agosto 27, 2010

'Ninini' por Paco Calderón



El iPad de la sinrazón

Raymundo Riva Palacio
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
www.twitter.com/rivapa
Eje Central

Una tolvanera que apunta a escándalo se desató porque la coordinación del PRI en la Cámara de Diputados entregó a sus 237 legisladores una computadora iPad, con una potencia baja (16 gigabytes) y conexión inalámbrica, que cuesta en el mercado nueve mil 500 pesos. La columna del periódico Reforma, Templo Mayor, se mofó de los legisladores y sugirió que al enfrentarse a la pantalla digital, lo que proyectaron los diputados fue su ignorancia. Julio Hernández, en su columna Astillero en La Jornada, fue más allá: ni con iPad dejarán de ser analfabetas funcionales. Xóchitl Gálvez, la candidata perdedora a la gubernatura en Hidalgo, que ha hecho carrera en el diseño de edificios inteligentes, escribió en Twitter que "era inmoral" que las compraran con dinero de los contribuyentes. ¿Así o más?

El coordinador de la bancada, Francisco Rojas, explicó que son herramientas de trabajo necesarias para no ser analfabetas funcionales. Pero los priistas están a la defensiva. Parecen avergonzados de lo que hicieron, e inclusive dentro del propio partido hay críticas a Rojas y quejas por la decisión. No sorprende. Los mexicanos, que nos caracterizamos por tener una gran inteligencia emocional, aunque no siempre alcanza sus niveles la inteligencia racional, nos encanta entrar en los debates sobre la espesa capa de la superficialidad.

Si se publican las fotografías del cumpleaños del presidente Felipe Calderón en la revista Hola!, nos partimos el alma para increparle que por qué está festejando si el país está pintado de rojo. Si se acercan las Fiestas Patrias, nos desgarramos el corazón para decir que no tenemos nada que festejar porque el país está pintado de rojo. No importa si el festejo, austero, contrasta con otros similares, o si una conmemoración que sólo se hace cada cien años, es más grande que la coyuntura. Estamos plagados de observaciones epidérmicas, sin contexto, sin profundidad, sin ubicar las cosas en su justa dimensión y señalar, contrastar, disentir, criticar e incluso oponerse tajantemente en lo importante. Qué fácil ubicamos el debate en lo trivial y modificamos la realidad.

La discusión sobre el iPad de los priistas es un gran estudio de caso. Las iPads no son los relojes Rolex que dio la Cámara de Diputados a los 500 legisladores en 1989, y que sólo un puñado devolvió cuando se convirtió el regalo navideño en un escándalo. Las iPads son un dispositivo que tendría que ser entregado a todos los diputados, senadores, asambleístas a nivel federal y local. No es solamente una herramienta que les permite estar conectados con el mundo, sino que puede facilitar el trabajo legislativo a través de comunicación en tiempo real, y tener un impacto económico que lejos de costarle a los contribuyentes, beneficia al presupuesto. Este punto lo saben todos quienes utilizan los dispositivos móviles, incluidos con seguridad la mayoría de los críticos de la iniciativa.

En términos económicos se puede plantear la experiencia fallida en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, donde hace pocos meses se presentó un proyecto para dotar de iPads a todos los diputados. La idea se descarriló porque el diputado que tenía que presentarla no supo explicarla, lo que fue muy lamentable. La ALDF gasta anualmente ocho millones de pesos en 66 síntesis de noticias para sus legisladores y 30 más para los funcionarios, que no incluye el costo laboral de quienes la producen todas las madrugadas. La ALDF propuso 500 mil pesos para comprar iPads, que equivale al gasto aproximado de un mes, y con lo que resolvía el gasto total del año y de los siguientes de la legislatura. La crítica a la iniciativa se centró en el "lujo" de las iPads, un argumento falaz que no fue desmantelado, pues esas nuevas computadoras se ubican entre las más baratas en el mercado.

