septiembre 10, 2010

'Colofón' por Paco Calderón



'Hillarydad' por Paco Calderón



Televisa vs. Reforma

Carmen Aristegui F.
Reforma

No sé si haga falta pero, por si la hubiera, aclaro que éste -como todos los anteriores escritos aquí publicados- es un artículo cuyo tema, tratamiento y contenido es responsabilidad plena de la autora. No ha habido sugerencia, insinuación o petición expresa de ningún miembro directivo o no directivo de este grupo editorial para escribir lo que a continuación se puede leer. Una opinión, pues, estrictamente personal frente a un hecho de interés público. No sé si Reforma ha tomado o tomará alguna postura institucional en respuesta a los hechos que a continuación me refiero pero, en todo caso, quien esto escribe y millones de personas más no podemos estar indiferentes frente a lo que es una clara, evidente y brutal campaña de linchamiento -de pánico moral diría el periodista de Proceso, Jenaro Villamil- en contra del Grupo Editorial Reforma.

Promovida, porque no podría ser de otra manera, desde los más altos niveles de dirección de Televisa, ha contado con la triste y obediente colaboración de comunicadores y presentadores que han repetido el tema que da contenido al linchamiento a partir de una línea editorial establecida con un único propósito: dañar y denostar a los periódicos Reforma y Metro. Criticados por un tema que está ahí, que tampoco puede ser ignorado y que merece sin duda atención, los dos diarios han sido sometidos a una inaudita campaña intensiva de desprestigio con un abierto afán de aniquilamiento. El inusual, extendido, reiterado y uniforme tratamiento editorial en los espacios noticiosos -y hasta en los de entretenimiento- del tema en cuestión no habla de una cobertura periodística genuina o de un repentino interés colectivo de todos los que ahí trabajan por el tema de la trata de personas, la pornografía y los anuncios clasificados. Habla de una vil campaña de linchamiento moral. No se trata de restarle importancia al papel que juegan los anuncios sobre solicitudes y servicios sexuales que se despliegan en estos diarios y en otros en México y el mundo, porque la tiene. Ni tampoco de defender lo indefendible. En el mundo se discute qué hacer frente a estos fenómenos y en México deberá ocurrir lo mismo. Especialistas como Lydia Cacho se han pronunciado al respecto y lo que ha ocurrido, por ejemplo en España, deberá ocurrir también en México. Éste y otros grupos editoriales deberán analizar, con claridad, sobre el alcance de estas prácticas y considerar, seriamente, retirarlas de sus páginas. Problema no es hablar del asunto o cuestionar lo que haya lugar a cuestionar. Problema no es discutir sobre los márgenes que la prensa define para sí misma cuando se está ante un fenómeno que puede rondar en lo criminal. Nadie está negando el tema. El asunto está en otra parte. Los anuncios y la trata no son más que un pretexto para impulsar una campaña de descrédito, intimidación y una suerte de venganza editorial en contra del Grupo Reforma. Es de tal obviedad que se trata de una campaña que los colegas que se encargan de alimentarla la deben estar pasando muy mal. El modelo ya lo conocemos. Varios personajes de la vida pública han pasado por trances similares en donde los integrantes del sistema duopólico de la televisión, juntos o por separado, pueden desquitar en la pantalla lo que haya menester desquitar. En este caso las señales son inequívocas. El tratamiento diferenciado, discrecional y selectivo para atacar a un solo grupo editorial por una práctica recurrente -desde hace años- en varios medios de comunicación es sólo ejemplo de ello. No hay mucho que interpretar; millones de televidentes, clase política, medios de comunicación, autoridades y sociedad en general, estamos frente a una virulenta e inaceptable campaña de linchamiento moral que debe ser denunciada.

No hay certeza sobre las motivaciones de los autores de esta cruzada contra Grupo Reforma pero, hay a la vista varios capítulos que podrían ayudar a explicar: el tratamiento crítico de Grupo Reforma a la muy polémica licitación 21 que favoreció a Nextel y Grupo Televisa. Los punzantes artículos de Purificación Carpinteyro sobre el tratamiento preferencial al consorcio de la televisión; los de Jorge Álvarez Hoth sobre el tema; el artículo magnífico de Roberto Zamarripa el lunes pasado sobre la "Mimetización"; la ausencia de Grupo Reforma de Iniciativa México o la cobertura periodística al Quinto Informe de Peña Nieto, que mostró los lazos inocultables entre el gobernador y la televisora que lo ha hecho, sin lugar a dudas ya, su candidato presidencial.

