguno— Narciso Agúndez Montaño, quien al igual que su antecesor, ha utilizado a los grupos clientelares, especialmente a los taxistas de La Paz y Los Cabos, para afianzarse en el poder.

Ahora, al parecer las corrientes dentro del perredismo que encabezan los supuestos primos están confrontadas, lo que genera condiciones propicias para que surja una candidatura competitiva desde la oposición.

El PAN no busca aliarse ni con Convergencia ni con el PT.

Con quien coquetea claramente es con el PRI, cuyo candidato en las elecciones del 2005, Rodimiro Amaya, obtuvo el 36.1 por ciento de la votación, 9 puntos menos que el perredista Narciso Agúndez.

Una alianza PRI-PAN tendría muchas probabilidades de derrotar al PRD en las elecciones del próximo 6 de febrero.

La tentación es mucha, aunque al momento de aliarse, el PRI y el PAN tendrían que pasar por alto los agravios mutuos de las últimas semanas, como el plantón de los coordinadores del PRI en el Congreso al presidente Felipe Calderón durante el Diálogo por la Seguridad.

O la acusación de “oposición retrógrada” al PRI de parte del senador del PAN, Gustavo Madero.

El PAN ya dejó claro que está dispuesto a aliarse con el diablo si es necesario, con tal de acceder al poder. Pero…¿Y el PRI?

OFFTHE RECORD **TRANSICIÓN EN OAXACA

El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, se reunió el pasado lunes con el gobernador electo Gabino Cué.

Esa reunión que, nos aseguran, se llevó a cabo en un marco de cordialidad, calmará muchas ansias en ese siempre convulsionado estado.

Se especulaba con que la reunión se llevaría a cabo hasta noviembre, un mes antes de la toma de posesión.

Pero el encuentro ya se dio y con ello arrancó el proceso de una transición que, ojalá, se lleve a cabo de una manera ordenada y transparente.

**HOLA, PRESIDENTE

No, no es un saludo a través de twitter. Se trata de comentar la aparición del presidente

Felipe Calderón, de su esposa, Margarita Zavala y de sus tres hijos en la portada de la revista Hola.

La principal revista de la high society de habla hispana habla de carnitas, aguas frescas, tequila y otras cosas que hubo en la celebración del cumpleaños número 48 del presidente.

No, no habla del Cuarto Informe de Gobierno.

De eso ya nos enteraremos dentro de una semana.

**DARDO DEL IMSS

Ayer hablamos en este espacio de la disposición del gobiernofederal para que en el Congreso se debata la ampliación de derechos de los homosexuales a nivel federal. Ayer mismo, el director general del IMSS, Daniel Karam, envió al Congreso una propuesta concreta de reformas legales, con la intención de que algún diputado o senador la haga suya. ¿Quién dijo yo?

**¿CARDENAL A JUICIO?

De acuerdo con lo anunciado por el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías Azar, hoy se resolverá si procede la demanda civil en contra del cardenal Juan Sandoval Íñiguez.

Habrá que estar atentos.

El corazón y sus figuraciones

Germán Dehesa
dehesagerman@gmail.com
Gaceta del Ángel
Reforma

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia. No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCLXXVII (1877)

¿Alguien ha visto a MONTIEL?. Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.

Cualquier correspondencia con esta columna llena de figuraciones, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

¿Trae ánimo festivo?

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Yo no. A sólo una semana de que inicie el esperado septiembre del 2010, aniversario de la Independencia y de la Revolución Mexicana, nada indica que estemos a punto de vivir una gran conmemoración que reafirme en cada uno de nosotros el sentimiento de pertenencia a una comunidad que nos trasciende y da identidad. Y sin embargo el pretexto es inmejorable, 200 años de existencia como nación y a 100 de una tremenda revolución que marcó nuestra historia y carácter. Pero el ánimo festivo parece haber fallado a la histórica cita.