La mercadotecnia de Mac se apoderó de las mentes de los legisladores y los medios: como Mac es estatus, adquirir una iPad con dinero del presupuesto es un pecado mortal por el cual tienen que pagar quienes osen tomar la iniciativa. Eso le está sucediendo a Rojas. Las iPads de los priistas costaron un millón 659 mil pesos, que es el valor estimado de mercado de lo que salen las síntesis de noticias individuales al mes. Anualmente, sólo en cuanto a diputados priistas, el gasto en síntesis es de casi 20 millones de pesos a valor de mercado. Si se extrapola la entrega de iPads a todo el Congreso, los contribuyentes pagaríamos cuatro millones 750 mil pesos para que tuvieran sus síntesis electrónicas, en lugar de los 42 millones de pesos estimados que se gastan hoy en ellas a valor de mercado.

Incorporar las nuevas tecnologías al servicio público no es una tontería. Quienes las usan han disminuido sus tiempos de comunicación y reducido los tiempos de respuesta interpersonal, eliminando inercias burocráticas y abriendo oportunidades inimaginables. Hay aplicaciones, como la obtención de libros electrónicos, que si se hiciera lo mismo en las universidades, se democratizaría exponencialmente el conocimiento a bajo costo. En los parlamentos podrían desarrollarse dispositivos para consulta en las comisiones, distribución de documentos y hasta para el voto, disminuyendo costos administrativos, gasto en insumos y tortuguismo.

Pero si el debate es trivial en el campo abierto, contribuyen a ello también los políticos, como algunos líderes priistas que anunciaron demagógicamente que regresarán las iPads por razones económicas. La República ilustrada que queremos no puede permanecer anclada en el remedo panfletario que tenemos. La confrontación debe ser de ideas, proyectos y programas, no de emociones o pasiones. La discusión tiene que ser seria, no repleta de epifanías. Se necesita el abordaje crítico a los asuntos públicos, donde la premisa no sea ganar popularidad, audiencias y apoyo. Así no gana nadie y nos hacemos tontos. Tampoco crecemos y, como sociedad, nos pudrimos.

El estilo de Felipe Calderón

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

Tengo la impresión de que Felipe Calderón considera que el candidato presidencial del PAN debe salir del gabinete.

Desde que asumió el cargo ha tocado por nota, y quiere que sus colaboradores también lo hagan. Por eso les recordó en la entrevista con Óscar Mario Beteta que no piensen en otra cosa que en su trabajo “y ya veremos cuando lleguen los tiempos electorales”.

Felipe Calderón sabe que en nuestro sistema político las formas son para proteger el fondo. Y no se anda con rodeos: faltan dos años y medio y mucho trabajo por delante, por lo que “quien ande pensando en otra cosa (la candidatura presidencial), la puerta está más grande para salir que para entrar”.

Más les vale a sus secretarios de despacho tomar en serio esas palabras y entenderlas. El jefe es él. Quien va a “pensar en otra cosa” es él, y los tiempos electorales para los miembros del gabinete los va a fijar él.

¿Quiere decir eso que los secretarios de Estado con aspiraciones deben hacerse chiquitos? Por lo visto, no es ese el mensaje. Al contrario: tienen que sacar un muy buen trabajo en lo que su jefe les ha encargado, y esa será una de las principales cartas que pondrá en la balanza.

Seguramente Calderón no va a decidir al cien por ciento quién será el candidato presidencial del PAN, pero sí quién será el miembro de su equipo que contenderá por ese cargo.

El que no le haga caso a Calderón, va a perder. Es un Presidente muy transparente en su ortodoxia. Por eso, tal vez, nunca ha perdido.

Se oyen voces que cuestionan la postura del Presidente por exigir a sus colaboradores no moverse si quieren salir en la foto. Alegan que él se le insubordinó a Fox cuando era secretario de Energía y asistió a un destape que le preparó el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña.

Vicente Fox era un Presidente heterodoxo, y Calderón jugó con esas reglas. Mucho de lo que ocurrió fue producto del azar. Eso es heterodoxia.

Cuando el Presidente Fox quiso apegarse al librito, perdió, porque un estilo de juego no se improvisa.

La regla implícita que le puso Calderón a sus secretarios de despacho es benéfica para el país. Que compitan con los méritos que acumulen en el ejercicio de su encargo, y no con la grilla que puedan hacer por fuera.

Cuando llegue la hora que él fijará, podrá revisar el trabajo de Cordero en Hacienda, el de Lujambio en la SEP, el de Lozano en Trabajo, etc.