¿Quién le teme a Hillary?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

El problema no es que nos colombianicemos sino la exportación, como ya ocurre con América Central, de la mexicanización del narcotráfico.

¿Alguien podría explicarnos el porqué de la sobrerreacción que generaron en el gobierno y en muchos medios y analistas las declaraciones de la secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton, respecto a las similitudes entre la Colombia de fines de los 80 y principios de los 90 con la situación que está viviendo México en la actualidad? Por supuesto que hay diferencias: ninguna referencia histórica es una copia facsimilar de otra, pero son muchos los elementos comunes que se deben tomar en cuenta, sobre todo si lo que se quiere es buscar parámetros que nos sirven para recuperar la paz y el control territorial de las áreas de influencia del crimen organizado.

Es verdad que en Colombia existe el componente FARC, que marca grandes diferencias con nuestro proceso de violencia; también, que se llegó a un nivel de agresiones terroristas de esos y otros grupos armados, incluidos los paramilitares, y de los cárteles que aún, afortunadamente, estamos lejos de sufrir, pero en esto lo importante son las tendencias: y las mismas muestran que nuestros cárteles están evolucionando hacia un modelo cada vez más parecido al de la Colombia de aquellos años. La buena noticia es que esa evolución (o involución, como se quiera ver) los llevó también a su derrota.

Hace algunas semanas decíamos que, en realidad, hoy estamos peor que Colombia en muchos sentidos, pero también que el problema no es que nos colombianicemos sino la exportación, como ya ocurre con América Central, de la mexicanización del narcotráfico. Lo que más molestó de las palabras de la señora Clinton es que dijo que se requería una suerte de Plan Colombia para México. Habría que recordar que ese Plan fue una estrategia diseñada en los últimos años del gobierno de Bill Clinton y los hechos demuestran que tuvo éxito.

Hemos estado en esa nación hermana y conocemos cómo funciona el Plan Colombia: definitivamente, hay capítulos que serían inaplicables en nuestro país. Particularmente, el involucramiento muy directo de agentes y contratistas estadunidenses en el combate al narcotráfico y las FARC, pero fuera de eso, pocos estarían en desacuerdo de que se requiere una colaboración internacional mucho más efectiva y profunda que la hoy existente. No creo que necesitemos un Plan Colombia, pero sin duda requerimos un Plan México: necesitamos que, sobre todo en la frontera, Estados Unidos asuma compromisos mucho más firmes que los actuales, requerimos un esquema de cooperación más intenso e institucionalizado, necesitamos que la Iniciativa Mérida se convierta en algo más que un lema y que tenga una amplia vuelta de tuerca que otorgue un sentido de auténtica colaboración: que la gran noticia de la Iniciativa Mérida sea que se otorgaron 36 millones de dólares de apoyo de los cuales se retuvieron 26, es ridículo. Y necesitamos mucho más para derrotar a los violentos. Hay aspectos del Plan Colombia que nunca se analizan, por ejemplo, el enorme apoyo que se brindó para sacar adelante la reforma judicial en ese país.

Lo contradictorio de todo esto es que, tanto el gobierno como distintos sectores sociales, han reaccionado a lo dicho por Clinton casi como ante un agravio, en lugar de tomarle la palabra a la secretaria de Estado y demandar un verdadero Plan México para atacar al crimen organizado. La iniciativa en ese sentido tendría que provenir de México, no esperar a ver qué nos proponen. Un dato histórico: en 1990, después de la caída del Muro de Berlín y cuando Estados Unidos hacía apología del libre comercio, una jugada económica histórica fue que México llegara a Washington con una propuesta de tratado trilateral de libre comercio que iba por encima de las expectativas del gobierno estadunidense. Por eso salió adelante el TLC. ¿Por qué no llegar uno de estos días a Washington, antes o después de las elecciones de noviembre, con el planteamiento de un Plan México contra el crimen organizado, con propuestas concretas y bien articulado?

En esta lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado no hay posibilidades reales de triunfar sin una estrategia multinacional y de largo aliento y, en nuestro caso, sin una colaboración real con Estados Unidos y Colombia (y cada vez más las naciones centroamericanas).