¿Por qué? Muchos responderán airados que la situación por la que atravesamos es más que suficiente para explicarlo. Y es cierto, objetivamente vivimos tiempos muy difíciles: crisis económica, pocos empleos, violencia del narco, inseguridad en las calles. Y, sin embargo, la pobreza ha aumentado, pero el país ha sido mucho más pobre en otras épocas, la educación es mala pero ha sido mucho peor, la violencia agobia y aterroriza en ciertas regiones y ciudades, pero en otras se goza de niveles de seguridad muy aceptables y tampoco ahí se respira ningún ánimo festivo. ¿Qué es lo nuevo? Las razones pueden ser muchas, pero me atrevo a avanzar una hipótesis. No hemos perdido un trabajo sino la esperanza de encontrar uno, no sólo padecemos la violencia sino la certeza de que esta situación no se va a resolver en mucho tiempo, quisiéramos imaginar que juntos somos capaces de resolverlo, pero estamos más divididos que nunca. El 2006 dejó entre nosotros huellas difíciles de borrar. La polarización tenazmente alimentada desde las élites políticas durante el foxiato sigue marcando y determinando nuestra vida pública. Como nunca en esta década se sembró la desconfianza y el rencor entre nosotros.

La desastrosa organización de festejos por parte del gobierno federal no ayuda sino confirma en muchos ese ánimo fatalista de que nada nos puede, les puede, salir bien. Cada vez escucho a más mexicanos de diferentes niveles socioeconómicos pensando en salidas individuales. Emigrar con o sin dinero, con o sin la familia, aislarse o buscar refugio en zonas todavía tranquilas.

Los esfuerzos por recordarnos que hay mexicanos valientes y capaces, auténticos héroes, por verdaderos e inspiradores que sean, no parecen pesar lo suficiente en la construcción del ánimo colectivo.

No hay esperanza y sí mucha decepción: de la clase política, de los empresarios, de los futbolistas, de los periodistas, finalmente de nosotros todos.

Necesitamos una terapia de triunfos. Una serie de varios éxitos consecutivos, individuales y colectivos, que nos devuelvan la fe.

Ojalá sea pronto y que cada quien le eche ganas para conseguirlo.

Tarea sobra

Manuel J. Jáuregui
Reforma

No acabábamos de comentarles que la clase económica mexicana tiene tareas mucho más importantes que pelearse infantilmente respecto al formato del Informe Presidencial, cuando salieron las raquíticas cifras del consumo interno.

La buena noticia es que éste creció al 1.5 por ciento anualizado a junio de este año, la mala es que los economistas (tanto oficiales como privados) esperaban una cifra superior al CUATRO por ciento.

La resultante desilusión hizo que, de nuevo, el Peso sufriera golpeteo y se ubicara cercano a 13 por uno con respecto al dólar.

Ello porque sin un vigoroso consumo interno no puede haber en México una recuperación económica sólida, sostenible, con creación abundante de empleos, derrama económica y la generación de bienestar para la población.

Si no le imprimimos mayor dinamismo a la economía estamos sembrando las semillas del descontento social, el cual a su vez incide en la delincuencia y fomenta la inestabilidad social. En consecuencia de todo lo anterior queda más que claro que a nuestros líderes políticos les SOBRA CHAMBA trascendental la cual sacar adelante.

Por ello, desperdiciar el tiempo en estire y aflojes vanos que tienen que ver con las FORMAS y no con la sustancia de nuestra realidad nacional resulta casi criminal si se compara con la adversidad que debemos vencer.

Urgente y prioritario se antoja hacer crecer la demanda interna adoptando medidas coordinadas de estímulos y eliminación de estorbos y barreras, entre otras cosas.

Es preciso reactivar la actividad empresarial para generar los empleos requeridos, aunque ello implique un pequeño sacrificio en las cifras macro que con tanto ahínco persigue nuestra política económica, a veces en forma tan obsesiva que genera la apariencia que es por las cifras mismas y no por la obtención de un beneficio tangible para la población. ¿De qué sirve acumular más reservas en divisas extranjeras si nuestra economía sufre fatiga y se estanca, condenando a la miseria a millones de mexicanos que simplemente ya no aguantan MÁS CARENCIAS?

Resulta más que obvio que deben DETENERSE cuanto antes las desmesuradas alzas en el costo de los energéticos y que debe frenarse el insaciable apetito gubernamental por el GASTO, pero además que es imperativo REDUCIR los IMPUESTOS para bajar los costos que impactan la economía ciudadana.

Aunque los economistas oficiales pronostican un bajo riesgo de inflación, lo cierto es que la cifra oficial para la primera mitad del año en curso la ubica por encima del SIETE por ciento en forma anualizada, muy por encima de la esperada por el consenso privado y público de economistas.