Si no pudieron con el encargo, menos van a poder con el país. Ese parece ser el estilo de Felipe Calderón.

México: año 2024

Ana María Salazar
amsalazar@post.harvard.edu
Twitter: @amsalazar
Analista política
El Universal

Qué fácil fue culpar a Felipe Calderón de ser el Presidente que precipitó aquellos eventos que serían la antesala de la llamada “década trágica” de México que, según los historiadores, inició en el 2010, terminando 10 años después, en el 2020.

En esa última década, no sólo se vivió una situación de estado de sitio en, por lo menos, 50% del territorio nacional, pero para la mayoría de los mexicanos se volvió imposible transitar por la mayoría de las carreteras del país —básicamente imposibilitando el movimiento de mercancía y bienes.

Pero lo que más se va a recordar de esta “década trágica” es la violencia que sufrió la población durante esta época. Ante la capacidad bélica de los grupos de crimen organizado y grupos armados (paramilitares y guerrilleros), aumentó dramáticamente la confrontación violenta contra parte del gobierno, los migrantes del sur y la sociedad. El resultado fue que la población civil fue la carne de cañón de esta guerra, ya que en la última década hubo a diario explosiones de carros bomba, lanzamiento de granadas, ataque de comandos armados en lugares públicos como cines, restaurantes y centros comerciales. Ni hablar de un incremento en el 100% en secuestros y extorsiones. Y como era de esperarse, también la violencia gubernamental y violaciones de derechos humanos en contra de la población incrementó dramáticamente.

México era un país en guerra, a pesar de que el gobierno y ciertos estratos sociales no quisieron reconocer por muchos años esta realidad. Esta violencia sistemática en contra de la población resultó en que más de una cuarta parte de los mexicanos buscaron refugio en otros países. Y aunque muchos argumentarían que la diáspora de mexicanos inició mucho antes del 2010 por las necesidades económicas, a partir de ese 2010, la salida de mexicanos del país se debió netamente a la violencia.

Pero a diferencia de las últimas décadas del siglo pasado y de la primera década del siglo XXI, estos mexicanos no pudieron buscar refugio en EU, ya que el país literalmente cerró la frontera. No sólo construyó una barda que abarcaba los 3000 kilómetros fronterizos, sino que literalmente blindó la frontera con soldados y tecnología de punta. En el 2013, todo vehículo que buscaba entrar a EU tenía que ser sometido a una revisión. El impacto en el comercio exterior fue contundente, pero la realidad era que debido a la violencia, la producción del país ya había caído dramáticamente. México dejó de exportar.

¿Cómo pudo suceder que un país como México, con tantas ventajas geográficas y una de las economías más importantes del mundo a principios de este siglo se convirtiera en un Estado fallido y uno de los países más violentos del mundo?

Y aunque fueron muchos los que buscaron culpar al presidente Felipe Calderón por embarcarse en una “guerra” en contra del crimen organizado al inicio de su mandato en el 2006, la verdad es que, por lo menos una década antes, las organizaciones criminales ya habían incrementado y asentado su presencia y violencia en diferentes regiones de México.

Ante la capacidad bélica de estas organizaciones, Calderón tenía pocas opciones porque ya no se podía ignorar el impacto en la seguridad nacional y en los ámbitos político y económico. Fue fácil criticar el sexenio calderonista por la ineptitud, mezquindad y, en algunos casos, de la corrupción de sus funcionarios y policías; la incapacidad de implementar un estrategia coordinada y la inoperancia política de la Presidencia ante la crisis.

Pero la responsabilidad de la “década trágica” no es sólo de los gobernantes. Todavía los historiadores y sociólogos no han podido explicar la “ceguera e irresponsabilidad sistemática” de casi la mayoría de los actores políticos y sociales durante esta década. Algunos describen este fenómeno como un intento de suicidio colectivo. La rama legislativa y judicial, junto con los partidos, fueron culpables de que no se implementaran reformas urgentes para enfrentar a los violentos. Otros actores, como la clase empresarial, la Iglesia, sindicatos y la sociedad civil organizada, simple y llanamente se rehusaron a jugar un papel para encontrar soluciones.