Y eso debería trascender los intereses electorales al norte de la frontera, pero también las reacciones nacionalistas, no menos electoreras, al sur de la misma.

Televisa va contra Reforma

Raymundo Riva Palacio (@rivapa)
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
Eje Central

En esta semana, de manera sistemática, Televisa inició una campaña contra los anuncios de favores sexuales que aparecen en las páginas de clasificados de los periódicos, porque abren la puerta, argumentaron en sus noticiarios apoyándose en un debate público reciente en España, a la delincuencia.

La campaña podría detonar una discusión seria sobre la responsabilidad social de los medios de comunicación en México, que buena falta hace, salvo por un pequeño detalle: el ejemplo que usan para ilustrar el caso mexicano son los periódicos Reforma y Metro, propiedad de Alejandro Junco de la Vega.

Reforma y Metro no son los diarios que más anuncios de ese tipo publican. Incluso, en los mismos días en que se dieron los reportajes en los noticiarios de Televisa, El Universal y El Gráfico, que pertenecen a una misma casa editorial, publicaron más del doble de páginas que sus competidores de anuncios sexuales, tan gráficos uno como el otro. Televisa no mencionó a esos dos diarios, ni a otros como La Prensa o el ESTO, que también dan cabida a ese tipo de clasificados, o las revistas que tienen en ese tipo de publicidad parte de sus ganancias. Es decir, sobre un tema de noble propósito, se esconde una campaña que apenas empieza. No es el debate lo que importa a Televisa, sino abrir fuego contra Junco de la Vega.

Tampoco es un asunto personal, pero han centrado al grupo de Junco de la Vega por su aval a una política editorial de doble moral. TV Azteca, cuando Reforma inició una campaña contra su propietario Ricardo Salinas Pliego señalando que no podría viajar a Estados Unidos porque sería detenido como consecuencia de un fraude con Unefon -que no era cierto-, tuvo como respuesta una semana en los noticiarios de la empresa donde recordaban, a partir de una entrevista con el padre de Junco de la Vega, la forma como se hicieron de la empresa y lo expulsaron de ella. En el caso de Televisa, de acuerdo con información interna, mucho habían perdonado de cobertura parcial hacia la empresa sin réplica, hasta que se dio un quiebre, cuando el Grupo Reforma publicó en agosto, a propósito de la compra de 30 por ciento de acciones de Nextel, que había sido una "ganga".

Reforma, que es el periódico de mayor influencia entre las élites mexicanas -como El Norte, su nodriza, lo es en Monterrey, la capital financiera nacional-, calificó sistemáticamente como "ganga" la operación con Nextel y desoyó las explicaciones que les procuraron dar los ejecutivos de Televisa. El Grupo Reforma publicó que Televisa había pagado, en sociedad con Nextel, 180 millones de pesos por una parte del espectro radioeléctrico de 30 megahertz a nivel nacional, comparando con un bloque de 10 megahertz que había adquirido Telcel en el centro de México, por mil 372 millones de pesos.

Esta serie de informaciones motivó que varias de sus plumas más importantes del Grupo opinaran sobre el mismo asunto y en el mismo tenor que había inducido la información tergiversada, que comenzó a ser pública cuando el responsable de comunicación de Televisa, Manuel Compeán, aclaró en una de las réplicas que hizo que los 180 millones era un pago inicial, ya que el pago total sería por 18 mil 300 millones de pesos. Además, agregó Compeán, Nextel invertiría más de 19 mil millones de pesos en desarrollo de infraestructura y aclaraba que cuando se abrió la licitación, nadie más había querido invertir.

La cobertura en el Grupo Reforma sobre la alianza con Nextel sólo agudizó una serie de desencuentros, cada vez más ácidos, entre ejecutivos de ambas empresas. En mayo, el mismo Compeán envió una carta para refutar una columna de Roberto Zamarripa, subdirector editorial, donde mencionaba que un promocional de Yucatán dentro de la serie Estrellas del Bicentenario, había costado diez millones de pesos. "Es falso", afirmó Compeán, quien señaló que no era la primera vez que utilizaba datos no confirmados para argumentar su información.