Esto, creemos, tiene mucho que ver con la política de elevación constante de precios oficiales de insumos como la gasolina, por ejemplo.

México no requiere un gobierno más grande, sino uno MÁS EFICIENTE que haga un mejor uso de los recursos que capta, que los invierta de mejor manera y no simplemente que los dilapide en prebendas sindicales o en la autopromoción, grave defecto que se ha apoderado de los tres niveles de Gobierno, preocupados más en vender "imagen" que en gobernar bien.

Esto de hacer más eficiente al aparato burocrático en sus tres niveles es tarea de TODOS los partidos, en esto precisamente deberían ocuparse en su encerrona con el "Gavioto" Peña los gobernadores priistas, notoriamente ineficientes en el empleo de los recursos públicos.

Debemos promover y procurar en el servicio público, con energía y ahínco, una cultura de eficiencia y efectividad, una que se preocupe por las cosas trascendentales y no desperdicie tiempo y energía discutiendo tonterías, sino que aborde los grandes problemas nacionales, y procure encontrar SOLUCIONES, no inventar polémicas intrascendentes en las cuales perder tiempo y recursos.

Seguridad pública y elecciones

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

El Partido Revolucionario Institucional no siempre es institucional, sino cuando le conviene y puede sacar provecho de ello.

El PRI quedó sumamente enojado con Felipe Calderón, pues éste avaló las coaliciones de su partido con el PRD, arrebatándole con ellas tres importantes entidades de la República. Primero le reclamó lo que consideró una especie de traición al pacto mediante el cual el PRI ayudó a Calderón a asumir la Presidencia. Evidentemente, los priistas consideraron que ese favor implicaría que Calderón no pondría trabas a su probable retorno a Los Pinos. Ante ese reclamo, el gobierno contestó -todavía a través de Fernando Gómez Mont- que Calderón había ganado con todas las de la ley, por lo cual no cabía cuestionar su triunfo, y que el PRI no hizo ningún favor político al respaldarlo, sino simplemente cumplió con su compromiso hacia las instituciones. En otras palabras, le dijo al PRI que gracias por sus buenas intenciones, pero que en realidad no necesitaba de él para que Calderón asumiera la Presidencia. Claro, eso a toro pasado, pero el PRI no siempre es institucional, sino cuando le conviene y puede sacar provecho de ello. Por ejemplo, en 2000 aceptó la alternancia porque era lo más conveniente para Ernesto Zedillo, quien maniobró muy bien para evitar que los duros del PRI intentaran un "plan B" ante su derrota. Pero muchos no hubieran querido aceptar la derrota y tildaron de traidor -hasta la fecha- a Zedillo, por haber simplemente acatado la ley, los resultados oficiales, la Constitución. Si el PRI avaló el triunfo de Calderón en 2006, no fue por institucionalidad, sino porque, habiendo quedado en tercer sitio, más le convenía vender el favor a Felipe, que declarar una elección de Estado, sumarse a la protesta del PRD y provocar la anulación de los comicios. Pudo haber hecho esto (Roberto Madrazo lo exploró), pero optó por lo primero esperando la gratitud de Calderón, que hoy -dicen los priistas- no existe.