Y hoy, el 16 de septiembre del 2024, al celebrar los 214 años del inicio de la guerra de Independencia, la presidenta de México declaró la culminación de esta “década trágica”, retomando la famosa tradición del grito en el Zócalo capitalino —tradición que tuvo que ser cancelada hace ocho años debido a las amenazas y atentados que se llevaron a cabo en contra de las familias que buscaban celebrar las fiestas patrias.

Esperemos que la presidenta no se haya equivocado en anticipar el inicio de una nueva era en México y que no regresemos al México que se vivió en esta última década del 2010 al 2020.

Huevos del jefe

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"El valor es fuego; la bravuconería, humo". Benjamin Disraeli

Me imagino que no se pudo aguantar. El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, visitó este miércoles 25 de agosto la feria del pan en el World Trade Center y al encontrar unos huevos los tomó y los mostró a las cámaras: "Para que los vea Sandoval", dijo.

Ebrard consiguió, es verdad, arrancar algunas sonrisas de los incondicionales que lo acompañaban, lo cual me imagino no es un mal resultado. Pero me pregunto si al final esas risas no le saldrán muy caras.

El jefe de Gobierno de la Ciudad de México asumió una difícil batalla frente a la opinión pública hace unos días cuando decidió demandar por daño moral al cardenal Juan Sandoval Íñiguez. El pueblo mexicano sigue siendo profundamente católico. Dificulta la posición de Ebrard el hecho de que está defendiendo la ley del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar niños, que no son precisamente las causas más populares en el país.

Al jefe de Gobierno le ha ayudado, por supuesto, el que el arzobispo de Guadalajara haya incurrido en una franca y clara calumnia al argumentar sin pruebas que Ebrard había "maiceado" a los ministros de la Corte. Pero no deja de ser significativo que los ministros hasta ahora han dejado solo al jefe de Gobierno en su batalla legal contra el cardenal.

En el momento en que Ebrard disminuye la calidad moral de su reacción de indignación ante la calumnia, y la convierte en un simple reto machista, en un desplante pendenciero para ver "quién tiene más huevos", resulta más difícil darle apoyo. El tema fundamental debe ser que cualquiera debe tener libertad de expresar sus puntos de vista, pero ni siquiera un cardenal tiene derecho a calumniar.

Ebrard no está manteniendo este pleito solamente en el escenario del Distrito Federal, donde la población tiene una moral más liberal y él en lo personal cuenta con un respaldo político significativo. La demanda contra el arzobispo de Guadalajara tiene repercusiones nacionales y un significado político que se proyecta al 2012, cuando Ebrard quiere ser uno de los candidatos que contiendan por la Presidencia de la República.

Independientemente del resultado que obtenga en su demanda por daño moral, no hay duda de que tanto Ebrard como el cardenal están usando este proceso como parte de un juego político. Ebrard busca una proyección nacional que le permita llegar a la Presidencia, mientras que el cardenal y la Iglesia quieren destruir a un posible candidato que en la Ciudad de México ha impulsado leyes para legalizar el aborto, el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la adopción de niños por homosexuales.

Ninguno puede olvidar que el juego se realiza frente a la opinión pública. El cardenal, a mi juicio, cometió un error mayúsculo cuando pasó de defender las posiciones en las que cree a calumniar tanto al jefe de Gobierno como a los ministros de la Suprema Corte de Justicia.

Pero Ebrard es ahora quien ha cometido el error. Una cosa es ser la víctima de una calumnia y otra muy distinta el pendenciero de escuela que busca demostrarle a un rival que es más machito que él. El jefe de Gobierno ha dejado voluntariamente la posición de víctima y ha asumido la de bravucón. Además lo ha hecho de manera gratuita. Ninguna ventaja podía haber obtenido de su fanfarroneo de que mostraba los huevos "para que los vea Sandoval".

Ley mordaza

Nuestra ley electoral ha demostrado ser abiertamente violatoria de la libertad de expresión. No sólo prohíbe a los ciudadanos contratar tiempos de radio y televisión para expresar sus ideas políticas, o a los políticos hacer críticas a sus rivales en campaña, sino que ahora también impide al Presidente dirigirse a la nación para tratar temas de interés nacional como el de la inseguridad. El presidente Calderón, que si no impulsó la legislación del 2007 la aceptó como parte de un acuerdo político para aumentar impuestos, hoy ha sido quemado por el monstruo que ayudó a crear.