En agosto, la exsubsecretaria de Comunicaciones Purificación Carpinteyro, publicó una columna en el diario sobre compras que había hecho Televisa de operadores de cable en varias ciudades del país, y tocaba el tema de la asignación del espectro a su sociedad con Nextel. "Cuando se trata de un grupo tan poderoso como Televisa, lo conveniente es no ver, no preguntar y no escuchar, a menos de que se trate de aprobar operaciones de compra de nuevas propiedades por dicho grupo", escribió Carpinteyro. El artículo motivó llamadas para exigir una réplica. De acuerdo con versiones dentro de Reforma, respondieron que la carta se excedía en el máximo de espacio y que contenía dos párrafos, al final, que se referían a Carpinteyro como "la ex subsecretaria" en un tema que no se vinculaba al texto publicado. Televisa no modificó la redacción y Reforma no lo publicó. Hace dos lunes, Televisa publicó la carta en forma de desplegado en varios periódicos.

Rápidamente comenzaron las respuestas. El 29 de agosto, el presidente de Cemex, Lorenzo Zambrano, criticó en su cuenta de Twitter, LHZambrano, a todos los regios que estaban huyendo de Monterrey por el clima de inseguridad. "Quien se va de Monterrey es un cobarde", escribió en una serie de mensajes que difundió masivamente. "Hay que luchar por lo que creemos. Tenemos que retomar nuestra gran ciudad". Al día siguiente, en El Noticiero de Joaquín López Dóriga, se hizo referencia a la crítica de Zambrano y, como contexto, recordó que Junco de la Vega se había ido de Monterrey. En efecto, el dueño del Grupo Reforma se fue a vivir a Austin cuando recibió un video con las imágenes de un día en la vida de toda su familia, enviado por el cártel del Golfo. Pero eso había sido más de dos años antes, y Zambrano no se refería a él, sino a otras personas que huyeron recientemente.

Ahí se perfiló lo que estamos viendo. Una semana después, vinieron los reportajes sobre los anuncios clasificados, y el Grupo Reforma, como es su costumbre, no respondió. Pero no siempre ha sido así. Cuando TV Azteca difundió su serie sobre la historia de la propiedad de El Norte de Monterrey, los diarios publicaron un editorial -que no tienen- en primera plana -lo que es extraordinario- para refutar a Salinas Pliego. Y discretamente bajaron los ataques en su contra. ¿Eso es lo que busca Televisa, cuyo alcance, en un mal día es de 40 millones de mexicanos? No está claro todavía. Lo que sí, como dijo una de las personas prominentes en la empresa, es que el pleito, "va para largo".

El Corán, el 11-S y un puñado de histéricos

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Al final, Dios no se dignó a entrar en contacto con Terry Jones, con la ilusión que le habría hecho al pastor causante de la última crisis internacional. Al final, quien evitó que se consumara mañana por la noche la quema del Corán fue alguien de verdad, el jefe del Pentágono Robert Gates. No sabemos si Gates lo hizo por las buenas o por las malas, pero ni siquiera a ese pastor extremista cristiano —que proclama sus mensajes de odio con la pistola bajo la sotana— le habría gustado que lo señalen como el responsable de la previsible oleada de ataques islamistas contra estadunidenses, que iba a ocurrir si hubiera ultrajado de la manera que pretendía el libro sagrado de los musulmanes.

En cualquier caso, el anuncio de Jones de que daba marcha atrás no elimina ni mucho menos el peligro de atentados de Al Qaeda o cualquier aspirante a convertirse en mártir del Islam por la terrible vía del terrorismo suicida. La hoguera donde iba a arder el Corán finalmente no se encenderá, pero la intención de ese pastor fue suficiente para incendiar de nuevo la ira de los musulmanes extremistas contra los “infieles” cristianos. Por su culpa están en peligro de muerte no sólo los soldados de EU en Afganistán o Irak, como alertó el Pentágono, sino cualquier estadunidense en un país musulmán, como advirtió el Departamento de Estado. Peor aún, Interpol teme aún que se produzcan atentados contra civiles en cualquier país occidental o contra las minorías cristianas en los países musulmanes; y todo por la locura de un fanático que se autoproclama pastor cristiano y la de un puñado de no más de 50 imbéciles, cuyo encefalograma plano sólo se estimula ante mensajes apocalípticos y cargados de odio, como proclamar que el Corán fue escrito por el mismísimo Diablo.