Ahora el PRI es reticente a sentarse a conversar sobre la actual estrategia de seguridad pública (que ya también lo es, por agravamiento, de seguridad nacional). Los coordinadores legislativos priistas no quisieron asistir. Beatriz Paredes había ido antes, simplemente a decir, palabras más o menos, que no contaran con su partido, esencialmente por el uso electoral que se le venía dando a esa estrategia. ¿Ha habido uso electoral de la política calderonista? Así me lo parece, aunque no siempre con buenos resultados políticos. Todo indica que Calderón convocó a los Diálogos, menos con el ánimo de rectificar su estrategia y más con el de compartir los crecientes costos políticos entre otros partidos e instituciones. Si no buscó consensos al iniciar su estrategia, fue porque Calderón intentaba monopolizar la rentabilidad política, sin compartir los beneficios con otros. Y en efecto, al principio cosechó popularidad y respaldo de amplios sectores sociales, que vieron una actitud de Calderón valiente, determinada, decidida. Pero con el tiempo las ganancias se han ido tornando en pérdidas. Cada vez es más cuestionada la estrategia, cada vez genera más costos políticos y, eventualmente, electorales, cada vez menos ciudadanos creen que el gobierno mexicano va ganando esta guerra. Conviene, pues, distribuir lo más ampliamente posible los costos del fracaso (aunque oficialmente se insista en que es un triunfo). Y de seguir creciendo la narcoviolencia, como probablemente ocurrirá, los electores pueden cobrárselo al PAN en las urnas. En 2009, la estrategia de seguridad fue el eje de la campaña panista, por lo cual el fuerte descalabro de ese partido hubo de considerarse como un rechazo implícito a la política de seguridad del gobierno federal. Por eso renunció Germán Martínez. Desde luego, a partir de encuestas, el PAN se defendía señalando que esa campaña le evitó pérdidas mayores de las que tuvo: en mayo, 31% pensaba que el gobierno iba ganando la guerra; en julio ese porcentaje subió a 39% (Parametría, julio, 2009).

Pero en otros comicios, como los de este año, en dos de las entidades más afectadas por el narco (Chihuahua y Tamaulipas) ganó el PRI.

Dos posibles razones de eso (que no son excluyentes): a) la enorme abstención provocada por la inseguridad permite un amplio margen de maniobra al voto duro del PRI; b) la población responsabiliza de la violencia al gobierno federal, no a los locales. En todo caso, al PRI le conviene, electoralmente, que los costos del cada vez más evidente fracaso los asuman sólo el gobierno y su partido; para muchos electores podría ser un motivo suficiente para votar de nuevo por el PRI en 2012.

Legalizar y regular

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Despenalizar, legalizar, regular el tráfico de drogas son términos que significan lo mismo en la intención de quien propone suspender la prohibición de los narcóticos y asimilarlos al consumo social.

Nadie plantea con los estupefacientes una liberalización total, sino una legalización con reglas y restricciones, como tienen otras sustancias tóxicas: el alcohol, el tabaco, los fármacos.

Cada droga tiene su propio grado de peligrosidad como excitante. Muy distintas consideraciones de regulación merece la mariguana, cuyos efectos parecen inocuos, que la cocaína, los opiáceos o las metanfetaminas.

Uno pensaría que la regulación o la asimilación de la mariguana es de sencilla y liberal regulación, no así de las otras sustancias, que sólo pueden legalizarse bajo severas aunque accesibles restricciones para el usuario, pues su impacto sobre la salud de éste está lejos de ser inocuo.

La situación de México plantea algo más complicado que un problema de salud. La legalización de las drogas debe pensarse en México asociada al fenómeno de inseguridad pública que acompaña la persecución del narcotráfico.

La persecución tiene costos altos para el país, costos probablemente mayores que los daños de salud pública que traería el fin de la prohibición.

El narcotráfico da muestras de enormes capacidades de corrupción, reclutamiento y violencia armada. Las tres cosas están asociadas a las altas ganancias que les deja el tráfico prohibido. Porque es prohibido.

Un kilo de mariguana en Sonora puede valer 80 dólares. Una onza de mariguana en las ciudades de California puede valer 300 dólares, según The Economist y un kilo hasta 4 mil 300 dólares. La cannabis mexicana no es valorada en California, la llaman cannabis shit. Aún así, hay un mercado para ella en Estados Unidos con márgenes altos: hasta 2 mil dólares por un kilo.

Un kilo de cocaína en Reynosa vale 4 mil dólares, en McAllen vale 24 mil y vendida en líneas en las calles de Nueva York, unos 100 mil dólares.

La ONU calcula que el negocio de la cocaína representa para los cárteles mexicanos un ingreso de 3 mil millones de dólares al año. Suficiente para seguir haciendo lo que hacen.

Si queremos desactivar el poder de corrupción y fuego del crimen organizado, debemos reducir sus márgenes de ganancia en todas las drogas hoy prohibidas.

No bastará para ello legalizar la mariguana. Habrá que legalizar y regular también el mercado de las otras drogas.

México tiene que hacer bien las cuentas de los costos y beneficios de prohibir y legalizar. Ambos caminos tienen costos, no se trata de elegir la solución perfecta, sino el mal menor.