Sin reglas ni valores

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

Estamos hablando de sicarios que trabajan y matan por unos dos mil pesos mensuales, que son, para sus jefes, personas desechables.

La matanza de 72 inmigrantes centro y sudamericanos en San Fernando, Tamaulipas, por un grupo de sicarios de Los Zetas, es la mejor demostración del grado de deterioro y falta de humanidad que está caracterizando cada día más a estos sicarios, surgidos de lo más oscuro de las pandillas que crecen en forma constante sobre todo en la frontera norte. Es una muestra de deterioro moral, pero también de la decadencia de la organización criminal.

Los Zetas tienen control desde tiempo atrás de la ruta que trae a los indocumentados desde la frontera sur, sobre todo en Chiapas, hasta el DF, de aquí a San Luis Potosí: mas desde allí tienen un control casi absoluto del tren que sale de esa ciudad hacia Nuevo Laredo. Los hechos de violencia, las agresiones físicas y sexuales, los robos, son la norma en ese peligrosísimo trayecto que los hombres y las mujeres que cruzan México para buscar un mejor destino en Estados Unidos suelen hacer trepados en los techos del tren. Ni remotamente se ha hecho lo suficiente para preservarles a esos migrantes, en su enorme mayoría centro y sudamericanos, condiciones dignas siquiera similares a las que le exigimos para nuestros migrantes, por ejemplo, a Estados Unidos. Por alguna razón que se termina ubicando una vez más en la corrupción, esa ruta no está bajo el control de las autoridades. Y cuando éstas aparecen terminan estando coludidas con los delincuentes. Y estamos hablando de miles de migrantes que realizan ese trayecto en forma cotidiana.

En este caso, los migrantes fueron engañados por los sicarios, que les exigían un mínimo de mil dólares por persona y, como evidentemente no tenían esa cantidad, entonces tendrían que pagar su "traslado" como sicarios, sirvientas, objetos sexuales, de sus captores. Algo sucedió que, finalmente, decidieron matarlos a todos. Un joven ecuatoriano quedó casi por milagro vivo y fue quien terminó dando aviso a las autoridades. Luego de un largo enfrentamiento, los captores fueron abatidos.

La historia es terrible, pero es una demostración también de a qué nos estamos enfrentando en varios puntos del país. Aquella imagen estereotipada que algunos podían tener del narcotraficante que hicieron célebres los típicos narcocorridos, con sus novias guapas, su AK 47 y su camioneta, con valores y reglas de juego, ya no existe o está en franco proceso de extinción.

Lo que tenemos ahora son jóvenes pandilleros, surgidos de lo más hondo de la sociedad, que matan, violan, secuestran por un puñado de pesos, que ni siquiera saben usar bien un arma, pero están atiborrados de droga y eso los vuelve más insensatos, temerarios y peligrosos. Lo vimos en este caso terrible de San Fernando, pero lo pudimos observar también hace unos días en los pandilleros que con armas largas acribillaron, sin saber siquiera quiénes eran, al personal de seguridad de FEMSA en Monterrey.

Por supuesto que para combatir estos fenómenos se debe trabajar en la educación, la salud, la política social, pero debemos asumir, como ha sucedido en otros países en situaciones similares, que allí tenemos una generación perdida y ya no saldrá, salvo excepciones, de ese círculo de degradación en el que ha caído. Y es una demostración también de por qué hay tantos muertos en ajustes de cuentas, por qué la violencia es tan irracional y, paradójicamente, por qué, pese a todo eso, estos grupos terminarán estando condenados a una degradación moral y organizativa irreversible.

Estamos hablando de sicarios que trabajan y matan por unos dos mil pesos mensuales, que son, para sus jefes, personas desechables sólo útiles para este tipo de crímenes y con el propósito de desestabilizar a una sociedad que no puede explicarse la magnitud de la violencia.

Ella no acabará en el corto plazo: no puede ocurrir eso cuando hay tanto sicario desechable del que echar mano.