Independientemente de cómo reaccione el mundo musulmán tras la suspensión de la quema del Corán, lo ocurrido estos días es consecuencia directa de un fenómeno imparable en Estados Unidos desde que Obama llegó al poder: la radicalización de la derecha religiosa y la creciente histeria antimusulmana, especialmente tras la reciente decisión de la alcaldía de Nueva York de permitir la construcción de una mezquita a escasas cuadras de la “zona cero”.

En estos nueve años desde el derribo de las Torres Gemelas, el enemigo número uno sigue siendo, desde luego, Osama bin Laden y su red terrorista Al Qaeda, pero la extrema derecha —en especial sus predicadores en medios de comunicación, como algunas de las estrellas de Fox News— se ha encargado todo este tiempo de que en el imaginario popular estadunidense cale la idea de que cualquier persona con aspecto árabe (o aspecto hispano) o que profese la religión musulmana o incluso que simpatice con ella, es etiquetado automáticamente como sospechoso, como enemigo de los valores cristianos y tradicionales de EU. Por eso triunfan organizaciones xenófobas como Tea Party, racistas como el sheriff de Arizona Joe Arpaio o energúmenos como el pastor de Florida; por eso el mensaje radical de Sarah Palin encuentra tantos seguidores e incluso muchos estadunidenses están convencidos de que Obama es el Anticristo (o en su defecto, que es musulmán).

Estados Unidos está cocinando un peligroso caldo donde se mezclan supremacistas blancos, cazadores de hispanos y provocadores islamofóbicos, y que podría acarrear consecuencias dramáticas. Mañana, 11 de septiembre, vamos a recordar el derribo de las Torres Gemelas como símbolo de lo que debemos evitar que vuelva a suceder y, desde luego, la quema del Corán habría sido la vía más rápida para que esa tragedia de la humanidad volviera a repetirse. Como ya escribiera en el siglo XIX el poeta judío-alemán Heinrich Heine: “Allí donde se queman los libros se acaba por quemar a los hombres”. No lo olvidemos nunca.

Lo que Hillary quiso decir…

Ana María Salazar (@amsalazar)
amsalazar@post.harvard.edu
Analista política
El Universal

Funcionario tras funcionario del gobierno de Estados Unidos salieron a dar declaraciones tratando de explicar los comentarios de la secretaria de Estado Hillary Clinton, donde ella comparan México con la situación de Colombia de hace 20 años. Hasta el mismo presidente Barack Obama, en una entrevista con el periódico La Opinión, salió a enmendarle la plana a su secretaria de Estado. Con toda la pena del mundo, estimado Presidente, pero, a mi opinión, habiendo vivido en Bogotá durante esta época, la verdad es que sí hay muchos paralelismos entre el México del 2010 y la Colombia del 1990.

El problema fue la forma y el momento en que Hillary Clinton expresó su opinión sobre México. Un comentario de un funcionario estadounidense del nivel de la Clinton no podía venir en peor momento, una semana antes de la celebración del bicentenario, un momento en que el presidente Felipe Calderón enfrenta fuertes críticas sobre su estrategia, además en una coyuntura en donde ha incrementado número y nivel de funcionarios y políticos asesinados, además de un dramático uso de carro bombas y granadas que impactan la sociedad civil.

Sí, no podía venir en peor momento y qué alivio para el gobierno mexicano que salgan al rescate funcionarios estadounidenses. El problema fundamental de lo que dijo Clinton es el uso de algunas palabras. Señaló que “estos cárteles de la droga están mostrando cada vez mayores índices de ‘insurgencia’, por ejemplo, han utilizado carros bomba, cosa que antes no hacían. Podemos decir que México cada vez se parece más a la Colombia de hace 20 años, en donde los narcotraficantes controlaban ciertas partes del país.” Cada vez más se parece. Y sí, tenemos ciertos fenómenos de criminalidad que “se parece” a la Colombia de los años noventa. Territorio controlado por narcos, una sociedad civil intimidada, corrupción, falta de credibilidad de las corporaciones policíacas, incremento de los secuestros y extorsiones. Ouch… la verdad duele.

La experiencia de Colombia ante la violencia y la criminalidad, es ciertamente diferente a la mexicana por lo que la respuesta de México ha sido diferente. Ello no implica que en este momento no se encuentre la situación de seguridad en un estado crítico.

Mientras que el problema fundamental de seguridad de México son los grupos de crimen organizado, los colombianos enfrentan cuatro frentes: dos grupos guerrilleros (FARC y ELN), los paramilitares (AUC), además del crimen organizado. Colombia tiene aún un alto índice de secuestros, al igual que México, la diferencia es que allá hasta un 60% de los secuestros son perpetuados por uno de los dos grupos guerrilleros. El problema de inseguridad en el México, curiosamente debería ser más fácil de resolver, México tiene un frente, el crimen organizado.

Mientras que Colombia tuvo que implementar una estrategia de un país que vive una guerra civil, la problemática mexicana, podría resolverse todavía dentro del actual estado de derecho, si se tuviera la estrategia adecuada y el apoyo contundente de la clase política, empresarial, eclesiástica y social. En este momento el Presidente no lo tiene.

Y es obvio que mientras persista la el tráfico de armas y la demanda de estupefacientes en Estados Unidos, y ahora también en México, la solución permanente al problema es mucho más difícil. Sin embargo, sí hay que ver a Colombia, pues una de las áreas en donde le lleva la delantera a México es en las reformas e inversiones al sistema de procuración de justicia. En este rubro en particular, México tiene un retraso sorprendente, y aunque el día de mañana se aprobaran reformas sustanciales sobre el tema, su impacto no se sentiría sino 10 años después.

El problema de la inseguridad va para largo en nuestro país. En México, la corrupción y las amenazas promovidas por organizaciones delictivas no han llegado a los niveles que se han observado en Colombia. Por ejemplo, se ha documentado que más de 50% de los legisladores han sido amenazados o comprados por el crimen organizado. Al contrario, en México, hasta hace poco, los legisladores tenían poca capacidad de influir en las políticas de la lucha en contra del crimen organizado, por el presidencialismo imperante. ¿Será que ahora los legisladores y sus campañas estarán más infiltradas por dineros de los grupos de narcotraficantes? Hay que decirlo: se podrá invertir todos los recursos del mundo para combatir la delincuencia, pero serán en balde si no se reduce la corrupción.

Sí, duele comparar a México con la Colombia de hace 20 años. Observando el éxito que tuvieron en reducir la capacidad bélica de los violentos. ¿No será que lo que quisieran los funcionarios de nuestro país es que se les compare con la Colombia de hoy día?

Edomex: terror a la alianza

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

De haber sido enterrado, Germán Dehesa se revolvería en su tumba al saber que el poder de Arturo Montiel, al que tan prolongada y consistentemente denunció día con día en la sección final de su Gaceta del Ángel, sigue gobernando el estado de México, de varios modos y a través de políticos de variada índole. El más obvio de ellos es el propio gobernador Enrique Peña Nieto, su sobrino, a quien heredó el puesto. Pero muchos otros están situados estratégicamente. Un ejemplo actualísimo es Miguel Sámano, quien fue su secretario particular y hoy está comisionado por el PRI en el Partido Verde. Sámano presentó anteayer una iniciativa de reforma electoral que busca impedir la concreción de una alianza opositora que arrebate al tricolor la riendas del gobierno estatal.

Dentro de un proyecto de más vasto alcance (que incluye reducir los tiempos de campaña, meta ideal de un candidato a gobernador que cuente como su antecesor con Televisa mientras que sus opositores hacen proselitismo a marchas forzadas en el vasto territorio mexiquense) se busca eliminar las candidaturas comunes, vía jurídica idónea para la postulación realizada por varios partidos. Sámano tradujo a los términos legislativos la incriminación alevosa hecha el domingo por su gobernador, que equiparó a las alianzas entre partidos antagónicos con la delincuencia organizada, como riesgos para la sociedad.

Es añeja la preocupación de Peña Nieto por la configuración de una alianza opositora que prive al PRI de la gubernatura mexiquense y lo deje a él mal parado cuando se intensifique la lucha por la candidatura presidencial del PRI, pues en la mecánica priista un gobernador que no asegura el triunfo de su candidato carga el peso de la derrota, como ocurrió a Ulises Ruiz, Mario Marín y Jesús Aguilar, ninguno de los cuales tiene ya futuro en su partido.