Pero las organizaciones criminales tampoco pueden tener futuro basándose cada día más en estos personajes, atemorizando, agrediendo, extorsionando y matando a la gente en forma indiscriminada. En ese deterioro encontrarán su final.

Lavado de dinero

Según fuentes financieras muy confiables, las medidas adoptadas semanas atrás para controlar el lavado de dinero comienzan a tener efectos en los grupos criminales que no saben ya de qué manera canalizar sus recursos.

Además, si son aprobadas las medidas propuestas ayer por el presidente Felipe Calderón, entones la asfixia será mucho mayor.

Los restos de don Porfirio

Carlos Tello Díaz
ctello@milenio.com
Carta de viaje
Milenio

En el año del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución habría que revalorar, al reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que fuimos, los periodos de nuestra historia que han sido negados y renegados a pesar de su importancia, como la Colonia y el Porfiriato. Así lo ha querido hacer el gobierno, tímidamente, en el programa Discutamos México, aunque sin ir más lejos, sin revisar la historia que enseña en las escuelas de toda la República. Así también lo ha querido hacer la sociedad civil con algunas iniciativas que vale la pena comentar. En Oaxaca, por ejemplo, culmina mañana sábado una semana de conferencias dedicadas al general Díaz con la presentación del documental Porfirio Díaz: tan lejos de México, tan cerca de los Campos Elíseos, realizado por Fernando Aguirre con el apoyo de la Fundación Carmen Toscano. El ciclo de conferencias fue organizado por el propio Aguirre con el apoyo del Patronato para la Cultura y las Artes de Oaxaca, asociación civil presidida por Emilio García. El gobierno del estado no participó, salvo indirectamente por medio de sus espacios culturales: la Biblioteca Pública Central Margarita Maza de Juárez, la Universidad Vasconcelos, el Museo de las Culturas de Oaxaca, el Centro Cultural Santo Domingo.

A mediados de los 90, el Patronato para la Cultura y las Artes de Oaxaca tuvo la iniciativa de repatriar los restos de Díaz. En ella confluían varios intereses, entre ellos los de Televisa, pero la iniciativa no tuvo éxito, básicamente porque no contó con el apoyo del gobierno del presidente Zedillo. Así lo recuerda una nota ya vieja titulada “Los restos de Porfirio Díaz generan polémica” (MILENIO, 18-11-2008). “Más allá de la polémica”, dice, “que pueda suscitar la sugerencia que periódicamente resurge de la repatriación de los restos del presidente Porfirio Díaz, que descansan en el panteón de Montaparnasse, en París, algunos historiadores plantean que México debe reconciliarse con este personaje central en la historia del país”. La nota cita en ese sentido las opiniones de Andrés Lira, ex director del Colegio de México; Gisela von Wobeser, directora de la Academia Mexicana de la Historia; Cristina Torales, directora del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana. También menciona que en aquel patronato estaba entonces José Manuel Villalpando, quien “realizó los estudios históricos para sustentar el regreso del militar”.

Villalpando tiene, como es sabido, un interés profesional por los cadáveres. En los 80 exhumó en París los restos del general Almonte para ver si ahí yacían los de su padre, José María Morelos, que están desaparecidos (hay incluso un video donde aparece el cadáver bien embalsamado de Almonte, la piel morena, el bigote negro, el paño azul y los botones dorados de su uniforme de general, pero sin los restos de Morelos). Más tarde, en los 90, también en París, consiguió el acta de defunción de Díaz (por él conocí el parte médico de los doctores que trataron su cadáver con sales de alúmina, pues don Porfirio fue asimismo embalsamado, bajo su espada de general y la bandera de México). En París están también, por cierto, los restos de Limantour (en Montmartre) y Landa y Escandón (en Père Lachaise), y allá creo que también están (¿o en Biarritz?) los restos de otro ex presidente, Francisco León de la Barra.

Mi opinión es que todos están bien donde están, como también estaban bien los restos de los héroes de la Independencia, que han sido desplazados sinsentido por las calles de la capital de México. Importan sus vidas, no sus restos. Sus restos no agregan nada al conocimiento de sus vidas.