Esa preocupación condujo a negociar, y a plasmar por escrito, la inhibición al PAN para aliarse contra el PRI. Los secretarios de Gobernación federal y local, vale decir los número dos del gobierno federal panista y del estatal priista, atestiguaron el convenio firmado por Beatriz Paredes y César Nava en nombre de sus partidos. La alianza contra las alianzas, así suscrita por el PRI y el PAN, se desfondó mucho antes de que entrara en vigor. Pero al haber dejado huella mostró la hondura del peligro que Peña Nieto ve en la unión de sus adversarios.

Para anular los efectos de esa alianza en el propio gobernador, se consideró seriamente la posibilidad de aplazar los comicios del año próximo hasta el 2012, acompasándolos con los federales. De esa suerte, Peña Nieto podría alcanzar la candidatura presidencial sin haber transitado por el proceso electoral local, que sólo tendría su desenlace el mismo día en el que el ya ex gobernador podría ser elegido Presidente.

El mecanismo era tan obvio que generaría inevitables costos políticos y fue desechado. Pero Peña Nieto no cejó en su propósito de allanarse el doble camino, el que conduce al triunfo de su candidato a gobernador el año próximo y al suyo propio en la contienda interna del PRI. El domingo pasado, en un escenario fastuoso, propio de una superproducción televisiva, con la presencia de todos los próceres priistas, pronunció un discurso de autopostulación que incluyó una fuerte crítica al gobierno federal panista, el mismo con el que hace un año estaba a partir un piñón, y se manifestó contra las alianzas.

Tras detenerse en la peligrosidad del crimen organizado, y situándolos en el mismo plano, expuso esta novedosa noción de teoría política sobre los acuerdos entre partidos: "La delincuencia no es el único riesgo que enfrenta el país. Hay otra grave amenaza: la lucha del poder por el poder mismo, que desvirtúa la democracia, a los gobiernos y las instituciones. Se promueve así una democracia sin contenido, donde por el solo fin de obtener el poder se negocian alianzas entre proyectos antagónicos, generando confusión y desconfianza en la política".

De no ser porque llegó al extremo de llamarla "grave amenaza", se creería que Peña Nieto practicaba la autocrítica. No le va bien denostar a las alianzas entre proyectos antagónicos en un escenario en que se asociará con el partido Nueva Alianza, el partido fundado por la secretaria general del PRI expulsada del mismo; un partido, el Panal, que veleidosamente mantiene relación lo mismo con el PRI que con el PAN.

Pero no, el gobernador se refería a la eventual unión entre PAN y PRD (y los socios de éste en el DIA), que sería capaz de sumar el número de votos necesarios para desplazar al PRI del gobierno. Para encarar en la práctica ese riesgo, Peña Nieto encargó al Partido Verde maquilar una iniciativa que modifique las condiciones de la competencia, para erizar de obstáculos el proyecto aliancista que, si bien es cierto debe superar los escollos que surjan dentro de cada partido, de prosperar llevará en sí mismo un nuevo horizonte político, donde la entidad más poblada del país sería gobernada por la oposición al partido que ha permanecido en el poder 80 años.

La reforma iniciada por el Verde para el PRI tiene el camino abierto por la composición de la actual legislatura. De los 65 diputados que integran la Cámara, 39, más de la mitad, son priistas. Esa fuerza se completa con los seis diputados de Nueva Alianza y los tres del Verde. Ese total de 48 puede eventualmente ser agrandado por el voto de legisladores de otros partidos a los que persuada la poderosa argumentación pecuniaria.

Cajón de Sastre

La Universidad Nacional Autónoma de México realiza hoy su ceremonia conmemorativa del Bicentenario del inicio de la Independencia de nuestro país. Lo hace con una muestra selecta de lo que es. El acto constará de dos conferencias magistrales, la primera a cargo del doctor Miguel León Portilla, investigador emérito de la UNAM, y la segunda del doctor Guillermo Hurtado Pérez, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la propia institución. La reunión será a las 20:00 horas en el auditorio Carlos Pérez del Toro de la Facultad de Contaduría y Administración, en la Ciudad Universitaria. La propia Universidad Nacional celebra su propio centenario en este mes, ya que don Justo Sierra abrió sus cursos inaugurales el 22 de septiembre de 1910, sólo unos meses antes de la caída del régimen porfiriano.

¿Simple intervencionismo?

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

Independientemente de las manifestaciones de real o supuesto patriotismo que, en vísperas de los festejos por el Bicentenario y particularmente en el sector legislativo, suscitó la comparación que la secretaria de Estado norteamericana hizo de nuestro país "con la Colombia de hace 20 años.", lo cierto es que en las censuradas palabras de Hillary Clinton subyacen un mensaje, y una advertencia, que merecen ser tomados en consideración. y con absoluta seriedad.

Y esto, nos explicaba ayer mismo el que fue primer ministro colombiano del Interior durante el primer periodo presidencial de Álvaro Uribe, doctor Fernando Londoño, en virtud de que "la tragedia colombiana es un libro en el que México se debe leer hoy." y, categórico, (nos) invitaba a recordar cómo, en la Colombia de los ochenta y los noventa, "los mafiosos eran amigos de los políticos y de gente importante, hacían saques de honor en los partidos de futbol, se les veía como una especie de Robin Hood. Pablo Escobar construía barrios para los pobres..."

Fue más lejos aún, cuando, ante la interrogante sobre por qué, en ocasiones, parece que los políticos se niegan a aceptar la realidad de la penetración del narcotráfico en todas las esferas sociales -y aun después de reconocer que en México el narcotráfico no asume todavía roles propios de la "insurgencia" política-, recordó cómo algunos de los grandes capos llegaron a asumir, por la vía electoral, como miembros del Parlamento. Luis Carlos Leder, preso ahora en Estados Unidos, uno de ellos.

En la emisión de ayer de Acento Informativo, Londoño recordó también cómo, al tiempo que en México se concretaba la captura -¿entrega?- de Édgar Valdez Villarreal La Barbie, en ese país se ponía presos a 20 de sus colaboradores allá, "todos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.", para llamar la atención sobre la naturaleza terrorista de las FARC -¿cómo, si no, puede calificarse a quien asesina, corta la cabeza a sus víctimas y cuelgan los cuerpos en los puentes..?-, naturaleza que, lamentó, el gobierno de México se niega a reconocer.

Intervencionismo, pues, quizá; pero también advertencia de una realidad que, como bien explicaba ayer el ex premier colombiano, es parte de "una película que nosotros ya vimos. una historia de mafiosos que pudre todo, la prensa, la política, la empresa, todo." y nadie, en su sano juicio, creemos, desea que se recree en nuestro país.

Empecemos por entender la dimensión del problema.

Asteriscos

* En Quintana Roo, en Playa del Carmen, el mandamás en el IMSS, Daniel Karam, supervisó el avance de las obras del Hospital General de Zona 18 que, con una inversión superior a los 350 millones de pesos, se construye ahí, para beneficio de algo más de 84 mil derechohabientes.

Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.

El primer error de Peña Nieto

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Las bancadas del PRI y el Partido Verde en el Congreso del Estado de México no se manejan solas. De ahí la pregunta de qué busca el gobernador Enrique Peña Nieto con una reforma para desaparecer las candidaturas comunes en las elecciones locales del próximo año.

El Verde presentó la iniciativa el miércoles. Con el PRI aplastarán la resistencia de los 12 votos del PAN y los ocho del PRD. Pero el costo será muy alto. Se reforzará la percepción de que Peña Nieto tiembla ante la eventual suma de fuerzas opositoras. Y convertirá las elecciones del 2011 en sus elecciones, en una suerte de referéndum en el que no ganaría tanto y sí podría perder mucho. Muchísimo.

La desaparición de las candidaturas comunes no elimina la posibilidad de las alianzas. Lo que hace es evitar que con un candidato común, el PAN sume sus votos y el PRD los suyos. PAN y PRD podrían ir juntos (como ocurrió en Oaxaca, Puebla, Sinaloa), pero quedarían forzados a crear una alianza, a ir revueltos. El objetivo de la reforma presentada por el Verde, pues, es complicarle la vida a la oposición.

¿Quién le está metiendo a Peña Nieto en la cabeza la idea de que meta las manos? Él tiene la ventaja y fuerza suficientes para, incluso, perder en 2011 y seguir siendo el candidato presidencial indiscutible del PRI.

La iniciativa verde, por lo pronto, deja la percepción de que es un político con grandes temores. Y que, como Hugo Chávez en Venezuela, no tendrá reparo en acudir a las fórmulas “legales” y “democráticas” más autoritarias y groseras para hacerse del poder y, seguramente, retenerlo mucho más allá de un sexenio.

La reforma contra las candidaturas comunes pinta para ser su primer error político serio. Y es temprano todavía.